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martes, 24 de junio de 2008

DEL "A POR ELLOS" AL "PODEMOS"

(Foto: S. Trancón)

Somos seres sociales. Nuestra mente está socializada. En nuestra cabeza hablan y resuenan siempre las voces de los otros. Aunque lo intentemos, nos llega la ola de las inquietudes, miedos, anhelos y sueños colectivos. La televisión potencia esta influencia, aunque la tengamos apagada: está ahí como conexión permanente con la masa social, ejerciendo una presión callada.

No vi el partido de España contra Italia, pero me llegaron los efectos. No lo vi porque desde hace años comprobé que la pantalla de televisión, cuando se retransmiten esos partidos de gran tensión, es como un agujero negro: absorbe toda nuestra atención y energía y nos deja vacíos, incluso cuando gana nuestro equipo favorito. Es algo físico, que cualquiera puede comprobar.

Pero me llegaron los efectos energéticos. Inevitablemente, uno está conectado con el grupo social, sea el que sea. Más de 16 millones de personas viendo y sintiendo lo mismo al mismo tiempo es como un tsunami social. No quiero hacerme el puro ni el purista, por eso acepto y comprendo el sentido de esas oleadas energéticas: reafirman el sentido de pertenencia y presionan al individuo para que se conforme con ese “anillo de poder” que sirve para construir y sostener el orden social, del que todos dependemos. Pero soy a la vez crítico, y defiendo mi individualidad consciente. Por eso contrapongo ese estúpido “¡a por ellos!” que nos metieron hace poco por el tímpano sin miramiento alguno, a este de ahora, mucho más aceptable de “podemos”.

Lo de ir "a por ellos" nos enfocaba contra los otros, fueran los que fueran. Este otro eslogan nos centra en lo que somos, podemos y queremos, mucho más sensato. Me remito a esa técnica psicológica llamada PNL (programación neurolingüística), que ha comprobado la importancia de las verbalizaciones internas. Es mucho mejor usar el “estar”, por ejemplo, que el “ser”. Frente al “es que yo soy así”, mucho mejor el “ahora estoy así”. Una frase acentúa el rasgo, la esencia, la fatalidad, la rigidez; la otra la fluidez, el cambio, la posibilidad. Ésta el hacer, la otra el ser. El hacer construye el ser, pero no al revés.

Puestos a construir un sentimiento colectivo de pertenencia, en lugar de irse por los cerros de las “esencias patrias”, me parece mucho mejor el aceptar el reto de hacer, de conseguir, de sostener lo que ahora queremos alcanzar y ser. Esto tiene una dimensión política que, en nuestro caso, se relaciona con la idea moderna de España y lo español. También del idioma común, el español, equívocamente llamada castellano, que es algo así como si al italiano lo llamáramos toscano. Lo aclararé otro día.
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