



Un bloc de ideas, más que de información. Centrado en la literatura, la cultura y el pensamiento crítico. Una incitación a la reflexión, el análisis y la crítica del mundo cultural, literario y político. .




(Foto: A. Trancón)Una de las creaciones lingüísticas más importantes de la lengua española es la distinción entre “ser” y “estar”, tan difícil de explicar a un extranjero. El ser expresa la esencia permanente de algo o de alguien; el estar, una modalidad, estado o apariencia de ser. Las relaciones entre estas dos formas de ver y definir el mundo pueden llegar a ser tan complejas y sutiles que resulta imposible definirlas de antemano. El hablante, en cada caso, puede crear su propio matiz o transmitir su particular visión de la realidad conjugando estos dos verbos, que se oponen y complementan.
Me interesa hoy destacar la importancia del ser frente al estar (en otras ocasiones he hecho lo contrario), centrar la atención en nuestra verdadera naturaleza para no dejarnos absorber por el aturdimiento de los hechos y situaciones de la vida cotidiana, que hoy amenazan con agotar todas nuestras energías. Pensar en nuestro verdadero ser, oculto y borrado por la presión de los acontecimientos y la constante manipulación informativa, que nos lleva de la indignación al abatimiento, de la indefensión a la desesperación. Podría resumirlo diciendo que, ante tantas agresiones externas, la mejor resistencia es incrementar la conciencia de ser.
Porque todo nace del ser, no al revés. En el ser está contenido todo. Del ser brota todo lo que haces. Todo lo que haces refleja el ser que eres. No te preocupes por hacer, por alcanzar. Ocúpate sólo y céntrate en ser.
No hay que hacer para llegar a ser. Ya eres todo lo que puedes llegar a ser. No pienses en que vas a ser. Piensa en que eres, porque eres mucho más de lo que crees ser.
El ser es la base de todo. El estar nace del ser. El estar bien, el estar activo, el estar atento, depende del ser. Si eres, estás. El ser es ahora siempre. El ser es sólo aquí y ahora. No voy a ser, sino soy. Si no soy, nunca seré.
Lo que sientes nace de lo que eres. Siente como eres. Siéntete como eres. Si en el centro de tu ser decides ser algo, todo acabará reflejando eso que has decidido ser. El ser nace del intento, del propósito de ser.
En el centro de ti mismo no hay un yo, sólo está el ser, una energía concentrada que viene del infinito y que está conectada con el infinito. Centrarte en el ser es alinear tu atención y tu conciencia con la energía del infinito que está contenida en el centro de tu ser. Retorna a tu ser, alinéate con tu propia energía. Identifícate con tu ser, no con tu yo. Tu ser es real, tu yo, una ilusión.
La vida nace del ser y en el ser no existe el fracaso. No tienes que ser, ya eres. Sé el que eres. Deja que el ser que eres se manifieste. Acepta ser todo lo que eres. Intenta ser todo lo que eres. Que entre tu ser y tu mente no haya contradicción.
(Foto: P. Rodríguez. Casa de Campo, Madrid)Es evidente que me gustan las estructuras basadas en el número tres, el número cabalístico por excelencia: síntesis de contrarios, triángulo equilátero, trinidad, equilibrio dinámico…
La Literatura 1, para entendernos, es aquella que construye un mundo lo más cercano al mundo de la vida cotidiana, a lo que solemos llamar realidad. Cabe dentro de esta primera clasificación la literatura realista, de testimonio, de compromiso, de denuncia, objetiva, periodística, de investigación. Su mayor valor es mostrarnos o darnos a conocer una realidad desconocida que nos interesa o concierne. Nace de la observación y la acumulación de datos. Se juzga ante todo por su contenido de verdad y la capacidad de recrearla y transmitirla.
La Literatura 2 se desentiende más o menos de la realidad cotidiana, objetiva e histórica y trata de construir un mundo mental autónomo. Nace de la imaginación y la fantasía. Se juzga por su verosimilitud y su capacidad de seducción y transmisión de un mundo de ficción emocionalmente atractivo. Dentro de esta clasificación podríamos situar a la literatura fantástica, de evasión, de aventuras, de ciencia ficción, etc.
Naturalmente, estas dos literaturas se pueden mezclar en grados y proporciones distintas, como es caso de la llamada novela histórica o la novela negra.
La modalidad que llamo Literatura 3 es algo distinto, pues pretende construir una realidad ontológicamente nueva o distinta. Es una literatura que no se limita a imitar o reproducir la realidad observable o cotidiana, pero tampoco trata de inventar una realidad puramente ficticia, más o menos imaginaria o irreal. Su objetivo no es el transmitir ninguna verdad objetiva, pero tampoco el sumergirnos en un mundo de fantasía y evasión. Crea mundos verosímiles y verdaderos a la vez, pero exige al lector despegarse por igual de la realidad y de la fantasía para comprender la verdad que encierra. No encuentro mejor manera de explicarlo que acudiendo al Quijote, a la realidad literaria nueva que esta obra crea y desvela.
Don Quijote y Sancho, ¿en qué realidad viven? No simplemente en un mundo de ficción, como les ocurre a los personajes de las novelas de caballerías o de aventuras. Tampoco en el de la realidad más o menos objetiva de los personajes de la novela picaresca, que entonces se inventa. No viven ni en la realidad literaria 1 (novela realista), ni en la realidad literaria 2 (novela imaginaria), sino en lo que Luis Rosales llama tercera realidad. Se comportan como personajes reales, conscientes y dueños de sí mismos. Pueden estar dentro y fuera de la ficción; saben que se ha escrito un libro sobre ellos, que su vida corre de boca en boca gracias a sus lectores. La publicación del libro es un hecho real y reales son sus lectores, ¿cómo no van a serlo ellos?
Gracias al libro toman conciencia de sí mismos; tanto es así que pueden obrar en consecuencia y cambiar el rumbo de sus correrías (no irán a Zaragoza, sino a Barcelona) para demostrar a Álvaro Tarfe –un personaje del libro “apócrifo” de Avellaneda– que el don Quijote de ese libro es un “don Quijote fantástico”, usurpador de su nombre y pensamientos, no el verdadero. Así debe declararlo Álvaro Tarfe ante el alcalde del lugar para que levante acta.
Cervantes otorga a los personajes una realidad ontológica que salta de la literatura a la realidad extraliteraria. Son personajes que actúan con conciencia propia, por encima del autor. La conciencia, nos viene a decir, es el mayor atributo de la vida, y la vida, o es real, o no es vida. Así que son mucho más que personajes de ficción: son seres que viven en la tercera realidad, una realidad que por un lado es tan real como la de la vida ordinaria o cotidiana, pero también, por otro, mucho más real, atractiva y fascinante que la realidad inventada o puramente imaginaria.
Simplificando, y relacionándolo con mi Teoría de los Tres Mundos, yo diría que la Literatura 1 se centra en el Mundo 1 (el de la materia y la primera percepción de los sentidos); la Literatura 2 en el Mundo 2 de la mente (las construcciones imaginarias del cerebro y el yo); y la Literatura 3 en el Mundo 3 de la conciencia (la percepción no ordinaria, el conocimiento silencioso).
No necesitaré decir que la literatura que más me interesa es aquella que nos ayuda a construir y sostener la TERCERA REALIDAD, la realidad de la conciencia. La que nos hace sentir más reales y presentes, superando los límites de la percepción ordinaria, y liberándonos de la absorción en la realidad puramente virtual de la mente.
La Navidad cristiana coincide este año con la fiesta judía de Janucá, una fiesta que conmemora la victoria de los macabeos contra los griegos, que habían profanado el Templo de Salomón erigiendo en él un altar en el que se sacrificaban cerdos en honor de Zeus. Los judíos encendieron enseguida una lámpara para purificarlo y, aunque sólo tenía aceite para iluminar durante un día, la janucá (el candelabro) duró encendida durante ocho días más. Coinciden estas fechas con el solsticio de invierno y la recogida de la aceituna (de donde proviene el aceite que se usa en las januquillas), por lo que la conmemoración de la victoria contra los helenos se une a la celebración del comienzo de un nuevo ciclo solar. El encendido de las luminarias durante ocho días, añadiendo una más cada día, es también un símbolo de la victoria del sol frente a la oscuridad del invierno. Es la Fiesta de las Luces.
En una entrada anterior (MITOS CIENTÍFICOS: DARWIN, 16 de Septiembre 2011) ya manifesté mis dudas sobre los supuestos básicos de la teoría evolucionista de Darwin. Me pareció muy sospechosa esa idea de la “supervivencia del más fuerte” que fundamentó, entre otras derivas ideológicas y políticas, el colonialismo y el racismo europeo de finales del XIX. Tampoco he entendido nunca muy bien eso de las “mutaciones aleatorias” que, por obra del azar, dan lugar a las nuevas especies. No hace falta ser creacionista para poner en duda la teoría evolutiva darwiniana, convertida hasta ayer mismo en dogma científico. En cuanto una teoría se transforma en ideología y dogma, malo, algo me pone en alerta.
Acaba de morir Lynn Margulis que, con argumentos científicos difícilmente rebatibles, ha dado fundamento a mis sospechas. Su teoría de la simbiogénesis desmantela los supuestos darwinianos. En el origen mismo de la vida encuentra Margulis, no la lucha por la supervivencia como competición y selección del más fuerte, sino cooperación, simbiosis, integración molecular, química y biológica. La labor de las primeras bacterias, fundamento de la vida que hoy conocemos, no deja lugar a dudas sobre este modo de proceder, tal alejado de las premisas darwinianas. La vida, por otra parte, no sólo se adapta al medio, sino que lo modifica y crea las condiciones de la supervivencia.
Al defender a Margulis frente Darwin no quisiera caer en lo que critico: el culto a las teorías científicas que, casi automáticamente, en cuanto se divulgan, se transforman en ideología, o sea, en creencias ciegamente aceptadas. Yo veo una relación clara entre el darwinismo y el triunfo de las ideas burguesas que han fundamentado el capitalismo actual, basado en el supuesto radicalmente falso de que siempre acaban triunfando los más fuertes e inteligentes. Por el contrario, hay otro principio sin el que sería imposible la supervivencia de la especie humana: La cooperación, el altruismo, la empatía, la unión. Evolutivamente esto es un hecho. Sólo la unión física, biológica y emotiva entre dos seres hace posible la transmisión de la vida humana, por ejemplo.
Hoy, en plena crisis inducida por los dueños y manipuladores del dinero, es muy conveniente recordar todo esto. No estamos ante el “sálvese quien pueda”, ante la supervivencia del más fuerte, sino ante el reto de la cooperación, la simbiosis, la integración, la unión y el descubrimiento de las ventajas enormes que supone la “simbiogénesis” frente al azar de las mutaciones sociales y la imposición del más fuerte. Más aún: yo creo que los poderosos son los primeros en darse cuenta de las desventajas de la competencia y la lucha por la supervivencia individual, o sea, el “todos contra todos”. Saben muy bien crear estructuras “simbióticas” cuando les conviene. ¿Qué otra cosa es, si no, la globalización del poder y los mercados? Lo que pasa es que la utilizan para excluir a la mayoría. Se trata de una especie de “simbiogénesis selectiva” que tiene al mantenimiento de la “especie privilegiada” frente a las posibles “mutaciones genéticas” azarosas.

Llega el invierno, con sus brumas y lluvias y cielos grises. Es buen momento para releer a Fernando Pessoa. Mucho mejor en su lengua. Medito alguno de sus versos, que son pensamiento concentrado, paradoja sutil, suave deslumbramiento.
Grande sossego de já nâo haver seguer de que ter sossego!
Liberarse de todos los “tener que”. Ser sin tener que ser. Actuar y dejar que el presente sea como es. No preocuparse ni de estar preocupado.
Há sem dúvida quem ame o infinito,
Há sem dúvida quem deseje o impossível,
Há sem dúvida quem nâo queira nada.
Três tipos de idealistas, e eu nenhum deles:
Porque eu amo infinitamente o infinito,
Porque eu desejo impossivelmente o possível,
Porque quero tudo, ou um pouco mais, se puder ser,
Ou até se nâo puder ser.
Amar todo infinitamente, desearlo y quererlo todo, incluso lo imposíble. No poner límite a los impulsos de la vida. El idealismo está en el centro mismo de la vida.
Tenho eu a inconsciência profunda de todas as coisas naturais,
Pois, por mais consciência que tenha, tudo é inconsciência
Existir é ser inconsciente
Vi sempre o mundo independentemente de mim
Desde el momento en que me pregunto por qué existe algo (la luz, la piedra, el árbol...) yo me separo del mundo, hago una pregunta que no tiene ningún sentido para el mundo, porque existir no tiene nada que ver con por qué o para qué existir. Son preguntas ajenas a la existencia del mundo. Son preguntas que sólo me hago yo. Y me las hago porque tengo conciencia. Porque veo y sé que veo, palpo y sé que palpo, oigo y sé que oigo. Porque percibo que las cosas son y dejan de ser.
Pero las cosas, el mundo, existen sin más, sin conciencia. Lo único verdaderamente extraño del mundo que percibo y conozco soy yo. O mejor, mi conciencia, eso que hace que me dé cuenta de la existencia del mundo. También, que me dé cuenta de mi propia existencia y de la existencia de mi propia conciencia.
Entre la conciencia y el mundo hay un abismo insondable. De aquí nace mi angustia. La angustia de ser consciente y que el mundo, sin embargo, me sea ajeno, impenetrable. ¿Y si el mundo también sufriera la angutia de no ser consciente, de no darse cuenta de su propia existencia? ¿Y si lo que moviera al universo fuera el intento de llegar a ser consciente de sí mismo?
Revisando uno de mis antiguos cuadernos encontré esta breve historia que lleva la fecha de 17 de noviembre de 1990:
Me cuenta que siendo niña, un día se puso a buscar a su madre por toda la casa y no la encontró. Preguntó por ella y le dijeron que no vendría. No lo creyó, y se puso a esperarla a la puerta de la casa. Se quedó allí mucho tiempo, sentada en el suelo. Nadie podía hacer que entrara en la casa. Llegó la noche y continuó allí, esperándola, hasta que se durmió. Volvió a preguntar por su madre al día siguiente y le contestaron lo mismo. Ella tampoco les creyó y volvió a sentarse a la puerta de la casa a esperarla. Y se durmió de nuevo y pasó allí toda la noche. Al día siguiente volvió a hacer lo mismo, y al siguiente, y al siguiente, así hasta que se convenció de que no volvería. Al cabo de un mes, su madre volvió del manicomio. No reconocía a sus hijos, a ninguno de sus cinco hijos. Entretanto, su padre tampoco aparecía casi nunca por casa. “Andaba borracho con alguna de sus queridas vete tú a saber por dónde”, me explicó.
Recuerdo ahora a esa niña, la imagino en la puerta sentada, acurrucada como un pajarillo, obstinada y enfurecida, conteniendo las lágrimas, aprendiendo a sufrir la ausencia, la pérdida real y simbólica de la madre, preguntándose por el orden y el sentido del mundo, incapaz de encontrar una respuesta. ¿Quién, de niño, no recuerda haber esperado inútilmente algo? La veo a ella, aunque no la conocí de niña, pues cuando me contó esta historia ya no era joven, aunque conservaba las facciones de niña. Tenía dos hijos y era profesora de la Universidad, como lo había sido su padre. En contra de lo que podríamos suponer, provenía de una familia acomodada. La miseria humana y moral no es patrimonio de los pobres, por más que nos guste imaginarla siempre, lejos de nosotros, en ambientes degradados. Pues no, a veces está a la puerta de nuestra casa, incluso dentro.
Explico a los estudiantes de bachillerato los préstamos que ha asimilado el español a lo largo de su historia. Consulto varios libros de texto y compruebo con sorpresa que en ninguno de ellos aparecen los hebraísmos. Arabismos, germanismos, galicismos, vasquismos… Aparecen préstamos de casi todos los idiomas menos del hebreo.
No es más que una muestra de hasta qué punto el pasado judío ha sido borrado de nuestra historia y cultura, pues no podemos atribuir a ignorancia estos “despistes”. Es igualmente increíble que en nuestros museos de historia y arqueología no aparezca referencia alguna de la presencia hebrea en nuestro país. No ya un mapa de las juderías, aljamas o asentamientos judíos, por ejemplo, sino ni siquiera algún objeto representativo, como alguna januquilla, menorá o mezuzá…
Pero sigamos con los hebraísmos. A Covarrubias en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española se le fue la mano buscando etimologías (reseñó más de 300 hebraísmos) siguiendo métodos más o menos arbitrarios o fantásticos. Pero, aunque es muy difícil sentar cátedra en cuestiones de etimología, no es difícil encontrar palabras de origen hebreo en nuestra lengua. Por citar algunas:
Hisopo, bálsamo, ébano, ciprés, mina, acacia, aloe, caña, azucena, jaspe, zafiro, esmeralda, esmalte, camello, tórtola, cuervo, escorpión, saco, piña, mazapán, serpiente, júbilo, calamidad, sábado, matarife, pascua, rabino, maná, edén, amén, aleluya, fariseo, sanedrín, sidra, cábala, aceite, semen, etc.
Dejemos de lado los antropónimos, topónimos, apellidos o nombres de ciudades y calles. O los calcos de algunas expresiones, por no hablar de los conceptos, ideas, nombres e historias bíblicas que han pasado a nuestra lengua y cultura. La confusión proviene del hecho de que muchos términos hebreos nos han llegado a través del latín y el árabe (Toledo, por ejemplo, proviene de Toledoth, que nos llega a través de Toletum). Esto crea algunas confusiones, como ocurre con la palabra “aceite”, que casi siempre se considera de origen árabe (de az-zayt) y no del hebreo (de zeitim –aceitunas-).
No hace falta ser hebraísta para darse cuenta de que también aquí, en los estudios de la lengua, todavía persiste hoy un prejuicio antijudío, de honda raíz histórica. Lo peor de estos “lapsus” es que casi nadie cae en la cuenta de ellos. Por ejemplo, la misma palabra “alfabeto” se dice que proviene del griego (alfa-beta), pero habrá que añadir que el griego lo toma del hebreo (alef-bet, las dos primeras letras del alfabeto hebreo).
He escrito que la actual crisis no es pasajera, y que nace de la necesidad de redefinir el poder a nivel global, lo que implica un cambio en la actual estructura social: disminución de la clase media y consolidación de una minoría más poderosa en todos los sentidos (económico, político, ideológico…). Hacia dónde nos llevará esta crisis es impredecible, pero puede acabar en catástrofe generalizada, especialmente en las llamadas sociedades avanzadas o del bienestar, basadas en una amplia y consumista clase media, hoy en proceso de destrucción.
El actual conflicto educativo hay que relacionarlo con esta situación, pues parece evidente que lo que se busca es desactivar el instrumento más important
e de creación de una clase media instruida, crítica y defensora de una democracia real y eficaz: la educación generalizada y gratuita, que sólo es posible mediante la enseñanza pública. El justificar este proceso en la necesidad de “recortes” no es más que una artimaña política, pues está demostrado que el dinero que se quita de un lado se va a otro, o sea, de lo público a lo privado.
Pero más allá de esta evidencia, sigue existiendo un problema de fondo: qué y cómo enseñar para que el alumno aprenda y se forme de verdad. El reto al que todos los enseñantes se enfrentan es el hacer compatible un modelo autoritario e impositivo con otro tolerante y comprensivo. La mayoría va de una actitud a otra, tratando de controlar por un lado la indisciplina y la falta de esfuerzo y, por otro, vencer la desmotivación y la pasividad de los alumnos. Es una tarea complicadísima y agotadora, como sabe cualquier padre, especialmente cuando se tiene delante a 30 o 40 adolescentes, como ocurre ahora.
Frente a todo ello hay que optar por unos principios básicos, a los que hoy no se debería renunciar, y que cualquier enseñante comprueba que son los únicos verdaderamente eficaces:
-Es mejor reforzar lo positivo que sancionar lo negativo
- Dialogar y convencer, que imponer y vencer
-Motivar mejor que intimidar
-Enseñar a razonar y pensar, mejor que copiar y repetir
-Estimular la creatividad que premiar la uniformidad
-La alabanza y el reconocimiento, en lugar de la humillación, el reproche y la burla.
-Exigencia frente a condescendencia
-Normas claras y aplicables, mejor que discursos o recomendaciones
-Límites bien definidos y resolución de conflictos mediante la afirmación y aceptación de esos límites
Pero todos estos principios chocan con la realidad actual y sólo son aplicables cuando se dan las condiciones físicas, pedagógicas y psicológicas adecuadas: espacios y material didáctico apropiado, reducido número de alumnos por aula, horarios bien programados, un sueldo digno, ambientes de trabajo estimulantes, reducción de materias, sistemas de refuerzo y apoyo psicológico, mejor preparación pedagógica y psicológica de los profesores, estímulo de la creatividad, la concentración, el razonamiento y el pensamiento, etc.
Si en lugar de avanzar en esta dirección lo que se propicia es un deterioro progresivo de las condiciones de trabajo de los profesores, por un lado y, por otro, sólo se habla de autoridad y disciplina para enfrentarse al problema de la falta de atención, interés, control y motivación de los alumnos, está claro que el propósito es que la enseñanza pública se deteriore, con lo que la mayoría encontrará cada vez mayores dificultades para avanzar social y económicamente.
Todo esto es coherente con un sistema capitalista en el que cada vez parece menos necesaria una amplia clase media, pues los nuevos sistemas de producción se pueden atender con mucha menos “mano de obra”. Le basta con una minoría superespecializada, y para eso le sirve mucho mejor la enseñanza privada, que permite, además, una continuidad en la transmisión del poder y tiene una fidelidad ideológica asegurada.

Los blogs suelen ser empalagosamente egocéntricos. El autor, se dice, necesita ser reconocido, alabado, admirado; alimentar su autoestima para escribir. Muchos sí, son depresivos, y necesitan casi diariamente una dosis de vanidad y halago.
Otros utilizan estas páginas volátiles para mostrar la otra cara del ensimismamiento: desahogar su rencor, su enfado contra el mundo en general y contra alguno de sus enemigos en particular, casi siempre políticos.
Otra cara (hay muchas) es la de la falsa modestia. Son ésos que van dando lecciones de humildad y tolerancia, pero a la primera de cambio les sale la soberbia acumulada que dibuja el gesto desabrido, el comentario agrio y despectivo.
Yo no me erijo en modelo de nada ni de nadie, pero me tomo el oficio de escribir como una lucha contra los engaños del ego, monstruo de mil cabezas. Más aún: proclamo la teoría de que, a más ego, a más ensimismamiento, a más engreimiento y autosuficiencia, peor escritor, peor obra, por más prestigio y fama que tenga. ¿Por qué? Porque al tal escritor le resultará muy difícil no meter esa egomanía o egolatría en su escritura, no sólo en lo que escribe, sino en cómo escribe.
Acabo de publicar las “Memorias de un judío sefardí” y me han pedido que reflexione y explique sus claves literarias y narrativas. Un trabajo académico que me obliga a releer críticamente el texto. Pues bien, confieso mi total perplejidad, pues no puedo asegurar que haya sido yo quien realmente lo ha escrito. No encuentro en mí ninguna entidad, ningún sujeto, ninguna identidad a la que pueda atribuir hoy la autoría de este libro. Siento que la obra, una vez escrita, se ha desligado por completo de mí y tiene su propia entidad autónoma y autosuficiente.
El engaño, la ilusión de pertenencia nace del hecho de que en el texto aparece mi nombre y apellido, en la portada y dentro del libro, como autor del texto. No es más que apariencia, porque una de las claves del libro es precisamente que el autor se borra al transformarse en narrador, del mismo modo que la persona de Dan (Nahor), protagonista del libro, desaparece en el personaje de Dan Kofler-Dino del Monte.
Cervantes creó un ente de ficción y lo hizo tan real que acabó siendo más real que la mayoría de los personajes de su época, incluido el propio Cervantes. De la ficción literaria llegó a la realidad, problematizándola e intensificándola. Yo he seguido el procedimiento opuesto, como reflejado en un espejo: he partido de la realidad para transformar al protagonista real y al autor real en personajes literarios. De la realidad he ido a la ficción, haciéndola más real y problemática.
Todo es verdad, pero la verdad está hecha de realidad (imaginada) y de ficción (verdadera). La obra es real y permanente; el autor, irreal y pasajero. Yo soy el responsable de estas “Memorias de un judío sefardí", pero no su autor. No tengo conciencia de serlo ni de haberlo sido.
Somos instrumento, medio, manos movidas por fuerzas misteriosas que nos atraviesan y poseen durante un tiempo para que realicemos lo que tenemos que hacer. Cuanto más transparentes, cuanto menos importantes nos creamos, más limpia y perfecta será la obra que a través de nosotros se realice.
La auténtica escritura es un acto de desprendimiento; y la literatura verdadera, superación y disolución de los límites del yo.


Soy alérgico a los mitos personales. Cuando alguien exalta, alaba, encumbra en exceso a alguien, tomo distancia. Soy incapaz de rendir culto a nada, y menos a alguien. A Darwin, por citar uno entre cientos. Su aportación al pensamiento racional moderno es indiscutible, pero este reconocimiento no me impide estar prevenido frente a algunas de sus ideas y prejuicios. Digo prejuicios, porque no hay científico que no haya estado influido por la ideología y la sociedad de su tiempo.
Aristóteles, por ejemplo, fue defensor de la “generación espontánea” (αυτοματικóς, “fabricado por sí mismo”), principio aceptado por Descartes, Bacon y Newton, entre otros. Los ratones, decía, surgían espontáneamente del grano o el heno almacenado, los pulgones del rocío y los cocodrilos de los troncos en descomposición, gracias a una fuerza vital llamada entelequia.
Pues Darwin también decía: “Apenas puede haber una duda de que descendemos de salvajes”. Esto le disgusta mucho, y asegura que preferiría descender de un “heroico monito” que es capaz de salvar la vida de su cuidador, o de un “viejo babuino” que libera a su “joven camarada” de una jauría de perros…, “antes que de un salvaje que se deleita en torturar a sus enemigos, ofrece sacrificios sangrientos, practica el infanticidio sin remordimiento…”
Darwin estaba convencido de que “la raza blanca” era la única raza digna de considerarse humana; el resto eran variedades “salvajes” cuyo destino futuro sería semejante a las variedades de “rata nativa, casi exterminada por la rata europea”. Incluso aseguró que Humbolt había encontrado “un loro sudamericano que era la única criatura viva que aún hablaba la lengua de una tribu extinguida”. Esto lo escribe en The descent of man, and selection in relation to sex.
La estrecha relación de es
tas ideas con el proceso de colonización y exterminio de las culturas y pueblos de África y América a finales del XIX y principios del XX es indudable. Lo explica muy bien Juanma Sánchez Arteaga en su libro La razón salvaje, de donde tomo estas citas. La antropología difundió y dio apariencia científica a estas aberraciones, que están sin duda también en el origen del nazismo.
No hay afirmación científica que no deba someterse a cierta “depuración ideológica” para alejarla de cualquier mitificación. La propia ciencia se ha convertido hoy en mito. Nacida del logos, acaba ocupando el lugar del mythos. Ni culto a la personalidad, ni culto a la ciencia. El pensamiento, cuando deja de pensarse a sí mismo, se convierte en ideología.
Seligman (1975) formuló la teoría de la indefensión aprendida. Así como una rata se puede morir de hambre al lado de la comida, si ha aprendido que sus respuestas son independientes de los resultados, del mismo modo los humanos caemos en la depresión y la indefensión si vamos experimentando que los resultados son independientes de nuestra conducta. Si aprendemos y nos convencemos de que nuestros actos sirven para poco o nada, porque las consecuencias o resultados dependen de factores totalmente incontrolables.
La física cuántica, o sea, la física que indaga la realidad última de la materia, ha abierto la puerta a una afirmación que ni el materialismo ni la metafísica idealista logran entender ni aceptar: que el pensamiento “genera” la materia y la materia el pensamiento. Pensamiento y materia son energía, formas de energía. La materia, energía densa o pesada; el pensamiento, energía sutil o ligera. El paso de la materia al pensamiento y del pensamiento a la materia es un proceso de transformación de la energía. Cómo sucede, no lo sabemos, pero de que ocurre así hay constantes evidencias.
Pero hay algo más, porque el hombre posee algo verdaderamente poderoso y sorprendente: la capacidad de darse cuenta, o sea, la conciencia. Puede tomar conciencia tanto de sus pensamientos, (analizarlos, comprenderlos), como de los procesos de la materia, (analizarla, comprenderla). Puede conocer su cuerpo y su mente, y cómo su cuerpo influye en su mente y su mente en su cuerpo. Puede comprender también cómo detrás de todo cuanto existe hay un pensamiento que lo sostiene. Puede darse cuenta de que el pensamiento es energía creativa, y que nada de cuanto existe a nuestro alrededor existiría sin un pensamiento que transforma la energía en materia.
La conciencia puede transformar la materia en pensamiento y el pensamiento en materia. Los pensamientos, por su propia naturaleza, tienden a su realización: atraen la energía del universo y la condensan.
Todo cuanto eres, todo cuanto te rodea es, literal y físicamente, el resultado de un intento, o sea, de un pensamiento. Piénsalo: no es el resultado, ni de la casualidad, ni del azar o la suerte, ni de los movimientos mecánicos de la materia, ni de una biología ciega y determinista. Es el resultado de tu pensamiento y de tu conciencia, y de los pensamientos y la conciencia de todos los hombres que nos han precedido y de los que sostienen con sus pensamientos el mundo tal y como ahora lo vemos.
Si tan importante es lo que piensas, ¿por qué no cuidas tus pensamientos? Nada te puede hacer más daño que un pensamiento dañino, pero nada te puede hacer mayor bien que un pensamiento dinámico y creativo.
(Foto: A. Trancón Galisteo)
La mente no tiene tiempo. En la mente no existe el tiempo. Para la mente no existe el antes ni el después. Para la mente todo es presente. La mente no entiende el haré ni el hice, el seré o el fui, el estaba o el estaré. La mente sólo entiende el hago y el soy y el estoy. Para la mente el pasado y el futuro son ahora. Si te vas al pasado, estás en el pasado. Si vas hacia el futuro, estás en el futuro. El pasado y el futuro son el presente para la mente. Allí donde está tu mente, allí va tu energía. Si te vas hacia el pasado o el futuro, tu energía deja de estar disponible para el presente, para el aquí y ahora, lo único que realmente existe. La mente está siempre enfocada en algo, necesita estar enfocada en algo. Si no lo hace sobre el presente, lo hará sobre el pasado o el futuro. Pero como la mente no vive en el pasado ni en el futuro, todos tus recuerdos y tus deseos los transforma en presente. Absorben la energía del presente. Por eso, si estás en el pasado o en el futuro, no puedes actuar en el ahora, no tienes energía para ello. Por eso, toda meta, todo proyecto, se tiene que transformar en un propósito de ahora, tiene que empezar a realizarse en el ahora. Los proyectos y los verdaderos deseos, no se dejan para mañana ni para luego. Se empiezan a realizar ahora, desde el mismo instante en que se formulan, por muy lejanos y utópicos que sean.
Un propósito enfoca y moviliza la energía en una dirección y crea un polo de atracción de la energía del universo. Esa concentración de energía produce la realidad, se transforma en algo real. A la mente no se la puede engañar. Cualquier duda paraliza el movimiento de la energía, bloquea el flujo. Por eso, cuanto más claros sean los proyectos, cuanto más concreto sea el propósito, mayor energía atrae. Descubre aquello que te hace titubear, aquello que tu mente acaba interpretando en un sentido contrario al que supuestamente deseas. Tu mente obedece a lo que le ordenas. Descubre lo que en realidad estás deseando. A veces deseamos el fracaso porque le tememos al éxito. A veces nos sentimos más protegidos con el fracaso que con el éxito. Las ideas y los pensamientos son actos para la mente. La mente no distingue entre el quiero y el no quiero. Siempre quiere. Siempre obedece. Siempre actúa. La mente no espera, la mente es. La mente no distingue entre lo positivo y lo negativo. Es energía que fluye y tiende a su realización. Vivir es realizar propósitos. Un propósito es el intento de algo. Cuanto más buscas, cuanto más intentas, más alcanzas. La energía de universo es inagotable, no tiene límites. Tu mente tampoco. Cuida tus pensamientos. Contrólalos. Un instante antes de que se produzcan, puedes ser consciente de ellos. Un pensamiento atrae a otro. Si es positivo, deja que atraiga a otros pensamientos positivos. Si es negativo, suéltalo, enfócate en otro cualquiera de signo contrario. Eres lo que piensas. Eres lo que estás pensando ahora mismo. Eres energía. Y la energía está allí donde están tus pensamientos.