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jueves, 26 de julio de 2012

¿POR QUÉ LLAMAR RESCATE AL EXPOLIO Y LA HUMILLACIÓN?




El lenguaje encubridor, manipulador, es un instrumento poderosísimo. Obnubila a las mentes más lúcidas. La fuerza de la repetición tiene un potencial destructivo mayor que las bombas atómicas. Repite y repite una palabra y la realidad acabará siendo como esa palabra la define.

¿Rescate? ¿Quién nos rescata y de qué? Se rescata a alguien de un incendio, de un naufragio, de un terremoto. El rescatado, a quien le salvan la vida, queda obligado de por vida a una deuda de agradecimiento. ¿Llamaríamos rescate al que, para salvarnos de una catástrofe, se pusiera a negociar con nosotros las condiciones de la ayuda, mientras demoraba el auxilio y aprovechaba nuestra desesperación para hacernos firmar lo que lo diera la gana?

¿Y si los supuestos rescatadores son los mismos que nos han puesto una rueda de molino al cuello y amenazan con tirarnos al abismo?

Todos sabemos que nuestra deuda era hasta hace poco una de las menores de Europa y que si ahora se ha vuelto impagable no es más que porque los prestamistas así lo han decidido. ¿Para qué? Primero, para ganar más dinero, seis veces más, por ejemplo, que si se lo prestan a Alemania. Segundo, para debilitar y dominar económica, política y psicológicamente a un país entero.

La guerra de clases ha adquirido una nueva fase: se trata de establecer países poderosos frente a otros dominados y débiles. En Europa, Alemania se comporta como los explotadores del siglo XIX. España, como un nuevo proletariado. Lo peor de todo es que todo esto se encubre y transforma en mensajes enteramente falsos y estúpidos: los del despilfarro, la falta de productividad, el déficit heredado, la ineficacia del Estado, el gasto social (educación, sanidad…).




El actual gobierno, pavorosamente cretino, no hace más que humillarse, someterse, aceptar el expolio y, como compensación psicológica y con inusitada ceguera política, sigue culpando a los ciudadanos, los funcionarios, la herencia recibida y al país entero, de males que magnifica convirtiéndose en vocero agradecido de los que no buscan más que el expolio, la humillación y la dominación.

Digo también humillación, porque no hay duda de que en la psicología de los alemanes sigue existiendo un perturbador sentimiento de envidia, de soberbia, de superioridad, sin el que resulta difícil entender lo que está pasando.

¿Y si no tuviéramos otro camino que volver a estimular un nacionalismo positivo, asertivo, basado en nuestra de valía como pueblo, en nuestra creatividad, capacidad organizativa, sentimiento de la justicia e igualdad, rechazo de la humillación y el expolio, llevándonos por delante a los claudicadores, servidores de los poderosos, los tontos útiles que nos gobiernan?

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