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domingo, 16 de noviembre de 2008

ACERCA DE DIOS

(Foto: S. Trancón)


Acerca, en primer lugar, de la palabra Dios. Algo sobre el término, sobre su contenido y uso.
Acerca de y acercar viene de cerca. Poner una cerca, cercar, es poner un límite alrededor, un círculo y aproximarse. Pues acerquémonos a ese vocablo, demos un rodeo semántico hasta aproximarnos a su centro.

Semánticamente es un término agotado. Se ha abusado tanto de él que ha quedado vacío. El vacío se ha ido llenando, al mismo tiempo, de simplezas e imágenes infantiles, sobre todo a partir de la Edad Media. La Iglesia católica, que es de quien la mayoría hemos recibido la palabra y su significado, no ha avanzado nada desde entonces. Los místicos y erasmistas intentaron devolverle su sentido original, pero fracasaron.

La imagen de Dios se convirtió en algo personal, a semejanza humana, con barbas y túnica blanca. Ni Miguel Ángel logra darle un poco de dignidad ni seriedad a Dios Padre, aunque moje su pincel en Grecia.

Hoy ya no podemos usar la palabra porque es imposible desembarazarla de toda la pátina pegada a su piel, aunque sea de mármol. Así que hay que buscar un sustituto para referirnos a lo que se intentó decir inicialmente.

Ensayemos algunos términos:
Espíritu
Infinito
Lo impersonal
El Todo
La Fuente
Lo Abstracto
Lo Absoluto
La Plenitud
El Vacío
El Ser
Energía
Conciencia

Todo no es más que un intento de nombrar lo innombrable, lo absolutamente real pero inimaginable, inexplicable e incomprensible. Somos seres muy limitados.

Místicos cristianos, cabalistas judíos, iluminados sufíes, sabios griegos, filósofos metafísicos, brujos yaquis, chamanes aztecas, senseis budistas, maestros taoistas… Todos han hablado de lo mismo, pero con distintas palabras, imágenes y conceptos. Lo peor de esta rica tradición universal es que casi siempre ha degenerado en secta, en iglesia, en norma, en ritual, en ortodoxia y control de las conciencias.

La ciencia también se ha enfrentado a lo mismo y hoy, hasta habla de busca la “partícula Dios”. Un reduccionismo tan pernicioso como el de las religiones, porque se basa en la misma simpleza intelectual.

Dado que resulta bastante difícil llenar el vacío que toda esta tradición ha dejado, no hay más remedio que acudir a la experiencia del “sentir”, que es un pensar sin pensamiento, pero basado en la certeza de que el mundo es un hecho energético absolutamente real e inabarcable.

Las palabras para sustituir a la palabra Dios, para no dejarse contaminar por su toxicidad, acumulada durante siglos de rutina mental, las puede buscar cada uno por su cuenta. En mi poesía, a eso que está ahí, aquí, ahora, lo he llamado “la eternidad”, “la primera luz”, “la plenitud”, “el vacío”, “el silencio”, “la nada”, “el infinito”. Sin mayúsculas, claro.
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