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miércoles, 5 de marzo de 2008

¿QUÉ ENTIENDO POR CONCIENCIA?

(Foto: PortfolioNatural)



Dejemos de lado toda connotación moral: esa especie de voz interior (de Dios, del ángel de la guarda o cualquier emisario del Vaticano) que nos señala el bien y el mal y nos atormenta con su susurro amonestador.
Dejemos de lado toda connotación metafísica: alma, aura, efluvio, esencia.
Dejemos de lado todo reduccionismo materialista: reacciones químicas, moléculas, neurotransmisores, proteínas, oligoelementos, células, órganos.

Para diferenciarla, sin indagar más sobre su origen o emergencia, digamos que la conciencia es “un darse cuenta”. La conciencia es eso que me permite darme cuenta, caer en la cuenta, tener la sensación y la certeza de que algo existe o está ocurriendo, dentro y fuera de mí, aunque me resulte difícil luego el describir realmente qué es eso que estoy presenciando o sintiendo.

Diríamos que la conciencia es un darme cuenta de lo que veo, lo que oigo, lo que siento, lo que pienso, lo que imagino. A través de algo que parece que ocurre en mi cerebro, tengo la seguridad de que algo existe o está sucediendo, tanto dentro como fuera de mí.

La conciencia puede acrecentarse o aletargarse, aumentar o decrecer. La conciencia es energía que se hace consciente de sí misma. El estado más alto que podemos alcanzar es “la conciencia de ser”: de nuestro ser, y del ser real del mundo.

La conciencia surge cuando la mente se une y funde con el cuerpo, o cuando el cuerpo “atrapa” a la mente. Es, por eso, un sentir más que un simple pensar.
Distingo entre sentir y emocionarse. La emoción se localiza en una parte del cuerpo, y lo fragmenta. El sentir se extiende por la totalidad del cuerpo y lo unifica. La emoción se relaciona con el yo; el sentir con el ser. “Soy un ser que se siente consciente de sí mismo y del mundo que le rodea”, más que “un yo que se emociona y encierra en sí mismo”.
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