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jueves, 27 de noviembre de 2008

POR TIERRAS DE LÉRIDA

(Foto: S. Trancón)

En Agosto del 2007 pasé unos días en un pueblecito de Lérica, Montfalcó Murallat: Monte del Halcón Amurallado. Es un ejemplo de “ciutat closa”, aquellos pueblos medievales (siglo XI) que necesitaban rodearse de muros inexpugnables para poder encerrarse dentro el tiempo que fuera necesario hasta que pasara el peligro, o sea, los invasores, los atracadores, los salteadores, que podían venir de cualquier lado. Cuando pensamos hoy en la inseguridad ciudadana nos olvidamos de aquellos tiempos heroicos, en los que para sobrevivir había que aprender a manejar con destreza la espada, siempre a mano, y, además, ponerse a las órdenes de algún señor de horca y cuchillo detrás de cuyos muros protegerse.

Este pueblecito, colocado en lo alto de un cerro, es todo piedra, una piedra toscamente cincelada, ruda, ciclópea. Las pocas casas habitadas se ciñen a la muralla y tienen unas ventanas tan pequeñas que no podría colarse por ellas ningún cuerpo humano. Laberínticas, guardan en su sótano cuevas excavadas en la roca para almacenar los cereales, grandes tinajas para el vino y pozos y aljibes para el agua. Todo es silencio, sólo roto durante el día por el gorjeo irisado de las golondrinas y el sisear de la lechuza por las noches. Hay que imaginarlo sin luz eléctrica. Si durante el día es oscuro, por la noche es la negrura tan densa que hay que ir abriéndose paso para cruzarla. Las colinas de alrededor están cubiertas de robles, encinas y campos de trigo.

Cerca está Cervera. Paseando por su Calle Mayor descubro una iglesia, la de Sant Bernat o de Santa María, donde se firmaron las capitulaciones matrimoniales de los Reyes Católicos en 1452 (como eran primos, para casarse tuvieron que obtener una licencia papal, que falsificó sin más el arzobispo de Segovia), pero también donde se reunieron por primera vez las Cortes Catalanas en 1356. Una coincidencia significativa. Parece que la historia se empeñó en unir lo que algunos hoy se empeñan en desunir contra toda lógica… histórica. También aquí Felipe V construyó en 1717 la primera universidad catalana, otro hecho desconcertante, un edificio magnífico, inmenso.

La Paería (Ayuntamiento) tiene una fachada que es una enciclopedia del gesto. Allí aparecen esculturas con rostros alegres, enfadados, pensantes, uraños, preocupados… La expresividad de rostros y manos a veces es bufonesca. Un personaje aparece estirándose la boca hacia los lados con sus dos manos como si quisiera desgarrarla. ¿Pecó de gula, de maledicencia, o simplemente está desesperado? Cosas del siglo XVIII, un siglo bastante raro todo él, aunque pase tan desapercibido.

Dejo para otro día hablar de otras curiosidades, del castillo de Vicfred, de un pueblo llamado Torá y otro Guimerá, que yo sostengo que son nombres judíos. Pues hasta otra, si Google quiere. Estamos en sus manos, como aquellos campesinos medievales lo estaban en manos de su señor y de Dios, que también era su Señor.
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