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miércoles, 3 de septiembre de 2008

VISIBILIDAD DE LA DEVASTACIÓN

(Foto: Ángela Galisteo)
La destrucción acelerada de la naturaleza, el paisaje y el entorno natural e histórico, a causa de la acción humana, no es un hecho hipotético, sino visible, palpable, cuantificable, medible, bebible y hasta “olible”. Sin ánimo de ser exhaustivo, he aquí los cambios más visibles que se han producido en los últimos cincuenta años en nuestro país, y que cualquiera puede comprobar:


-Eliminación de humedales del interior (lagunas, charcas, arroyos y regueros naturales) y de la costa (marismas, salinas).
-Pantanos, trasvases y desvíos innecesarios de cauces de ríos y arroyos.
-Destrucción de la vegetación y flora silvestre de los márgenes de ríos y arroyos.
-Desaparición de lineros y pasillos de flora y vegetación silvestre entre tierras de cultivo.
-Desaparición de la fauna natural de los ríos, arroyos y lagunas (cangrejos, culebras, barbos, truchas, ranas, sapos, salamandras, etc.)
-Disminución de insectos hasta hace poco abundantes en los campos y montes (saltamontes, escarabajos, arañas, libélulas, avispas, abejas, mariposas, etc.).
-Extensión de los monocultivos de regadío (maíz y girasol, sobre todo) en zonas de secano; destrucción de trigales, viñedos y huertas, uniformización del paisaje cultivado, desaparición de la diversidad agrícola autóctona.
-Uso masivo de pesticidas y herbicidas que han destruido la diversidad de la flora y la fauna (flores y plantas silvestres, pájaros, reptiles, etc.)
-Destrucción de gran parte del paisaje costero, de la flora y fauna de los ecosistemas litorales, marítimos y terrestres (construcciones, vertidos, mantenimiento artificial de playas, etc.)
-Destrucción del bosque tradicional de robles, encinas, alcornoques, sabinas, olmos, chopos, hayas, etc. y explotación forestal intensiva con la plantación de especies importadas que empobrecen el terreno y destruyen el paisaje.
-Construcción de carreteras, autopistas y vías de ferrocarril que no respetan ni el paisaje ni las áreas naturales, incluso protegidas, y paralela destrucción de caminos y senderos tradicionales.
-Utilización masiva del agua potable para el riego, no sólo agrícola, sino de zonas de recreo y jardinería (campos del golf, urbanizaciones, parques, etc.)
-Contaminación general del aire, el agua y el suelo: incontrolada, tolerada y permitida.
-Vertidos, basureros y deshechos domésticos e industriales en los rincones y lugares más inusitados(ríos,montes,cunetas,riberas,bosques...)
-Industrialización y urbanización salvaje, invasión de generadores eólicos y plantas solares sin tener en cuenta para nada criterios de sostenibilidad, impacto ambiental, contaminación o efectos sociales y culturales.



El 40% de la superficie de nuestro país está en proceso de desertización acelerada, fruto de todos los cambios que hemos señalado. No hace falta recurrir al cambio climático para explicar esta absurda devastación.


Cambiar el paisaje, el entorno, la naturaleza, no es sólo un asunto ecológico, sino económico, social y cultural. El entorno, la naturaleza, el paisaje, con sus efectos energéticos y estéticos, influye en la idea que nos hacemos de nosotros mismos y de los otros, en la forma de imaginar y soñar, hablar y percibir, de gozar y disfrutar de la vida. El empobrecimiento cultural, humano, colectivo, de la experiencia y el lenguaje, es paralelo a la extensión de esta devastación. ¿Existe algún partido que de verdad se ocupe de estas cosas? ¿Cuánto tiempo y energía pierden en discutir verdaderas memeces, en lugar de afrontar lo que de verdad determina nuestro sentido de la vida, nuestra experiencia del mundo y nuestro bienestar?
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