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lunes, 2 de junio de 2008

EN QUÉ SE PARECE EL LIBRO AL LADRILLO

(Foto: M. Lemos)

1) En que físicamente tienen una forma y un tamaño parecidos.

2) En que con ambos se construyen casas, edificios: un hábitat espacial y un hábitat mental.

3) En que los edificios que se pueden construir con ladrillos o con libros pueden ser de muchos tamaños y cumplir muchas funciones: casas pequeñas y acogedoras, aisladas, altas torres más o menos gemelas, palacios suntuosos y hasta iglesias y templos; para sobrevivir o para el puro disfrute; elegantes o toscos, etc.

4) Los libros, como las construcciones, nos remiten al tiempo y modo de pensar y vivir de quienes los escribieron y leyeron. Pocos libros resisten el paso y la erosión del tiempo.

5) En que decimos “es un ladrillo”, para referirnos a un libro pesado, en los dos sentidos: porque “pesa” (libro grueso) y porque nos “pesa” leerlo (nos aburre, deprime o produce pesar).

6) En que las empresas editoriales se parecen hoy cada vez más a las constructoras e inmobiliarias: editar mucho, vender más y obtener el máximo de beneficios en el menor tiempo posible.

7) En que, lo mismo que las constructoras del ladrillo, invaden todos los espacios culturales con su mercancía, recalifican el terreno cultural de ayuntamientos y ministerios, copan los medios de información y propaganda y buscan el “pelotazo” de un betseller a toda costa y coste.

8) En que, lo mismo que el ladrillo ha degradado el paisaje, el medio natural y la costa, los libros también contaminan, y en dos sentidos: porque la pasta de papel y la química de las tintas son de las industrias más agresivamente contaminantes, y porque la publicación indiscriminada de todo tipo de libros intoxica el ambiente, la cultura y el aire que respira la población lectora de un país.

9) En que el ritmo de publicaciones de nuestro país va en contra de un desarrollo cultural sostenible y sólo deseamos que, lo mismo que ha pasado con el ladrillo, entre en quiebra y se dejen de publicar verdaderas estupideces en pasta dura (el noventa por ciento de lo que ocupa las estanterías de las llamadas grandes superficies), y se promocione la verdadera literatura, el pensamiento crítico, la creación poética, la ciencia iluminadora, el estudio ameno y riguroso.

Que prosiga el lector con las comparaciones. Para inspirarse, puede dar una vuelta por la Feria del Retiro de Madrid.
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