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miércoles, 1 de abril de 2009

ONDA O PARTÍCULA

(Imagen: Manuel Jular)

El pensamiento es como la vida, crece a partir de un óvulo fecundado, una semilla: una imagen, una idea cargada de energía. En su crecimiento va absorbiendo lo que pasa a su lado, los pensamientos y palabras que espontáneamente se relacionan con él por semejanza, contraste, oposición o complementariedad. Por ejemplo: la fantástica idea de que la luz se comporta a la vez como partícula y como onda. Un chorro de partículas subatómicas (fotones) o una onda de energía.

Me pongo a jugar con esta idea, y veo que nuestro comportamiento puede, a su vez, manifestarse como onda o como partícula. Y llego así a dividir a los hombres en dos grandes categorías: el hombre-partícula y el hombre-onda.

La partícula actúa por percusión, golpe, explosión, estallido. Se asemeja a la descarga eléctrica. Chispazos, chisporroteos, temblores. Punto, línea recta. Es de aspecto masculino.
La onda actúa como flujo, expansión, ola. Se asemeja al agua, el viento, la nube. Calor, envoltura, caricia. Trayecto, línea curva. Es de aspecto femenino.

Las emociones se asemejan a las partículas: reacción, choque, impacto, perturbación momentánea.
Los sentimientos o el sentir, a ondas: acción, expansión más lenta y profunda, menos superficial.

Puestos a elegir, yo prefiero actuar como onda a reaccionar como partícula. Prefiero la sutileza y suavidad de la onda a la brusquedad de la partícula. La persistencia de la onda a la inconsistencia de la partícula. El control de la onda a la impulsividad de la partícula. La elegancia y armonía de la onda, al caos y la compulsión de la partícula. Etc.

Pero somos ambas cosas, onda y partícula, porque somos energía. Lo estimulante es que podemos sentirnos y actuar de un modo u otro. Podemos coger la energía de la partícula, de la explosión atómica de la partícula, y transformarla en onda, en fluidez, para ir más lejos, para viajar hasta el infinito. O, simplemente, para ser más amables, vivir con mayor serenidad, tomarnos menos en serio, amarnos un poco más, querernos como quisiéramos que los demás nos quisieran... Y más etc.

P.D. Dino del Monte, un amigo judío-gitano, me sugiere otro ejemplo, el modo como se puede tocar un zimbal: o mediante percusión (partícula) o mediante serpenteo (onda). A él, y a mí, nos gusta mucho más la suavidad y elegancia de la serpiente, aunque sea venenosa.
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