MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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lunes, 15 de marzo de 2021

40 ANIVERSARIO DEL “MANIFIESTO DE LOS 2.300” (II)

 MÁS ENLACES SOBRE EL NUEVO MANIFIESTO


https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2021/03/11/604a6311fc6c83f47a8b4635.html


https://www.economiadigital.es/politica/mas-de-500-intelectuales-catalanes-se-unen-contra-el-independentismo.html


https://www.libertaddigital.com/espana/2021-03-14/cuarenta-anos-despues-del-manifiesto-de-los-2300-se-han-cumplido-todos-sus-vaticinios-cataluna-6719112/

40 ANIVERSARIO DEL “MANIFIESTO DE LOS 2.300” (I)

 En 1981 escribí un Manifiesto titulado “Por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña” con ácido como el Manifiesto de los 2.300.

En conmemoración de este hecho, que tuvo una gran repercusión en toda España, la asociación Impulso Ciudadano me pidió que escribiera un nuevo Manifiesto que acaba de hacerse público con más de 500 firmas de las personalidades más relevantes de nuestro país. Recojo aquí parte de las informaciones y documentos aparecidos estos días para quien quiera conocer de cerca esta iniciativa y su repercusión nacional. 

https://elpais.com/espana/2021-03-12/savater-y-vargas-llosa-lideran-un-manifiesto-de-medio-millar-de-intelectuales-contra-el-independentismo.html

https://www.abc.es/espana/catalunya/politica/abci-vargas-llosa-y-savater-encabezan-manifiesto-defensa-nacion-constitucional-igualdad-espanoles-202103120726_noticia.html

https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/vargas-llosa-savater-leguina-manifiesto-2300_457240_102.html


https://www.elliberal.cat/2021/03/12/vargas-llosa-savater-y-500-intelectuales-firman-un-manifiesto-en-defensa-de-la-nacion-constitucional-y-la-igualdad-de-los-espanoles/






lunes, 1 de marzo de 2021

INTRODUCCIÓN A "ESPAÑA SENTENCIADA"


Presento aquí un extracto de la Introducción a mi libro España sentenciada, pero no vencida, que aparecerá dentro de una semana. 

(https://www.ultimalinea.es/politica-espanola/129-espana-sentenciada-pero-no-vencida-9788418492037.html)

 


https://www.elcatalan.es/espana-sentenciada-pero-no-vencida


Nace este libro de la gran decepción que me produjo, a mí y a millones de españoles, la Sentencia número 459/2019 del 14 de octubre de la Sala Segunda del Tribunal Supremo (TS), por la que, después de cuatro meses de sesiones de juicio oral, fueron condenados algunos de los cabecillas del golpe de Estado y de la insurrección llevada a cabo en Cataluña en los meses de septiembre y octubre del 2017. Dado que el poder judicial es el último bastión que se necesita socavarpara que se produzca un cambio de régimen político, nada más importante que analizar qué ha pasado en España para que la máxima expresión del poder judicial haya dictado una sentencia que ha supuesto, como veremos, un grave debilitamiento del orden político establecido en nuestra Constitución, que asegura la convivencia entre todos los españoles. Demostrar hasta qué punto esta sentencia revela la grave situación en que España, como nación y estado democrático, se encuentra, es el objetivo inicial de este trabajo. Pero dado que este hecho no ha sido un accidente aislado, sino el resultado de un largo proceso de renuncias, prevaricaciones, componendas, cesiones, amenazas, claudicaciones y traiciones de todo tipo, en las cuales siempre ha tenido un papel determinante la actitud de los jueces y sus sentencias, será necesario llevar a cabo un recorrido histórico por los hechos más relevantes ocurridos en Cataluña en los últimos cuarenta años, y que siempre han tenido, como soporte y justificación últimas, las sentencias judiciales y su particular interpretación de las leyes, pero también la inhibición y la incapacidad para hacerlas cumplir de los propios jueces y tribunales.

Hemos de remontarnos a la llegada de Jordi Pujol al poder y a su proyecto totalitario de "construcción nacional" (base de lo que luego se llamó el procés), que provocó el primer acto de denuncia y resistencia, conocido como el Manifiesto de los 2.300, allá por el año 1981, del que fui su redactor y uno de sus impulsores. Hablamos de los albores de nuestra democracia. Desde entonces hasta hoy, año 2021, se han ido sucediendo hechos decisivos que siempre han tenido, en última instancia, al poder judicial como factor clave y sin cuya "colaboración" no hubieran sido posibles. Esta es la tesis que queremos demostrar. Hasta qué punto los demás factores (luchas y reparto del poder, crisis económica, sentimiento supremacista, odio y rencor antiespañol, ingeniería mental y sentimental, ocultamiento de la corrupción, influencia extranjera, ideologías destructivas, debilidad de las élites nacionales, etc.); hasta qué punto este cúmulo de elementos no hubiera dado lugar al actual entramado de poder y dinero que amenaza la propia existencia y continuidad de España, sin el soporte judicial, sin la ambigüedad de las leyes y su interpretación cada vez más abiertamente favorable a los proyectos disgregadores del nacionalismo separatista.

Los jueces han estado siempre en el centro de todo cuanto ha sucedido. Silencio, cobardía, claudicación, colaboración, oposición, resistencia, valentía. Ha habido de todo, pero lo que aquí nos interesa destacar es la sutil línea de continuidad que encontramos durante este ciclo histórico: por un lado, el avance de las posiciones secesionistas y el afianzamiento de un poder paralelo, el del nacional-separatismo; por otro, el retroceso y debilitamiento del poder del Estado democrático. Porque desde el inicio (que se remonta a la muerte de Franco), lo que ha habido es un choque entre fuerzas y poderes antagónicos y esencialmente incompatibles, con independencia de que hayan llegado a acuerdos, estrategias conjuntas de poder, cambalaches y apaños que han favorecido, según las circunstancias, a unos o a otros. Lo importante es observar que esa línea de continuidad señala un avance imparable e ininterrumpido de las fuerzas separatistas, al margen del color político y la mayor o menor intensidad con que se han ido produciendo las sucesivas conquistas del independentismo en los distintos ámbitos: el educativo, el fiscal, el económico, el de las competencias, la lengua, el espacio público, el de los medios, las estructuras de estado o el control del poder judicial.

Debo hacer una aclaración inicial. Para quienes desde un principio quieran descalificar cuanto aquí expongo, razono y denuncio, esgrimiendo el argumento de que, no siendo yo ni abogado ni jurista, me meto en camisón de once varas (sin duda me queda muy grande la toga, el birrete y las puñetas), les diré que no pretendo en modo alguno inmiscuirme en el terreno pantanoso del Derecho público, ni discutir sobre leyes y procedimientos, técnicas ni tecnicismos, reglas y reglamentos, ordenamientos y ordenanzas. Me amparo en el principio elemental de que las leyes (y las sentencias que las aplican) están hechas para los ciudadanos, y no pueden ser tan obtusas o complicadas como para que la mayoría, no sólo las entienda, sino que pueda valorarlas, al menos para aceptarlas y exigir su cumplimiento. Las leyes y su aplicación son un asunto demasiado importante como para dejarlo sólo en manos de los jueces. Por muy alambicado, arcaico o retórico que sea el lenguaje del Derecho, debe basarse en el lenguaje común, del que en último término se nutre y con el que trabaja. Usarlo como barrera para protegerse de la opinión, valoración y crítica de los ciudadanos va en contra de la función misma de la justicia.

Porque las leyes y sentencias no son meros instrumentos del derecho: su aplicación afecta directamente a los ciudadanos, condiciona la vida social, política y económica, tiene consecuencias inmediatas en la conducta, no sólo de los poderes públicos, sino de todos los ciudadanos. Vivimos en estrecha relación, todos dependemos de todos y nada de lo que los jueces dicten nos es ajeno, y más, como en el caso que nos ocupa, cuando sus sentencias tienen que ver con las bases mismas de la convivencia, del orden económico y político, de las relaciones sociales a todos los niveles. Bastará recordar cómo el independentismo ha creado todo tipo de tensiones y enfrentamientos, dentro y fuera de Cataluña, llegando al interior de las mismas familias, extendiéndose por las calles, los colegios, las universidades o el deporte, por no hablar de las consecuencias económicas que ha provocado. Todo este empeoramiento de las relaciones veremos que ha ido creciendo a medida que el poder político y judicial iba plegándose a las exigencias de los separatistas, dictando sentencias más o menos acomodaticias, forzando muchas veces la legalidad hasta límites inadmisibles.

El título de España sentenciada pretende llamar la atención sobre el riesgo real (nada imaginario ni lejano) de que la Nación y el Estado español sencillamente desaparezcan como desapareció Yugoslavia, por poner un ejemplo cercano y reciente. Esta afirmación será tachada por algunos (no sé si a estas alturas seguirán siendo pocos o muchos) de tremendista, apocalíptica o derrotista. Bastaría decir que esta posibilidad es real y cercana para no ponerle más adjetivos. Lo que este libro sostiene es que, lejos de dar por acabada la contienda, la lucha o el enfrentamiento, hemos llegado a un momento decisivo donde ya no valdrán para nada los cantos de sirena de los equidistantes, de los federalistas, confederalistas o plurinacionalistas de todo tipo y pelaje; porque el dilema no será cómo hacer o no un apaño constitucional para el "encaje" (de bolillos) de Cataluña en España, sino el aceptar o no la propia desaparición de España como Estado único y unificado.

Digo que hemos entrado en un periodo decisivo de crisis nacional de la que no podremos salir si no nos paramos ante el abismo, si no nos atrevemos a mirar hacia el fondo de ese precipicio con valentía, o sea, si no encaramos el reto independentista como lo que es: una lucha que sólo podrá acabar o con la desaparición de España como nación y estado democrático, o con la derrota del separatismo y el triunfo de una España democrática y sin complejos.

Sentenciada no significa, por tanto, ni derrotada ni vencida. Son las élites privilegiadas, las oligarquías nacionalistas, los supremacistas; son los partidos reaccionarios de la izquierda y los partidos reaccionarios y apocados de la derecha, la burguesía sin patria y antiespañola; son todos los que viven de difundir el odio y la mentira, los intelectuales "orgánicos", los jueces claudicantes, los profesionales acomodados; son los miles de colaboradores necesarios, todos los que viven del proceso independentista. Son todos ellos los que han sentenciado a España y preparan el golpe definitivo. Unos lo anuncian, otros lo aplauden y esperan, otros lo aceptan como inevitable. Sí, son legión, tienen un gran poder, pero no son la mayoría. La inmensa mayoría no estamos de su lado. De esto también trata este libro: de los resistentes, de los que no estamos dispuestos a ser subyugados por el totalitarismo, la amenaza y la imposición secesionista. De los miles que nos hemos rebelado desde hace muchos años y de los millones de españoles que hoy no están dispuestos a sucumbir, a resignarse, a transigir y claudicar.

sábado, 23 de enero de 2021

dCIDE exige la destitución inmediata de Pablo Iglesias


Las despreciables palabras de Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno de España, defendiendo y justificando el golpe de Estado llevado a cabo por Puigdemont contra la democracia española, equiparando su situación de prófugo de la justicia con el dramático destino de los republicanos que huyeron de la represión franquista en 1939, son un ataque intolerable a la memoria histórica y a la dignidad de cuantos se vieron empujados a un exilio forzoso para salvar sus vidas, muchos de los cuales acabaron pereciendo víctimas del fascismo.

Esta denigrante comparación presupone, además, la identificación del actual régimen democrático de España con la dictadura franquista, lo que constituye un insulto y un desprecio, no sólo a los jueces, sino a todos los españoles que defendemos el actual orden democrático. Es una acusación no sólo inadmisible, sino absolutamente insostenible, pues si así fuera, Pablo Iglesias, como vicepresidente del Gobierno, sería directamente responsable del mantenimiento de ese Estado fascista que persigue a quien, de acuerdo con sus palabras exculpatorias, no ha hecho más que defender sus convicciones políticas.

De forma tan presuntuosa como ridícula, Iglesias, en un alarde de patética y adolescente provocación, muestra su admiración por el cabecilla del golpe separatista, "que se ha jodido la vida por sus ideas", elevándolo a mártir de una causa que él, dice, respeta pero no comparte. Acostumbrados al ejercicio de un cinismo rebuscado, cursi y deleznable, como es el que practica el líder de Podemos, no podemos dejar pasar unas declaraciones tan graves que, repitamos, son hechas por un vicepresidente del Gobierno de España quien, en el ejercicio de sus funciones, se dedica a atacar a España negando su condición democrática; y todo con nuestro dinero, el mismo con el que sostenemos las chozas de las cañadas de Waterloo y Galapagar, permanentemente custodiadas por agentes del Estado opresor.

No podemos consentir que quien ha enfrentado a millones de catalanes, empeorando sus condiciones de vida, y quien está tratando de enfrentar a millones de españoles con sus insultos y desprecios, siga ocupando un cargo que le otorga un poder que pone en riesgo nuestra seguridad, nuestra imagen internacional y las instituciones de nuestro Estado democrático y de Derecho. Pablo Iglesias debe ser inmediatamente destituido de su cargo de vicepresidente del Gobierno de España por atacar directamente a nuestra nación, intentando romper la convivencia, la unidad y la igualdad entre todos los españoles.

Centro Izquierda de España-dCIDE

19 de enero de 2021

martes, 1 de diciembre de 2020

MANIFIESTO EN DEFENSA DE LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS Y CONSTITUCIONALES DE TODOS LOS ESPAÑOLES

(He escrito este Manifiesto para los partidos que promueven esta iniciativa: dCIDE, Líneas Rojas, ASEC, Unidos Sí, Convivencia Cívica Catalana, Partido Feminsta de España, Izquierda en positivo, Somos España, Alternativa Ciudadana Progresista, Tabarnia Libre) 



LA IZQUIERDA NO NACIONALISTA

CONTRA LA LEY CELAÁ, EN DEFENSA DE LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS Y CONSTITUCIONALES DE TODOS LOS ESPAÑOLES

Barcelona, 2 de diciembre de 2020.

Los partidos y organizaciones firmantes, que nos situamos dentro de la izquierda constitucional y no nacionalista, convocamos a todos los ciudadanos a manifestar su rechazo a una Ley que atenta gravemente contra los derechos lingüísticos, educativos y sociales de todos los españoles.

La izquierda oficial (PSOE/Podemos/Izquierda Nacionalista) ha desvirtuado y pervertido el lenguaje y los principios básicos del pensamiento de la izquierda, confundiendo a muchos ciudadanos y calificando de derecha y ultraderecha a quienes no apoyan su deriva reaccionaria, disgregadora y anticonstitucional. Con la imposición -por el procedimiento de urgencia para asegurarse el apoyo de los independentistas a los PGE- de esta Ley, da un paso más en su degradación política e ideológica, legislando en contra de la unidad e igualdad de todos los españoles, consagrando los privilegios de las minorías territoriales y en contra de los intereses de la mayoría de trabajadores. 


¿Por qué nos oponemos a esta Ley?

Quince razones para rechazarla y combatirla


1) Porque elimina el uso y la enseñanza de la lengua española en los centros educativos de media España, relegándola, en la práctica y en el mejor de los casos, al aprendizaje de una lengua extranjera. 

2) Porque en Cataluña legitima y legaliza una situación hasta ahora rechazada por todas las sentencias judiciales contrarias a la inmersión obligatoria en catalán.

3) Porque elimina de la enseñanza el carácter oficial del español negando el derecho constitucional de cualquier padre o alumno a usar esta lengua en el ámbito escolar y en sus relaciones con la administración y los educadores. 

4) Porque desprecia, margina y discrimina a una gran mayoría de alumnos que tienen el español como su lengua habitual, propia y materna, lo que dificulta su desarrollo personal, su aprendizaje y la adquisición de conocimientos y habilidades, favoreciendo el retraso y el fracaso escolar, lo que afecta sobre todo a los alumnos pertenecientes a las capas populares, que no tienen medios económicos para suplir esta dificultad añadida a su aprendizaje. 

5) Porque la enseñanza pierde su función democratizadora e igualitaria al dejar de ser igual para todos, no ofreciendo las mismas oportunidades de desarrollo y aprendizaje, favoreciendo a quienes pueden recibir la enseñanza en su lengua materna que, además, se convierte en la única lengua oficial y de promoción social y personal.

6) Porque nadie puede ser discriminado por razones de lengua, y esta Ley es doblemente discriminadora para los hijos de los trabajadores hispanohablantes, a los que sitúa en condiciones de inferioridad frente a los hablantes naturales del catalán, vasco o gallego, pero también frente al resto de españoles, por su inevitable y deficiente dominio del español, pues no puede aprenderse una lengua que no se enseña, sino que se persigue. 

7) Porque lo que dispone esta Ley favorece la consideración del español como lengua proscrita, rechazada no sólo en el entorno educativo, sino en el ámbito público y de trabajo, cargada de connotaciones negativas de todo tipo. 

8) Porque el objetivo no disimulado de esta eliminación de la vida pública y privada del español no es otro que el favorecer el apoyo al separatismo independentista, adoctrinando en el odio y el rechazo de todo lo que se refiera a España y a lo español. 

9) Porque niega al español la condición de lengua común y nacional de España, destruyendo un elemento fundamental de unión, cohesión e igualdad entre todos los españoles, además de ser una lengua universal que permite comunicarnos con más de 500 millones de hablantes del mundo.

10) Porque crea barreras lingüísticas interiores, impidiendo la movilidad social, el mercado libre de trabajo, la promoción profesional y el acceso en condiciones de igualdad a la función pública, entre otros derechos sociales. Y cuyos máximos perjudicados son los trabajadores obligados a la movilidad territorial.

11) Porque con esta Ley el Estado renuncia a una función esencial para promover la igualdad, como es otorgar y homologar los títulos académicos y profesionales, estableciendo pruebas comunes que igualen la capacitación de quienes los poseen. El Estado ya no es el garante de esas titulaciones, sino cada Comunidad Autónoma, que establecerá sus propios criterios y validaciones, lo que significa trocear, fragmentar y desintegrar un elemento fundamental de unión y mantenimiento de la soberanía nacional. 

12) Porque elimina la Alta Inspección Nacional y la exigencia de oposición para acceder al cuerpo de inspectores, que serán elegidos a dedo, desvirtuando su función y dejando en manos de las Comunidades Autónomas el control de los contenidos de la enseñanza y la vigilancia del cumplimiento de las leyes que protegen a padres, alumnos y profesores, poniendo a estos últimos al servicio de los proyectos independentistas y partidistas, de acuerdo con quienes gobiernen en cada momento. La experiencia empírica de estos últimos cuarenta años son prueba irrefutable de esta mala fe y su disposición a convertirnos en extranjeros en nuestro propio país.

13) Porque esta Ley pretende ir dejando sin recursos a los centros de educación especial, que acabarán desapareciendo, sustituidos por una integración forzada y forzosa en centros carentes de medios y profesionales adecuados para atender a las necesidades físicas, mentales y psicológicas de los distintos alumnos. La obligada inclusión, lejos de lograr una beneficiosa integración, podrá provocar todo los contrario, una marginación y una desatención de sus necesidades reales.

14) Porque esta Ley no se preocupa para nada de controlar e impedir el adoctrinamiento ideológico y partidista en las aulas, sea del tipo que sea, y en especial el relacionado con la inculcación de ideas, relatos, sentimientos y prejuicios antiespañoles, negadores de la historia común, de la existencia de vínculos lingüísticos, culturales, políticos y democráticos que son la base de nuestra convivencia y del orden constitucional que asegura todos nuestros derechos. Nosoponemos, por lo mismo, a cualquier adoctrinamiento religioso y defendemos una enseñanza laica y respetuosa con todas las creencias, pero cuya educación no ha de incluirse en la enseñanza pública por pertenecer al ámbito privado. Por el contrario, es necesario introducir la educación cívica y constitucional como materia de enseñanza en los distintos niveles educativos.

15) Porque esta Ley no se ocupa de mejorar el sistema educativo, ni recuperar el esfuerzo, la responsabilidad, los contenidos cognitivos, el respeto a la autoridad académica, la incorporación a las últimos avances de la tecnología y el mundo digital. No hemos de olvidar que el único ascensor social de las clases más desfavorecidas es precisamente la aspiración a la excelencia y no a la igualdad por debajo, que de forma populista propicia esta ley al facilitar el paso de curso y las titulaciones con asignaturas pendientes y eliminando las pruebas comunes. ¿Qué mayor enemigo de las clases más bajas, que una mala educación?

¿Conocen ustedes algún país del mundo donde en una parte de su territorio nacional, desde su escuela pública, gratuita y obligatoria, no se les enseñe a sus niños el idioma nacional? NINGUNO” (Alfonso Guerra).

lunes, 28 de septiembre de 2020

LA ESPAÑA DEL 98, TAN LEJOS, TAN CERCA



Isidro González García es un leonés de Villabalter, doctor en Historia Contemporánea, catedrático y reconocido especialista en la historia de los judíos, con cientos de artículos publicados en prestigiosas revistas de investigación y en medios como El País o El Mundo. Tiene más de una decena de libros editados, entre ellos títulos imprescindibles como Los judíos y España después de la expulsión, El retorno de los judíos o Los judíos y la guerra civil española. Pese a su estrecha vinculación con nuestra tierra, es uno de esos escritores leoneses más conocido fuera que dentro de León.

    El motivo de esta reseña es dar noticia de su última obra, recién publicada en Áltera y que mereció el VII Premio Hispania de Novela Histórica. Si título es Cuba 1989. Grandeza y miseria en la derrota. El género de novela histórica es el más apropiado para definir este relato que, basado en una rigurosa y minuciosa reconstrucción de los hechos, da paso a algo más, algo que sólo la literatura es capaz de transmitir: la interiorización de la historia, la recreación de las vivencias, los pensamientos, el sufrimiento, las dudas y esperanzas que mueven el corazón de los hombres en los momentos más difíciles e inesperados de la vida. El interés histórico, el conocimiento del entramado de acontecimientos que precipitaron la guerra de Cuba, se une a una reflexión profunda sobre la condición humana y el orden social que la condiciona. 

     Tres voces sucesivas, interrelacionadas y alternándose, van construyendo el relato global, que avanza de modo fragmentario y va articulándose e integrándose a medida que progresa cronológicamente la narración. Por un lado está el narrador general y omnisciente, que no sólo cumple la función del historiador, sino que adopta en cada momento el punto de vista de los personajes, que son muchos y muy variados, desde Cánovas y Sagasta, a los soldados que mueren en la manigua o de malaria, o los vecinos desesperados de una corrala de Madrid. El segundo narrador es el protagonista de la historia, el soldado Pedro González, enviado a Cuba con apenas diecinueve años, de donde vuelve cuatro años después, harapiento y demacrado, con el peso y la vergüenza de la derrota, pero también con la dignidad del héroe que ha merecido cuatro medallas por su valiente comportamiento durante aquella guerra absurda, llena de grandeza y miseria individual y colectiva. 

    Pedro es el abuelo real del autor, que adopta en la novela el nombre de Víctor, y se convierte en el tercer narrador, transcribiendo y recreando las historias que su abuelo le cuenta de su peripecia cubana. No me arriesgo al afirmar que es la mejor obra de su género escrita sobre un acontecimiento que, pese a todo su interés, apenas ha inspirado media docena novelas destacables, con la diferencia de que ésta está totalmente despojada de cualquier adorno romántico, retórico o ideológico, sin que ello impida transmitir un hondo latido humano y realista, el que nace de la verdad de los hechos y de la propia experiencia.

    Destaca esta novela por su estilo depurado y sencillo, esa difícil naturalidad que recuerda la prosa de Galdós y de Pío Baroja, escritores a los que Isidro González ha sabido leer con sumo provecho. Pero también sorprende cómo el autor ha construido el entramado narrativo, cómo mediante el hilo de la historia real de su abuelo, ha ido tejiendo un tapiz que nos traslada de lo particular a lo general, de la manigua a los salones aristocráticos, de La Habana a León, de Villabalter a Madrid, de 1895 a 1962 y a hoy mismo. A medida que nos adentramos en sus páginas vamos comprendiendo el cómo y el porqué de aquella guerra, de la que conocemos una infinidad de detalles y datos que la sacan de la abstracción histórica para verla a través de la vida real de los miles de españoles que en ella participaron y en la que tantos murieron. Un ejército de pobres, los que nutrían las "levas" (unos doscientos mil), aquéllos que no podían reunir 2.000 pesetas para evitarlo. 

    Pasan por esta historia los personajes y políticos más destacados de la época de la Restauración, (entre ellos muchos leoneses como Fernando Merino, Gumersindo de Azcárate, Francisco Sierra Pambley o Pío Gullón), de los que conocemos no sólo sus posiciones políticas, sino su interior, sus dudas y convicciones, acercándonos a su lado más humano. Isidro González ha sabido unir al rigor histórico la amenidad descriptiva de los ambientes, las circunstancias, la influencia de unos hechos sobre otros, transmitiéndonos la vida real, las reacciones de la opinión pública, los gustos clasistas, las diversiones evasivas, los atentados anarquistas que acabaron con la vida de Cánovas (pero también con el presidente McKinley, el promotor de la derrota española), a los que siguieron los de Dato y Canalejas. No oculta el autor su preocupación por el hoy mismo, porque el tema central de esta historia familiar y personal, es inseparable del problema de España, sobre el que se proyecta y en el cual cobra todo su sentido.

viernes, 26 de junio de 2020

COSAS QUE ME HA ENSEÑADO EL CORONAVIRUS





No podrás nunca ahorrar, pero sí gastar menos. Menos en casi todo. Puedes gastar menos en comida, por ejemplo, si comes menos. Si comes menos, no pasa nada, ganas en salud (hablo de mí, claro). Tampoco necesitas ducharte y lavarte el pelo cada día. Tu cuerpo y tu pelo te lo agradecen. ¡Y gastas menos agua!

Te sobra mucha ropa. ¡Y la mitad ya no te sienta bien!

El ascensor sólo lo necesitas para subir pesos, no para subir tú. Subir escaleras es como hacerte un chequeo. Si no puedes subir siete pisos sin ahogarte, malo.
Yo subo siete pisos varias veces al día. He ido mejorando.

Menos comida, menos champú, menos gel, menos ropa y menos ascensor. Y también menos coche. Siempre que puedo, a pie. Ahorro en gasolina. Menos basura, menos agua, menos electricidad, menos contaminación.
Poco es, pero si somos millones, algo se notará.

Observo que el verde de los árboles es más intenso. ¡Y más vencejos cruzan por delante de mi ventana! Por la noche no cesan de cantar los mirlos enamorados.

No necesitas ni contar ni medir tanto el tiempo. El ritmo no lo marca el reloj, sino tu cuerpo. Puedes fiarte de él.

Es mejor hacer una cosa que diez. La concentración facilita la intensidad. Hay cosas que no se pueden hacer sin concentración e intensidad. Por ejemplo, escribir un libro. Es lo único que he hecho estos tres meses. Aprovecho para anunciarlo: España sentenciada, pero no vencida.

Digo en él que hemos llegado a un punto de no retorno. Los primeros que no pueden dar marcha atrás son los independentistas: han ido demasiado lejos. O vencen los separatistas o ganamos los demócratas. Porque ya ha empezado la guerra incivil, como dijo Unamuno. Lo siento por los apaciguadores, los pusilánimes, los cobardes y los apocados. Yo alerto contra el coronavirus independentista, pandemia todavía localizada.

¿Y la ciencia? Teníamos demasiada fe en ella, pero como la necesitamos, yo ya sólo me fío de ella. Y de la razón y la verdad, cuya destrucción masiva ha sido el peor efecto del virus coronado. Ciencia, razón, verdad: no tengo otras armas para sobrevivir, y ya es tarde para buscarme otras. Y con ellas, y de su mano, el arte, el único bien imperecedero.

Digo arte, y yo me entiendo, que es mucho más que el arte de los artistas. Arte de vivir, de gozar de todo y por encima de todo y pese a todo.

¿Y las Redes Sociales? Son lo que dicen: enredan, atrapan a los que necesitan sentirse dentro del rebaño, la manada, el bando o la bandada. Y para los que necesitan gallear o gallinear o gallinacear. Pueden ser espacios de libertad, ¡pero hacen perder mucho tiempo!

¿Y la tele? Todavía peor. Dejo aparte películas y series, porque sólo veo las que elijo. Ver informativos y tertulias es puro masoquismo. Una pequeña dosis al día para saber que vivo en un mundo dirigido por psicópatas, delirantes y egomaníacos peligrosos. A veces me pongo a prueba: un minuto de Sánchez, medio de Iglesias, quince segundos de Illa, cinco de Simón, dos y medio de Ábalos, uno de Calvo... No me fijo más que en su rostro: ¡todos tienen cara de enfermos! Me obsesiono con los detalles.

Los ojos de Sánchez son los más opacos que he visto en mi vida: no dejan entrar ni salir un átomo de luz. De Ábalos sólo veo su mandíbula superdotada y sus ojillos de desmán, como el que vi de pequeño a la orilla de un riachuelo. Carmen Calvo yo creo que lucha todavía contra el coronavirus. Lo de Iglesias es ya instintivo, como ante un alimento pasado de fecha. Quizás sea porque él habla mucho (acusa) de malolientes (inmundicia) a los demás.

Como se puede ver, la política ha empezado a desaparecer de mi vida. Se impone la supervivencia. O quizás deba decir mejor que la política ha empezado a desaparecer de la vida de mi país, de mi patria, de mi todavía nación.

Esto es ya otra cosa. El estadio superior de la adolescencia falangista. Neofascismo de una izquierda guerracivilista, progre, millonaria y proletaria.

El coronavirus no se ha ido. Parece que este Gobierno se ha mimetizado con él y ha aprendido sus métodos de camuflaje. Es un coronavirus salvavidas. Pedro Salvavidas. 450.000, así, a ojo. Dice que no lo dice él, que es el único que lo dice, sino unos estudios científicos que son materia reservada al CNI de Iglesias.

Entre tanto, lo único que se puede contar, los muertos de carne y hueso, no se cuentan porque no cuentan para la ceremonia de exculpación. Bueno, menos los muertos en las residencias de Madrid, esos hay que arrojarlos a paletadas contra Ayuso.

El coronavirus se ha hecho madrileño y por eso ha atacado sobre todo a Cataluña, lo dicen los epidemiólogos separatistas.

¿Que el coronavirus nos ha hecho mejores personas? Yo veo todo lo contrario. Me refiero a las personas que se ven, las que aparecen en los medios y los tercios. Yo, desde luego, no veo que haya cambiado, sigo siendo medio-bueno y medio-malo, a partes iguales y según y cómo. Lo único que me esfuerzo es en no ser tonto. Cuesta, pero vale la pena.

Ah, y por último. En contra de lo que se dice, el coronavirus no nos ha hecho más sociables y solidarios. Más bien creo que lo contrario. Una prueba científica: llamamos menos por teléfono a los amigos. El confinamiento nos ha confinado más en nosotros mismos. Hemos comprobado que necesitamos menos de todo, hasta de las relaciones sociales.

Así que los problemas siguen donde estaban: en nosotros mismos.

miércoles, 4 de marzo de 2020

EL VIRUS CORONADO




Avanza imparable. Coronavirus le llaman, de apellido Covid-19. No habrá nombre más repetido hoy en el mundo, "del uno al otro confín". Los virus, las criaturas más invisibles y escurridizas de la Tierra, aunque en número sean lo que más abunda en ella. Hay millones de tipos, de los que sólo conocemos unos miles. Tienen vida propia, y aunque no son animales ni plantas, ni siquiera células, necesitan de las células para sobrevivir. Son microorganismos parásitos, penetran en las células y las fagocitan. No los vemos, forman parte de ese inmenso mundo invisible que nos rodea y en el que estamos sumergidos. Mutan constantemente y se replican a grandísima velocidad. Cuando entran en un cuerpo se establece en su interior una guerra a muerte. Si el cuerpo no logra vencerlos con su propio ejército de anticuerpos, ellos acaban con la vida.

Los virus son un ejemplo perfecto de amenaza invisible. ¿Cómo protegernos de aquello que no vemos, ni sabemos cómo de verdad se propaga? Se afanan médicos, expertos y políticos en pedirnos calma, en llamar a la tranquilidad. Hemos de tener más miedo al pánico, nos dicen, que al propio virus. Yo, la verdad, todavía no he visto ninguna escena de pánico, ningún arrebato o estampida descontrolada. Lo que no se puede es evitar la reacción más elemental: el sentir miedo e indefensión ante una amenaza como ésta, invisible, pero muy real. Y más si uno se pone a pensar un poco y a sacar sus propias conclusiones.

Primero, porque no sabemos de dónde ha salido ni cómo se ha iniciado su propagación. Que si en el mercado de Wuhan, donde se vende todo tipo de marisco y una variopinta muestra de animales exóticos y salvajes, entre ellos los murciélagos y el pangolín. Pero también pudo salir, de forma intencionada o casual, de esos laboratorios, muy cercanos a ese mercado, donde se experimenta con virus y bacterias. El fantasma de la guerra biológica se une al de la guerra comercial. Sabemos que el capitalismo necesita de estas crisis periódicas para reorganizarse. Crece la burbuja especulativa hasta que necesita estallar. ¿China se había convertido en un virus para la economía mundial?

Tampoco sabemos muy bien cómo se propaga. El contagio directo o a través del aire cercano parece claro, pero si así fuera no se entiende a qué vienen esos trajes de astronauta, esa fumigación de las calles, los rincones y hasta las fachadas de edificios de muchas plantas, como si el virus trepara por las paredes, se colara por las alcantarillas o se agazapara en los pliegues de la ropa. Ubicuo, como Dios, puede estar en todas partes. Si se nos dice que alguien fue a Italia y volvió con el virus en la mochila, no hay otra explicación.

Sabemos también que las vacunas antivíricas son uno de los negocios más suculentos del mundo. Se abre un "nicho" de mercado descomunal, y alguien estará interesado en explotarlo. Cuanto más propagación de la amenaza, más "oportunidades de negocio". Así que aquí entra una variable conspiranoica tan incontrolable como el propio virus. Dicen que mata menos que la gripe, que los accidentes de tráfico o los suicidios, pero la comparación es totalmente falaz. La diferencia está en lo invisible, lo imprevisible, la inevitable y lo universal de esta amenaza, porque no hay lugar en el mundo ni refugio totalmente seguro.

Así que, queramos o no, a todos se nos ha metido ya dentro el virus, ya habita en nuestra cabeza. Sí, tenemos el cerebro lleno de virus, que es donde más abundan y donde mejor se instalan. Porque no hay metáfora más adecuada para explicar hoy lo que ocurre a nuestro alrededor y cómo nosotros lo vivimos, sentimos e interpretamos. Al final va a tener razón Lacan y su teoría del significante. Ni el significado ni el referente (la verdad y la ley, por ejemplo) son lo más importante, porque lo que nos mueve, lo que determina nuestra vida es algo aparentemente más insignificante, pero mucho más poderoso.

Hoy no existiría esta amenaza de pandemia si no existiera ese significante llamado 'coronavirus'. Para coronarlo, para erigirlo en el rey de los virus, para lograr que se haya hecho con la monarquía vírica, hemos tenido que nombrarlo, crear una "imagen acústica" (Saussure) que materializa y condensa un halo de emociones, significados y referentes atropelladamente mezclados en nuestra cabeza y extendidos por todo nuestro cuerpo. El poder del significante, sí. Aplíquenlo a lo que quieran. Al 'procés', por ejemplo.

miércoles, 26 de febrero de 2020

LA PERSPECTIVA CÓSMICA




"En la montaña palentina nacen ya más osos que niños", ha dicho el sabio Peridis. Y ha añadido algo más inquietante: "El oso está protegido: el niño, no". Elevo la sindéresis (palabra que le gustaba mucho a Gracián) y extiendo la reflexión a la etérea región de los principios filosóficos: en el universo, todo es un más y un menos; mientras algo aumenta y se expande, otro algo disminuye y se comprime; mientras se protege una cosa, otra se abandona. Pongamos árboles, cultivos, animales, pueblos, industrias, pero también amigos, ideas, palabras, gustos, partidos o leyes.

Así que completemos a Heráclito: todo cambia, pero siguiendo los vaivenes del más y el menos. Un movimiento va hacia la expansión y la multiplicación, y otro hacia la disminución y la desaparición. Más de algo implica menos de otra cosa. El misterio, lo que resulta muy difícil de comprobar, es la relación causal. Aquí es donde nos perdemos. ¿Hay alguna relación entre el aumento de osos asturianos y leoneses, y la disminución del número de niños? Yo fui niño montaraz, así que lamento más la ausencia de niños correteando como liebres, que la escasez de osos por los Picos de Europa. ¿Pero es lo uno incompatible con lo otro? ¿No se puede proteger a los osos y a los niños a la vez?

La insólita asociación de Peridis nos plantea dudas de calado metafísico: ¿Nos preocupan más los osos que los niños? ¿Estamos más dispuestos a proteger a los osos que a los niños? ¿Qué es más necesario para conservar la naturaleza, los niños o los osos? Y, dado que oso come a niño, y no niño a oso, si aumentan mucho los osos deberemos proteger a los niños de sus zarpas, que ellos no se plantean tanta duda moral. Así que la demasía de osos puede contribuir también al vacío demográfico. O a la crisis agrícola y ganadera, porque quien dice osos, ponga lobos, o conejos, o topillos, avispas velutinas o cotorras, que también son criaturas de Dios.

Donde aumentan las cacatúas argentinas disminuyen los gorriones nacionales: hete aquí uno de esos dilemas ecologistas que obligan a decisiones nada ecológicas. Es ahí donde yo quería llegar. Que sí, que estamos metidos en un buen lío, porque la naturaleza y, por extensión, el universo todo, no se atiene a ninguna moral ecologista. Su ecología es radical, inhumana, digamos. A los osos tanto les importa zamparse a ovejas descarriadas que a los niños que se escapan de casa. Al virus corona tanto le da atacar a Pedro Sánchez que a Ábalos, a Irene Montero que a Carmen Clavo, incluso que a Abascal o Inés Arrimadas (esto último sería estéticamente muy cruel).

¡Ah, el equilibrio! Me olvidaba. La homeostasis cósmica lo rige todo. Todo se autorregula de modo natural. ¿Pero sabe alguien cómo se puede autorregular algo a sí mismo si no lo "autorregulan" otros? No, lo único que vemos es que algo crece y estorba o impide a otro crecer y cuando la cosa se lía puede que la destrucción sea mutua o que uno gane. No existe el irenismo cósmico. Las tormentas y huracanes no adoptan una perspectiva humana; y no entienden, por supuesto, de ideología de género.

Nos aterra cambiar la perspectiva humana y adoptar la perspectiva cósmica, pero en realidad estamos sometidos a las mismas leyes, a la misma acuciante lucha entre el más y el menos. Hasta comer vegetales es un acto de crueldad. La ciencia está descubriendo que incluso los árboles, las plantas, los cardos y las amapolas, sienten, tienen un sistema perceptivo y receptivo que es lo más parecido a nuestro sistema nervioso. Si nosotros tenemos conciencia, ¿por qué ellas no? Malísima noticia para los veganos.

¿Y si llevamos esta perspectiva a la política? Yo veo que, en el fondo, seguimos las mismas leyes implacables. Lo único que hacemos es disimularlo, encubrirlo. No podemos aceptar el hecho tremendo, crudelísimo, de que en el universo no existe nada parecido a la piedad, la compasión, la caridad, el heroísmo o el martirio, que eso es algo que nosotros nos hemos inventado para sobrevivir en un mundo que no lleva en su ADN ninguno de esos genes.

Bueno, me he despeñado, lo siento, así que aquí lo dejo. Puede que el fenómeno separatista o el de Sánchez, que tanto se parecen, sea algo tan natural como el coronavirus o el aumento de los osos palentinos. Pues habrá que adoptar una perspectiva cósmica si queremos sobrevivir.

jueves, 20 de febrero de 2020

DE PÁJARAS Y PÁJAROS


Si, como dice Gracián, "lo bien dicho se dice presto" porque "lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo", quisiera yo ser breve y preciso, al menos para que lo poco que bien diga se duplique, y lo mucho malo se disimule. Pero difícil propósito es éste ante tan profusa, confusa y avasalladora lista de despropósitos que la realidad nos ofrece cada día, que ni aún siendo Argos tiene uno ojos para atisbar lo que pasa alrededor. Por eso siempre mejor, sí, pájaro o pajarraco en mano que cien picos volando por encima de nuestra cabeza.

Así que a la caza voy y, cogidos al menos por una pata, chillen un poco esos pajarillos o pajarracos antes de soltarles y que, después de "cantar en el ansia", sigan su alado vuelo y corten "las etéreas salas con velocidad", ya convertidos en "flor de plumas y ramillete con alas", como escribió Calderón. Dado que la vida es sueño y se nos escapa, que al menos durante un instante brillen y desprendan irisados destellos, incluso en medio de la noche, nuestros breves momentos de lucidez y rebeldía. Nada podemos contra la fatalidad, sea ella lo que fuere, pero si logramos hacer un agujero en medio de su negrura, por él penetrará la luz, de la que estamos rodeados aunque no la veamos.

Cazaron al vuelo a ese avión venezolano que traía en su buche a la vicepresidenta Delcy, nombre de insufrible cursilería, y una vez posada, la dulce pájara puso 40 huevos-maleta en el gallinero del gobierno y nadie sabe si son polluelos o tiranosaurios lo que lleva en su seno la güevada. Es posible, como ha sospechado la valiente Ana Oramas, que los huevos sean de oro, porque la gallina ponedora lo es, tesorera guerrillera a la que deslumbra la lumbre del poder y el relumbrón del dinero, como a los galápagos refugiados en la charca de Galapagar. Lo que de verdad me asombra es que nadie sepa ni dónde está ni qué contiene ese cargamento explosivo transoceánico.

Este oscurantismo, este cerrojazo informativo, eso es lo verdaderamente asombroso. Toda la secuencia, desde el encuentro urgente de Ábalos (ojillos de pájaro insectívoro) con el amigo turista al que no había otro momento para verlo que a las dos de la madrugada en el aeropuerto, a este penúltimo descubrimiento de ese tumulto de maletas invisibles pasando de mano en mano, es algo tan insólito que ni en un sueño febril pudiera imaginarse. Pero ahí está, y sigue tan oculto como el asalto a la embajada mejicana en La Paz, y eso que ésta fue a la luz del día.

Pero es que este cordón de hierro sanitario con que el gobierno protege sus tropelías y delitos lo ha extendido a todo, y lo peor es que le funciona, que tiene a una cohorte de periodistas, funcionarios, jueces, guadaespaldas y cuatreros que protegen su nido de reptiles, y así pasan las horas y los días como en la canción de Machín, en que la gente se pregunta "qué, cuándo, cómo y dónde" y sólo le responden, "quizás, quizás, quizás", porque la duda y el secreto siempre han favorecido al poder.

Así que los más piadosos, por más desconcertados que estén, se dicen que quizás sí, que quizás funcione eso del "diálogo" con los separatistas, y con los agricultores y ganaderos (aunque ni los reciban), y con los empresarios, y los pensionistas, y los autónomos, y con los parados desahuciados y los nuevos que crecen cada día, y que no importa enfrentarse a EEUU y a Europa y cobijar a dictaduras terroristas, declarar el boicot a Israel, amparar teocracias que promueven la más abyecta discriminación de las mujeres y los homosexuales, que todo eso está justificado porque lo hace un gobierno progresista.

Cantan los mirlos enamorados en Madrid estas noches de febrero, anunciando una primavera en la que el coronavirus va a recular y poco a poco disolverse en los rigores estivales, porque no resiste "la calor". Eso aquí, ¿pero qué pasará en las antípodas o el hemisferio sur? Yo confío más en que se lo traguen los pájaros, si todavía quedan pardales, porque también están sufriendo su plaga, la malaria aviar. Nadie ha contado los millones de pajarillos que han caído ya, porque sus cuerpos diminutos no cortan las carreteras ni incendian contenedores, pero a mí me acongoja su muerte silenciosa más que el destino de los galápagos.

jueves, 13 de febrero de 2020

LA LEY POR SÍ SOLA


"La ley por sí sola no basta". Es frase lapidaria de Pedro Sánchez Perogrullo, doctor en ostentosas vacuidades, ejemplo de fatuidad irrebatible. Porque vamos a ver, en la vida, ¿hay algo que por sí solo baste? Nada se basta a sí mismo para existir, todo necesita de algo, ya sea por su origen, su finalidad o su permanencia. La ley necesita de la política, la política de la ley. Así que tampoco "la política por sí sola basta"; es otra obviedad. Incluso más obvia, porque la ley tiene una estabilidad que va más allá de las veleidades políticas.

Frase trucada y truncada, porque le falta el "para qué". "La ley no basta"... ¿para qué? Lo importante es el para qué, que no se dice. Hay que imaginarlo, suponerlo. Es un recurso eficaz: no decir lo que se quiere decir para que nadie sepa bien lo que se dice. Vaciar el lenguaje de sentido para que pueda significar cualquier cosa, según convenga.

Porque lo que se quiere decir es que la ley es insuficiente para impedir la independencia y que, por tanto, mejor no aplicarla. Es esto lo que se quiere legitimar: el no aplicar la ley, transigir con su incumplimiento. Claro que la ley es insuficiente, no sólo para impedir la independencia, sino para impedir cualquier otra cosa. La ley no puede acabar con la delincuencia, el narcotráfico, el asesinato, el fraude, la pobreza, la explotación. ¿Es por eso innecesaria?

Lo increíble es que quienes intentan legislar e imponer los sentimientos, las ideas, los impulsos, la sexualidad (ley de violencia de género, de memoria histórica, contra el franquismo, ley de libertades sexuales, etc.), estos mismos nos dicen que en lo tocante al independentismo no hay que legislar, ni aplicar las leyes, porque los sentimientos, la voluntad del pueblo catalán (el separatista, claro, no el otro) está por encima de la ley.

La medicina no basta para tener buena salud, ni siquiera para curar. Ni la policía ni las multas bastan para evitar las muertes en carretera. Ni siquiera los semáforos, ni la ITV. La lluvia no basta para que broten los trigales, ni bastan las nubes para que llueva. Ni siquiera ser necio basta para llegar a ser presidente de Gobierno. Toda la ciencia se basa en saber que existen condiciones necesarias y causas suficientes, aunque no sea fácil distinguirlas.

Lo que se busca es confundir, desconcertar, aturdir al contrario. Como echar humo en una colmena. Todas las consignas están ideadas para conseguirlo. En esto los separatistas han sido muy eficaces. Ahí están el "España nos roba" y el "derecho a decidir". Basta con repetirlas hasta la náusea. Nunca explicarlas. Nunca aclarar su contenido ni su sentido. Así repite ahora Sánchez, que nada ha inventado: "Hay que devolver a la política un conflicto político". "Retomar la senda de la política, dejando atrás la judicialización del conflicto". "La política es la única vía posible". ¿La única? ¿La sedición y la rebelión no son más que un "conflicto político"? ¿Y para "desjudicializar", no hay que "politizar" a los jueces?

¿Qué se quiere conseguir para lo cual estorba la ley, la justicia, e incluso la política? Porque cuando hablan de política, sólo se refieren a la suya. Lo que hacen los demás no es política, es crispación, fascismo, ultra ultraderecha. Si el objetivo es ceder, aceptar aquello que los separatistas quieren, la independencia, ¿para qué tanto rodeo? Vean lo que dice Batet, tercera autoridad del Estado, partidaria del referéndum: "Si hay más de dos millones de personas en Cataluña que no reconocen como suyo ese marco constitucional, pretender imponerlo no nos va conducir a ninguna solución".

¡Qué fácil! Digo que no acepto el marco constitucional, me pido la independencia y ¡hala!, independencia a la carta. ¿Y qué hacemos con el otro 70% de catalanes que sí quieren el marco constitucional y no aceptan la independencia? ¿Y con el resto de españoles? ¿Les damos a todos con el marco independentista en las narices?

Este discurso claudicante va calando. Hasta Ana Rosa llegó a decirle a Abascal: "algo habrá que hacer con esos dos millones"... No estuvo ágil Abascal para contestar que el problema no eran esos dizque dos millones, sino los 45 restantes, o los 40, o los que sean, que parece que no interesa ni saberlo. A la minoría separatista y antidemócrata se la tiene que contentar; al resto, despreciar y pisotear. Y quien no lo acepte, facha, franquista. ¿Hasta cuándo?

miércoles, 5 de febrero de 2020

MANDATAN E INTERLOCUTAN


Confieso que me desborda, me sobrepasa como las olas de la tormenta Gloria, que en paz esté. Hemipléjico, mis dos hemisferios en guerra púnica. La situación política. La manada ministerial. La mesnada que los acompaña. El lenguaje, el estilo, la prosodia. El bruxismo de Sánchez (quijada tensa, crujir de dientes). Los ojillos de canica, opacos, retraídos y mal avecindados de Ábalos, qué solo garantiza la mentira al descubierto. ¿Para dónde miro que no vea lo que veo? ¿Me tapo con cera los oídos? Imposible, allá adentro se queda el eco, el martillo golpea el yunque y pone pie en el estribo y vibra el tímpano, y me aturden las voces, el gorjeo de las faringes empoderadas.

Irene Montero, la miembra del consejo de ministras, ministra consorte de la igualdad inmobiliaria, está de un creativo febril y habla de "interlocutar" con no sé quien, lo ha dicho en TVE y no se ha electrocutado con el interlocutador que la interlocutaba. Debe de ser consigna ministerial, porque Ábalos, robusto cuello en cabeza chica, ya lo dijo también: "El Gobierno de la nación puede interlocutar con cualquier otro gobierno autonómico". Ha rematado doña Irene la faena denunciando a la sociedad "adultocéntrica" (la prefiere infantilizada) y defendiendo a la familia "monomarental" (lo de "parental", de pariente, le suena a padre, y padre a machista). ¡Viva la sororidad!

Ellas están tomando la delantera. Otra Montero (tardan en feminizar su apellido y ponerse la Montera por Montero), María Jesús (¡vaya por Dios, otra intrusión heteropatriarcal!), en su atropellada fonética ya denunció, a propósito de la renovación del CGPJ, que "lleva tiempo que la ley mandató para que se produciera esa renovación". Lo dijo así, sic, sin que se "produciera" ningún sobresalto en la sala donde dicen que había periodistas. ¡Abajo la gramática opresora! También afirmó aquello de "¡yo lo digo siempre, chiqui, son 1200 millones, eso es poco!". La ha elevado Sánchez a portavoza, y al verla siempre tan espiritada pienso que ha tomado demasiado café, o lo que sea.

Tampoco se oyó ni un suspiro cuando otra de las sublimes, Celaá, afirmó: "No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres". Ha escandalizado mucho eso de la pertinencia o impertinencia de los hijos a los padres, asunto que dicho así puede significar lo que se quiera. Mucho más grave es ese "no podemos pensar de ninguna de las maneras". Es esta arrogancia totalitaria lo que más espanta. Quieren que pensemos y sintamos como ellas dicen que hemos de sentir y pensar. No es que manden, "mandatan" e "interlocutan": ¡Viva la lucha antifascista!

Pronto habrá más fachas en España que en toda la Galaxia. Hasta ayer los campesinos eran trabajadores del campo, agricultores, pero hete aquí que Pepe Álvarez, el capataz de Pujol, secretario general de UGT, ha descubierto que son "la derecha terrateniente, carca". El virus de la derecha ha mutado en el virus corona de la ultra ultra derecha, que es la última consigna de Redondo que repiten a coro todas y todos los que se sientan en la alargada mesa oval monclovea.

Dijo también la pequeña Lastra, cabecita superdotada, segunda autoridad jerárquica del PSOE, que la negociación de los presupuestos está todavía en un "trámite muy primigenio". Aprendió la palabra ayer y ya la usa con una soltura que obligará a cambiar el diccionario de la RAE, batalla progresista que ya ha iniciado Carmen Calvo, la vicesegunda de lo que sea, toda ella simpatía, eh, bonita.

En esta brevísima relación del asalto feminista a la sintaxis no podía faltar la directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno (otra que debe despatriarcalizar su apellido). Ha escrito cosas de altísima enjundia: "El ano es una de las principales zonas erógenas para hombres y mujeres, pero especialmente para los hombres". ¡Y yo, que tuve que superar la fase anal para llegar a ser lo que soy, sin enterarme! Con lo feliz que hubiera sido jugueteando toda la vida con el fruto de mis entrañas.

Y: "Me interesa mucho el culo masculino como espacio altamente simbólico donde se concentra la pasividad entendida como feminización (degradante) y como lugar de placer inasumible para los hombres heterosexuales". Conclusión: "la heterosexualidad oprime a las mujeres". De la lucha de clases a la lucha contra la heterosexualidad. ¿Clase obrera? ¡Anda ya, carca! Tiene ésta, doña Beatriz, cinco pisos, y pronto se comprará un palacete, no va ser menos que su jefa proletaria y que Celaá, que ya lo tiene.

martes, 4 de febrero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (y III)


He explicado que hoy existen dos tipos de iberismo incompatibles: el que busca la unión económica y política entre dos estados (España y Portugal), respetando su soberanía, y el que promueve la federación de un número indeterminado de estados, naciones o pueblos ibéricos, todavía pendientes de constituir y reconocer. Esta doble concepción afecta a la esencia misma del iberismo de tal modo que no podemos ignorarlo o dejarlo de lado. Ni los agentes, ni las acciones, ni los proyectos de unión serían los mismos en un caso o en otro.

Desde los inicios del iberismo esta divergencia ha estado presente. Lo ha contado muy bien Pablo González en este medio. Luis Araquistáin lo expresó en 1945 al distinguir entre los Estados Unidos Ibéricos y una República Dual. La debilidad de esta propuesta se hace evidente al comprobar que Araquistáin sólo enumera a Castilla, País Vasco, Cataluña y Galicia como los estados ibéricos que habrían de unirse conPortugal.

Identificar a Castilla con todo lo que no es Galicia, Cataluña o Euskadi, y a Castilla con España, es algo totalmenteanacrónico e históricamente insostenible. Ese malentendido olvida la importancia que Galicia, Portugal, León, Navarra y Aragón tuvieron como reinos en la construcción de la España moderna, y subyace en el lenguaje de los separatistas que hablan de Castilla (opresora o comunera, tanto da) para no pronunciar la palabra España, del mismo modo que usan eltérmino "castellano" para no reconocer el carácter nacional y universal del español.

Especialmente engañoso es el proyecto iberista de los independentistas catalanes. El Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña, como cuenta Pablo González, propuso en 2013 un Consejo Ibérico formado por Cataluña, Andorra, Portugal y España, en el que una alianza lusocatalana fuera el elemento decisivo.

Como iberista nunca me prestaría a ser utilizado para legitimar la existencia de un estado catalán soberano en pie de igualdad con Portugal, por ejemplo. Eso supondría, no sólo destruir España, sino equiparar a Cataluña con Portugal, dotándola de un estatus jurídico que nunca ha tenido en su historia. Lo que el independentismo catalán busca, más que crear una Iberia unida, es legitimarse y ser reconocido como estado independiente.

Digo que no será posible ningún iberismo real si en España, pero también en Portugal, no se tiene claro que los movimientos independentistas son disgregadores, destructivos y promotores de un conflicto civil que daría al traste con cualquier proyecto de unión ibérica. Nada más importante, en este contexto, que los iberistas españoles hagamos un esfuerzo para dar a conocer a nuestros amigos portugueses, qué es lo que hay detrás del separatismo actual, cuáles son sus fines y sus métodos, y en qué situación se encuentra España bajo el actual Gobierno, constituido gracias al apoyo de los independentistas catalanes y vascos.

He aquí algunos hechos que dan una idea de la gravedad del momento y que, de no resolverse reforzando la unidad e igualdad entre todos los españoles, hará imposible cualquier proyecto iberista.

-España ha sufrido un terrorismo con 3.500 atentados, 864 muertos y miles de heridos. ETA ha sido democráticamente derrotada, pero ha creado un partido que no sólo no condena ni se arrepiente de sus crímenes, sino que los justifica abiertamente y homenajea a sus autores. El actual Gobierno se ha formado gracias al apoyo de este partido (Bildu). En pago, el PSOE ha votado recientemente en el Parlamento Europeo en contra del esclarecimiento de los 376 asesinatos todavía por resolver.

-En Cataluña, mediante un proceso de ingeniería mental y social, copiado del nazismo, el secesionismo ha logrado que un 39% de los votantes en 2019 apoye la independencia, frente a un 43% de no independentistas. Esto supone menos del 30% del censo. Durante casi 40 años se ha impuesto el catalán como lengua única y vehicular de la enseñanza, desterrando el español de todos los usos oficiales. Hoy habla catalán un 33% frente a un 55% español. El derecho a recibir la enseñanza en la lengua materna ha desaparecido para los hispanohablantes de Cataluña. El español siempre ha sido una lengua tan propia de Cataluña como el catalán.

-España es un Estado muy descentralizado, con 17 autonomías que tienen capacidad legislativa, fiscal y económica. El País Vasco goza de un estatuto excepcional que lo convierte en un estado semindependiente. El resultado ha sido la pérdida de la unidad fiscal y de mercado, y la desaparición de un sistema sanitario, educativo, judicial, policial y funcionarial único o unificado, aumentando la desigualdad entre los españoles en función de su lugar de nacimiento.La renta per cápita puede oscilar hasta un 50% (entre Madrid y el País Vasco, por un lado, y Extremadura por otro).

-El separatismo catalán intentó crear en octubre de 2017, mediante la fuerza de los hechos consumados, una situación social y política irreversible (equivalente a lo que tradicionalmente ha sido un golpe de estado), que acabara obligando al Estado a reconocer su independencia. Para ello anularon la Constitución, abolieron la monarquía y proclamaron la República Catalana, aprobando Leyes sustitutorias que llamaron de Desconexión y de Transición, desobedeciendo todas las sentencias condenatorias del Tribunal Supremo y el Constitucional. Los cabecillas de la insurrección han sidocondenados por sedición y malversación con penas menores a las máximas que establece nuestro código penal. Esta sentencia provocó una rebelión violenta con incendios y disturbios por toda Cataluña durante quince días. No había ocurrido nada parecido en España desde el final de la guerra civil en 1939.

-El independentismo catalán y vasco, promovido por las clases dominantes, es declaradamente racista, basado en el odio a todo lo español, y no ha ocultado su supremacismo desde sus orígenes en el siglo XIX. Su raíz es profundamente antidemocrática, reaccionaria y defensora de privilegios que van en contra de la igualdad entre todos los españoles. Su mayor éxito ha consistido en poner de su lado a gran parte de la izquierda española, especialmente al PSOE y a Podemos, los dos partidos que hoy forman Gobierno gracias al apoyo de los independentistas.

-El actual Gobierno está dispuesto a abrir la puerta a una interpretación "constitucional" que permita la independencia de hecho de Cataluña, camuflada en un federalismo creativo y asimétrico. Pretende sustituir la voluntad de todos los españoles, únicos sujetos de la soberanía nacional, por un referéndum limitado a Cataluña. Se inicia así un periodo de inestabilidad política y de enfrentamiento civil de imprevisibles consecuencias.

Invito a los lectores, sean de la orientación política que sean, a que imaginen la existencia de algo parecido en Portugal.¿Pensarían que lo mejor sería el fragmentarse para integrarse luego en un Estado ibérico?

jueves, 30 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (II)


(Foto: Fernando Redondo)

Decíamos en el anterior artículo que existía, dentro del movimiento iberista, una corriente que defiende una "federación o confederación de los pueblos ibéricos", un proyecto político no sólo indefinido, sino indefinible y carente de sentido práctico. Basta imaginar la complejidad de este modelo, conformado por un indeterminado número de estados o naciones, todas ellas, además, hoy por hoy inexistentes (salvo Portugal y Andorra), y cuya creación política exigiría la desaparición de España como nación y estado. Parece claro que antes de esa confederación deberían constituirse esos nuevos estados o naciones, un proceso lleno de dificultades, empezando por la delimitación de las fronteras respectivas, base de cualquier soberanía, pues no hay soberanía sin territorio propio.

Hago esta reflexión elemental porque sé que hay defensores sinceros de ese iberismo que idealiza la noción romántica de "pueblo" como el fundamento de la nación y el estado. Esta definición de pueblo alude a una identidad diferenciada y exclusiva (lingüística, racial, étnica, cultural), hoy imposible de encontrar o delimitar en una población tan mezclada genética, cultural e históricamente como la ibérica, y más en la sociedad moderna, basada en intercambios, relaciones y dependencias que han diluido cualquier uniformidad que se supone ha de fundamentar la existencia de un pueblo. Sí podemos usar el término pueblo en sentido político, o sea, el conjunto de ciudadanos, y hablar de pueblo español y pueblo portugués, expresiones que encierran, además, una resonancia emocional positiva (así decimos, "pueblos hermanos").

Dejo de lado, por tanto, a estos iberistas que, sobre todo desde el anarquismo, creen en cierta utopía fraternal e imaginan una especie de "edad dorada ibérica" en la que, como añoraba don Quijote, no hubiera "ni tuyo ni mío" y todo fuera paz y concordia entre los pueblos. Quedémonos con esos buenos deseos, que siempre gozarán de mi respeto, porque sin duda la unión ibérica habrá de estar fundamentada, no sólo en la racionalidad y el interés mutuo, sino en los buenos sentimientos. Es precisamente todo lo contrario del propósito de otros, que usan el reclamo del iberismo para ir justamente en sentido contrario, el de la disgregación y la división. Me refiero, de modo explícito, a los independentistas catalanes, vascos y gallegos y a sus defensores, que también hablan con frecuencia de iberismo.

Se trata de un iberismo "instrumental", contra el que quiero alertar especialmente a los ciudadanos portugueses, en su mayoría desconocedores de la naturaleza y fines de los movimientos independentistas que hoy se están desarrollando en España. De modo espontáneo, los portugueses, rememorando su pasado, cuya independencia se construyó en contra de España, sentirán simpatía por estos movimientos con los que tenderán a identificarse. La propaganda independentista, que ha hecho un gran esfuerzo por ocultar su proyecto antidemocrático, clasista y supremacista para presentarlo como "derecho a la autodeterminación", ha calado en sectores "progresistas" europeos malinformados, y seguramente también en Portugal. Bastaría recordar que son los partidos más derechistas y xenófobos de Europa los únicos que han dado su apoyo a los separatistas catalanes, para sospechar de este "progresismo".

El proyecto iberista no debe caer en esta trampa. Los independentistas hablan de un iberismo de conveniencia en el que ellos, especialmente Cataluña y el País Vasco, ejercerían su hegemonía imponiendo, en la práctica, su dominio económico y político. No aspirarían a salir de España para integrarse en un proyecto que eclipsara este predominio. Pero ni Cataluña ni el País Vasco pueden prescindir de Iberia, o sea, del mercado peninsular, ampliándolo hacia Portugal. Si entran en el juego, ha de ser con ventajas añadidas. Cataluña aspira ya a extender su dominio a Valencia y las Islas Baleares.

Sé que resulta muy difícil explicar, a quien no lo ha vivido de cerca, todos los pasos que el proceso separatista ha ido dando durante cuarenta años para socavar la Constitución española y orden democrático que ha hecho posible el mayor desarrollo de la España moderna. A los bienintencionados les cuesta entender que los independentistas presentan a España como un Estado opresor y franquista simplemente porque defiende su integridad territorial, algo que contemplan las constituciones de todos los estados europeos, empezando por Portugal, cuya Constitución de 1976 señala que "el Estado es unitario" y que el Presidente de la República "garantiza la independencia nacional y la unidad del Estado". Incluso excluye la posibilidad de que esa "independencia y unidad nacional" sea materia de revisión constitucional.

A los portugueses simpatizantes de los independentistas les invitamos a que imaginen la existencia un movimiento parecido en su país que exigiera, por ejemplo, la independencia o autodeterminación del Algarve argumentando que Portugal seguía siendo un estado salazarista opresor.

Pero aún necesitamos explicar con mayor detenimiento, por qué necesitamos que la opinión pública portuguesa comprenda nuestra denuncia y rechazo a los movimientos disgregadores y separatistas de España, cuyos fines chocan radicalmente con el proyecto iberista. De ello nos ocuparemos en el próximo y último artículo.

LA GALA DE OS HORRORES

(Foto: Fernando Redondo)

No vi ni oí la Gala de los Goya, así que lo que escriba será juicio gratuito e insostenible. Confesar el crimen antes de cometerlo es maniobra exculpatoria de fácil desenmascaramiento, así que me adelanto. Atribuyan todo a mi deterioro, si no mental, digamos neurótico, neuropático o neuropolítico. Porque al final todas las aguas críticas desembocan en la charca de la política.

Empiezo por eso a lo que llaman "estatuilla", que es más bien pesadilla, no sólo por lo pesada, sino por lo horrorosa. Pasan los años y ni se les ocurre aligerarla, darle algo de gracia para que pueda alzarse en una mano como trofeo y no exija las dos para acunarlo como enano petrificado, todo cabeza. Lo siento por Goya, al que veo sufrir hasta en las arrugas de la frente. ¿A quién se le ocurrió semejante bodrio? Relacionar el cine, no ya con la pintura, sino con un pintor, al que se le cercena la testa, es tan forzado como hacerlo con un torero o un pianista.

Tan pobre imaginación es síntoma de la zafia concepción que los propios actores y cineastas tienen de sí mismos y de su arte. No se puede entender de otro modo que acepten esa humillación pública que cada año se supera en horterez y pretenciosidad. Este año no ha sido menos, por más que hayan hecho alarde de baratijas visuales (hablo por lo que he ojeado en las medios y las medias, que nunca enteras). Que todo sea una imitación paleta de los Óscar, que tampoco son modelo de nada, ya indica lo que señala. Y todo para acabar viéndole el culo a Buenafuente y su señora, o viceversa.

Lo de los trajes de pingüino y la exhibición de kilómetros de tela de ellas, las feministas de la alfombra roja, tan parecidas a nuestras tatarabuelas en los salones reales, es de una estética más bien cutre, por más brillos y sonrisas de muñeca cursi que se cuelguen de los labios. Todo tan impostado, vano y vacuo, tan poco femenino, por más poses seductoras que hayan ensayado colocando la barbilla en el hombro desnudo, imitando a las de Hollywood, que resulta un enigma cómo ellos y ellas lo hacen compatible con una furibunda negación de la feminidad heteropatriarcal. 

Vienen luego las declaraciones de los unos y las unas, de una agudeza deslumbrante. Esta vez ha destacado un tal Casanova, que fue vestido de arcángel y le pidió al presidente Sánchez "más dinero para hacer nuestras películas", y en eso estuvo muy acertado, porque son suyas y no mías. (Y si son suyas, y tan suyas, ¿por qué hemos de pagarlas nosotros, que ni nos apetece ir a verlas?)

Pero fue la más feminista de las actrices feministas, una tal Dolera, quien dijo lo que había que decir, que se necesita "más cultura antifascista en España". La cultura toda ella subsumida y absorbida por el antifascismo, que es un todo, ya se sabe, que sirve para definir cuanto hacemos, pensamos y sentimos, porque o se es fascista o antifascista, y no se hable más. Así que ¡viva el antifascismo subvencionado!

Pedro Almodóvar, justamente premiado, intentó ser un poco más sutil, pero vino a decir lo mismo y peor: "aunque me da vergüenza pedir dinero al Estado lo cierto es que el cine español lo necesita" porque "incluso el malo, es memoria histórica de España". Si hasta el cine malo es memoria histórica, subvencionémoslo todo, ¿no? También el cine fascista. Lo que no explicó es por qué el cine, y no los escritores, los albañiles, los sacristanes, los recolectores de aceituna o los pescadores, por qué no deberían también ellos recibir dinero del Estado para realizar sus tareas antifascistas. ¿O acaso no están impidiendo con su trabajo abnegado y no subvencionado, la llegada del fascismo?

Pero la perla de Tous fue la referida al Presidente empajaritado: “En los próximos cuatro años va a ser el coautor del guión de nosotros, los ciudadanos españoles, y espero que le vaya muy bien, porque si a él le va muy bien, nos irá bien a todos los demás». Le concedió Almodóvar un cuatrienio de película, coescribiendo con Redondo el guión de nuestras vidas, lo que es, más que atrevido vaticinio, un deseo canallesco, pues que le vaya a él mal es condición necesaria para que a nosotros nos vaya un poco mejor. Lo contrario es un imposible telúrico, cosmológico; pero quién sabe, estamos ya en plena emergencia climática.

viernes, 24 de enero de 2020

HAY DOS IBERISMOS (I)


El proyecto de unión ibérica al que llamamos iberismo -y que este medio defiende y estimula con encomiable empeño-, se presta a cierta confusión que creo necesario abordar de modo explícito y abierto. Como todas las grandes palabras (libertad, democracia, igualdad), el término iberismo puede hacer referencia a realidades muy distintas.

Creo que hay dos interpretaciones básicas del iberismo que es preciso clarificar para evitar malentendidos, porque de cada una de ellas se derivan proyectos y acciones que pueden llegar a ser, no sólo diferentes, sino incompatibles. La pregunta que sirve para diferenciar estos dos modelos es: ¿Qué es lo que queremos unir? Esta es la pregunta inicial e insoslayable, previa a la siguiente: ¿Qué tipo de unión queremos (cooperación, integración, federación, confederación) y qué pasos hemos de dar para lograrlo?

El primer iberismo, que es el que yo defiendo, lo que quiere unir son dos Estados soberanos, Portugal y España. Mi iberismo parte de esta premisa. No se trata de hacer desaparecer la soberanía de ninguno de los dos Estados, ni siquiera establecer espacios de co-soberanía o soberanía compartida. La soberanía no acepta fórmulas intermedias, porque es un principio único e indivisible, se tiene o no se tiene. Así que no se trata de renunciar a nada, entre otras cosas, porque establecer los espacios de co-soberanía, diferenciándolos de los de la soberanía, es algo prácticamente imposible.

No, el camino no puede ser el definir previamente qué es lo que un Estado puede decidir solo y qué es lo que no podría hacer sin el consentimiento del otro. Esta vía, insisto, nos llevaría a discusiones y disputas interminables, con el riesgo de despertar recelos y temores que son los que precisamente queremos superar. Por tanto, el modelo ha de ser otro: el de acordar en cada momento la mejor fórmula de cooperación, optimización de los recursos, unión real de fuerzas, construcción de proyectos comunes. Hay aquí un terreno amplísimo que nos saca de la paralizante discusión y regulación de la soberanía y nos enfoca en la verdadera unión, basada en el interés mutuo y el establecimiento de relaciones humanas, culturales y económicas positivas.

El segundo iberismo no parte de la existencia consolidada de estos dos Estados, sino de otro modelo, el de la unión de los pueblos ibéricos. Es el iberismo del siglo pasado, que surgió en los años 30 y del que tenemos dos referencias concretas que nos pueden ser útiles para juzgar su viabilidad y sentido.

En 1927 se constituyó en Valencia de Federación Anarquista Ibérica (FAI), formada por la Uniáo Anarquista Portuguesa, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España y la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de Lengua Española en el Exilio. El fracaso de esta iniciativa no sólo se debió al desenlace de la guerra civil española, sino a la confusión que el mismo proyecto encerraba. La retórica sobre los pueblos ibéricos no se concretó en nada, y la referencia al internacionalismo proletario volvía todavía más difusos los objetivos y la posibilidad de llevar a la práctica el principio autogestionario y la democracia directa.

La otra referencia son los dos intentos de proclamación de la independencia de Cataluña de 1931 y 1934. El primero lo protagonizó Francesc Macià en 1931. Macià utilizó sucesivamente tres expresiones para definir el sentido de esta independencia:

-L'Estat Català, que amb total la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèrics.
-L'Estat Català como una República Catalana para crear la Confederació de Pobles Ibèrics.
-La República Catalana com Estat integrant de la Federació Ibèrica.

Sorprende este vaivén de fórmulas que indica la ambigüedad y confusión del proyecto. La referencia federal y confederal a los pueblos ibéricos parece un añadido apara atenuar y hacer más aceptable el hecho de la proclamación unilateral de la independencia, sin consultar, por supuesto, a ninguno de esos supuestos pueblos ni contar con su voluntad. El intento de Lluís Companys de 1934 fue parecido: proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española, transformando, de golpe, a la República Española en República Federal. El gobierno de la República se vio obligado a sofocar inmediatamente esta rebelión.

Los intentos actuales de revivir la idea de una Federación de los Pueblos Ibéricos repiten los mismos errores. La total indefinición del modelo, donde ni siquiera se especifican ni nombran cuántos y cuáles son esos pueblos ibéricos llamados a formar una federación o confederación (que no es lo mismo), ni qué tipo de estructura global se quiere crear (¿Estado de Estados, nación de naciones?), ni qué soberanía tendrían esos pueblos-estados-naciones, ni qué relaciones mantendrían entre sí (¿bilaterales, multilaterales?) ni con el resto del mundo (defensa, fronteras, relaciones internacionales, comercio, etc); todo esto muestra lo evanescente de este iberismo.


Desde el punto de vista práctico, dejando de lado la complejidad política, sería tan costoso, engorroso y paralizante el poner de acuerdo, ante cualquier cuestión o discrepancia, a ese conglomerado desigual y asimétrico de pueblos-estados, que resultaría imposible llevar adelante ningún proyecto común. No tendría ninguna ventaja, y sí un cúmulo inimaginable de inconvenientes. ¿Por qué, sin embargo, dentro del propio movimiento iberista, hay una corriente que defiende este modelo, a todas luces inviable? Responderemos en el próximo artículo.