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sábado, 7 de junio de 2008

ZORRO CON BOCADILLO Y MANZANA EN LA BOCA

(Foto: S.Trancón)
Hoy he visto a un zorro con un bocadillo y una manzana en la boca. Caminaba con el bocadillo atravesado en sus fauces, al mismo tiempo que cogía una manzana con los dientes de su hocico. Para colmo, el bocadillo iba metido en una bolsa de papel blanco. La baguette asomaba por un lado. Lo habíamos visto media hora antes por una ladera de la montaña, caminando en línea recta entre unos robustos castaños. Nos sorprendió y alegró mucho descubrirlo. No siempre se ve a un zorro, uno de los animales más huidizos, al menos hasta ahora. Especulamos sobre qué comería: culebras, pájaros, algún conejo… incluso ranas. Habían empezado a croar en un gran estanque del bosque de la Herrería, en el Escorial, por donde caminábamos. Ya de regreso, al dar la vuelta a un recodo, lo vemos venir por un lado de la carretera. Y traía aquello atrapado entre los dientes. Se paró, alzó la cabeza, nos pusimos con el cuerpo ladeado, sin encararlo, quietos, y continuó su camino. Pasó a nuestro lado y se adentró por una senda hacia la espesura. Era de color marrón claro, con altas orejas y una cola peluda. Tenía una mirada limpia y serena.

¿A quién le había robado la merienda? No vimos a nadie por los alrededores. Estaba claro que había olido aquel bocata desde kilómetros y con la mayor astucia y sigilo se lo había llevado a la boca. ¿Dónde lo encontró? No hay por allí papeleras ni bolsas de basura. ¿Por qué, además, se llevaba también una manzana, colocada en su hocico como la nariz de un payaso? ¿Para equilibrar la dieta?

Soy consciente de que pensarás que me lo estoy inventando sobre la marcha. Pero no, es rigurosamente cierto. ¿Es un signo de decadencia, esto de ver a un zorro tan urbano? No sé, quizás simplemente sea señal del desconcierto de los animales llamados salvajes, cada día más obligados a sobrevivir en medios para ellos extraños. Como esos buitres que empiezan a sobrevolar Madrid. Yo ya los he visto, y no son, tampoco, una leyenda urbana. Que sobrevolaran Bagdad no me extrañaría, ¿pero Madrid? Pues sí. Ya dijo el poeta, hace muchos años, que Madrid era una ciudad de un millón de cadáveres. A lo mejor es por eso.
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