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domingo, 13 de abril de 2008

¿SER FELIZ O SER LIBRE?

(Foto: R.Ferrando)
A la pregunta de “¿qué es lo que más importa en esta vida?”, el 99% responde sin titubeos: “Ser feliz”. Como me encuentro entre el 1% que no respondería con ese tópico, voy a explicarme.

Parece obvio que el mejor propósito de esta vida, lo que nos mueve a todos, es lograr ser lo más felices que podamos. Pero ¿qué significa ser felices? Para Francisco Mora, ni padecer dolor, ni sentir placer y, como nuestro cerebro está diseñado precisamente para eso, para sentir dolor y placer, pues en conclusión, no es posible la felicidad.

El razonamiento parte de una premisa falsa: la felicidad es no sentir. Mora no distingue entre emoción, impulso, estímulo, dolor, placer. Dice que todo esto pasa por la amígdala y que, por lo mismo, es fuente de infelicidad. Que, por tanto, lo mejor es aislarse, no recibir estímulos, no desear, no buscar ningún placer. Filosofía oriental, pero de la que se compra en rebajas. Los estoicos y senequistas se esforzaron un poco más. Hablaron de “dominar las pasiones”, de aceptar el dolor, la muerte y el destino con serenidad, pero sin tener que renunciar por ello al placer.

El planteamiento huele también a platonismo cristiano. El cuerpo es nuestro enemigo, la fuente de nuestra infelicidad. Cuanto menos cuerpo, más felices. Ya se sabe que en el Tercer Mundo todos los pobres son muy felices.

Dejemos de lado la otra cara del asunto, la cursilería sentimental, la (mala) literatura de folletín, las películas relamidas, la beatería angelical (el paraíso que espera a los buenos y a los mártires), en fin, todos esos modelos de felicidad más o menos empalagosa e inverosímil. Ensayemos una definición más realista: “sentirse satisfechos con lo que hacemos y con lo que somos”. Satisfechos, confiados. Un placer sostenido. Una mezcla de conocimiento, aceptación, serenidad y disfrute, pero también un impulso de perfección, de superación de límites, de búsqueda, de creatividad constante.

Algunas conclusiones:
1) La felicidad no es ningún objetivo, no es algo que podamos alcanzar. Es una consecuencia, algo inseparable del hacer y el sentir.
2) Nuestro cerebro ni está diseñado para la felicidad ni para la infelicidad, sino para hacer, pensar y sentir. Además de la actividad del sistema límbico, está la actividad prefrontal, que puede controlar las emociones, canalizarlas y hasta sublimarlas. La felicidad no es un asunto meramente emocional.
3) No es posible ni necesario ni útil el sentirse siempre felices.
4) Más importante que ser o no ser feliz, es ser libre. No me refiero a la libertad política, a las libertades ciudadanas. Me refiero a ser libre de todo lo que nos ata, nos esclaviza, nos preocupa, nos vuelve rígidos, rutinarios, tímidos, ansiosos, complacientes, resignados, consumidores, pesimistas, apáticos, engreídos (cada uno puede prolongar la lista). A todo lo que nos limita y encierra en un yo obsesivo, a lo que nos impide ver y sentir el misterio de todo lo que nos rodea, a todo cuanto debilita y adormece nuestra conciencia.
5) Cuanto más libres, más capaces de gozar y disfrutar calladamente de todo.
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