Follow by Email

PINCHA SOBRE ESTA IMAGEN PARA VER VÍDEO (Booktralier)

PINCHA SOBRE ESTA IMAGEN PARA VER VÍDEO (Booktralier)
Puedes adquirir el libro enviando un mensaje a huellasjudias@gmail.com

sábado, 28 de junio de 2008

¿POR QUÉ LLAMAR CASTELLANO AL ESPAÑOL? (II)

(Foto: S. Trancón)


¿Español o castellano? Los nacionalistas dicen: español no, porque eso supone excluir a las otras lenguas (catalán, vasco, gallego), que también son españolas. A primera vista parece un argumento muy integrador, acorde con eso de la España plural. Pero veamos:

1) Resulta sospechoso que quienes basan toda su acción política en diferenciarse lingüísticamente de España reivindiquen que su lengua es también española. Parece que aquí hay gato encerrado.
2) Resulta incoherente reivindicar en este caso un adjetivo cuando se niega el sustantivo, España, cuyo término se ha sustituido por el de “estado español” hasta en contextos inverosímiles.
3) ¿Por qué se supone que llamar español a nuestra lengua es negar algo a las otras lenguas, excluirlas o no considerarlas? Al decir español yo no voy en contra de nada ni de nadie, sino que trato de usar la palabra más apropiada para referirme a un hecho, una realidad lingüística al margen de toda connotación política o ideológica. Presuponer lo contrario es un ejercicio malévolo o paranoico.

Enfoquémoslo desde el otro lado. ¿Hay alguna razón de peso para llamar castellano al español? ¿Porque nació en Castilla? Veamos de nuevo:

1) Todas las lenguas han surgido en zonas geográficas concretas. Unas pocas, por razones históricas, lingüísticas y políticas (todo a la vez, no por una sola razón) iniciaron un desarrollo que dejó atrás su origen territorial para extenderse y hasta universalizarse, convirtiéndose en un idioma nacional o transnacional. El español surgió del castellano, pero muy pronto se convirtió en la lengua de la mayoría de los hablantes de la nación-estado llamada España. Es un hecho, no un supuesto. Este hecho llevó consigo la desaparición natural de unas lenguas y la pervivencia también natural de otras. Y lo mismo que aquí en todo el mundo, y a lo largo de toda la historia, desde el latín al francés o el alemán.
2) La mayoría de estas lenguas, al convertirse en nacionales, pierden su nombre originario para asumir la nueva realidad lingüística. El francés no se llama franciano ni parisino, ni el italiano toscano, ni el catalán barcelonés. ¿Por qué ir contra la historia y la realidad y llamar castellano al español?
3) Volvemos a las razones políticas. Para defender su lengua, los nacionalistas se ven empujados a diferenciarse del español, a limitarlo, a reducir su dimensión territorial y su importancia lingüística, cultural y política. Necesitan también, y consecuentemente, deslegitimarlo, desprestigiarlo como lengua común, útil y también necesaria para la cohesión política de España. Si le llamamos castellano estamos diciendo, de paso, que no es la lengua de Cataluña, ni la de Galicia, ni la del País Vasco, etc. y que, por tanto, no existe una lengua común, sino simplemente un Estado constituido por varias naciones y que, como tal, puede dejar de serlo en cualquier momento.

Vienen a cuento todas estas reflexiones a propósito de ese “Manifiesto por la lengua común” que estos días ha vuelto a poner de relieve el lío en que nos hemos metido y nos hemos ido dejando meter, cediendo en el uso de determinadas palabras.
(Proseguiré)
Publicar un comentario