MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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lunes, 8 de agosto de 2011

SER REALES, ESTAR PRESENTES

(Foto: Ángela Trancón Galisteo)

No hay tiempo, sólo hay ahora. El tiempo es una construcción imaginaria, una ilusión.
No hay espacio, sólo hay aquí. El espacio es una construcción imaginaria, una ilusión.
El tiempo y el espacio no son más que el pensamiento del tiempo y del espacio.
Ni el ahora ni el aquí tienen límites: no pueden medirse.
Sólo existe lo que existe aquí y ahora. Sólo lo que existe aquí y ahora es real.
El pasado y el futuro no existen, sólo son imaginarios. No puedo hacer nada luego ni antes ni en otro lugar que no sea aquí. Todo lo que puedo hacer sólo lo puedo hacer aquí y ahora.
Si no hay tiempo no hay continuidad. Si no hay espacio no hay solidez. La continuidad y la solidez son construcciones mentales, imaginarias.

Vivimos sumergidos en el espacio, absorbidos por el tiempo, preocupados por la continuidad y atrapados en la solidez. Vivimos en la mente, o sea, dentro de las imágenes mentales que hemos construido de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Las construcciones de nuestra mente absorben toda nuestra energía y atención.
Las imágenes son reales en nuestro cerebro, pero el contenido de esas imágenes no es real fuera de él. Esto significa que hemos quedado encerrados, encapsulados en un mundo interior imaginario.
Este mundo imaginario, sin embargo, no se sostendría ni tendría permanencia ni continuidad si no fuera al mismo tiempo sostenido, alimentado y reforzado por la actividad mental de los demás. Entre todos construimos el mundo imaginario en que vivimos. Ese es nuestro poder, pero también nuestra limitación y nuestra cárcel.

Para romper esta limitación, el primer paso es tomar conciencia de la trampa, de la ilusión, de la absorción en nosotros mismos, en la actividad interna de nuestro cerebro. Luego, comprender que todo cuanto vemos y pensamos es de naturaleza imaginaria y, por tanto, no tiene ni solidez ni continuidad, ni duración, ni extensión. Que todos estos conceptos son, como diría Espinosa, “entes de razón” y “entes de la imaginación”; no atributos de la realidad, sino la forma como tiene nuestra mente y nuestra imaginación de construir la realidad que nos rodea.

Que no hay tiempo, ni espacio, ni continuidad, ni extensión, ni duración, ni permanencia, ni solidez, sino sólo energía y conciencia, es algo que comprobamos al observar el contenido último de la realidad, lo que hay más allá del átomo, o sea, la realidad subatómica. La física cuántica ha tratado de explicarlo a partir de la observación de esa realidad cuántica. No se trata, por tanto, de una ocurrencia más o menos original, por más que sea una evidencia anti-intuitiva y contraria a lo que elaboran nuestros sentidos.

La sensación de que no somos reales, de que vivimos dormidos, de que somos incapaces de estar en el presente, nace de la “irrealidad” de esas construcciones de nuestro cerebro en las que hemos quedado atrapados. Paradójicamente, lo que hemos construido como sólido, continuo, permanente y duradero (incluido nuestro yo), no nos da la sensación de ser verdaderamente reales, no nos otorga la claridad ni la conciencia de ser y existir realmente. Una prueba de ello es que es que no nos creemos que realmente vamos a morir de verdad, de una vez y para siempre.
Sólo tratando de eliminar de nuestra mente el tiempo, el espacio, la solidez y la continuidad, podemos abrir una pequeña puerta por la que entre otra luz, otra claridad, otra sensación de realidad. Cuando se diluyen los límites del mundo, del espacio, del tiempo y la solidez, el mundo se vuelve más real y transparente.

En estas fechas, libres de horarios, obligaciones y rutinas, es más fácil intentar vivir esta experiencia de discontinuidad, de parar el tiempo, de diluir la solidez, de elevar la conciencia de ser, de sentirnos más reales y presentes. Lo más difícil, y lo más necesario para vivir esta estimulante experiencia, es liberarnos de la presión de los demás, de esa fuerza gravitatoria que nos amalgama con la mente de los otros, hasta el punto de creer que no existe más mundo que ese que construimos y mantenemos en nuestro cerebro.
Sólo liberando la energía y la atención que queda atrapada y absorbida por esa construcción e interpretación mental y social del mundo, a la que llamamos realidad, podremos atisbar un poco de la auténtica realidad y esencia del mundo y de nosotros mismos, eso que está más allá de la realidad mental e imaginaria en que vivimos (y malvivimos).

miércoles, 3 de agosto de 2011

LA PRIMA Y ELPRIMO DE RIESGO

El lenguaje se adapta a los cambios sociales, modifica los significados. “Los mercados”, por ejemplo, no son ya los lugares donde vamos a comprar verdura, carne o pescado. Tampoco son el mercado en general, o sea, la actividad de compra-venta de productos siguiendo la ley de la oferta y la demanda. Los mercados son hoy, por antonomasia, los “mercados financieros”, o sea, la compra-venta de dinero. El dinero se ha convertido en el gran tema (y en el gran problema).

Todo empezó cuando los bancos (¡de pronto!) se quedaron sin dinero, porque(¡supuestamente!) los deudores no podían devolverlo con los intereses pactados. A esto se le llamó descapitalización (no especulación y mala gestión) y se identificó con el apocalipsis: si los bancos quiebran, todo se viene abajo, empezando por nuestros ahorros. Así se nos asustó para justificar que el dinero público acudiera a salvar a la banca (o sea, a los bancos). Se hizo porque los Estados (¡se suponía!) tenían dinero suficiente y sobrante para “sanear” los bancos. Era de interés público, única forma de evitar el colapso financiero, lo que (¿a nadie?) convenía.

Pero aquí empezó el segundo problema: los que se quedaron sin dinero fueron los Estados, quienes, para no entrar en quiebra, pidieron a su vez dinero a los bancos. Lo pidieron emitiendo deuda (bonos), o sea, vendiendo dinero futuro para comprar dinero presente. Los que prestan dinero, o sea, los grandes bancos y agencias de inversión (que son casi lo mismo), imponen entonces sus condiciones: yo te presto dinero al interés que a mí me da la gana, calculado esto en función del riesgo que tengo de que no me lo devuelvas. ¿Y cómo calculas tú, oh mercado, ese riesgo? Tengo mis agencias de calificación que estudian tu economía, tu déficit, tus gastos e ingresos, y hacen un diagnóstico, un augurio, un vaticinio.

La pregunta más elemental es: ¿Y cómo sé yo que no me engañas, que no elaboras los informes, las calificaciones que a ti te convienen para presionarme y chantajearme y hacer que yo te dé más y más dinero por el dinero que me prestas? La diferencia de un punto en los intereses supone un beneficio astronómico. Si nos prestan 1000 millones a 10 años al 6%, por ejemplo, eso supone que hemos de devolver cada año por intereses 60 millones. Al cabo de 10 años (además de recuperar sus 1000 millones) el prestamista habrá ganado 600 millones limpios. ¡Menudo negocio! Pero eso en España. (Si pone esos 1000 millones en Grecia, el inversor se embolsará 1800 millones de beneficio). ¡Pero estamos hablando de refinanciar, este año, 170.000 millones de euros!

Todo esto es, evidentemente, un juego macabro, pues si yo no voy a poder pagar una deuda, cuanto más intereses tenga que pagar por ella más difícil va a ser que la pueda saldar o devolver. Lo lógico sería, para asegurar la devolución, bajar los intereses, no subirlos.
Como se ve, es un camino sin retorno, porque con más deudas, menos posibilidades de que los bancos presten dinero para la actividad económica, además de venderlo más caro. Con menos actividad menos ingresos del Estado, así que la quiebra se avecina. ¿Pero no es esto, quizás, lo que se busca? Aquí está el meollo de la cuestión, porque entonces Europa vendría a rescatarnos, o sea, que entonces serían todos los Estados los que asumirían el riesgo y no los inversores y nosotros todavía más endeudados.

Así que la prima de riesgo es un buen invento para que hagamos el primo. Sin primo no hay prima. Pero lo más repugnante de todo este vomitivo cambalache financiero es que el dinero como tal, el dinero real que representa a una economía real, ese dinero no tiene ninguna importancia, ningún valor, porque todo este monstruoso sistema se asienta sobre el dinero virtual, sobre números, sobre hipotéticos valores, sobre cuentas que circulan por ordenadores y viven en un mundo aparte, un mundo autónomo, imaginario, pura alucinación. Su relación con la economía real no es más que hipotética, basada siempre en supuestos y cálculos generales.
Vivimos en un mundo delirante, en el que el dinero virtual, su movimiento y acumulación, no depende más que de factores subjetivos, de la confianza, el riesgo, las valoraciones interesadas, los vaticinios, los rituales diarios que los brujos y hechiceros hacen cada día en la bolsa, el mercado de deuda, los informes de las agencias, todo el teatro montado para que los más poderosos sigan imponiendo sus normas, sus equilibrios de poder, sus recortes, sus sistemas de contratación, sus márgenes de beneficios, sus condiciones laborales, su todo.

Es virtual porque con él se puede seguir especulando hasta el infinito: vendiendo y revendiendo bonos (que no son más que dinero hipotético), se van aumentando los beneficios, que a su vez marcan el precio de los futuros bonos. Existen por sí mismos y para sí mismos, son agencias de inversión que pueden cambiar miles de millones de un lugar a otro en un segundo.

Mientras tanto, ¿qué pasa en el mundo real? Paro y sobrexplotación, que van unidos. Ganar menos y trabajar más. ¿Objetivo? No menos Estado, sino menos educación, sanidad, jubilaciones y servicios públicos, y más privados. No un Estado más eficaz, sino un Estado más al servicio de bancos, empresas y mercados financieros internacionales. No menos guerras, sino guerras bajo control, allí donde y hasta donde y cuando interesen. No más democracia, sino una democracia más manipulada, corrupta, disgregadora e impotente. No más seguridad, sino más miedo. Así hasta que el juego se vaya de las manos y suceda lo impredecible, pero muy probable: un verdadero caos. Y ya sabemos cómo solemos acabar con el caos. En el siglo XX lo hicimos muy bien. En Europa, dos grandes guerras y más 60 millones de muertos.

martes, 26 de julio de 2011

ELOGIO DEL MUNDO RURAL TRADICIONAL

(Foto: Raúl Esteban) "Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron por nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella ventusosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío" (I. XI).






Así empieza el discurso de don Quijote a los cabreros, que, por cierto, no viven en la Mancha, sino entre "altas montañas", donde hay pastores enamorados como Grisóstomo, que muere de amor por el desdén de la hermosa Marcela. Sus amigos, para asistir al entierro, se coronan la frente con guirnaldas de "tejo" o "ciprés", y cada uno lleva "un grueso bastón de acebo en la mano". Árboles, como se ve, nada manchegos. Es llamativo cómo los cervantistas se han tomado al pie de la letra las referencias manchegas y han ignorado todos los datos que nada tienen que ver con la Mancha, como son estos parajes montañeses, cercanos al "lugar" de cuyo nombre no quiere acordarse Cervantes.



Hace poco un amigo, Paco Rodríguez, me envió un enlace (que no logro copiar aquí) en el que se analiza el mundo rural tradicional por parte de Félix Rodrigo. Me pareció de sumo interés. Contiene un conjunto de polémicas afirmaciones que, por radicales, resultarán escandalosas para muchos. Tienen que ver con esa "edad dorada" a la que don Quijote considera "dichosa": la del mundo rural tradicional, hoy totalmente desaparecido, proceso de destrucción que precisamente comenzó ya antes de Cervantes (con la derrota de los comuneros) y que llevó a cabo de modo decidido la llamada revolución liberal. El franquismo le dio la puntilla con sus planes de desarrollo.



Félix Rodrigo pone del revés la historia que nos han contado, demostrando cómo el Estado nació para destruir esa sociedad rural, imponiendo sus normas y valores. Se atacó sistemáticamente a un modelo económico y social que se basaba en la defensa de la propiedad comunal, el concejo, el trueque, el igualitarismo y una relación equilibrada con la naturaleza. La industrialización, el carlismo, la guerra civil y hasta el maquis adquieren, desde esta perpspectiva, una interpretación nueva que merece ser pensada y discutida.



Lejos de cualquier idealización, el discurso atrevido de Félix Rodrigo defiende una verdad que nos obliga a reescribir gran parte de la historia que nos han contado, llena de mentiras, engaños y tergiversaciones insostenibles. La vida rural española, especialmente la del noroeste, basada en un modelo comunal, no era ni pobre, ni atrasada, ni los campesinos ignorantes, brutos y torpes, tal y como intelectuales, liberales ilustrados, progresistas y jacobinos nos han repetido con engreído desprecio e ignorancia. Ni la cultura española, ni la enorme riqueza de nuestra lengua y literatura hubieran sido posibles sin esa pujanza de la cultura rural.
Basta consultar los informes del Marqués de Ensenada para comprender que esa imagen del atraso y la ignorancia nada tienen que ver con la España del siglo XVIII, por ejemplo.



Quienes todavía conocimos parte de esa vida rural tradicional comprendemos bien la nostalgia de don Quijote. Tampoco nos extrañan las palabras de Marcela, la bella pastora que vivía en las Montañas de León: "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos" (I.XV). El modelo patriarcal en el que actualmente vivimos tiene mucho más que ver con el código civil napoleónico, mal llamado liberal y progresista, que con la sociedad rural tradicional. Lástima que la Iglesia, con su control de las conciencias, y la monarquía,que acabará imponiendo el Estado, lastraran las posibilidades de ese modelo rural. Hoy viviríamos en un mundo totalmente distinto.


























sábado, 16 de julio de 2011

EL ARTE DE MEDITAR

(Foto: Ángela Trancón Galisteo)

Algunos se arman mucho lío con esto de la meditación. Han oído hablar de sus beneficios (contra el estrés, la enfermedad, la depresión...) Pero, ¿en qué consiste?

Pues simplemente en concentrarse serenamente, y sin hacer ningún sobresfuerzo, en alguna idea nueva, atractiva, sugerente. Una idea que, por sí sola, obligue a nuestro cerebro a modificar su ritmo acelerado por otro más pausado. De forma natural, la respiración se hace también más lenta.

Meditar es pensar en algo en lo que nunca habíamos pensado antes. Se produce cierta sensación de descubrimiento, de caer la cuenta de algo en lo que antes no habíamos reparado. Fisiológicamente se produce un cambio en el movimiento ocular, que se hace más sincronizado y suave. La mirada se vuelve más vaga o difusa y, por el contrario, si nos fijamos, los objetos que nos rodean se ven más nítidos y presentes.

Se puede meditar sobre conceptos e ideas muy abstractas, generales y profundas, o sobre palabras o imágenes sencillas.

Por ejemplo: El universo existe por sí mismo, no necesita de ninguna causa externa que lo cree, él es la causa inmanente de sí mismo. El universo no es el resultado de ninguna creación, sino emanación de su propia naturaleza. El universo es infinito, eterno, impersonal, perfecto y absolutamente consciente de sí mismo. Son ideas de Benito Espinosa.

Pero también: “Concepto” viene de “concebir”. La concepción consiste en la unión de dos sustancias vitales: algo de mí se une con algo de fuera. Pensar es concebir ideas nuevas. Hay ideas que nacen muertas y otras que nos vivifican. Hay que engendrar dentro de nosotros ideas fecundas. Para ello hay que tener “pasión” y “amor” por el conocimiento. Enamorarse de los conceptos claros y las ideas bellas.

No se puede meditar sin sentir. La energía que nos mueve y da vida es siempre una energía erótica. Por eso el verano es buen tiempo para meditar.

domingo, 10 de julio de 2011

ENTRE ESPINOSA Y EL LAMA GESHE LOBSANG DHONDEN

(Foto: Ángela Trancón Galisteo)

Me refiero al filósofo de origen judeoespañol Baruj Spinoza, que debiéramos llamar Benito de Espinosa, porque provenía de un pueblecito de Burgos (Espinosa de los Monteros, o quizás de Espinosa de Cervera, o incluso de Espinosa de los Caballeros, en Ávila, cuya familia tuvo que huir a Portugal y de ahí pasó a Holanda). Espinosa es seguramente el más importante filósofo moderno, cuya influencia abrió el pensamiento a la ciencia y a una nueva espiritualidad, libre de los dogmas religiosos.

Ha coincidido mi lectura de Espinosa con una visita del lama Geshe Lobsang Dhonden a Madrid, al que he tenido la fortuna de conocer personalmente. Sin proponérmelo, las ideas de Espinosa se han mezclado con las del budismo sereno y lúcido de Lobsang, y de ahí nace este breve hilvanado de ideas, pues pensar no es otra cosa que relacionar o establecer lazos entre palabras y pensamientos que antes han permanecido separados.

Dice Espinosa: “Nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos”. Cualquier idea del bien y el mal, por tanto, pertenece a la esfera de lo humano, no es un atributo de la naturaleza en sí, sino que tiene que ver con nuestras necesidades. La necesidad primera de todo es la de permanecer o perseverar en el ser.

Todo lo que hacemos está determinado por nuestra naturaleza. Libertad y determinismo no son incompatibles. Libertad es conocimiento y aceptación, no la capacidad para hacer cualquier cosa o de cualquier modo. Cuando acepto la necesidad y mejor conozco los determinantes de mi conducta, mayor libertad alcanzo, mayor control de mí mismo.

Espinosa se opone a cualquier idea metafísica de la libertad o la voluntad. Dice, por ejemplo, que “ningún afecto puede ser reprimido a no ser por un afecto más fuerte que el que se desea reprimir, y contrario a él”. Sabia afirmación que va contra todo voluntarismo inútil o contra todas las terapias basadas en la omnipotencia de la mente o el esfuerzo.

No distingue Espinosa entre Dios y la Naturaleza. El Universo no es una creación divina, sino algo inmanente a la Substancia. Tampoco separa el cuerpo y el alma: son dos modos de una misma sustancia.

Cuando escuché a Lobsang Dhonden me di cuenta de la cercanía de las ideas del budismo con las de Espinosa. Hemos de aceptar que en nosotros hay un dualismo básico: sufrimiento y felicidad, tristeza y alegría, confusión y claridad. Nuestra libertad consiste en ir haciendo que disminuya el polo del sufrimiento y lo negativo, e ir elevando el de la claridad y lo positivo. No podemos destruir ni combatir el mal, el dolor o la confusión, directamente, sino acentuando todo lo contrario: enfocándonos en lo positivo, la alegría y la claridad.

Este es el camino que nos conduce al Buda, que no es ni un Dios ni un Semidiós (el budismo no es una religión, sino una filosofía de vida), sino el estado de perfección e iluminación.

Desde el budismo se entiende mejor esa afirmación de Espinosa: La Substancia (o sea, Deux sive Natura, lo que existe por sí y para sí, uno, único, eterno e infinito) “existe por el infinito gozo de existir. Y aquello de que “el amor intelectual a Dios”, o sea, la unión de la mente con la Naturaleza, es la aspiración última del hombre, la fuente de su mayor felicidad.

sábado, 2 de julio de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, UN JUDÍO LEONÉS (III)

(Foto: J.Carlos Muñoz)


Parece claro que Cervantes quiso intencionadamente dejar en la oscuridad los datos más importantes de su vida, como su lugar de nacimiento, su origen judío, dónde vivió de niño, dónde estudió y a qué se dedicó la mayor parte de su vida. Durante 20 años dice que dejó de escribir porque tuvo “otras cosas en que ocuparse”. Borró conscientemente su historia personal. Así que todo lo que digamos sobre su vida será en gran parte suposición o invención.

Pero, ¿por qué Cervantes es tan reservado, por qué deja tan pocas huellas de su biografía en sus escritos? Yo creo que por prudencia, para eludir el ojo vigilante de la Inquisición; pero también porque fue consciente de que la obra está por encima del autor. En contra de lo que hoy exige el mercado literario, el autor no es lo importante. La novela se basa en primer lugar en el narrador, y es aquí donde Cervantes indaga, inventa y crea un modelo que aún no ha sido superado. El narrador no es el autor material del texto, sino su autor ficticio.

Para distanciarlo del autor real, Cervantes en el Quijote dota a ese narrador ficticio de una pluralidad de voces a las que llama “autores” hasta el capítulo IX, cuando se inventa el hallazgo de los papeles y cartapacios que ha escrito Cide Hamete Benengeli para atribuirle a él el resto de la historia de don Quijote.

Lo primero que sorprende es cómo se borra y difumina la voz y la presencia del autor-narrador, como si Cervantes quisiera evitar desde el comienzo que se atribuyera a él como persona o autor real, la historia de don Quijote. ¿Prevención ante la posible censura? Sin duda, pero también recurso literario para dar verosimilitud a su relato. Su “cuento” (así lo llama varias veces) es una “historia verdadera”. Ironía, pero también intencionada ambigüedad.

Comienza la narración en primera persona, “no quiero acordarme”, pero pronto este narrador pasa a la sombra y nos vamos enterando de que lo que cuenta lo toma de “otros autores”, de “los anales y archivos de la Mancha”, y que él es el “segundo autor”. No se considera el verdadero autor del texto, sobre todo desde que sustituye su voz por la de Cide Hamete Benengeli.

Estos cambios y tanteos indican que Cervantes estaba buscando un narrador ajeno a su persona desde el comienzo y sólo a partir del capítulo IX encuentra una fórmula eficaz al crear un intermediario, verosímil pero lo suficientemente “manipulable”, el autor arábigo manchego Cide Hamete, lo que le permite dar más verosimilitud a su historia, diferenciándola de las fantasías de los libros de caballerías y las novelas pastoriles. El narrador-autor inicial aparecerá cuando sea necesario, creando una multiplicidad de niveles narrativos que transforman el relato, paradójicamente, en mucho más real y verdadero.

Pero hay más. Es el propio don Quijote quien contribuye también a crear ese narrador-historiador que cuenta su vida: “Cuando salga a la luz la verdadera historia de mis famosos hechos, el sabio que los escribiere… (…) ¡Oh tú, sabio encantador, quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser cronista de esta peregrina historia!”, nos dice ya en el capítulo II. Así que la vida del personaje don Quijote es inseparable de su conciencia histórico-literaria; nace o sucede para ser contada.

La invención del hallazgo del manuscrito merece un comentario. Cervantes dice que lo encuentra en “el Alcaná de Toledo”. Alcaná (palabra hebrea) significa mercado, y se refiere al de la judería nueva, donde un muchacho le enseña unos cartapacios a un “sedero” (vendedor de telas de seda). La curiosidad de Cervantes, que lee “hasta los papeles rotos de las calles”, le lleva a interesarse y comprueba que esos papeles están escritos en “arábigo” (no en árabe), o sea, con caracteres árabes, aljamiado. Necesita que alguien se los lea. Enseguida encuentra a un “morisco aljamiado”, y comenta: “No fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara”. Se refiere a la hebrea, a la que considera “mejor y más antigua” que el árabe, algo que también nos da una pista sobre el origen judío de Cervantes.

Al ver que en una acotación se habla de “Dulcinea del Toboso” dice, “quedé atónito y suspenso”, y más aún al comprobar el título: “Historia de Don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo”. Se salta al sedero e inmediatamente le compra los cartapacios al muchacho y se lleva al morisco a su casa, que en mes y medio le “traduce” todo. Pero nos explica además que la historia va ilustrada con dibujos, entre los que aparece “Sancho Zancas”, llamado así porque tenía “las zancas largas” (así que no era paticorto), pero sí “barriga grande”, por lo que llevaba el sobrenombre de “Panza”.

Cervantes se sitúa frente a la historia de don Quijote como mero intermediario, pues asegura que ya ha sido escrita e ilustrada previamente. Quiere crear una “invención verdadera”, para lo cual él mismo se borra como autor. ¿Lo logra?

Es aquí donde entra la posibilidad de investigar e interpretar el texto para descubrir huellas ocultas. Cervantes domina un juego muy propio de conversos: decir y no decir, ocultar bajo nombres inventados los nombres verdaderos, trasladar los hechos de un lugar a otro, no dar demasiadas pistas sobres sus intenciones y cubrirlas con la capa de la ironía y la burla. Así, podemos descubrir que detrás de “Hamete Benengeli” se encuentra su propio nombre. “Hamete” viene de Hamed, y éste se relaciona con “Mi-ka-el” (Miguel). “Benengeli” no alude a “berenjena”, como piensa Sancho, sino a “Ibn al-ayyid”, que significa “hijo del ciervo”, o sea, “Cervantes”. Todo este juego con los nombres y las papabras se entiende muy bien si comprendemos la mentalidad judía y su “método” talmúdico, que desentraña palabras y letras con un afán de cirujano o arqueólogo.

(Seguiré, que todavía tengo mucho que contar)

viernes, 24 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE "MEMORIAS DE UN JUDÍO SEFARDÍ" EN MADRID






EL PRÓXIMO DÍA 28 DE JUNIO PRESENTO ESTE LIBRO. ADEMÁS DE INTERVENCIONES Y COLOQUIO HABRÁ UN CONCIERTO DE CIMBAL Y GUITARRA DE MÚSICA SEFARDÍ Y DE FLAMENCO A CARGO DE DAN KOFLER-DINO DEL MONTE.
SERÁ EN LA UNIVERSIDAD SAN PABLO (CEU) en la calle JULIÁN ROMEA 23, de Madrid, A LAS 20:00 h.


domingo, 19 de junio de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, UN JUDÍO LEONÉS (II)

(Foto: S. Trancón)

Cervantes dice que “el tiempo descubridor de todas las cosas no se deja ninguna que no saque a la luz del sol aunque esté escondida en los senos de la tierra”. Quizá ese tiempo descubridor esté empezando a sacar a la luz los orígenes de nuestro autor. Sigo a César Brandariz en la exposición de algunos argumentos que avalan mi afirmación de que Miguel de Cervantes fue un escritor leonés de origen judío, a los que añado mi interpretación.

1)Está probado que su año de nacimiento no fue 1547 sino 1549. Así lo afirma su primer biógrafo, Mayáns i Císcar, y el propio Cervantes en el prólogo a las Novelas Ejemplares. La partida de nacimiento de Alcalá de Henares es manifiestamente falsa, y se refiere a otro Cerbantes Cortinas, pariente de nuestro autor, pero no a Miguel de Cervantes Saavedra, que jamás firmó como Cortinas. Si no nació en Alcalá habrá que buscar otro lugar de origen más verosímil. Los contemporáneos no sabían de dónde era. Lope de Vega dice que era de Madrid. Él nunca quiso revelarlo. ¿Por qué lo ocultó?

2)En el Quijote dice Sancho: “Yo he visto a muchos tomar el apellido y alcurnia del lugar donde nacieron, llamándose Pedro de Alcalá, Juan de Úbeda y Diego de Valladolid”. Enuncia aquí la costumbre de tomar el apellido del lugar de origen, especialmente común entre los judíos y conversos. No parece aventurado el suponer que los apellidos Cervantes y Saavedra tengan ese origen, más aún cuando existen “lugares” (aldeas) con ese mismo nombre en las “Montañas de León”, donde Cervantes sitúa el origen de dos personajes “autobiográficos”, el Damon de la Galatea, y el Cautivo de el Quijote. En toda su obra, en cambio, no aparece nada que aluda a su posible origen alcalaíno.

3)En toda su obra, y no sólo en el Quijote, las referencias a la vegetación, los animales, el paisaje, instrumentos musicales, costumbres, personajes y lugares, están más relacionadas con la zona del Noroeste que con cualquier otra. Así se habla no sólo de espesos bosques de encinas y robles, sino de hayas, castaños, acebos, alcornoques, tejos, prados, riscos, peñas, sierras, valles, cascadas, fuentes, arroyos, truchas, majadas, cabreros, pastores, arrieros, peregrinos, zanfonas, rabeles, gaitas zamoranas, bueyes y jacas galicianas, mastines, etc. Parece raro que nunca se quejen Sancho ni don Quijote del calor ni de la sed, ni de la falta de pasto para sus caballerías. Todo esto encaja más en la zona de las Montañas de León. La Mancha cervantina se parece más a los Campos Góticos (la Tierra de Campos) que a cualquier otro paisaje.

4)Cervantes, sin embargo, quiso poner nombres concretos de la Mancha a los lugares por donde puso a caminar a don Quijote. Quiso hacerle, por tanto, y de algún modo, manchego. Esto es innegable, así que no vamos a discutirlo. De hecho, literariamente la figura de don Quijote y Sancho estarán para siempre ligadas al tópico del desolado paisaje manchego. Esta imagen, sin embargo, no deja de ser reduccionista y choca a cada paso con la propia narración. Hemos de aceptar que Cervantes utilizó las referencias manchegas por dos razones: una, para dar verosimilitud a su historia; otra, para encubrir los lugares reales en los que se inspiró para crear su ficción literaria. La Mancha, por tanto, es un espacio literario, más que real: es el espacio ficticio, el de los personajes de ficción. Los espacios encubiertos son, en cambio, los espacios reales en los que vivió y conoció Cervantes, ligados a su origen. Esto es coherente con su actitud precavida general (propia de un converso), empezando por el famoso “no quiero acordarme”, equivalente a “no voy a revelarlo”. Juega, por tanto, a borrar huellas, a despistar dando falsas pistas. Añadamos que gracias a esto, Cervantes exploró e inventó una serie de recursos literarios que de otro modo jamás se le hubieran seguramente ocurrido. Por eso digo que la genialidad del escritor está ligada a su condición de judío converso, y precisamente en un momento el que la Inquisición alcanzó su mayor poder de control y vigilancia sobre cuerpos, almas y haciendas.




domingo, 12 de junio de 2011

MIGUEL DE CERVANTES, UN JUDÍO LEONÉS (I)

(Foto: Manuel Lemos)


Hace ya muchos años, en una publicación de la Casa de León en Madrid, escribí la crónica de un viaje por los Ancares. Conté allí que, al pasar por el pueblo de Cervantes tuve la sospecha de que Miguel de Cervantes era oriundo de esa aldea, donde descubrí, en su cementerio, el apellido Saavedra. Entonces no había leído nada sobre esa posibilidad, pero me acordaba de las palabras del Cautivo en el Quijote: “En las Montañas de León tuvo principio mi linaje…” También afirmé entonces que lo que se hablaba por esa zona de los Ancares, no era el gallego, como todos afirman, sino una variante del antiguo leonés. Yo había vivido en Galicia, en Tuy, y también en un pueblecito de los Ancares, Prado de Paradiña, y notaba claras diferencias entre el habla de las aldeas de Pontevedra y lo que oía en el Bierzo.

El otro día, firmando en la Feria del Libro, estaba a mi lado César Brandariz firmando El hombre que “hablaba difícil”. ¿Quién era realmente Cervantes? Me lo llevé a casa y enseguida lo leí.

El libro viene a profundizar sobre lo que ya otros autores habían anunciado desde principios del siglo XX, a los que nadie ha hecho caso: que la partida encontrada en Alcalá de Henares a mediados del XVIII (además de estar manipulada) no era la de Cervantes, y que su origen había que buscarlo en Sanabria, en el pueblo de Cervantes. Manuel Ramos en los años 60 y Hermenegildo Fuentes y Leandro Rodríguez en los 70 siguieron esta pista y escribieron libros interesantes, pero a los que la falta de rigor académico ha perjudicado. César Brandariz es más objetivo y nos aporta en este libro un cúmulo de datos que ya hacen insostenible la idea de un Cervantes alcalaíno y un don Quijote manchego.

Son tan abrumadoras las evidencias sobre el origen judeoconverso de Cervantes y que su lugar de origen está en Las Montañas de León, que, más pronto que tarde, nadie se atreverá a refutarlas. ¿Necesitaremos que un estudioso alemán o americano publique un libro con esta tesis, para aceptarlo?

Los cervantistas y académicos han montado una red de intereses tan profunda, con ramificaciones políticas y turísticas tan poderosas y arraigadas, que cualquier cuestionamiento del dogma despierta una resistencia casi unánime. Ante la imposibilidad de refutar datos y argumentos, la mayoría ha optado por el silencio o los comentarios despectivos. Sin embargo, la verdad acabará imponiéndose.

Está casi probado que, en efecto, Cervantes nació en el pueblo sanabrés de Cervantes o en el otro Cervantes, el de los Ancares, de donde toma también su segundo apellido, Saavedra. Ambos Cervantes están en Las Montañas de León, un espacio geográfico llamado así por pertenecer al antiguo Reino de León, que va de Sanabria a los Ancares, pasando por la Cabrera y el Teleno.

No es sólo este origen lo que me permite consNegritaiderar a Miguel de Cervantes como un autor leonés. Creo que también lo es por el uso particular que hace del lenguaje (lleno de leonesismos, que se confunden con arcaísmos), por el ritmo de su prosa (cercana a la sintaxis y ritmos de las hablas de las Montañas de León) por el paisaje que traslada a sus novelas (nada manchego o estepario), por las modalidades fonéticas que revelan su escritura y grafías (la “x” o la “ç”, por ejemplo), por el tipo de humor (ingenio, agudeza, malicia y socarronería), por multitud de referencias a la vida rural montañesa (carros chirriantes tirados por bueyes, pastores, instrumentos musicales, nombres y apellidos, vegetación, fauna…), etc.

Ya he defendido en este bloc el origen judeoconverso de Cervantes. Ahora argumento su origen leonés. Hablo de León como un referente histórico-geográfico que correspondería más al antiguo Reino de León que a la actual provincia. Y digo que la literatura cervantina tiene mucho que ver con estas Tierras del Noroeste, con el carácter de refugio, acogida e integración de los diversos pueblos, culturas y lenguas que en este espacio confluyen: Asturias, Galicia, Portugal y Castilla.

Cervantes es el fruto de esa confluencia e integración. Las fronteras lingüísticas y culturales se diluyen en León para hacer surgir eso que podemos llamar “lo leonés”.

domingo, 29 de mayo de 2011

EL PRIMER PASO PARA UNA DEMOCRACIA REAL


El primer paso, imprescindible, para definir un proyecto de transformación real de nuestra sociedad, es realizar un análisis riguroso y un diagnóstico serio de la realidad de nuestro país. Saber qué es lo que está enfermo y qué se quiere cambiar.

He aquí una lista de lo que a mí me parece más preocupante y que define la situación peligrosa en que como nación y sociedad nos encontramos. Son meros enunciados. No sigo un orden jerárquico o de importancia.

1.-Corrupción política, económica y en todos los ámbitos (incluido el de la cultura). Llamémosla por su nombre: robo. Su extensión ha alcanzado un nivel irrespirable. Y lo peor: no parece provocar gran rechazo social.

2.-Hipertrofia legislativa y desprecio de la ley. Somos el país que más leyes produce por minuto y, al mismo tiempo, el que más incumple las leyes y las desprecia, tanto por parte de los ciudadanos como de las instituciones.

3.-Desorganización y burocratización del Estado. Somos el país más descentralizado de Europa, pero a la vez el más desestructurado, invertebrado y burocratizado. Hay confusión, duplicidad y superposición de poderes y competencias. La mentalidad leguleya y ordenancista genera montañas de basura burocrática.

4.-Estructura del poder político anómala, paralizante y disgregadora. Los partidos políticos territoriales minoritarios (nacionalistas) tienen tanto poder o más que los partidos nacionales mayoritarios y lo usan para luchar contra el Estado y disgregar el sentimiento de unidad y cualquier proyecto nacional común.

5.-Ausencia de partidos políticos fuertes, coherentes y plenamente democráticos. Tenemos la derecha más derechista y menos liberal de Europa, carente de un verdadero proyecto nacional. Y una izquierda dividida entre un leninismo trasnochado y una socialdemocracia incoherente y débil. Todos los partidos arrastran una falta de democrática interna que se traslada a sus relaciones con la sociedad.

6.-Inexistencia de un capitalismo real. Empresarios y banqueros utilizan al Estado en su propio beneficio, realizando chantajes, imponiendo leyes, forzando decisiones políticas y acaparando los recursos comunes. SNegritaupeditan el poder político al económico y financiero.

7.-El paro, la sobreexplotación económica, la economía sumergida, el fraude fiscal y la desigualdad de salarios (todo va unido) alcanzan niveles asfixiantes. La principal responsabilidad de esta insostenible situación recae sobre los grandes empresarios, los banqueros, los partidos políticos y los sindicatos. ¿Cuándo lo reconocerán públicamente y asumirán su culpa?

8.-Degradación ambiental y destrucción de la naturaleza. Somos el país de Europa que más ha degradado y destruido su costa y sus paisajes naturales en los últimos años.

9.- Predominio de una economía virtual, financiera y especulativa. En lugar de una economía basada en la creación de riqueza, la producción se supedita al mercado financiero, la especulación, el dinero virtual y la presión y los intereses de los grandes inversores. En esta situación ni el talento, ni la creatividad, ni el esfuerzo tienen estímulos ni recompensa alguna, abocando la sociedad a la pobreza y los conflictos sociales.

10.-Un sistema educativo desorientado y burocratizado, que no distingue entre saberes y aprendizajes básicos y accesorios. Tendencia a la ciberburocracia, ausencia de un programa educativo nacional común, etc.

11.-Politización del poder judicial. Actuación de la justicia en función de criterios políticos e ideológicos.

12.-Ausencia de un verdadero proyecto de integración territorial y nacional, de colaboración entre partidos, de una cultura creativa y dinamizadora, de innovación tecnológica, de investigación en función de las necesidades comunes.

Son muchos problemas, claro. Algunos tienen un origen histórico lejano, otros son más recientes. Muchos los hemos generado nosotros, otros son comunes a toda Europa.

Cada uno de estos problemas requiere un análisis más profundo, pero lo primero es centrar la atención sobre lo fundamental y ponerse a pensar. No se trata de elaborar un programa global, pretender arreglarlo todo y todo a la vez… Pero es imprescindible tener un proyecto, más que un programa, y extraer de él propuestas concretas. Pocas propuestas, pero claras, realistas y posibles, que vayan al corazón de los problemas.

Si el movimiento Democracia Real marcha por aquí, tendrá un largo recorrido. Si se pierde en viejos programas, estilos caducos, un lenguaje trasnochado, una forma de organización participativa del siglo pasado (y no a través de la Red), todo se irá apagando. Si no hay ideas claras, el movimiento se ahogará en su propia confusión.

La situación, sin embargo, nos empuja a todos para que esto no ocurra. Porque es posible que no estemos a punto de salir de nada, sino de hundirnos en un futuro todavía más negro, que obligará, por mera necesidad de supervivencia, a cambiar las cosas. Esperemos que de forma pacífica y democrática.


sábado, 28 de mayo de 2011

FERIA DEL LIBRO DE MADRID



POR SI ESTÁS INTERESADO ( y andas por Madrid), TE INFORMO QUE ESTARÉ ESTOS DÍAS EN LA FERIA DE MADRID FIRMANDO LAS "MEMORIAS DE UN JUDÍO SEFARDÍ"


EN LA CASETA DE CASA SEFARAD (nº 15)


31 mayo (martes) 6-8 tarde

3 junio (viernes) 6-8 de la tarde

6 de junio (lunes) 6-8 de la tarde

9 de junio (jueves) 6-9 de la tarde


EN LA CASETA DE UDL (nº 34)


5 junio (domingo) de 12-14 horas


NOTA PERSONAL


El mercado del libro es hoy especialmente difícil para los autores que no figuramos entre la pequeña élite conocida y reconocida por los grandes medios de comunicación. Publicándose casi 70.000 libros al año en nuestro país, resulta verdaderamente heroico el darse a conocer entre los posible lectores. La lucha por ocupar un espacio físico en las librerías y grandes superficies es algo que incluso se debe pagar previamente. El autor, por supuesto, es el último en esta cadena de intermediarios. En el mejor de los casos cobra un 10% al que se descuentan los correspondientes impuestos, además de añadir el ingreso en su declaración de la renta. Así que hablamos de mercado, pero no de negocio para el autor. Las nuevas editoriales, como INFOVA, tienen que luchar en medio de esta jungla. He de decir que en este caso el comportamiento de la editorial ha sido exquisito y ejemplar en todos los sentidos, algo excepcional en este mundo de pícaros y chantajistas. Como sigo pensando que lo único importante es el libro, el interés y el contenido del libro, por encima del mercado y del autor, me atrevo a hacer este esfuerzo de propaganda de estas MEMORIAS DE UN JUDÍO SEFARDÍ, aun a costa de hacerme un poco pesado, pero estoy seguro de que el posible lector no verá frustradas sus expectativas. La literatura o es vida, vida verdadera, no impostura o simple mercancía, o no es nada.



domingo, 22 de mayo de 2011

LA DEMOCRACIA REAL ES POSIBLE (Mi Manifiesto)

(Foto: Jesús Rodríguez)

El primer efecto positivo del movimiento del 15-M es que nos obliga a pensar. ¿Por qué? Porque no es fácil analizarlo, ni clasificarlo, ni valorarlo. Se resiste al encasillamiento, no encaja en los conceptos políticos y sociales al uso, invalida el prejuicio y el tópico. Pone en evidencia que las valoraciones políticas habituales se han vuelto inútiles, inservibles: ni explican ni aclaran nada.

Los cambios sociales van necesariamente unidos a una transformación de las ideas, las palabras y las actitudes. Todo junto. Por eso se necesitan ahora nuevas palabras, dar un sentido nuevo a las viejas palabras o revitalizar su sentido originario.

Lo más necio es el acudir a prejuicios y descalificaciones globales, o, por el contrario, dejarse llevar por viejos esquemas, euforias o sueños revolucionarios de tiempos pasados. De lo uno y lo otro tratan de huir quienes han promovido esta rebelión pacífica y que acertadamente han denominado “democracia real”.

Con lo de “democracia” se han quitado de encima la acusación más fácil: no se trata de un movimiento “antisistema”, “anticapitalista”, “antidemocrático”, “antiglobalización”, etc., sino DEMOCRÁTICO. Así que no proclama ninguna utopía inicial, no pretende acabar con el sistema ni la sociedad en que vivimos, un objetivo tan irreal como imposible.

Como la democracia, además, se basa en los partidos políticos, tampoco es una reacción contra la política ni contra la existencia de los partidos políticos. Así que los que van de apolíticos o antipolíticos no están dentro de este movimiento. Pero dado que los partidos actuales han perdido gran parte de su sentido y no responden a las necesidades de la mayoría, el movimiento se proclama apartidista y asindicalista. O sea, que ningún partido ni sindicato actual puede apropiarse de él ni intentar representarlo ni manipularlo.

Se añade lo de REAL. “Real” es un adjetivo impreciso, pero no tanto como para que no lo podamos entender en su sentido más evidente: se pide una democracia real porque la actual no es real; o lo que es lo mismo: es en gran parte irreal, falsa, aparente.

Al exigir que la democracia sea real lo que se está poniendo de manifiesto es:

-Que la democracia actual se ha convertido en un engaño.

-Que los mecanismos básicos en los que se decide la organización social y el poder no son realmente democráticos porque están fuera del control de la mayoría.

-Que la democracia actual, tal y como está organizada, no responde a los intereses de la mayoría y carece de mecanismos eficaces para canalizar, expresar y hacer efectiva la voluntad y la opinión de la mayoría.

-Que es necesario reformar el actual sistema representativo para hacerlo más democrático.

Hemos de analizar, por tanto, cómo funciona hoy la democracia, cuáles son sus límites, sus errores, sus vicios, sus corruptelas, falsedades y manipulaciones. La discusión debe llevar a revisar y cambiar todo lo que no funciona:

1) La organización, financiación y funcionamiento de los partidos. Los partidos dominantes están hoy lastrados ideológicamente por hábitos leninistas (izquierda), actitudes fascistas (la derecha), la burocracia (todos), la lucha interna (selección, no de los mejores, sino de los que se especializan en la manipulación y el control de los aparatos), las camarillas, la financiación irregular, la dependencia del Estado, un discurso anacrónico, un sistema de propaganda arcaico, etc. La reforma de la Ley electoral, las listas abiertas, la prohibición de entrar en ninguna lista a los corruptos, los imputados, los condenados, la supresión de privilegios y la igualación de los sueldos de los políticos con los de la mayoría, son algunas medidas que pueden iniciar la transformación de los partidos y la actividad política.

2) Creación de nuevos sistemas de participación que hagan efectiva la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. En una sociedad tan compleja como la nuestra, el sistema de voto cada cuatro años es un anacronismo inadmisible. Votar a un partido y a un programa (necesariamente vago, incompleto, cuando no demagógico y engañoso, que no puede recoger la mayoría los problemas concretos o que puedan ir surgiendo a lo largo de una legislatura), es otorgar a los políticos un poder abusivo, arbitrario e incontrolable. Debiera crearse un organismo imparcial de control externo, que obligara a todos los gobiernos (municipal, autonómico y central) a someter a votación todos los asuntos que no estuvieran claramente contenidos en los programas electorales y que afectaran a la mayoría.

3) Con independencia del partido más votado o que gobierne, los ciudadanos tienen derecho a decidir en todo aquello que les afecte seriamente. Por ejemplo, no se podría dar dinero a los bancos sin someterlo a aprobación de la mayoría. Esto supondría aclarar previamente por qué se les tiene que ayudar, cuál ha sido su gestión, qué grado de responsabilidad tienen, en qué condiciones se les ayuda, qué sueldos cobran sus directivos y sus trabajadores, etc. Lo que no se puede admitir es socializar las pérdidas y la mala gestión, y privativar los beneficios. Hoy existen medios técnicos y electrónicos (internet) para asegurar de modo eficaz y no costoso, la realización de todas estas consultas vinculantes (la urna física puede continuar como elemento simbólico, pero también es un anacronismo).

4) Racionalización y democratización de la gestión pública: eliminación de todos los organismos burocráticos innecesarios, duplicados, mal administrados y peor gestionados. El actual Senado, por ejemplo, es otro anacronismo, además de una absurda Torre de Babel. Revisión de todos los organismos municipales, autonómicos y estatales para comprobar su verdadero interés y utilidad social. Control estricto o supresión de todo tipo de subvenciones a entidades y particulares que no demuestren su utilidad pública apartidista. Por ejemplo, las Fundaciones de los partidos y sindicatos, o las organizaciones religiosas confesionales: ¿por qué hemos de subvencionarlas?

5) Clara diferenciación entre lo particular y lo público, el interés general y el beneficio particular. La política no puede estar al servicio de lo particular ni el beneficio privado, pero tampoco lo privado y particular debe estar al servicio del Estado y lo público. Ni los mercados han de determinar la política, ni la política ha de determinar los mercados. El mercado ha de regirse por un capitalismo real y verdaderamente liberal: no puede usar al Estado cuando le conviene, ni el Estado está para sostener a un capitalismo parásito. Los impuestos no son algo que se quita a unos para dárselo a otros, sino una forma de justicia proporcional: las empresas y los particulares devuelven al Estado lo que antes han recibido de él (en forma de educación, sanidad, infraestructuras, seguridad, defensa, orden social, aplicación de las leyes, etc.)

6) Es preciso cambiar la mentalidad: ser mucho más creativos, exigentes y productivos en todos los órdenes. Eliminar el parasitismo de la vida social: el capitalismo parásito, las empresas mal gestionadas, los directivos y banqueros incompetentes, manipuladores y psicópatas, los responsables de la corrupción, los intoxicadores de la opinión pública, los propagadores de la violencia, los chantajistas y amenazadores… Digo en todos los ámbitos, porque también hay una literatura parásita, y un arte parásito, y universidades parásitas, y un mercado embrutecedor y parásito, no creativo.

7) La alternativa es crear o robar. Si no creas de verdad, si lo único que haces es aprovecharte del esfuerzo ajeno, si no ofreces a la sociedad algo que realmente le sea útil y necesario, que mejore su vida, estás robando, estás siendo un parásito. Roban los especuladores que lo único que hacen es mover el dinero de un lugar a otro. Roban los banqueros que lo único que hacen es “guardar” un dinero que no es suyo e invertirlo donde les conviene, no donde la sociedad necesita. El beneficio sólo ha de ser fruto del esfuerzo y la creatividad, no de la picaresca y el parasitismo. Trabajar y crear es todo lo contrario de explotar o aprovecharse de los otros o del Estado.

Sí, hay mucho que se podría hacer para cambiar nuestra sociedad y hacerla más justa, más creativa, más democrática, más feliz, más solidaria, más libre, mejor organizada, más exigente, menos resignada. ¿Cómo lograrlo?

Una propuesta: El movimiento de DEMOCRACIA REAL debería convertirse en un partido político, pero un partido radicalmente distinto de los actuales. Es su mejor salida. La organización asamblearia en la calle es un método de presión y presencia mediática muy importante y eficaz, pero insuficiente. Como Partido Político, su objetivo no sería lograr el poder en ninguno de los ámbitos, sino obtener una mayoría influyente y decisiva: sus representantes servirían sólo para votar y controlar las decisiones de quien gobernara y, a su vez, estarían totalmente controlados por sus votantes mediante un sistema verdaderamente democrático (eso es hoy técnicamente posible, para eso tenemos internet y las redes sociales). Esto obligaría a un debate social serio, eliminaría el engaño, la manipulación mediática y la demagogia.

NO PROPONGO NINGUNA UTOPÍA. ESTO ES REALMENTE POSIBLE. LA DEMOCRACIA REAL ES POSIBLE.

domingo, 15 de mayo de 2011

LA POESÍA EMPERRADA DE JUAN GELMAN

(Foto: Jesús Rodríguez)

Te propongo un acertijo: adivina cuál de estos dos poemas pertenece al último libro del Premio Cervantes Juan Gelman, “El emperrado corazón amora

LA ESTELA

Dos cuerpos jóvenes cavaron

una pared silenciosa del barrio

hace mucho tiempo. Ahí está

sin morir, pura, dialoga todavía

con la pasión.

En sus ladrillos quedó la diosa

que cultiva vidas interiores,

se oyen los potros que

galoparon una noche,

conocieron el todo de la nada

y la extrañeza de los cuerpos.

La centinela tiene

fuegos apenas recordados, ahorca-

ditos

en la sangre que vino después.

¿Adónde va el porqué desasido del

cuándo?

Pasaron la espada por

las manos que despertaban pechos,

noticias de ropas caídas.

ENTRESHIJO

No se escucha morir el cadáver

con mano solapada testigo

de

otras noches.

Todavía el odio

desnutrido de espadas

que no fueron

el hoy, el ayer y nunca.

El niñito al lado, la espátula, el dragón

comió palabras dulces

como movimientos de la necesidad.

Emperrado corazón

que husmorea el hueso del

hoy.

Posibles repuestas:

1) Ninguno de los dos es de Juan Gelman: son muy malos.

“) Los dos son míos: son increíbles.

3) El primero es de Juan Gelman y el segundo mío: el primero es tan malo como el segundo.

4) El primero es mío y el segundo de Juan Gelman: el primero es mucho mejor que el segundo.

5) Los dos son de… (poner aquí casi todos los premios Loewe o cualquiera de los premios que publica Visor, por ejemplo): tienen que ser muy buenos; de lo contrario, no habrían sido premiados.

6) El primero es de Juan Gelman y el segundo de un poeta desconocido: el de Juan Gelman es evidentemente mucho mejor: Juan Gelman es Premio Cervantes. El segundo es una mala imitación de la excelente poesía emperrada de JG.

Para no marear más al lector: La respuesta correcta es… ¡la tercera!... ¡o la sexta!

Dice una crítica, Ainhoa Sáez de Zaitegui: “Gelman ayunta palabras como bueyes, las somete al yugo para pulir el diamante. El encabalgamiento le rompe las piernas, la metáfora la distorsiona (se supone que a la palabra o a la poesía, no hay concordancia) hacia lo inaudito” (EL Cultural, p.17, 6 al12 de mayo de 2011).

Al lector que no se deja embaucar por los premios ni obnubilar por el incienso de los turiferarios: ¿Entiendes algo? ¿Qué sientes, qué piensas, qué imaginas al leer poemas tan estrafalarios como estos? ¿Alguna idea nueva, algún temblor inesperado? ¿Te sugiere algo eso de que “dos cuerpos –aunque sean jóvenes– caven una pared silenciosa del barrio”? Que una pared “dialoga todavía con la pasión”? ¿Logras imaginar a unos “fuegos ahorca-ditos en la sangre que vino después”?

“Siente lo que piensas” y “piensa lo que sientes”. Luego, responde.

sábado, 7 de mayo de 2011

¿SOMOS UN AGUJERO NEGRO?


Tengo una cueva al fondo de mis ojos, una cueva que acaba en un agujero negro que todo lo engulle. Soy un imán que atrae las partículas del universo y las lleva hacia ese agujero que está en el centro de mi ser. Quizás cumplamos una función ecológica: absorber la energía que nos llega de los confines del universo para llevarla hacia ese adentro que comunica con el infinito. Somos receptores-transmisores de energía. La pasamos de este mundo a otro que desconocemos.

Al fondo de mis ojos, pero también de mis oídos, y de mis manos, y de mi lengua. Al fondo de mi pecho. En el centro de mi cuerpo, donde hay un torbellino invisible que atrapa todo lo que me rodea, lo disuelve y lo hunde en la nada. Y nada puedo hacer para retenerlo: me traspasa, me sobrepasa y se va.

Sí, vivir es morir hacia adentro. Muero a cada instante. Muere todo lo que percibo, veo y palpo. Este irremediable asomarme al abismo. Nada permanece en mí. No me iré: ya me voy. No voy a morir: ya muero. La muerte no llegará: ya está aquí. Sólo soy un darme cuenta. El temblor, el pavor, la vibración del asombro. Asomado a la infinitud. Ese disolverme en el no ser. Ese pasar del ser al no ser y del no ser al ser.