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domingo, 7 de junio de 2015

ENTRE PITOS Y GAITAS



Los que nos oponemos al independentismo por antidemocrático y totalitario, tenemos un reto muy difícil: defender nuestras ideas con claridad y determinación y sin perder los nervios. Las provocaciones son constantes y elevan el tono cada día. Luchamos contra un enemigo que ha ido conquistando todos los ámbitos de poder e influencia, desde la escuela a los medios de comunicación, del deporte y la cultura a las instituciones del Estado. No hay espacio social y político en el que no hayan impuesto su doctrina, su dominio, su norma de conducta y sus sentimientos. Donde más eficaces han sido es en el control del orden simbólico y el desprecio a las leyes y principios democráticos. Han construido, con incansable obstinación, una imagen de Cataluña, de su historia y de su identidad, simbólica y emocionalmente irreconciliable con la idea de España y su Estado constitucional, al que deslegitiman como antidemocrático y cuyas leyes consideran injustas. Despreciarlas y no cumplirlas es señal, por lo mismo, de dignidad, valentía y atrevimiento.
Después de más de cuarenta años de control y propaganda, los independentistas ya se sienten lo suficientemente fuertes como para intentar dar el salto definitivo: la ruptura institucional con España, cuyo primer paso se concibe como una proclamación unilateral light de independencia que acabará creando una situación irreversible. Se equivocan todos los que hacen cábalas con que si baja el souflé o retrocede el procès: la situación está peor que nunca, porque a la ola esquerro-convergente se ha unido ahora un conglomerado de izquierdas capitaneado por Colau y Podemos. Con el PP en claro desmoronamiento, con un PSOE tocando la flauta travesera del federalismo y un Podemos partidario de la autodeterminación, sólo nos queda Ciudadanos como tabla de resistencia, más que de salvación. Cierta tibieza ideológica y una peligrosa indefinición en el modelo de Estado, sin embargo, puede hacerle perder a Ciudadanos el apoyo que una mayoría de españoles le quisiera dar, algo que Rosa Díez tenía mucho más claro y que debiera asumir sin titubeos el partido de Rivera. Los admirables esfuerzos de muchas asociaciones cívicas, carentes la mayoría de apoyo económico e institucional, son insuficientes para contrarrestar el entramado omnipresente de organizaciones y medios independentistas a los que sigue yendo a parar gran parte del dinero que la Generalidad recibe del Estado.

¿Cómo ha logrado el independentismo avanzar tanto? ¿Cuál es su secreto? Lo diré claramente: su principal victoria ha sido la derrota psicológica, ideológica y moral de los demócratas. El independentismo ha sabido dominar psicológica y mentalmente a una minoría determinante, las élites de los partidos, los sindicatos, los intelectuales, los jueces, los periodistas, los empresarios y hasta las monjas. Dentro y fuera de Cataluña. Los catalanistas-nacionalistas-independentistas (todos se han ido corriendo hacia donde ahora están) han tenido suficiente habilidad e inteligencia para llevar a cabo este procès con total impunidad, con el consentimiento de esa minoría que ha sido, a su vez, la encargada de aplastar a todos los disidentes que han ido apareciendo entre sus filas. En esta maniobra de embaucamiento, dominación y colaboración ha caído tanto la derecha como la izquierda, mostrando por igual una ceguera responsable y un entreguismo suicida. Todos. Desde Suárez a Rajoy, pasando por Felipe González, Aznar y Zapatero, no han sabido nunca dónde establecer los límites democráticos, no han tenido ni ideas ni determinación ni valentía para frenar las imposiciones del independentismo. Curiosa, y alarmantemente, este proceso ha corrido paralelo (mezclado y superpuesto) al de la corrupción, ante el que se ha actuado del mismo modo contemporizador y con las mismas consecuencias demoledoras para el Estado y la democracia.

Hablo de límites democráticos, porque eso es esencialmente la democracia, la imposición de límites. Límites sobre lo que se puede decidir y no decidir, hacer y no hacer, decir y no decir, enseñar y no enseñar, propagar y no propagar. Y todo ello se establece a través de leyes y normas. Libertad, democracia y leyes son inseparables. Allí donde se conculcan las leyes, la democracia y la libertad se atropellan.



La democracia no puede permitir la propagación de la mentira, el desprecio a la verdad sobre hechos históricos fundamentales, el insulto, el incumplimiento de las leyes, la destrucción y burla de los símbolos comunes, la exhibición y manifestación pública de sentimientos de odio, la imposición de una lengua, el adoctrinamiento ideológico separatista en la enseñanza, la utilización del dinero y las instituciones públicas para intereses y fines disgregadores, particulares y partidistas, la creación de estructuras paralelas de estado (policía, embajadas, oficinas tributarias...), etc. Todo esto está ocurriendo hoy en Cataluña con el consentimiento de los poderes del Estado y los responsables políticos, algo democráticamente repugnante. Todos los países de nuestro entorno europeo tienen muy claros los límites democráticos y no los confunden ni con la libertad ni con la tolerancia. Resultaría inimaginable que en Francia, por ejemplo, el presidente Hollande recibiera pasivamente pitos e insultos de una masa que gritara “franceses... hijos de puta” mientras sonara la Marsellesa, y que a su lado el presidente del Languedoc sonriera satisfecho y engreído. ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Somos más demócratas que Francia, Alemania o Italia por consentir y minimizar estos hechos con argumentos de conveniencia, templando gaitas y poniendo paños calientes?

No se puede llamar a la cobardía cautela, a la claudicación apaciguamiento, a la dejación astucia, moderación a la debilidad. No denunciar la deriva antidemocrática y totalitaria del independentismo, no combatirlo con todos los medios y renunciar a imponer y defender la ley es convertirse en responsable y cómplice activo de la destrucción del Estado y la democracia, causando un daño inmenso a todos los españoles. No se puede banalizar ni el mal ni el daño que han causado y están provocando los actuales responsables políticos con su entreguismo y consentimiento. No se puede ser demócrata y renunciar a defender la democracia, la libertad y la ley. Todo esto no es normalidad ni prudencia política, sino miseria ideológica, psicológica y moral.

Desde hace más de treinta y cinco años, sobre todo cuando Pujol llegó al poder, hemos ido asistiendo a una progresiva degradación del sentido de la democracia (recuerden Banca Catalana) que ha ido penetrando en todos los ámbitos hasta volver a muchos, ciegos e insensibles. El desarme ideológico y psicológico se ha basado en la constante amenaza y chantaje del victimismo, la segregación y la destrucción de los opositores, las trampas lingüísticas, el doble lenguaje, la falsificación de la historia, la intimidación emocional, la manipulación de los sentimientos de pertenencia, la explotación de los miedos y complejos de la clase política, la creación de poderosas redes de corrupción, la compra de los medios de comunicación, etc. Muchos españoles han interiorizado ya la derrota, empezando por los partidos políticos hasta ahora mayoritarios, pero también los otros poderes e instituciones del Estado, incluida la monarquía. ¿Como es posible que el Rey, que es el Jefe del Estado, haya soportado resignadamente los abucheos en el final de la Copa que lleva su nombre, gritos, gestos y pitidos que directamente insultan y ofenden a todos los españoles y también a su persona y la institución que representa? ¿Qué consejeros tiene? ¿No está entre sus poderes y atribuciones constitucionales el no consentir ni soportar semejante humillación y desprecio? ¿No podría haber abandonado el estadio y dar así un ejemplo de dignidad, mostrando que no es una figura meramente decorativa? ¿Habría actuado así un Presidente de la República? Ha sido patética la reacción de Pedro Sánchez llamándole para mostrarle su apoyo... ¿Pero qué patochada y qué cinismo es éste? ¿Que el Rey necesita llamadas de apoyo y consuelo, pobrecito, cuando es incapaz, él, el gobierno y la oposición, de defender e imponer la ley, ignorando el sentimiento de agravio y ofensa de la mayoría de españoles, incluida una mayoría de catalanes? ¿Con qué estúpida arrogancia se puede despreciar este sentimiento de indignación generalizado y justificado? ¿Tan poco importa este sentimiento y sí, en cambio, el no provocar a los independentistas?

Es deplorable la reacción de los políticos y los medios de comunicación, síntoma cegador de la degeneración mental y psicológica a la que han llegado. Libertad de expresión, repiten unos. Gamberrada, falta de respeto y mala educación, cacarean otros. Triste, lamentable, declaran los más duros. Y luego viene ese paripé de la Comisión contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, a la que le sobra todo el nombre y le falta simplemente determinación, para sacar un melifluo comunicado no se sabe si de condena o de disculpa. Se repite lo del 9-N. Y Mas y los independentistas creciéndose y culpando al Gobierno por provocar y amenazar... Hasta se atreven a decir que “el Rey ha estado muy discreto y en su lugar, como le toca”. Le marcan al Rey lo que le toca y no le toca, por si acaso. ¡Eso sí que es tocarle (y tocarnos) los cataplines!

Oigo a los expertos, los prudentes, los irenistas, los arriolas: ¡No es para tanto! Si fuera un suceso aislado, aceptaría la llamada a la contención. Pero este acto forma parte de una cadena de hechos que refuerzan la impunidad y el envalentonamiento con que actúa cada día, y con más descaro, el independentismo. Se trata de un acto masivo de hostilidad, de provocación, de insulto público, orquestado, jaleado y promovido por instituciones públicas y organizaciones subvencionadas. Un acto premeditado de agresión y desprecio, que contribuye a propagar el odio y los enfrentamientos, y que aprovecha una competición transmitida a millones de espectadores. Todo esto califica y amplía el delito. Si abuchear a un futbolista negro es acto racista que conlleva sanciones, ¿qué es un pitido masivo, estruendoso, seguido de insultos y gestos contra los españoles, el Rey y el himno nacional? Y esa gigantesca pancarta con el lema Jota ke irabazi arte (Dale duro hasta vencer), la misma que han usado los terroristas de ETA, ¿qué pasa, que era una llamada a la convivencia pacífica, y por eso no se ha enterado esa rimbombante Comisión, a la que, por cierto, acuden dos altos cargos policiales uniformados y llenos de medallas? ¿Qué pintan ahí y qué defienden? ¡También aparecía otro militar lleno de medallones detrás del Rey en el palco del Barcelona!

(Fotos: S. Trancón)




A Felipe VI empiezan a llamarle el Rey Prudente. A lo mejor tenemos que recuperar aquello del Rey Pasmado o quizás Abducido. Todavía me queman en la retina esas imágenes donde se le ve al volante riéndose con Mas, su copiloto. ¿Metáfora de España? Claro, que no podemos echarle a él una culpa que es de casi todos, incluidos muchos ciudadanos. Una vez me comentó un ex-jefe de la Casa Real que el propio Juan Carlos ya había asumido que un día u otro Cataluña se independizaría. Es el que dijo aquello de “Tranquil, Jordi, tranquil”. Si ya ha llegado el derrotismo y la interiorización del fracaso de España como Estado democrático a la cúspide de tan alta torre, no es de extrañar el sentimiento de indefensión de gran número de ciudadanos. Yo, ante semejante futuro, me la jugaba con un gesto de valentía. Si me pidiera su majestad consejo, yo le daría una hoja de ruta que le llevaría, infaliblemente, o a la de derrota final, o al asentamiento de una de verdadera democracia, no sólo en Cataluña, sino en toda España. Cualquier cosa menos continuar templando gaitas (gallegas) mientras otros soplan pitos.  

miércoles, 3 de junio de 2015

LA REBELIÓN DE LAS ABEJAS


Los bomberos de Ponferrada han tenido que acudir a sofocar la invasión de una docena de colmenas urbanas. En Toledo otro enjambre atacó a una mujer por la calle. Las abejas han empezado a colonizar el medio urbano: se cuelan en los garajes, anidan como okupas en casas deshabitadas y crean colmenas dentro de los coches. En un medio tan hostil, las abejas se están volviendo más agresivas. Asistimos a un fenómeno socio-político nuevo: la rebelión de las abejas.

(FOTOS: FERNADO REDONDO)


Como socio-politólogo darwinista me interesa analizar el caso, reflexionar y sacar alguna conclusión. Primero: ¿por qué las abejas se empiezan a trasladar de los dulces montes de brezo, tomillo y lavanda, o de los embriagantes campos de almendros, cerezos y castaños, a los contaminados suburbios, garajes, oficinas y urbanizaciones pijas? La marea abejil recuerda a la invasión multicolor del 15-M. Son las leyes de la sincronía cósmica.

Una explicación, la más científica, dice así: las abejas buscan sobrevivir porque su medio natural se ha convertido en un lugar inhóspito y asesino. Los suaves montes y coloridos campos se han transformado en lugares de exterminación masiva. Mueren las laboriosas abejas envenenadas por los cientos de pesticidas que se agazapan en los estambres y pistilos. Se montan investigaciones costosísimas para constatar lo evidente: el efecto multiplicador de los plaguicidas (existen más de 300 autorizados). Las empresas que comercian con el veneno dicen que no hay “pruebas concluyentes”. Estudian uno por uno los productos criminales y comprueban que a determinadas dosis (las permitidas) no causan un mal letal. La trampa es tan grosera que no acierta uno a comprender cómo todavía algunos se la tragan.

Los efectos nocivos no sólo se suman, sino que se multiplican y potencian, al juntarse un plaguicida con un herbicida, un herbicida con un antibiótico, etc. Las abejas, detectado el peligro, huyen hacia las ciudades. ¡Ya tienen que estar desesperadas para buscar refugio en los jardines municipales! Dicen que llegan incluso a hacerse adictas al chute tóxico. Es la ley de la supervivencia en medio de la selva humana. Ojalá surja una mutación, una especie nueva que detecte a los corruptos, los avispados, los listillos, los hijosdeputa metidos a políticos, banqueros, expertos financieros, petroquímicos, farmicidas, monogranjeros y demás ralea pestífera.

Hoy es casi imposible encontrar miel, polen o jalea real que no sea china, o sea, que no sea un invento chino, puro engaño. Los apicultores leoneses deberían iniciar una campaña, apoyada por la administración, para lograr que, al menos en todos los hogares de León, hubiera siempre un tarro de miel auténtica y ecológica, libre de pesticidas. Levantar una industria de calidad que supiera explotar todos los productos directos y derivados, tanto alimentarios como farmacéuticos y cosméticos. Es una riqueza que no podemos despreciar. Por la conservación de la flora silvestre, la polinización de viñedos, castaños, cerezos y frutales, y por nuestra salud, deberíamos impedir que las abejas se vean abocadas a la emigración urbana o a la muerte. A la rebelión de las abejas debería seguir la de los apicultores y la nuestra.

P.D. Por cierto, ¿alguno de los partidos que se presentaron a las últimas elecciones llevaba alguna propuesta concreta relacionada con este asunto, el de la contaminación plaguicida y sus consecuencias en todos los “campos”? ¡Con la cantidad de chuminadas que algunos programas incluían!
http://www.lanuevacronica.com/la-rebelion-de-las-abejas


miércoles, 27 de mayo de 2015

LAS MONJAS TRABUCAIRES



Trabucaire viene de “trabuc”, y así se les llamó a los bandoleros que protagonizaron las guerras tribales y territoriales en Cataluña desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVIII, fenómeno singular que tan bien reflejó Cervantes en el Quijote, pero del que habló también en la Galatea, el Persiles y Las dos doncellas. Además de la cortesía, destacó Cervantes el carácter vengativo y violento de los catalanes, algo que no se suele tener en cuenta, ni que su elogio de Barcelona comienza con el de “honra de España”. Viene a cuento recordarlo porque, en contra de lo que suele creerse, la esencia del movimiento independentista catalán ni es democrática ni pacífica, por más que nos hayan vendido todo lo contrario. Habrá que mencionar, por poner un solo ejemplo, a Prat de la Riba, uno de los padres del independentismo, defensor del odio racial como el único camino para lograr la segregación y descontaminación de España.

Trabucaires se les llamó también a los curas carlistas que al grito de “Dios, Patria y Rey” tomaron los trabucos para luchar contra la legítima heredera Isabel II y tratar de imponer al hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón-Parma. La carlistada duró casi un siglo, y recordemos que la última intentona fue, en 1900, el Alzamiento de Badalona. Estos trabucaires resurgieron durante la “última” guerra civil (¿quién nos asegura que algún día no habrá otra?), hasta el punto de que muchos pueblos de Navarra se quedaron sin curas para decir misa porque todos se habían ido a matar rojos al frente.

Bueno, pues de nuevo tenemos que hablar de trabucaires o trabucairas, pero, fenómeno nuevo, ahora se trata de monjas que, sin dejar de haldear con sus faldones, han decidido abandonar el convento para irse a tomar las armas modernas del independentismo, o sea, los platós de tv, las portadas de los periódicos, internet, las asambleas populares, los mítines y los comités centrales. Ahí tenemos a sor Lucía Caram, recién nombrada “catalana del año”, en medio de Trías y Mas, oronda y satisfecha, predicando las bondades que la independencia traerá a los pobres. Esta monja argentino-catalana, lo mismo nos enseña a freír un güevo que a planchar la estelada con agua bendita. No menos arrogante es sor Teresa Forcades, que aspira a ser presidenta de la Generalidad si el Vaticano le otorga un “indulto de exclaustración” temporal para poder dedicarse a la evangélica tarea de liberar al pueblo catalán de las garras de España.

(Foto: A.T.Galisteo)

Los periodistas mentecatos dicen que son muy “mediáticas” y que por eso las jalean, llevan y traen. Al Papa Francisco parece que no le gustan estas andanzas, tan contrarias a la universalidad apostólica y la neutralidad cristiana. Estoy seguro de que no logrará “pararles los pies”. Tendría que empezar por destituir a toda la obispada independentista, incluyendo a los monjes montserratinos. Ya Mas ha dicho que “Madrit” está detrás del intento vaticano de alejar a sor Lucía del activismo separatista.

Con lo que ha costado ir separando a la Iglesia del Estado, resulta inquietante ver ahora a estas monjas que, aprovechando la aureola que les otorga el Evangelio, se dedican a dividir aún más a la sociedad catalana y a enfrentarla con el resto de España poniéndole pólvora al trabuco independentista. Que algunos confundan esto con el compromiso evangélico de la justicia y la defensa de los pobres, es una prueba de hasta qué punto el virus nacionalista obnubila la mente y las conciencias.


miércoles, 13 de mayo de 2015

ME GUSTA, NO ME GUSTA: EL DILEMA DE VOTAR


¿Con qué se vota? ¿Con el corazón? ¿Con la cabeza? Por un lado está la imagen del votable: ¿qué nos dice su pinta, su aspecto, su rostro? Es la primera impresión. Influye mucho. No vemos sólo una imagen: nos proyectamos sobre ella y la interpretamos según nuestra propia teoría “fisiognómica”. Cada uno ha elaborado la suya a lo largo de los años, desde sus primeras experiencias infantiles. De niños nos gusta observar a los demás, necesitamos aprender a predecir su conducta.

El resultado es un “me gusta, no me gusta”. Filtramos toda la información y la sintetizamos en esa dicotomía. La sobrevaloración de la imagen tiene su fundamento en este modo simple de valorar y juzgar al otro. Un rostro simétrico, agradable y atractivo tiene, en principio, una mayor predisposición al “me gusta” que al “no me gusta”. ¿Pero basta esto para decidir el voto?

Está claro que no. ¿Es agradable el rostro de Aznar, de Rajoy o de Esperanza Aguirre? Haciendo una estadística a ojo de buen cubero, parece que a los votantes de la derecha no les importa mucho esa teoría fisiognómica de la simetría y el gusto. Tampoco les importa a los de Esquerra Republicana, por poner otro ejemplo a vuela tecla. Hay que combinarla con otros factores. Puede no gustarnos alguien y reconocer, sin embargo, su valía, su capacidad o su talento. A mí me pasa con Messi. Su cara y su pinta no me gustan, pero admiro su habilidad y talento futbolístico.

Así que, aunque haya un porcentaje de votantes que no pasa del “me gusta, no me gusta”, la mayoría buscamos otros datos que confirmen o desmientan esa primera reacción emocional. Si no nos gusta alguien y nos convence por otros motivos (sus ideas, su trayectoria, su modo de hablar, el partido al que representa, etc.) tendemos a buscar la coherencia o consonancia cognitiva, y acabamos viéndole más agradable o atractivo. Lo mismo pasa en sentido contrario, cuando alguien nos gusta a primera vista, pero luego conocemos sus ideas o su conducta y nos vemos obligados a modificar la imagen que nos habíamos hecho de él.


Así que votar es resolver el dilema de “me gusta, no me gusta”. No tenemos más remedio que combinar el “quién, qué dice y cómo lo dice”, con el “qué hace”, “qué piensa” y “qué siente”. No es fácil, da mucho trabajo. En los últimos años hemos comprobado que la política está llena de trapaceros, mentirosos, ladrones, corruptos y psicópatas. Algunos de rostro avieso, otros angelicales. Cualquiera se fía.        

miércoles, 29 de abril de 2015

VEINTE APELLIDOS CATALANES



(Foto: Fernando Redondo)
http://www.lanuevacronica.com/veinticinco-apellidos-catalanes
Catalonia is not Spain. He aquí la diferencia: el 87,2 de los catalanes tiene apellidos que no proceden de Cataluña. Los 25 primeros apellidos más comunes en Cataluña son los mismos que en el resto del ‘Estado Español’. Da igual que hablemos de Gerona o de Tortosa. En el último censo publicado en 2015 hay 170.614 catalanes cuyo primer apellido es García, el segundo más común es Martínez, con 119.026, le sigue López con 114.235, Sánchez con 102.896 y Rodríguez, el quinto, con 99.982. Así hasta 25. Vila, el primero de origen catalán, lo tienen 18.021 personas y ocupa el puesto 26. El apellido Pujol aparece en el 54, con 11.178 personas. Ferrusola apenas lo tienen 118 personas. Junqueras y Maragall no figuran entre los 5.000 primeros. 

Los pata negra, de pura enjundia y médula catalana, son, por tanto, una minoría. No debe extrañarnos que el catalán no sea hoy la lengua más hablada en Cataluña, sino el español, y eso a pesar de la inmersión lingüística (¿el niño que no habla en catalán se ahoga?), las multas por no rotular en catalán, la propaganda y presión asfixiante, etc. ¿Cuál es la diferencia con el resto de España? Que esa minoría, esa reserva étnico-genealógica, ocupa todo el poder en Cataluña. Los representantes políticos, los medios de comunicación, los dueños de empresas, las instituciones, los espacios culturales, administrativos y de control social, todos están dirigidos y dominados por esa minoría de alcurnia y fidelidad estrictamente catalana. Repasen la lista de los apellidos que figuran al mando de estos organismos. Si se topan con algún apellido ‘impuro’, verán que su nombre está ostentosamente catalanizado: Jorge será Jordi, Manuel Manel, Luis Lluís, etc.


Conclusión: la mayoría de la sociedad catalana, la de los 25 apellidos, no está representada ni presente en los espacios de poder. No hace falta acudir a otros criterios para comprobar que Cataluña está dominada hoy por una minoría que, para afianzarse y autoprotegerse, se ha vuelto independentista. 

No hay mezcla más peligrosa que la creencia en la singularidad racial (este es el fondo de toda endogamia genealógica), con el poder económico y político. Que la mayoría de catalanes (tengan el apellido que tengan) se dejen dominar y someter a los intereses de esa minoría, eso es lo verdaderamente singular de Cataluña.

jueves, 16 de abril de 2015

Y LOS VENCEJOS ¿DÓ SE FUERON?

(Foto: S. Trancón)

Desaparecen, están a punto de desaparecer.

Hace varios lustros, cuando yo era Delegado de Cultura en León, se inició un encuentro poético al que los participantes (quizás José Antonio Llamas, no sé) le dieron el nombre de “Poesía para vencejos”. ¡Buenos tiempos para la lírica, cuando todavía acudían a su cita los vencejos! Hoy la poesía ha perdido hasta su alada audiencia. Pocas noticias más trágicas. ¿Dó se han ido?

Pero no sólo los vencejos: golondrinas, ruiseñores, tórtolas, alondras, lavanderas, trigueros, abubillas, cuclillos... ¡y los pardales! Sí, esta guerra silenciosa está diezmando también el ejército de gorriones. En diez años quedarán menos que linces. Más de 120 millones de aves han desaparecido en Europa los últimos 20 años.

La naturaleza que conocimos, en la que nacimos y crecimos, con la que tomamos conciencia de lo que somos, ha desaparecido. No es un vaticinio, es un hecho que ahoga la respiración. No oiremos al cuco en primavera, ni el chiar agudo de los vencejos, ni a la alondra en los trigales, ni al ruiseñor entre los alisos... Perderán sentido los versos de Bécquer y la oda de John Keats necesitará ilustraciones para entenderla. Cuando me muera, no podré soñar con Juan Ramón que seguirán los pájaros cantando...

La catástrofe se agudizó en tiempos de Zapatero, Rajoy ha rematado la faena y pronto dejaremos de hablar de crisis ornitológica, porque muerto el pájaro se acabó la crisis. Pesticidas, herbicidas, fungicidas, transgénicos, radiaciones electromagnéticas, calentamiento global, cambio en el ritmo de las estaciones, la contaminación del agua y el aire... No hay insectos, ni mariposas por el aire ni merucas en los tapines, y los que sobreviven a la aniquilación pestífera, son tóxicos. Envenenados, envenenan. La tierra se ha vuelto tan aséptica como un quirófano. África, refugio invernal de estos emigrantes subsaharianos, se degrada a grandes zancadas. Hasta los arquitectos merluzos les tapan el hueco de los aleros, la sombrilla de las tejas. Ni tienen qué comer ni dónde anidar para incubar.

Estas prodigiosas aves son capaces de casi todo. Pueden vivir un año entero en el aire sin posarse, recorrer 800 kilómetros al día y alcanzar los 200 km a la hora. Vuelan con el pico abierto, beben las gotas de la lluvia y pueden almacenar en su buche hasta 1.000 insectos. Duermen sobre corrientes cálidas de aire como en un colchón de plumas. Copulan en las nubes, se emparejan para toda la vida y vuelven cada abril al mismo nido, no se pierden por las autopistas del cielo. Lo que todavía no han aprendido es a incubar los huevos en el aire.

Votaré al partido que lleve en su programa la defensa de los vencejos. No palabras, sino un proyecto serio de salvación nacional. Si son incapaces de proteger a los pájaros, ¡cómo van a sacar del hoyo a los parados!
http://www.lanuevacronica.com/y-los-vencejos-do-se-fueron

miércoles, 1 de abril de 2015

¿ALEMANIA O FRANCIA?

(Foto: Fernando Redondo)

La imagen de los Alpes convertidos en una escombrera de restos humanos es algo que mete el miedo en los tuétanos. Necesitamos saber por qué alguien puede cometer un acto tan atroz. Si no lo sabemos nunca podremos evitarlo.

En primer lugar hay que aceptar que se trata de un acto cometido por un ser humano. Como con los crímenes más horribles de la historia tendemos a despojar a sus autores de la condición humana. Es una forma de protegernos. Otra cosa es reconocer que dentro de nuestra mente y nuestro cuerpo se aloja la posibilidad de la crueldad, la barbarie y mal en sí mismo. Que, precisamente porque somos frágiles, egoístas, inestables y agresivos, necesitamos aprender a conocernos y controlarnos, a estimular la empatía, el respeto y la aceptación de la frustración.

La sociedad no es algo “natural” o que surja por generación espontánea. Necesitamos la educación. Necesitamos el control sanitario, la justicia social, las normas. Necesitamos equilibrio emocional. Necesitamos un trabajo digno. Necesitamos cumplir obligaciones y que se respeten nuestros derechos. Necesitamos información y explicaciones.

La democracia trata de afirmar todo esto y asentar las relaciones humanas sobre una base racional, uniendo libertad y control. Un acto tan espantoso como el del avión de Germanwings pone a prueba el sistema democrático en su conjunto. Salen a la luz las deficiencias y los errores. Hemos visto actuar a dos modelos: Alemania y Francia.

Francia ha demostrado ser un Estado más eficaz, más libre y respetuoso de la verdad que Alemania. Esto pone en entredicho tópicos y prejuicios. Alemania no es ningún ejemplo de eficacia e información. Todo lo referente a la formación y el control del copiloto autor de la masacre pone los pelos de punta. El funcionamiento de una compañía como Lufthansa revela hasta dónde puede degenerar el capitalismo depredador. Hemos comprobado que Alemania es una sociedad engañosamente admirada.

Es llamativo que las autoridades alemanas, los medios de comunicación alemanes y su emblemática compañía aérea se amparen en el oscurantismo y la desinformación para eludir responsabilidades. Nos recuerdan a Trillo cuando lo del Yak-42. Todo lo contrario del comportamiento del fiscal francés. Habla un fiscal independiente, no un ministro, ni un burócrata, ni un experto.

Así que en este asunto, entre gabachos y tudescos, nos quedamos con los franceses. Hasta los norteamericanos salen mejor en la comparación. Allí no dejan a un piloto solo en la cabina, y menos si tiene menos de 1.500 horas de vuelo.


Lo dicho, si tenemos que elegir, nos quedamos con Francia y su modelo de Estado. También podíamos imitarlos en otro asunto. ¿Se acuerdan del movimiento independentista corso? ¿Y lo que acaban de hacer con los independentistas de la “Cataluña Norte”?   

lunes, 23 de marzo de 2015

LA DESINTOXICACIÓN DEL EGO

(Foto: Fernando Redondo)

Cuando uno reflexiona sobre los males de nuestro país siempre se topa con lo que podríamos llamar “la patología del ego”. Es un problema que afecta a todos, pero especialmente a aquellos cuya actividad tiene que ver con la vida pública: políticos, escritores, periodistas, actores, jueces... Afecta tanto a los que son como a los que aspiran a serlo. El mal se extiende a toda la sociedad, pero es especialmente grave cuando afecta a quienes mayor influencia social ejercen.

Ya Freud nos mostró que el yo es una construcción imaginaria. Necesitamos vernos reflejados en algo para tomar conciencia de nosotros mismos. Los demás son nuestro principal espejo. La fragilidad del yo nace de su propia esencia imaginaria: nada más volátil que una imagen mental. Necesitamos sostenerla con nuestra energía y nuestro intento, pues de lo contrario se desvanece. El ser humano está siempre a punto de perder la cabeza, o sea, de no saber quién es.

La patología del ego nace de la propia constitución del yo, así que es un fenómeno universal. Pero hay muchos modos de encarar esta debilidad constitutiva. La peor de todas es la que pretende solucionar el problema del ego con más ego. Observen la conducta de cualquier personaje público, fíjense no sólo en lo que dicen, sino en cómo lo dicen, el tono, la actitud, la idea que de sí mismos desprenden: verán en la mayoría un ego sobredimensionado, hipertrofiado, compulsivamente autoafirmado, intocable, expansivo, invasivo. La vanidad se mezcla con la soberbia, el engreimiento y la autocomplacencia con el rencor, la falsa modestia y la beatería con la violencia y el desprecio a los demás.

El ego de nuestros personajes públicos está tan intoxicado que contamina cuanto dicen y hacen. Cualquier idea, crítica o propuesta que choque con el ego de alguien situado en alguna posición de poder está condenada al fracaso. Todo adquiere una sobredimensión personal, tóxica, que anula cualquier posibilidad de discusión o reflexión objetiva.


El país entero está intoxicado por el virus patógeno de ego. La incapacidad para distinguir entre una imagen positiva de sí mismo y una idea patológica, compulsiva y tóxica, se ha convertido en uno de los principales problemas nacionales. El reflejo más visible es el modo como se organizan y funcionan nuestros partidos políticos, en los que el ego de los dirigentes lo invade todo, confundiendo carisma con culto a la personalidad, coherencia con imposición autoritaria, responsabilidad con obediencia y militancia. Los nuevos partidos repiten el mismo esquema e idénticos errores. Este sí que es un problema “transversal”.  

miércoles, 11 de marzo de 2015

EL MITO DE LA IDENTIDAD

(Foto: Marimar Trancón)

La identidad es lo que nos identifica ante los demás. Hay una identidad individual y otra colectiva. La individual es la que nos distingue de los demás seres humanos. La colectiva es la que compartimos con un grupo. La identidad se expresa mediante el verbo ser, pero también el tener. Por ejemplo, poseo unas huellas dactilares únicas, soy pintor y tengo alergia a los champiñones. Pero además, soy leonés, calzo el 40, me gusta la nieve y cazar perdices. Etcétera.

Se ve enseguida que la identidad no es más que una atribución, algo que los demás nos dicen que somos o algo que decimos a los demás que somos. La identidad es siempre social. Estamos empapados hasta el tuétano de la mirada, el juicio y la valoración de los otros. Es casi imposible, salvo las huellas dactilares o parte del ADN, encontrar rasgos individuales únicos que no compartamos con los demás. Nuestra singularidad es siempre relativa. Puedo ser el único pelirrojo de mi pueblo, pero seguro que en el de al lado hay otro.

Toda identidad genera un sentimiento de pertenencia. La pertenencia crea un vínculo con quienes la comparten. Hay sentimientos de pertenencia positivos, pero también negativos. Por ejemplo, puedo ser español y renegar de serlo, como hacen los independentistas.

La identidad no es una entidad ni una esencia, sino una atribución social y un sentimiento. Su naturaleza es, ante todo, imaginaria. Cuando no aceptamos esto la convertimos en mito. El mito se sostiene con la fe. Toda identidad ni es única, ni excluyente, ni es incompatible con otras identidades. Todos tenemos (somos) un conglomerado de identidades superpuestas, enredadas, “arrejuntadas” o divorciadas. Podemos, además, cambiar de identidad; de hecho lo hacemos constantemente. Fui niño, ahora soy una persona mayor.


Hay identidades voluntarias, fruto de nuestra elección, y otras se nos imponen. De la que no podemos prescindir es de nuestra identidad legal: aquella que nos hace ciudadanos, sujetos de derechos y obligaciones. Frente a otras identidades nacidas del territorio, la historia o el pasado, esta es la identidad que más nos une. La identidad es necesaria, el mito no.   

viernes, 6 de marzo de 2015

LENGUA, NACIÓN, ESTADO

(Foto: Fernando Redondo)

Tendemos a pensar en términos simples, pero la realidad es compleja. Establecemos la equivalencia
lengua=nación=estado. Allí donde hay una lengua hay una nación, y donde hay una nación debe haber un estado. Es la base del discurso nacionalista, tan eficaz como equivocado. No es fácil desmontar esta falacia, aunque sobran argumentos para hacerlo.

Primero: en el mundo hay más de 7000 lenguas y 200 estados. Sólo existen 25 estados lingüísticamente homogéneos, o sea, monolingües. Ninguno en Europa. La media aquí es de casi cinco lenguas por estado. Si pretendiéramos que cada lengua tuviera su estado, el mundo actual se convertiría en un caos absoluto.

El concepto de lengua no es preciso, ni las fronteras lingüísticas coinciden con las geográficas. En España se reconocen cuatro lenguas, pero hay otras más, desde el leonés, el bable o la fabla aragonesa, hasta las lenguas de los emigrantes o el caló. Así y todo, España es uno de los países lingüísticamente más homogéneos, pues tiene una lengua oficial y común, el español, que hablan y entienden la mayoría de sus ciudadanos.

Aceptar la premisa de que una lengua crea una nación, y la nación exige un estado, supone justificar la limpieza lingüística para imponer esa unificación. Aquí se revela la naturaleza totalitaria de los nacionalismos actuales. Nada de extraño que el independentismo catalán esté tan empeñado en la inmersión lingüística, que es el método más eficaz para llevar a cabo esa uniformización y limpieza.


Para completar este análisis necesitaríamos hablar de otras equivalencias, como son las de identidad, territorio e historia. No hay concepto más ambiguo y pernicioso que el de identidad, más manipulable que el de historia y más difuso que el de territorio. Si tratamos de definir la identidad acabamos necesariamente en la biología o la metafísica. Si mitificamos el territorio lo convertimos en religión. Si manipulamos la historia la transformamos en imaginaria fuente de derecho. Sólo hay un modo de salir de estas trampas: afirmar nuestra condición de ciudadanos, o sea, de sujetos libres e iguales en derechos y obligaciones. Pero de eso hablaremos otro día, Deo volente.

sábado, 28 de febrero de 2015

LOS HUESOS DE CERVANTES

(Foto: Fernando redondo)

Cervantes fue enterrado en las Trinitarias de Madrid y ahí siguen sus huesos. Un equipo de expertos se ha propuesto encontrarlos. No sabemos qué huesos encontrarán ni en qué estado. Como he escrito sobre Cervantes, me suelen preguntar qué opino de esta búsqueda.

Respondo que me parece bien. En un país en el que se desprecia e ignora a los mejores, no está mal que se empiecen a respetar sus restos. Descubrir los huesos de Cervantes será un acto simbólico de reconocimiento. Que, en el caso de hallarlos, su cripta se convierta en un santuario laico, con su comercio adherido, no es algo en sí mismo negativo, todo depende de lo que se haga o promueva con ese reclamo.

Pero esta búsqueda podría servir para algo más. Por ejemplo, para establecer de modo más fiable el origen judío de Cervantes a través del cromosoma Y, dado que no dejó descendientes. También, para confirmar o rechazar su vinculación familiar con su supuesta hermana Luisa Cervantes enterrada en un Convento de Alcalá de Henares. El cotejo del ADN en este caso es algo muy difícil y costoso, pero con el tiempo podría plantearse. También con un supuesto descendiente actual de su hermano Rodrigo, algo más sencillo.

Otra cosa es aprovechar el interés suscitado para acercarnos a Cervantes con mayor rigor y respeto hacia su obra y su persona. Francisco Rico ha llamado a Cervantes “meapilas” y “excombatiente de la División Azul”. Esta insultante boutade no tiene nada de graciosa y mucho de soberbia academicista. Cervantes murió pobre y si se hizo hermano de la Orden Tercera de San Francisco poco antes de morir fue por motivos prácticos, no porque fuera un católico militante o un beato. Basta leer su obra para darse cuenta de ello.

El problema está en que se ha leído a Cervantes con prejuicios y orejeras, tanto manchegas como católicas. Rico, como buen amanchegado y supuesto progresista, lanza estos juicios insostenibles. Al final uno tiende a creer a Andrés Trapiello que asegura que Rico no ha leído el Quijote. Si se hace con libertad, es imposible no deducir que Cervantes era de origen judío y leonés. Descubrir sus huesos está bien, pero mucho mejor descubrir la verdad.


miércoles, 18 de febrero de 2015

EL AHORA NO ES EL PRESENTE


(Foto: S. Trancón)

No podemos definir el tiempo.
No sabemos si es un hecho objetivo o sólo una construcción mental.
No hay modo de separarlo de nosotros mismos.
Lo concebimos, sin embargo, como algo objetivo, un hecho evidente que damos por supuesto.
El tiempo es algo que ocurre ahí fuera y sucede de modo absoluto e irremediable, al margen de nuestra voluntad.

El tiempo es algo que pasa, algo que transcurre y se va de modo inevitable.
Para hacerlo más objetivo, lo medimos y contamos.
Medimos y contamos el paso del tiempo como si fuera un objeto en movimiento.
Al darle continuidad le damos duración.

El tiempo es inseparable del espacio. Sólo podemos entenderlo con relación al espacio.
El tiempo es lo que un objeto tarda en recorrer un espacio.
Pero pasa lo mismo con el espacio. El espacio es aquello que se tarda un tiempo en recorrer.
No se puede definir lo uno sin lo otro. El tiempo es relativo al espacio y el espacio al tiempo.

Nuestra mente no puede funcionar sin la idea de tiempo y espacio.
Todo lo que podemos pensar e imaginar está encerrado y limitado por esos dos conceptos.
Para nosotros el mundo es todo aquello que se puede localizar en un espacio y que está sometido al paso del tiempo.
El paso del tiempo hace que todo cambie, y no hay cambio sin destrucción o desaparición de algo.

La idea del espacio y el tiempo la construimos a partir de la experiencia de nuestro propio cuerpo. Nuestro cuerpo ocupa un lugar en el espacio, se mueve y desplaza a través de él, y está cambiando constantemente.
Experimentamos que con el transcurso del tiempo se produce inevitablemente un deterioro de la fuerza, la salud y las habilidades físicas, hasta conducir a un final ineludible: nuestra propia muerte. La flecha del tiempo, por lo tanto, va en un sentido y no tenemos modo alguno de pararla ni de invertir su dirección.

Nace de aquí nuestra idea del tiempo como pasado, presente y futuro.
El presente es lo que sucede en cada momento, por oposición a lo que ya ha pasado o lo que todavía no ha sucedido.

Pero el presente es inaprehensible, porque para poder pensarlo tiene que haber sucedido.
Siempre estamos un instante por detrás del presente.
El tiempo es, por tanto, aquello que ha desaparecido o que todavía no ha llegado a suceder.
Como no podemos pararlo, todo es, o pasado, o futuro.

Descubrimos así el carácter totalmente subjetivo del tiempo.
El tiempo para nosotros no es más que un pensamiento.
Sostenemos el tiempo con nuestro pensamiento.

Aquí es donde podemos introducir una idea nueva: la de distinguir el ahora y el presente.
El ahora es lo que acaba de suceder, lo que sucede y lo que está a punto de suceder.
El ahora es el pasado, el presente y el futuro reunidos en la conciencia.
Nuestra conciencia puede superar esa idea del tiempo como pasado, presente y futuro separados.

El ahora es mucho más que el presente.
El presente es reducir el tiempo y la realidad a lo que está sucediendo en cada momento.
Vivir sólo en el presente es luchar inútilmente contra el paso del tiempo.
Dejarse absorber sólo por el presente es huir del pasado y temer al futuro.

El ahora es mucho más.
El ahora acepta y reconoce que el pasado sigue en el presente y que el futuro ya está en el presente.
Pero el ahora, además, incorpora el espacio al tiempo.
El ahora acepta y reconoce que vivimos en un espacio, que estamos en un lugar concreto y limitados por él.

Las tres dimensiones del espacio se relacionan con las tres dimensiones del tiempo.
El ancho es el presente, el largo el futuro y el alto el pasado.
Estamos en el pasado, el presente y el futuro a la vez, del mismo modo estamos en un espacio ancho, alto y largo.

Vivir aquí y ahora es un intento de reunir la totalidad de lo que somos.

No se trata de huir del espacio en que vivimos ni de luchar contra el paso del tiempo, sino de intensificar nuestra vida aceptando el misterio de nuestra propia existencia, ese estar aquí y ahora haciendo lo que hago y pensando lo que pienso.