MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)
MIS LIBROS. (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

miércoles, 13 de mayo de 2015

ME GUSTA, NO ME GUSTA: EL DILEMA DE VOTAR


¿Con qué se vota? ¿Con el corazón? ¿Con la cabeza? Por un lado está la imagen del votable: ¿qué nos dice su pinta, su aspecto, su rostro? Es la primera impresión. Influye mucho. No vemos sólo una imagen: nos proyectamos sobre ella y la interpretamos según nuestra propia teoría “fisiognómica”. Cada uno ha elaborado la suya a lo largo de los años, desde sus primeras experiencias infantiles. De niños nos gusta observar a los demás, necesitamos aprender a predecir su conducta.

El resultado es un “me gusta, no me gusta”. Filtramos toda la información y la sintetizamos en esa dicotomía. La sobrevaloración de la imagen tiene su fundamento en este modo simple de valorar y juzgar al otro. Un rostro simétrico, agradable y atractivo tiene, en principio, una mayor predisposición al “me gusta” que al “no me gusta”. ¿Pero basta esto para decidir el voto?

Está claro que no. ¿Es agradable el rostro de Aznar, de Rajoy o de Esperanza Aguirre? Haciendo una estadística a ojo de buen cubero, parece que a los votantes de la derecha no les importa mucho esa teoría fisiognómica de la simetría y el gusto. Tampoco les importa a los de Esquerra Republicana, por poner otro ejemplo a vuela tecla. Hay que combinarla con otros factores. Puede no gustarnos alguien y reconocer, sin embargo, su valía, su capacidad o su talento. A mí me pasa con Messi. Su cara y su pinta no me gustan, pero admiro su habilidad y talento futbolístico.

Así que, aunque haya un porcentaje de votantes que no pasa del “me gusta, no me gusta”, la mayoría buscamos otros datos que confirmen o desmientan esa primera reacción emocional. Si no nos gusta alguien y nos convence por otros motivos (sus ideas, su trayectoria, su modo de hablar, el partido al que representa, etc.) tendemos a buscar la coherencia o consonancia cognitiva, y acabamos viéndole más agradable o atractivo. Lo mismo pasa en sentido contrario, cuando alguien nos gusta a primera vista, pero luego conocemos sus ideas o su conducta y nos vemos obligados a modificar la imagen que nos habíamos hecho de él.


Así que votar es resolver el dilema de “me gusta, no me gusta”. No tenemos más remedio que combinar el “quién, qué dice y cómo lo dice”, con el “qué hace”, “qué piensa” y “qué siente”. No es fácil, da mucho trabajo. En los últimos años hemos comprobado que la política está llena de trapaceros, mentirosos, ladrones, corruptos y psicópatas. Algunos de rostro avieso, otros angelicales. Cualquiera se fía.        

miércoles, 29 de abril de 2015

VEINTE APELLIDOS CATALANES



(Foto: Fernando Redondo)
http://www.lanuevacronica.com/veinticinco-apellidos-catalanes
Catalonia is not Spain. He aquí la diferencia: el 87,2 de los catalanes tiene apellidos que no proceden de Cataluña. Los 25 primeros apellidos más comunes en Cataluña son los mismos que en el resto del ‘Estado Español’. Da igual que hablemos de Gerona o de Tortosa. En el último censo publicado en 2015 hay 170.614 catalanes cuyo primer apellido es García, el segundo más común es Martínez, con 119.026, le sigue López con 114.235, Sánchez con 102.896 y Rodríguez, el quinto, con 99.982. Así hasta 25. Vila, el primero de origen catalán, lo tienen 18.021 personas y ocupa el puesto 26. El apellido Pujol aparece en el 54, con 11.178 personas. Ferrusola apenas lo tienen 118 personas. Junqueras y Maragall no figuran entre los 5.000 primeros. 

Los pata negra, de pura enjundia y médula catalana, son, por tanto, una minoría. No debe extrañarnos que el catalán no sea hoy la lengua más hablada en Cataluña, sino el español, y eso a pesar de la inmersión lingüística (¿el niño que no habla en catalán se ahoga?), las multas por no rotular en catalán, la propaganda y presión asfixiante, etc. ¿Cuál es la diferencia con el resto de España? Que esa minoría, esa reserva étnico-genealógica, ocupa todo el poder en Cataluña. Los representantes políticos, los medios de comunicación, los dueños de empresas, las instituciones, los espacios culturales, administrativos y de control social, todos están dirigidos y dominados por esa minoría de alcurnia y fidelidad estrictamente catalana. Repasen la lista de los apellidos que figuran al mando de estos organismos. Si se topan con algún apellido ‘impuro’, verán que su nombre está ostentosamente catalanizado: Jorge será Jordi, Manuel Manel, Luis Lluís, etc.


Conclusión: la mayoría de la sociedad catalana, la de los 25 apellidos, no está representada ni presente en los espacios de poder. No hace falta acudir a otros criterios para comprobar que Cataluña está dominada hoy por una minoría que, para afianzarse y autoprotegerse, se ha vuelto independentista. 

No hay mezcla más peligrosa que la creencia en la singularidad racial (este es el fondo de toda endogamia genealógica), con el poder económico y político. Que la mayoría de catalanes (tengan el apellido que tengan) se dejen dominar y someter a los intereses de esa minoría, eso es lo verdaderamente singular de Cataluña.

jueves, 16 de abril de 2015

Y LOS VENCEJOS ¿DÓ SE FUERON?

(Foto: S. Trancón)

Desaparecen, están a punto de desaparecer.

Hace varios lustros, cuando yo era Delegado de Cultura en León, se inició un encuentro poético al que los participantes (quizás José Antonio Llamas, no sé) le dieron el nombre de “Poesía para vencejos”. ¡Buenos tiempos para la lírica, cuando todavía acudían a su cita los vencejos! Hoy la poesía ha perdido hasta su alada audiencia. Pocas noticias más trágicas. ¿Dó se han ido?

Pero no sólo los vencejos: golondrinas, ruiseñores, tórtolas, alondras, lavanderas, trigueros, abubillas, cuclillos... ¡y los pardales! Sí, esta guerra silenciosa está diezmando también el ejército de gorriones. En diez años quedarán menos que linces. Más de 120 millones de aves han desaparecido en Europa los últimos 20 años.

La naturaleza que conocimos, en la que nacimos y crecimos, con la que tomamos conciencia de lo que somos, ha desaparecido. No es un vaticinio, es un hecho que ahoga la respiración. No oiremos al cuco en primavera, ni el chiar agudo de los vencejos, ni a la alondra en los trigales, ni al ruiseñor entre los alisos... Perderán sentido los versos de Bécquer y la oda de John Keats necesitará ilustraciones para entenderla. Cuando me muera, no podré soñar con Juan Ramón que seguirán los pájaros cantando...

La catástrofe se agudizó en tiempos de Zapatero, Rajoy ha rematado la faena y pronto dejaremos de hablar de crisis ornitológica, porque muerto el pájaro se acabó la crisis. Pesticidas, herbicidas, fungicidas, transgénicos, radiaciones electromagnéticas, calentamiento global, cambio en el ritmo de las estaciones, la contaminación del agua y el aire... No hay insectos, ni mariposas por el aire ni merucas en los tapines, y los que sobreviven a la aniquilación pestífera, son tóxicos. Envenenados, envenenan. La tierra se ha vuelto tan aséptica como un quirófano. África, refugio invernal de estos emigrantes subsaharianos, se degrada a grandes zancadas. Hasta los arquitectos merluzos les tapan el hueco de los aleros, la sombrilla de las tejas. Ni tienen qué comer ni dónde anidar para incubar.

Estas prodigiosas aves son capaces de casi todo. Pueden vivir un año entero en el aire sin posarse, recorrer 800 kilómetros al día y alcanzar los 200 km a la hora. Vuelan con el pico abierto, beben las gotas de la lluvia y pueden almacenar en su buche hasta 1.000 insectos. Duermen sobre corrientes cálidas de aire como en un colchón de plumas. Copulan en las nubes, se emparejan para toda la vida y vuelven cada abril al mismo nido, no se pierden por las autopistas del cielo. Lo que todavía no han aprendido es a incubar los huevos en el aire.

Votaré al partido que lleve en su programa la defensa de los vencejos. No palabras, sino un proyecto serio de salvación nacional. Si son incapaces de proteger a los pájaros, ¡cómo van a sacar del hoyo a los parados!
http://www.lanuevacronica.com/y-los-vencejos-do-se-fueron

miércoles, 1 de abril de 2015

¿ALEMANIA O FRANCIA?

(Foto: Fernando Redondo)

La imagen de los Alpes convertidos en una escombrera de restos humanos es algo que mete el miedo en los tuétanos. Necesitamos saber por qué alguien puede cometer un acto tan atroz. Si no lo sabemos nunca podremos evitarlo.

En primer lugar hay que aceptar que se trata de un acto cometido por un ser humano. Como con los crímenes más horribles de la historia tendemos a despojar a sus autores de la condición humana. Es una forma de protegernos. Otra cosa es reconocer que dentro de nuestra mente y nuestro cuerpo se aloja la posibilidad de la crueldad, la barbarie y mal en sí mismo. Que, precisamente porque somos frágiles, egoístas, inestables y agresivos, necesitamos aprender a conocernos y controlarnos, a estimular la empatía, el respeto y la aceptación de la frustración.

La sociedad no es algo “natural” o que surja por generación espontánea. Necesitamos la educación. Necesitamos el control sanitario, la justicia social, las normas. Necesitamos equilibrio emocional. Necesitamos un trabajo digno. Necesitamos cumplir obligaciones y que se respeten nuestros derechos. Necesitamos información y explicaciones.

La democracia trata de afirmar todo esto y asentar las relaciones humanas sobre una base racional, uniendo libertad y control. Un acto tan espantoso como el del avión de Germanwings pone a prueba el sistema democrático en su conjunto. Salen a la luz las deficiencias y los errores. Hemos visto actuar a dos modelos: Alemania y Francia.

Francia ha demostrado ser un Estado más eficaz, más libre y respetuoso de la verdad que Alemania. Esto pone en entredicho tópicos y prejuicios. Alemania no es ningún ejemplo de eficacia e información. Todo lo referente a la formación y el control del copiloto autor de la masacre pone los pelos de punta. El funcionamiento de una compañía como Lufthansa revela hasta dónde puede degenerar el capitalismo depredador. Hemos comprobado que Alemania es una sociedad engañosamente admirada.

Es llamativo que las autoridades alemanas, los medios de comunicación alemanes y su emblemática compañía aérea se amparen en el oscurantismo y la desinformación para eludir responsabilidades. Nos recuerdan a Trillo cuando lo del Yak-42. Todo lo contrario del comportamiento del fiscal francés. Habla un fiscal independiente, no un ministro, ni un burócrata, ni un experto.

Así que en este asunto, entre gabachos y tudescos, nos quedamos con los franceses. Hasta los norteamericanos salen mejor en la comparación. Allí no dejan a un piloto solo en la cabina, y menos si tiene menos de 1.500 horas de vuelo.


Lo dicho, si tenemos que elegir, nos quedamos con Francia y su modelo de Estado. También podíamos imitarlos en otro asunto. ¿Se acuerdan del movimiento independentista corso? ¿Y lo que acaban de hacer con los independentistas de la “Cataluña Norte”?   

lunes, 23 de marzo de 2015

LA DESINTOXICACIÓN DEL EGO

(Foto: Fernando Redondo)

Cuando uno reflexiona sobre los males de nuestro país siempre se topa con lo que podríamos llamar “la patología del ego”. Es un problema que afecta a todos, pero especialmente a aquellos cuya actividad tiene que ver con la vida pública: políticos, escritores, periodistas, actores, jueces... Afecta tanto a los que son como a los que aspiran a serlo. El mal se extiende a toda la sociedad, pero es especialmente grave cuando afecta a quienes mayor influencia social ejercen.

Ya Freud nos mostró que el yo es una construcción imaginaria. Necesitamos vernos reflejados en algo para tomar conciencia de nosotros mismos. Los demás son nuestro principal espejo. La fragilidad del yo nace de su propia esencia imaginaria: nada más volátil que una imagen mental. Necesitamos sostenerla con nuestra energía y nuestro intento, pues de lo contrario se desvanece. El ser humano está siempre a punto de perder la cabeza, o sea, de no saber quién es.

La patología del ego nace de la propia constitución del yo, así que es un fenómeno universal. Pero hay muchos modos de encarar esta debilidad constitutiva. La peor de todas es la que pretende solucionar el problema del ego con más ego. Observen la conducta de cualquier personaje público, fíjense no sólo en lo que dicen, sino en cómo lo dicen, el tono, la actitud, la idea que de sí mismos desprenden: verán en la mayoría un ego sobredimensionado, hipertrofiado, compulsivamente autoafirmado, intocable, expansivo, invasivo. La vanidad se mezcla con la soberbia, el engreimiento y la autocomplacencia con el rencor, la falsa modestia y la beatería con la violencia y el desprecio a los demás.

El ego de nuestros personajes públicos está tan intoxicado que contamina cuanto dicen y hacen. Cualquier idea, crítica o propuesta que choque con el ego de alguien situado en alguna posición de poder está condenada al fracaso. Todo adquiere una sobredimensión personal, tóxica, que anula cualquier posibilidad de discusión o reflexión objetiva.


El país entero está intoxicado por el virus patógeno de ego. La incapacidad para distinguir entre una imagen positiva de sí mismo y una idea patológica, compulsiva y tóxica, se ha convertido en uno de los principales problemas nacionales. El reflejo más visible es el modo como se organizan y funcionan nuestros partidos políticos, en los que el ego de los dirigentes lo invade todo, confundiendo carisma con culto a la personalidad, coherencia con imposición autoritaria, responsabilidad con obediencia y militancia. Los nuevos partidos repiten el mismo esquema e idénticos errores. Este sí que es un problema “transversal”.  

miércoles, 11 de marzo de 2015

EL MITO DE LA IDENTIDAD

(Foto: Marimar Trancón)

La identidad es lo que nos identifica ante los demás. Hay una identidad individual y otra colectiva. La individual es la que nos distingue de los demás seres humanos. La colectiva es la que compartimos con un grupo. La identidad se expresa mediante el verbo ser, pero también el tener. Por ejemplo, poseo unas huellas dactilares únicas, soy pintor y tengo alergia a los champiñones. Pero además, soy leonés, calzo el 40, me gusta la nieve y cazar perdices. Etcétera.

Se ve enseguida que la identidad no es más que una atribución, algo que los demás nos dicen que somos o algo que decimos a los demás que somos. La identidad es siempre social. Estamos empapados hasta el tuétano de la mirada, el juicio y la valoración de los otros. Es casi imposible, salvo las huellas dactilares o parte del ADN, encontrar rasgos individuales únicos que no compartamos con los demás. Nuestra singularidad es siempre relativa. Puedo ser el único pelirrojo de mi pueblo, pero seguro que en el de al lado hay otro.

Toda identidad genera un sentimiento de pertenencia. La pertenencia crea un vínculo con quienes la comparten. Hay sentimientos de pertenencia positivos, pero también negativos. Por ejemplo, puedo ser español y renegar de serlo, como hacen los independentistas.

La identidad no es una entidad ni una esencia, sino una atribución social y un sentimiento. Su naturaleza es, ante todo, imaginaria. Cuando no aceptamos esto la convertimos en mito. El mito se sostiene con la fe. Toda identidad ni es única, ni excluyente, ni es incompatible con otras identidades. Todos tenemos (somos) un conglomerado de identidades superpuestas, enredadas, “arrejuntadas” o divorciadas. Podemos, además, cambiar de identidad; de hecho lo hacemos constantemente. Fui niño, ahora soy una persona mayor.


Hay identidades voluntarias, fruto de nuestra elección, y otras se nos imponen. De la que no podemos prescindir es de nuestra identidad legal: aquella que nos hace ciudadanos, sujetos de derechos y obligaciones. Frente a otras identidades nacidas del territorio, la historia o el pasado, esta es la identidad que más nos une. La identidad es necesaria, el mito no.   

viernes, 6 de marzo de 2015

LENGUA, NACIÓN, ESTADO

(Foto: Fernando Redondo)

Tendemos a pensar en términos simples, pero la realidad es compleja. Establecemos la equivalencia
lengua=nación=estado. Allí donde hay una lengua hay una nación, y donde hay una nación debe haber un estado. Es la base del discurso nacionalista, tan eficaz como equivocado. No es fácil desmontar esta falacia, aunque sobran argumentos para hacerlo.

Primero: en el mundo hay más de 7000 lenguas y 200 estados. Sólo existen 25 estados lingüísticamente homogéneos, o sea, monolingües. Ninguno en Europa. La media aquí es de casi cinco lenguas por estado. Si pretendiéramos que cada lengua tuviera su estado, el mundo actual se convertiría en un caos absoluto.

El concepto de lengua no es preciso, ni las fronteras lingüísticas coinciden con las geográficas. En España se reconocen cuatro lenguas, pero hay otras más, desde el leonés, el bable o la fabla aragonesa, hasta las lenguas de los emigrantes o el caló. Así y todo, España es uno de los países lingüísticamente más homogéneos, pues tiene una lengua oficial y común, el español, que hablan y entienden la mayoría de sus ciudadanos.

Aceptar la premisa de que una lengua crea una nación, y la nación exige un estado, supone justificar la limpieza lingüística para imponer esa unificación. Aquí se revela la naturaleza totalitaria de los nacionalismos actuales. Nada de extraño que el independentismo catalán esté tan empeñado en la inmersión lingüística, que es el método más eficaz para llevar a cabo esa uniformización y limpieza.


Para completar este análisis necesitaríamos hablar de otras equivalencias, como son las de identidad, territorio e historia. No hay concepto más ambiguo y pernicioso que el de identidad, más manipulable que el de historia y más difuso que el de territorio. Si tratamos de definir la identidad acabamos necesariamente en la biología o la metafísica. Si mitificamos el territorio lo convertimos en religión. Si manipulamos la historia la transformamos en imaginaria fuente de derecho. Sólo hay un modo de salir de estas trampas: afirmar nuestra condición de ciudadanos, o sea, de sujetos libres e iguales en derechos y obligaciones. Pero de eso hablaremos otro día, Deo volente.

sábado, 28 de febrero de 2015

LOS HUESOS DE CERVANTES

(Foto: Fernando redondo)

Cervantes fue enterrado en las Trinitarias de Madrid y ahí siguen sus huesos. Un equipo de expertos se ha propuesto encontrarlos. No sabemos qué huesos encontrarán ni en qué estado. Como he escrito sobre Cervantes, me suelen preguntar qué opino de esta búsqueda.

Respondo que me parece bien. En un país en el que se desprecia e ignora a los mejores, no está mal que se empiecen a respetar sus restos. Descubrir los huesos de Cervantes será un acto simbólico de reconocimiento. Que, en el caso de hallarlos, su cripta se convierta en un santuario laico, con su comercio adherido, no es algo en sí mismo negativo, todo depende de lo que se haga o promueva con ese reclamo.

Pero esta búsqueda podría servir para algo más. Por ejemplo, para establecer de modo más fiable el origen judío de Cervantes a través del cromosoma Y, dado que no dejó descendientes. También, para confirmar o rechazar su vinculación familiar con su supuesta hermana Luisa Cervantes enterrada en un Convento de Alcalá de Henares. El cotejo del ADN en este caso es algo muy difícil y costoso, pero con el tiempo podría plantearse. También con un supuesto descendiente actual de su hermano Rodrigo, algo más sencillo.

Otra cosa es aprovechar el interés suscitado para acercarnos a Cervantes con mayor rigor y respeto hacia su obra y su persona. Francisco Rico ha llamado a Cervantes “meapilas” y “excombatiente de la División Azul”. Esta insultante boutade no tiene nada de graciosa y mucho de soberbia academicista. Cervantes murió pobre y si se hizo hermano de la Orden Tercera de San Francisco poco antes de morir fue por motivos prácticos, no porque fuera un católico militante o un beato. Basta leer su obra para darse cuenta de ello.

El problema está en que se ha leído a Cervantes con prejuicios y orejeras, tanto manchegas como católicas. Rico, como buen amanchegado y supuesto progresista, lanza estos juicios insostenibles. Al final uno tiende a creer a Andrés Trapiello que asegura que Rico no ha leído el Quijote. Si se hace con libertad, es imposible no deducir que Cervantes era de origen judío y leonés. Descubrir sus huesos está bien, pero mucho mejor descubrir la verdad.


miércoles, 18 de febrero de 2015

EL AHORA NO ES EL PRESENTE


(Foto: S. Trancón)

No podemos definir el tiempo.
No sabemos si es un hecho objetivo o sólo una construcción mental.
No hay modo de separarlo de nosotros mismos.
Lo concebimos, sin embargo, como algo objetivo, un hecho evidente que damos por supuesto.
El tiempo es algo que ocurre ahí fuera y sucede de modo absoluto e irremediable, al margen de nuestra voluntad.

El tiempo es algo que pasa, algo que transcurre y se va de modo inevitable.
Para hacerlo más objetivo, lo medimos y contamos.
Medimos y contamos el paso del tiempo como si fuera un objeto en movimiento.
Al darle continuidad le damos duración.

El tiempo es inseparable del espacio. Sólo podemos entenderlo con relación al espacio.
El tiempo es lo que un objeto tarda en recorrer un espacio.
Pero pasa lo mismo con el espacio. El espacio es aquello que se tarda un tiempo en recorrer.
No se puede definir lo uno sin lo otro. El tiempo es relativo al espacio y el espacio al tiempo.

Nuestra mente no puede funcionar sin la idea de tiempo y espacio.
Todo lo que podemos pensar e imaginar está encerrado y limitado por esos dos conceptos.
Para nosotros el mundo es todo aquello que se puede localizar en un espacio y que está sometido al paso del tiempo.
El paso del tiempo hace que todo cambie, y no hay cambio sin destrucción o desaparición de algo.

La idea del espacio y el tiempo la construimos a partir de la experiencia de nuestro propio cuerpo. Nuestro cuerpo ocupa un lugar en el espacio, se mueve y desplaza a través de él, y está cambiando constantemente.
Experimentamos que con el transcurso del tiempo se produce inevitablemente un deterioro de la fuerza, la salud y las habilidades físicas, hasta conducir a un final ineludible: nuestra propia muerte. La flecha del tiempo, por lo tanto, va en un sentido y no tenemos modo alguno de pararla ni de invertir su dirección.

Nace de aquí nuestra idea del tiempo como pasado, presente y futuro.
El presente es lo que sucede en cada momento, por oposición a lo que ya ha pasado o lo que todavía no ha sucedido.

Pero el presente es inaprehensible, porque para poder pensarlo tiene que haber sucedido.
Siempre estamos un instante por detrás del presente.
El tiempo es, por tanto, aquello que ha desaparecido o que todavía no ha llegado a suceder.
Como no podemos pararlo, todo es, o pasado, o futuro.

Descubrimos así el carácter totalmente subjetivo del tiempo.
El tiempo para nosotros no es más que un pensamiento.
Sostenemos el tiempo con nuestro pensamiento.

Aquí es donde podemos introducir una idea nueva: la de distinguir el ahora y el presente.
El ahora es lo que acaba de suceder, lo que sucede y lo que está a punto de suceder.
El ahora es el pasado, el presente y el futuro reunidos en la conciencia.
Nuestra conciencia puede superar esa idea del tiempo como pasado, presente y futuro separados.

El ahora es mucho más que el presente.
El presente es reducir el tiempo y la realidad a lo que está sucediendo en cada momento.
Vivir sólo en el presente es luchar inútilmente contra el paso del tiempo.
Dejarse absorber sólo por el presente es huir del pasado y temer al futuro.

El ahora es mucho más.
El ahora acepta y reconoce que el pasado sigue en el presente y que el futuro ya está en el presente.
Pero el ahora, además, incorpora el espacio al tiempo.
El ahora acepta y reconoce que vivimos en un espacio, que estamos en un lugar concreto y limitados por él.

Las tres dimensiones del espacio se relacionan con las tres dimensiones del tiempo.
El ancho es el presente, el largo el futuro y el alto el pasado.
Estamos en el pasado, el presente y el futuro a la vez, del mismo modo estamos en un espacio ancho, alto y largo.

Vivir aquí y ahora es un intento de reunir la totalidad de lo que somos.

No se trata de huir del espacio en que vivimos ni de luchar contra el paso del tiempo, sino de intensificar nuestra vida aceptando el misterio de nuestra propia existencia, ese estar aquí y ahora haciendo lo que hago y pensando lo que pienso.

jueves, 22 de enero de 2015

MONEDERO, GENIO DE LAS FINANZAS

(Foto: S. Trancón)

Monedero, azote de la casta, es un genio de las finanzas. Ha ganado 425.150 euros por un trabajo que hizo en 2010 para estudiar la creación de una moneda bolivariana para Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Traduzcamos: más de 70 millones de pesetas. Retraduzcamos: unos 1.400 euros al día suponiendo que trabajó a destajo 300 días de los 365 del año. Se lo pagaron en el 2013 “¡de golpe!” Vaya pelotazo, viva Bolivia.

En un país en que casi el 30% gana menos de 1.000 euros al mes, la proeza financiera de Monedero deslumbra. Asombra aún más tratándose de un humilde profesor universitario que recibe ese pastón por un estudio teórico sobre una moneda hipotética. ¿Dónde regalan los duros a cuatro céntimos? Díganselo a los más de cinco millones de parados que van allá de cabeza. Bueno, o a cualquier profesor universitario.

Confío en Monedero. Confío ciegamente en Podemos: son magos, nos sacarán de la crisis porque son capaces de sacar dinero de debajo de las piedras de Machu Picchu. Sólo me asaltan algunas dudas: ¿Dónde está ese estudio prodigioso? ¿Cuántas páginas ocupa? ¿Es un secreto de Estado? Dice que es “confidencial”... ¿Dinero clandestino? Supongamos que cada país le ha pagado unos 100.000 euros: ¿Lo han consignado en sus presupuestos? ¿Existen facturas? ¿Quién las firma?¿Con qué fecha? ¿Se han fabricado como tapadera? ¿Quién las fiscaliza y comprueba? Su empresa fantasmal (unipersonal, sin trabajadores, ni sede, sin...) ha facturado 57.548 euros a “proveedores”. ¿Quiénes son esos proveedores y de qué mercancía le proveyeron? ¿Papel, bolígrafos, neuronas o cemento armado? ¡Pero ha pagado religiosamente sus impuestos, oiga! Y además ha dedicado ese dinero a obras de caridad política: para dar otra vuelta a La Tuerka.

Lo dicho: ahora sí que confío en Podemos. Añado un argumento definitivo: además de genio financiero, Monedero es poeta. Poeta hipersensible. Así escribió cuando murió el camarada Chávez: “He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos”. No hagan rimas escatológicas con Orinoco, por favor, concéntrense en ese torrente de lágrimas. Remacho: fe ciega. Y cuanto más ciega, ya se sabe, mejor.



martes, 6 de enero de 2015

LEER Y ESCRIBIR

(FOTO: J.M.PÉREZ DE AYALA)


Leer es escribir, escribir es leer.
Leo como escribo, escribo como leo.
Escribir y leer es sentir con el cuerpo. 
Los textos pasan por mi cuerpo.

Escribo y leo con mi cuerpo.
Lo que no puedo escribir, no lo puedo leer.
Lo que no puedo leer, no lo puedo escribir.
Escribo y leo como respiro.

Leer y escribir es un acto orgánico.
Hay textos que no dejan respirar.
Hay textos que atacan al cuerpo. 
Hay textos tóxicos.

Leer y escribir es un acto vital.
No puedo vivir sin leer y escribir. 
Leo y escribo los textos que necesito para vivir.
No conozco mayor placer que leer y escribir.

Los textos que me dan vida necesito leerlos despacio.
Lo que no puedo leer despacio no lo leo, lo ojeo.
Un buen texto es aquel que se puede leer despacio.
Aquel que se expande, que exige tiempo y silencio.

Escribir y leer es pensar. 
Quien lee y no piensa, no lee.
Una cosa es entretener a las neuronas, otra el activarlas.
El cerebro está hecho para crear.





sábado, 13 de diciembre de 2014

ECONOMÍA Y MERCADOS: DIOSES Y MITOS


(Foto: Fernando Redondo)


La economía y los mercados son abstracciones cuya principal función es alejarnos de la realidad y los problemas concretos. Abstracciones fonéticas destinadas a crear un vacío semántico que rellenemos con fe, reverencia y resignación. La economía es hoy una gran abstracción que encubre el hecho de que su funcionamiento no es ciego, ni autónomo, ni ajeno a las decisiones de las personas, los gobiernos y los poderes financieros.

Considerar que los mercados, los flujos financieros, la prima de riesgo, el mercado de la deuda, los paraísos fiscales, el fraude, la distribución de la renta, el aumento de las desigualdades sociales, la imposición del tipo de recortes y ajustes, la política de privatizaciones, la venta de recursos y empresas nacionales, la política de impuestos, la desrregulación del trabajo, la conservación de la naturaleza o la mejora del medio ambiente; considerar que todo esto funciona por sí mismo, sin posibilidad de que pueda intervenir en ello el poder político democrático, o sea, la decisión de la mayoría social; considerar que la economía es una máquina gigantesca que funciona siguiendo leyes y mecanismos internos sobre los que apenas se puede intervenir, es una maniobra ideológica destinada a impedir que los ciudadanos y los gobiernos ejerzan su poder y su capacidad de decisión. Apelar al fatalismo reverencial y mecanicista de la economía, convertida en un monstruo cuyos caprichos hemos de acatar inexorablemente, no es más que un engaño y una burda imposición que deja sin contenido a la democracia.

Detrás de la abstracción de la economía y los mercados se oculta el poder de las grandes empresas y bancos multinacionales, que toman unas decisiones u otras en función de sus intereses, que afianzan su poder dominando e imponiendo sus normas a los países, empresas y economías más débiles, haciéndolas más dependientes, con menos capacidad de decisión y autonomía. Nuestro país, con esta crisis, se ha vuelto mucho más dependiente y sometido a poderes financieros y económicos multinacionales. Sólo mediante decisiones políticas, basadas en el apoyo democrático de la mayoría, se pueden controlar los abusos y atropellos a los que lleva la codicia, la ambición y la voluntad de dominio de una minoría superpoderosa.

El discurso economicista que oculta la debilidad política o el sometimiento de los políticos a las decisiones de esos poderes económicos y financieros, que han creado una total dependencia mediante los mecanismos de control y aumento de la deuda, lleva a presentar a los ciudadanos las decisiones económicas como las únicas posibles, induciéndoles a una aceptación pasiva de lo inevitable. Es preciso romper ese falso determinismo y afirmar que existen muchas formas de abordar la crisis económica y financiera, siempre que no se renuncie a situarla dentro del contexto global de la economía productiva, el consumo, la creatividad, la investigación y la renovación del sistema productivo, administrativo y de servicios. Los gobiernos pueden regular y controlar el capitalismo meramente especulativo y dar prioridad a la inversión productiva y la investigación tecnológica.

La inversión puramente especulativa e improductiva, de ostentación y despilfarro, ha causado un daño no sólo económico a nuestro país, sino ambiental, destruyendo el patrimonio artístico y natural y con efectos sociales muy negativos, en la medida en que ha orientado los esfuerzos hacia proyectos socialmente inútiles, produciendo desconfianza en nuestra capacidad de desarrollo y mejora de las condiciones de vida.

Seguir confiando en el valor taumatúrgico de las cifras económicas, en la mejora de unas décimas o puntos en las estadísticas macroeconómicas, tan inconsistentes como engañosas, es renunciar a enfrentarnos a la verdadera crisis económica de nuestro país, de la que no hay mejor indicador que la cifra de parados y desempleados, las familias sin recursos, la pobreza infantil o el número de españoles obligados a emigrar.

La economía y los mercados se han convertido en nuevos dioses ante los que sólo cabe la fe, la reverencia, la resignación, y a los que hemos de ofrecer el sacrificio de nuestras vidas. En mitos con capacidad de cegar y anular cualquier pensamiento crítico. La religión cambia de dioses, pero mantiene lo esencial: la creencia en poderes superiores que dirigen nuestras vidas caprichosamente.

Antonio Muñoz Molina, en su excelente libro Todo lo que era sólido, escribió sobre los sacerdotes de esta nueva religión: “No eran expertos en economía sino en brujería. Les hemos creído no porque comprendiéramos lo que nos decían sino porque no lo comprendíamos, y porque la oscuridad de sus augurios y la seriedad sacerdotal con que los enunciaban nos sumían en un especie de aterrada reverencia”. O creyentes, o ciudadanos informados y libres: es la hora de elegir.



jueves, 27 de noviembre de 2014

NOTICIAS SOBRE CERVANTES

(Foto: S.Trancón)
Cervantes y el Quijote son un tema inagotable que siempre está de moda. Últimamente no hay día que no salga una noticia relacionada con el autor y el libro más famoso de nuestra literatura. He aquí un pequeño resumen.

Se siguen buscando los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias de Madrid. De momento se han superado las dificultades que había puesto no sé qué familia, el Obispado, el Convento y la Comunidad de Madrid. Es increíble que se pongan tantos obstáculos a un proyecto de indudable interés común y que, si acaba con éxito, repercutirá en beneficio de todos. 

Andrés Trapiello acaba de publicar una novela que prolonga imaginariamente la vida de Sancho después de morir don Quijote. Muchos han sido tentados a escribir y reescribir un libro en sí mismo inimitable; pocos se han atrevido, y muy pocos, de entre ellos, lo han hecho con un mínimo de acierto. 

Luis García Jambrina también se ha atrevido a novelar parte de la vida de nuestro autor partiendo de la supuesta pelea de Cervantes con Antonio de Segura a quien, según la hipótesis oficial, hirió gravemente, lo que le obligó a huir a Italia para que no le cortaran una mano. 

No he leído ninguna de estas dos novelas, así que no aventuro ningún juicio sobre ellas. De entrada no me atraen, sobre todo porque tengo muchísimos otros libros que reclaman mi tiempo y mi atención. 

Muy fecunda ha sido la labor de los cazadores de documentos cervantinos o seudo-cervantinos. José Cabello, un archivero de Puebla de Cazalla, en Sevilla, ha descubierto varios documentos relacionados con la recaudación de trigo y cebada para la Armada por parte de Cervantes en 1593. Aparece una Magdalena Henríquez a la que otorga un poder para que cobre su sueldo, 1.490 reales. Aventuran algunos una relación sentimental de Cervantes con esta Magdalena. Otro cervantista deduce de este sueldo que es falsa la imagen romántica de autor pobre y menesteroso que el propio Cervantes propagó. Dice este profesor que Cervantes vivió en las tres ciudades más caras del momento, Sevilla, Valladolid y Madrid, lo que indica que no pudo ser pobre. Hombre, yo creo que en esas ciudades, por muy caras que fueran, vivían muchos pobres y menesterosos. 

Pero las noticias más pintorescas tienen que ver con hallazgos que aseguran haber descubierto el acta de bautismo de Sancho, el lugar exacto donde se encontraba la venta donde armaron caballero a don Quijote, y el personaje real que inspiró a Cervantes la figura de don Quijote. 

Sabino de Diego, un empresario jubilado, dice haber encontrado en Esquivias un acta de bautismo de 1569 de un tal Sancho (Gaona), que sería el verdadero Sancho Panza cervantino. Descubre también que los padres de este Sancho fueron padrinos de una hija de Bernardino Ricote, que sería el Ricote amigo de Sancho que aparece en el Quijote

Puestos a asociar arbitrariamente nombres y pesquisas, más delirante es el trabajo historico-arqueológico de Francisco Javier Escudero e Isabel Sánchez Duque, que aseguran con increíble desparpajo que “la historia de don Quijote no es inventada, es real”. Dicen que han encontrado documentos históricos y realizado excavaciones que confirman que la venta cervantina donde es armado caballero don Quijote estaba en la Mota del Cuervo, en Cuenca, de la que quedan algunos restos. Con el mismo atrevimiento aseguran que don Quijote es una especie de mezcla entre Pedro de Villaseñor, amigo de Cervantes, Francisco de Acuña, enemigo de Villaseñor a quien intentó asesinar armado de caballero, y un personaje malvado llamado Rodrigo Quijada, corregidor de El Toboso, donde también viven los otros dos personajes. Cervantes habría ridiculizado a los enemigos de Villaseñor a través de la figura de don Quijote. Impepinable. Que don Quijote y Sancho sean personajes de ficción no les importa a estos investigadores. Que esos personajes reales, de los que se sabe que existieron por esos documentos, se parezcan a don Quijote y Sancho como un churro a una castaña, tampoco parece importarles nada.

Que ocurrencias de este calibre pasen por investigaciones cervantinas nos confirma que Cervantes y el Quijote tienen una capacidad asombrosa para despertar la fantasía y el deseo de originalidad de los más peregrinos estudiosos. Lo malo de todo esto es que trivializa y mete en la misma alforja los estudios más serios que tratan de descubrir lo mucho que todavía puede estudiarse y pensarse sobre Cervantes y su obra más admirable, el Quijote

sábado, 8 de noviembre de 2014

VÍDEO LIBRES E IGUALES

Este vídeo muestra mi participación en los actos del pasado 8 de Noviembre en Segovia organizados por la plataforma LIBRES E IGUALES.




Un pequeño acto de resistencia y denuncia del golpe antidemocrático que se está produciendo en Cataluña en contra de los derechos y la igualdad de todos los españoles. El mismo Comunicado se leyó en todas las capitales de provincia de España.

El problema ya no es la imposición totalitaria del independentismo catalán, su desprecio de la Constitución, la amenaza, el chantaje y la manipulación de los sentimientos de los catalanes que ha llevado a cabo durante 35 años una minoría corrupta y ambiciosa, con total impunidad y con el dinero de todos. 
El problema hoy es lo que pasa en el resto de España, la pasividad, el desánimo y la resignación con que se acepta el desafío a la legalidad y la democracia de los que se han apoderado del Estado en Cataluña. 
Lo que pasa en Cataluña es el reflejo de lo que está pasando en España: corrupción asfixiante, destrucción del Estado democrático, pérdida de la libertad, sobrexplotación, manipulación de las conciencias, políticos mezquinos servidores de sus amos, una minoría engreída, poderosa, voraz y sin preocupación alguna por la situación agobiante de la mayoría, la lucha por ganar terreno en un nuevo reparto del poder, ausencia total de un proyecto para sacar al país del proceso de autodestrucción al que le están llevando intereses ajenos y espurios, desmoronamiento de los sentimientos de unión, colaboración y solidaridad. La antesala del abismo.
La cobardía y claudicación de hoy no va a poder evitar los enfrentamientos de mañana. Un mañana que puede estar mucho más cerca de lo que nos negamos a ver y aceptar. ¿Se acuerdan de Yugoslavia?  ¿Alguien sigue creyendo que aquí somos mejores, más listos, menos violentos y más civilizados?






jueves, 23 de octubre de 2014

SOBRE EL SENTIMIENTO DE SUPERIORIDAD DEL INDEPENDENTISMO


La habilidad del independentismo marrullero para colocar las palabras adecuadas en el momento oportuno es sorprendente, pero mucho más lo es que la mayoría se deje enredar y no se entere de qué va la farsa. Ahora le toca el turno a la singularidad. Palabra mágica: hay que reformar la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña y ya tenemos resuelto el problema catalán.
Los periodistas, cada día más alelados o abducidos, lo oyen y no se les ocurre preguntar lo más elemental: Oiga, explíqueme qué entiende usted por “singularidad”. Sería la forma más sencilla de empezar a desenmascarar esta nueva trampa lingüística.

El interpelado seguramente repetiría, como harían los independentistas, aquello de la “lengua propia”, “una tradición y cultura propia”, “una historia propia”, unas “instituciones propias”, un “modo de ser propio”, etc. Incluso hablaría de “nación” y “derechos históricos”. Aquí propia sustituye a singular y singular a diferente. ¿Y qué quiere decir ser diferente o distinto en boca de un nacionalista? Ser superior. Traduzcamos singularidad por superioridad. Reconocer la singularidad de Cataluña no es otra cosa que reconocer la superioridad de los catalanes. Todo lo demás sobra. Yo soy leonés (lo mismo vale para un gallego, un extremeño, un andaluz...), y podría ponerme a defender lo mismo: lengua propia (el leonés, el bable, el berciano), tradición y cultura propia (los pendones, las pallozas, danzas y fiestas únicas, la lucha leonesa, la cecina, el botillo, el santo grial, una nómina ingente de escritores...), instituciones propias (concejos, la cuna del parlamentarismo...), un modo de ser (osados, originales, cazurros, socarrones...). Fuimos un reino durante siglos (nunca lo fue Cataluña), etc. Puestos a fabricar una identidad, una historia y una lista de agravios, tendríamos argumentos sobrados para sentirnos una nación oprimida y reivindicar nuestra singularidad. Pero no va por aquí la cosa, la de reconocer la singularidad de todos.

Llegamos así al meollo del catalanismo, que tiene que ver, sobre todo, con la necesidad de satisfacer un sentimiento agraviado de superioridad. Quienes promueven el independentismo se sienten superiores y lo que necesitan ahora es, no sólo sentirlo, sino serlo. Ya han pasado del reconocimiento, aquello de que nos quieran y respeten. Ahora quieren resolver el problema de una vez por todas: acabar con cualquier dependencia, cualquier vínculo, cualquier humillación, los agravios históricos, la opresión, la dominación, la explotación, el robo..., porque nosotros somos distintos, o sea, superiores.

Insisto en que el independentismo catalán no sería posible sin un fuerte sentido de superioridad que cada día se revela más como lo que es: racismo encubierto. Si repasamos el origen del nacionalismo y el discurso nacionalista catalán (como el vasco) encontraremos este sentimiento de superioridad como el elemento clave que sostiene todo el edificio. Revísense los discursos de los próceres catalanistas, incluido Pujol o Heribert Barrera.

Pero el sentimiento de superioridad no es algo simple, sino complejo, porque se asienta sobre la construcción imaginaria de una identidad propia, diferente y superior a la del otro. Para ser superior tiene que haber otro inferior. Ser catalán es ser distinto y superior a ser español. Necesitan el espejo español para reconocerse catalanes. Y aquí viene el problema, porque la realidad, el espejo, no les devuelve ninguna imagen distinta o muy diferente de la del español. Si se colocan al lado ante el espejo resulta que no hay modo de diferenciarlos: necesitan ponerse la barretina y enfundarse la senyera para distinguirse, pero, sobre todo, colocarle al de al lado el yugo y las flechas y estirarle el brazo en alto como un palo; ni siquiera el cubrirlo con una bandera española serviría, porque se parece bastante a la senyera (más si se le coloca la bandera aragonesa). Díganme en qué se diferencia el sanchopancesco Junqueras de un labrador manchego o mañico...

No hay ninguna identidad española, ni catalana, ni leonesa, ni aragonesa, ni manchega; aquí está el problema. Todas las diferencias hoy son individuales, no colectivas. Hoy la sociedad es esencialmente heterogénea porque en ella apenas existe endogamia, único elemento de creación de una etnia, una tribu o un pueblo diferenciado. Ni Cataluña ni España son hoy ningún pueblo, ni étnica ni culturalmente, esencialmente diferenciados entre sí.

Las sociedades modernas no se constituyen sobre ninguna identidad nacional, sino sobre dos conceptos básicos: el individuo y el ciudadano. Como individuos somos todos libres, únicos, singulares e intransferibles; como ciudadanos, todos somos iguales (ante el Estado y la ley, iguales en derechos y deberes). El Estado democrático no puede fundamentarse en nada más: individuos y ciudadanos. Como ciudadano me puedo asociar con quien quiera para defender mis intereses o alcanzar fines comunes (también para defender el bien común), pero no hay nada si desaparece el ciudadano y el individuo. El Estado se legitima por la voluntad libremente expresada de sus ciudadanos; no se fundamenta en ninguna identidad, derecho histórico o singularidad.

Cuando entramos en el debate de la singularidad catalana nos vemos arrastrados inevitablemente a la metafísica de las identidades y la exaltación de las diferencias, o sea, al encubrimiento de los sentimientos de superioridad. Insisto en que se trata de algo que tiene que ver más con la psicología que con la política, la economía o la historia. Por supuesto que sin la búsqueda de más poder de una minoría corrupta y ambiciosa (la tradicional burguesía catalana), no habríamos llegado al enfrentamiento actual; pero no basta con esto. Sin ese sentimiento de superioridad de fondo, alimentado por mitos, una historia inventada, unos rituales colectivos, una propaganda eficaz y el anhelo de un futuro idealizado, el independentismo no habría llegado al grado de provocación, engreimiento y desprecio de la legalidad a la que ha llegado.

Pero el diagnóstico quedaría incompleto si no añadiéramos otro elemento decisivo: el sentimiento de inferioridad que (también) encierra este complejo de superioridad. Los catalanes independentistas, precisamente por sentirse superiores a la chusma española, no comprenden cómo no han logrado ser independientes hasta ahora. Siendo como se ven, superiores, no pueden aceptar la humillación de depender de Castilla o Madrid (necesitan simplificar y caricaturizar la complejidad cultural y social de España). De esta supuesta dependencia (también paranoicamente amplificada) nace un inevitable rencor o resentimiento que necesitan superar porque lo viven intensamente como humillación o desprecio. Hablo de complejo de inferioridad precisamente por eso: porque exagera el poder de dominación y la dependencia del otro, incluso se lo inventa. El victimismo es la expresión más clara de esta mezcla de sentimientos aparentemente opuestos: el de superioridad y el de inferioridad. El inventarse un agravio tiene la gran ventaja de que justifica tu rencor, tu odio y todo lo que hagas para defenderte de esa ofensa.

Siempre he tenido la convicción de que detrás del catalanismo independentista se esconde una patología colectiva, una vivencia paranoica de la relación con el otro (el más semejante y cercano), que ha dado lugar a un discurso instalado de forma secular en el engaño, la mentira, la impostura, el engreimiento y el desprecio hacia lo que consideran, de modo muchas veces inconsciente, “superior”: la lengua y la cultura española, la historia de España con sus logros indiscutibles (el descubrimiento de América, la expansión colonial y del idioma, su literatura universal, el poder político y militar, su capacidad para organizar y sostener un estado moderno y democrático...). ¿A qué viene ese empeño de apropiarse de todas las figuras relevantes de la historia española para hacerlas catalanas, desde Colón a Cervantes, pasando por Santa Teresa o Américo Vespucio? ¿Sería posible este estúpido propósito si no se sintiera, al mismo tiempo, una admiración por esas figuras y su obra? Detrás de este exacerbado catalanismo hay también un españolismo que debe reprimirse de forma tan grotesca como la que lleva a cabo la llamada Nova Història. Pura teoría freudiana.

(Fotos: F. Redondo)

El catalanismo independentista no se asienta sobre un concepto propio y positivo de sí mismo, basado en sus logros, valores y proyectos, sino en un sentimiento de revancha, negación y destrucción de lo español, nacido de un atávico complejo de superioridad, pero también, paradójicamente, de su atracción hacia lo español. No de otro modo se puede entender el empeño en difundir una imagen totalmente distorsionada, esperpéntica y falsa de lo que es hoy España, machaconamente identificada con el fascismo, la ignorancia, el atraso y el militarismo cuartelario y antidemocrático. Para romper con cualquier sentimiento de simpatía es necesario hacer repulsivo el objeto de la atracción. Simple teoría freudiana, de nuevo.

Creo que es necesario acudir a este tipo de interpretaciones psicoanalíticas y patológicas para entender ese algo que siempre se nos escapa en el debate sobre la singularidad catalana, a la que, mientras no se aborde desde esta perspectiva, es tan difícil dar un cauce y alcanzar una explicación política. Si no se fundamentara en este magma patológico e inconsciente, mezcla de superioridad, soberbia, rencor y desafío, no sería posible la deriva independentista actual, vista por cualquiera que no esté contaminado del mismo virus como verdadero disparate, irracionalidad, delirios de poder y pérdida del sentido de la realidad.



 Lo peor de todo este chapapote emocional es que gran número de personas se han dejado absorber por la fuerza de su corriente hasta el punto de perder su individualidad (su libertad individual, de pensamiento y de sentimiento) sacrificada en el altar de la nación, de Cataluña, el proceso o el baile de la sardana. Al dejar de ser individuos libres e independientes, han dejado de ser al mismo tiempo ciudadanos: ya no saben cuáles son sus derechos ni sus deberes democráticos, se dejan guiar por los guardianes de la singularidad, los que definen su identidad y los convierten en pueblo. Los que les otorgan generosamente una identidad superior, nada menos que la identidad catalana. Todos los totalitarismos se han asentado sobre el sentimiento de una identidad colectiva superior, con la que se identifican los individuos mientras renuncian a su única singularidad: la que nace de su propio ser individual.