MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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domingo, 28 de abril de 2013

EL TZITZIT DE DON QUIJOTE



(Transcribo aquí una página del libro que estoy escribiendo sobre las huellas judías en el Quijote)

Hay otro momento en el que aparece una referencia a las creencias católicas que sirve para confirmar cuanto venimos diciendo sobre la actitud cervantina frente a la Iglesia y sus prácticas religiosas. Muestra también los titubeos, cautelas y prevenciones de Cervantes cuando trata de hacer burla de estos temas. En la segunda edición de 1605 suprimió un párrafo y lo sustituyó por otro (1). Veamos las dos versiones:

Primer texto:
...ya sé que lo que él hizo (se refiere a Amadís) fue rezar y encomendarse a Dios; pero ¿qué haré de rosario que no tengo?
En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí estuvo, donde rezó un millón de avemarías (I, 26).
Texto corregido (autocensurado):
...ya sé que lo más que él hizo fue rezar y así lo haré: Y sirviéndole de rosario unas agallas grandes de un alcornoque, que ensartó, de que hizo diez...

La corrección y supresión es significativa. La primera versión es burlesca y degrada el valor simbólico del rosario como objeto religioso digno de respeto. La hipérbole del "millón de avemarías" es también evidentemente satírica. Pero hay más: don Quijote construye el rosario con una tira o fleco de su camisa. Descubrimos aquí una clara referencia al tzitzit de los judíos, esas tiras de cinco nudos dobles que cuelgan de la camisa de algodón o de lino y que tienen un carácter religioso de identificación y recuerdo de los preceptos del judaísmo que hoy siguen usando los judios ortodoxos.

¿Por qué Cervantes hace esta alusión al tzitzit (2) y lo asocia al rosario cristiano? ¿Pura casualidad? ¿Y por qué corrige y censura el párrafo de la primera edición? Son preguntas cuya respuesta nos lleva inevitablemente hacia el judaísmo encubierto de Cervantes.



El rosario vuelve a nombrarse en otros contextos paródicos e hiperbólicos. Montesinos se le aparece a don Quijote en su cueva ridículamente vestido "con un capuz de bayeta morada", "beca de colegial de raso verde" a los hombros y "cubríale la cabeza una gorra milanesa negra". Y se añade: "no traía arma ninguna, sino un rosario de cuentas en la mano, mayores que medianas nueves, y los dieces asimismo como huevos medianos de avestruz" (II, 23). Con el adjetivo "medianos" trata de atenuar, pero no evita, el efecto satírico que produce la desmesura de las comparaciones.

Otra alusión paródica aparece cuando don Quijote se encuentra en el palacio de los duques y Cervantes nos describe cómo se levanta y viste después de pasar una noche desasosegado por los requerimientos de Altisidora: "Dejó las blandas plumas y (...) arrojose encima su mantón de escarlata y púsose en la cabeza una montera de terciopelo verde, guarnecida de pasamanos de plata; colgó el tahalí de sus hombros con su buena y tajadora espada, asió un gran rosario que consigo continuo traia y con gran prosopopeya y contoneo salió a la antesala" (II, 46). Don Quijote se pavonea contoneándose con un gran rosario, vestido estrafalariamente... La imagen es ridícula, y el rosario que imaginamos balanceándose no hace más que acentuar la parodia. 

Otra referencia burlesca del rosario aparece cuando Teresa Panza recibe el collar que le envía la duquesa: "Y estos que traigo al cuello son corales finos de avemarías, y los padres nuestros son de oro de martillo y yo soy gobernadora" (II, 50)
La ultima alusión la encontramos cuando don Quijote usa su rosario para contar los azotes que Sancho debe darse para desencantar a Dulcinea: "Y porque no pierdas por carta de más o menos, yo estaré desde aparte contando por este mi rosario los azotes que te dieres" (II, 71). Ya los azotes que debe darse Sancho en las posaderas con una burla de las penitencias que los flagelantes o disciplinantes exhibían en las procesiones, algunas como condena impuesta por la Inquisición; ahora el rosario sirve para contar los 3.300 azotes que Sancho debe propiciarse para liberar a Dulcinea de su hechizo o encantamiento.

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(1) La Inquisición de Portugal, en 1624, se dio cuenta también de la posible irreverencia y suprimió la frase “de las faldas de la camisa, que andaban colgando”.
(2) Esta práctica se basa en un precepto establecido en la Torá (Números 15:38-41): "Que hagan tzitzit (flecos) sobre las esquinas de sus vestimentas, a lo largo de sus generaciones y pondrán sobre el tzitzit de cada esquina un hilo de color azul celeste. Y será para ellos tzitzit, para que lo vean y se acuerden de todos los mandamientos del Eterno y los cumplan (...) a fin de que recuerden y cumplan todos mis mandamientos y sean santos para con su Dios".


(Fotos: Imágenes del paisaje de Cervantes de los Ancares)

viernes, 19 de abril de 2013

VER PARA CREER


Vemos, palpamos, respiramos, pero al final todo es nada si no creemos. Las sensaciones corporales, físicas, son lo único que nos da la certidumbre de que existe algo aquí, ahí, incluido nosotros mismos; pero no son más que sensaciones, imposible construir con ellas un mundo. El mundo lo construye nuestro cerebro. Somos una máquina poderosa que construye el mundo a partir de unas difusas y confusas sensaciones físicas, orgánicas. Acumulamos sensaciones, las asociamos y las guardamos en nuestra memoria. Todo parte de ahí, desde antes de nacer. Siento, luego existo.

Nos aferramos a la certeza de ese mundo construido a través de nuestros sentidos porque no podemos vivir fuera de él, pero, como no es más que una construcción imaginaria, sostenida por nuestro intento de vivir, de vez en cuando sospechamos o nos damos cuenta de que ni los límites, ni su verdadera naturaleza, son lo que creemos percibir. Esos límites pueden cambiar, desmoronarse, volverse inestables o reconstruirse de modo distinto, abriendo nuestra percepción a algo muy distinto, a mundos extraños, diferentes, inimaginables.

(Fotos: Ángela Trancón)

Nada es tan real como necesitamos creer, nada es tan estable como necesitamos percibirlo, nada es tan físico como nos presentan los sentidos. En el fondo de la materia está el vacío, algo que no se puede ni imaginar ni concebir, pero algo tan real como lo que palpamos, vemos y sentimos. No somos tan importantes como creemos, y nuestro mundo nos es más que un fragmento y un instante de la inmensidad y la eternidad que nos rodea. Una pena, pero también un alivio.

miércoles, 10 de abril de 2013

SOBRE LA ENVIDIA



(Foto: S. Trancón)

Leemos en el Quijote: ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias (II, 8).
Siempre me ha inquietado el fenómeno universal de la envidia, quizás porque yo, por no sé qué extraña inclinación natural, nunca la he padecido. He sentido vivamente, desde niño, la injusticia o el desprecio, pero nunca la envidia. Aclaro la diferencia.

Yo puedo indignarme ante la injusticia de ver con qué poco mérito se otorgan bienes, prestigio o recompensas sociales a los mediocres o a quienes no sólo no lo merecen, sino que debieran ser castigados muchas veces por lo nocivo de sus obras o la bajeza de su conducta. Puedo enfadarme, pero nunca envidiar a quienes reciben esos honores o prebendas. Frente a quienes, por el contrario, reciben merecidamente reconocimiento o recompensas, no siento envidia alguna, sino, cuando juzgo de interés sus obras, admiración y respeto. Insisto que no es mérito ni presunción, sino mi forma natural de reaccionar. Por eso siempre me quedo perplejo ante la envidia que tan bien describe don Quijote como fuente de disgustos, rencores y rabias. ¿Será porque, como bien dice, yo no siento deleite alguno en envidiar?

Si embargo, en mi vida me he visto muchas veces rodeado de envidiosos que me han hecho, sin saber por qué, el centro de sus rabias y rencores. Precisamente por no concebir bien el fenómeno de la envidia, por eso he sido también muchas veces incapaz de defenderme de sus malévolas trampas. Sentir envidia sería, según cierta teoría de la evolución, un fenómeno adaptativo, cuyo déficit padecemos algunos.

Amable lector, mi pregunta, la que te dirijo, es el saber si soy un tipo tan raro que de verdad nunca siento envidia de nadie, o si, por fortuna, tú o algún otro padeces la misma extraña enfermedad, pues por tal la juzgo, dado que parece ser poco útil para moverse en un mundo tan lleno de envidiosos y mediocres rencorosos. Sácame de dudas.      

sábado, 30 de marzo de 2013

CERVANTES Y LOS ALEMANES


(Fotos: Fernando Redondo)

El Quijote es una fuente inagotable de sorpresas. Estoy escribiendo un libro sobre el origen converso de Cervantes y las huellas judías que aparecen su obra, tan numerosas como evidentes. Al estudiar el capítulo sobre el morisco Ricote me he topado con la historia de los peregrinos tudescos, tan sugerente y actual que no puedo dejar de comentarla. Resumo el pasaje.

Camina Sancho sobre su asno, después de renunciar a su cargo de Gobernador de la Ínsula Barataria, y se encuentra con un grupo de peregrinos extranjeros que enseguida levantan sus voces y se ponen juntos a cantar en una lengua que desconoce Sancho, pero en la que distingue bien la palabra “limosna”. Caritativo, saca de sus alforjas queso y pan, y se lo ofrece. Lo toman y le dicen: ¡Guelte! ¡Guelte! No entiende Sancho y uno le muestra una bolsa llena de dinero. Sancho, con un gesto, les responde que no tiene un céntimo y prosigue su camino. Es entonces cuando lo reconoce su vecino Ricote, que se abraza a él y le cuenta su historia.

Se paran todos a comer, y Sancho comprueba que los peregrinos van bien proveídos de todo, de pan, sal, nueces, queso, jamón, aceitunas y hasta cavial, “hecho de huevos de pescados”. Cada peregrino llevaba, además, su bota de vino. Chocando la mano con Sancho, de cuando en cuando uno le decía:
-Español y tudesqui, tuto uno: bon compaño.
Y Sancho respondía:
-¡Bon compaño, jura Di!

Le cuenta luego Ricote: “Juntéme con estos peregrinos, que tienen por costumbre de venir a España muchos de ellos cada año a visitar los santuarios de ella, que los tienen por sus Indias”.
Recorren toda España y “al cabo de su viaje salen con más de cien escudos de sobra, que, trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones o entre los remiendos de las esclavinas o con la industria que ellos pueden, los sacan del reino y los pasan a sus tierras”.


Pues sí, ya lo ven. La picaresca no la hemos inventado nosotros. Hace siglos que los alemanes la practicaban con indudable éxito. ¡Y ya eran entonces nuestros amigos! Español y tudesqui, ¡tuto uno! Buen compaño, el español. Tú traer oro y plata de Indias y nosotros llevarlo de camuflaje sin necesidad de correr riesgos por inhóspitos mares. Nosotros mover bolsa con dineros; vosotros tener santuarios buenos para nosotros...

¿Existe un determinismo histórico que señala el rumbo de los pueblos? ¿Tendencias profundas que marcan modos de ser y de actuar que van más allá del individuo? ¿Por qué Alemania (sus bancos, su gobierno, muchos alemanes) actúa hoy con la misma engreída picaresca y engaño que estos tudescos cervantinos? ¿Por qué seguimos consintiendo que, mediante miles de artimañas y mentiras financieras y políticas, sigan expoliando nuestra riqueza, haciéndonos trabajar más cada día para rescatar sus bancos, arrojando al paro a millones de españoles? Sí, Rajoy y Merkel, ¡tuto uno!



domingo, 17 de marzo de 2013

FALSOS RECUERDOS

(Fotos: Isabel Trancón)
Nuestra identidad depende del recuerdo que tenemos de lo que hemos hecho o sido en el pasado. Pero la memoria es tan frágil y etérea como el vuelo de un pajarillo. El pasado no es algo fijo ni acabado. Los hechos no se guardan en nuestra mente como libros en una estantería. Si no nos empeñamos en mantenerlos, desaparecen. Pero para mantenerlos hay que adaptarlos constantemente a nuestros gustos, intereses y necesidades del presente. El pasado se construye a cada instante en función del presente. Por eso nuestros recuerdos no son de fiar. Necesitamos creer que son tal y como los recordamos porque lo contrario nos angustia: somos tan frágiles y etéreos como lo son nuestros recuerdos. ¿Quién somos si no nos acordamos de lo que hemos sido?

Reflexiono sobre todo esto porque anoche tuve un extraño y ridículo sueño: Antonio Muñoz Molina me acusaba de haber plagiado un párrafo de un libro suyo titulado "La Quinta de San Valentín". Yo estaba totalmente desconcertado porque no recordaba haber hecho nada parecido. Me desperté con el convencimiento de que aquello no era un sueño, sino algo que había ocurrido de verdad. No podía quitarme la sensación realidad que aquel sueño vívido me producía. Pensé entonces: los sueños se pueden confundir con los recuerdos. Podemos convertir un sueño en el recuerdo de un hecho. ¿Cuántos falsos recuerdos nacen de nuestros sueños?

Pero no sólo podemos elaborar falsos recuerdos sobre nosotros, también lo podemos hacer sobre los demás. Es posible, incluso, que gran parte de los recuerdos que elaboramos sobre los demás sean falsos. Voy a poner dos ejemplos que me vienen ahora a la mente. Hace poco me encontré con una amiga que me preguntó si seguía en el programa de televisión de Iker Jiménez, Cuarto Milenio. Me sorprendió, porque nunca he sido invitado a ese programa. Debió de confundirlo con otro de Sánchez Dragó.
Hace muchos años, el escritor Julio Llamazares se enemistó conmigo porque afirmaba que yo le había dejado tirado en Gijón una tarde, cuando yo le había ofrecido una casa para dormir. Yo entonces ni le conocía, pero él insiste, incluso hasta hoy, en que yo le hice esa faena. ¿De dónde lo sacó? Imposible saberlo, como tampoco puedo saber por qué mi amiga asegura haberme visto varias veces en el programa de Iker Jiménez.


Es posible que, tanto sobre nosotros mismos como sobre los demás, construyamos recuerdos e historias que necesitamos para sostener la idea y la imagen que nos hacemos de nosotros mismos y de los otros. Eso es más importante que la fidelidad a los hechos. El pasado está hecho de la misma materia que nuestros sueños. Los necesitamos para sostener una identidad imaginaria que,  si se desmorona, nos deja totalmente indefensos ante el mundo y los demás. No hay nada a lo que temamos más. Es como morir y seguir dándonos cuenta de que estamos muertos.

lunes, 4 de marzo de 2013

LOPE CONTRA CERVANTES, QUEVEDO CONTRA GÓNGORA

Suele la envidia y la vanidad enturbiar la relación entre los escritores. Con frecuencia generan odios y enfrentamientos absurdos cargados de violencia verbal. Antes y ahora. 

Entre los cuatro grandes de nuestro siglo de Oro fueron frecuentes las puyas e insultos. De ellos fue Cervantes siempre el más elegante, el más irónico y el menos dado a arrebatos emocionales. Quevedo es el más soez y mordaz, Lope el más vanidoso y Góngora el más ingenioso y altivo. 

Hay un aspecto de estas disputas que ahora quiero destacar: las alusiones al origen judío de Cervantes y Góngora, algo que Lope y Quevedo utilizan como insulto. Hay que tener en cuenta que estamos en la época de  mayor influencia de los conversos, nietos de judíos, después de la gran limpieza de 1492. 

Lope y Cervantes fueron amigos durante años, pero llegó un momento en que Cervantes no soportó la vanidad y la actitud presuntuosa de Lope (llegó a colocar 17 torres en su escudo), además de su condición de "familiar" del Santo Oficio. Se burló de él en el prólogo del Quijote, entre otros escritos, pero también le dirigió alabanzas sinceras. Lope, en cambio, fue bastante insolente con él. En una carta de 1604 dirigida a un médico de Toledo escribió hablando de los poetas: "Ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a don Quijote". Es curioso, porque entonces aún no estaba publicado el Quijote, así que debió de conocerlo por alguna copia manuscrita que circuló antes de su publicación. 

Lope le dirigió un soneto, que le mandó por correo "contra-reembolso", y Cervantes lamentó luego el haber tenido que pagar un real por recogerlo. En este soneto le llama a Cervantes "puerco en pie". Es un insulto que alude a su condición de "marrano" o converso. Los tercetos son así:

¡Honra a Lope, potrilla, o guay de ti!
que es sol, y si se enoja lloverá;
y este tu don Quijote baladí

de culo en culo por el mundo va
vendiendo especias y azafrán romí
y al final en muladares parará.

"Azafrán romí" también alude a su condición de bastardo o no puro. Lope ya había escrito una apología de la Inquisición en su obra de teatro El niño inocente de La Guardia, basado en un crimen ritual inventado que precipitó el antisemitismo en España antes del decreto de expulsión de los Reyes Católicos.


Más procaz y agresivo fue Quevedo con Góngora. Siempre hace referencia a su condición de "manchado" o sucio, o sea, de origen judío:

Son tan sucias de mirar 
las coplas que dais por ricas,
que las dan en las boticas
para hacer vomitar.

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía
cosa que tu nariz aun no lo niega?

Incluso después de muerto le dirigió estos versos en que vuelve a hacer referencia a su falta de limpieza de sangre:

Hombre a quien la limpieza fue tan poca
(no tocando a su cepa)
que nunca, que yo sepa, 
se le cayó la mierda de la boca.

Detrás de estos mezquinos insultos descubrimos el ambiente de desprecio y persecución a que fueron sometidos los conversos. Nada de extraño que trataran de ocultar su origen, como hizo el más  grande todos ellos: Cervantes.

lunes, 25 de febrero de 2013

CONSEJO CERVANTINO PARA ESCRITORES

(Foto: Marimar Trancón)

Entre los sabios consejos que Cervantes nos ofrece, he encontrado hoy uno que me ha parecido de interés para todos los que, de modo aficionado o profesional, nos dedicamos a escribir y publicar. Se encuentra en el prólogo a La Galatea y se refiere a las dudas que un escritor puede tener a la hora de publicar un libro. Pues ni “excesiva ligereza” ni “escrupulosa tardanza”. Ni precipitarse “deseando comunicar el talento que del cielo ha recibido”, ni “de puro escrupuloso” no “contentarse nunca de lo que hace”, “teniendo sólo por acertado lo que no alcanza”. El equilibrio se logra cuando se deja de pensar sólo en uno mismo, ya que se escribe siempre para los otros, nunca sólo “para el propio gusto”.


Yo, no porque tenga razón para ser confiado, he dado muestras de atrevido en la publicación de este libro, sino porque no sabría determinarme, de estos dos inconvenientes, cuál sea el mayor: o el de quien con ligereza, deseando comunicar el talento que del cielo ha recibido, temprano se aventura a ofrecer los frutos de su ingenio a su patria y amigos, o el que, de puro escrupuloso, perezoso y tardío, jamás acabando de contentarse de lo que hace y entiende, teniendo sólo por acertado lo que no alcanza, nunca se determina a descubrir y comunicar sus escritos. De manera que, así como la osadía y confianza del uno podría condenarse por la licencia demasiada, que con seguridad se concede, asimismo el recelo y la tardanza del otro es vicioso, pues tarde o nunca aprovecha con el fruto de su ingenio y estudio a los que esperan y desean ayudas y ejemplos semejantes para pasar adelante en sus ejercicios. Huyendo de estos dos inconvenientes, no he publicado antes de ahora este libro, ni tampoco quise tenerle para mí solo más tiempo guardado, pues para más que para mi gusto solo le compuso mi entendimiento”.

lunes, 18 de febrero de 2013

LOS SIGNOS FULGURANTES


(Foto: Marimar Trancón)


Caminábamos somnolientos, dóciles, aquellas horas quietas en que nadie podía predecir 
el cambio brusco del vuelo de las aves.

Nadie atendía a los signos fulgurantes de la derrota.
Pero apareció el aliento turbio de los buitres
y el miedo
se enroscó al cuello de la noche.

Y entonces nos suicidamos todos
con los ojos desorbitados, pero ciegos.


jueves, 7 de febrero de 2013

ESTADO DE SATURACIÓN


Estamos viviendo una situación social y política excepcional. Cada día conocemos algún hecho que nos irrita más que el anterior. La lista es interminable: la de los corruptos, los sinvergüenzas, los ladrones, los mentirosos, los provocadores, los encubridores.

La corrupción es el síntoma más evidente y alarmante de la degradación de la política, la economía, la ética y el funcionamiento de las instituciones. Que afecte directa y masivamente a quienes hoy ocupan todos los resortes del poder no es algo del todo nuevo, pero sí lo es la negación sistemática de los hechos y los intentos de confundir y eludir cualquier responsabilidad. Lo que nos sorprende es la capacidad de negar, confundir y acusar a los demás de las propios escándalos.

Otro fenómeno nuevo, muy ligado al anterior, es la sobredosis de información que recibimos cada dia sobre este estado de putrefacción. El estado de corrupción se ha convertido en un estado de saturación. Esto es lo que a mí más me preocupa y sobre lo que quiero reflexionar.

¿A dónde conduce esta saturación, esta sobredosis de información? Al hartazgo, a la apatía, a la desesperación, a la indefensión, a la confusión y a la impotencia. ¿Por qué?
Primero, porque nos obliga a un sobre-esfuerzo de discriminación, de análisis y filtración de la información. Es imposible seguirle la pista a tantos asuntos, encontrar la información más fiable, hacerse una idea acertada sobre todo lo que nos cuentan o está sucediendo.
Segundo, porque toda esa información, con la irritación que provoca, no parece producir ningún efecto directo sobre la realidad, no provoca las reacciones esperadas.
Tercero, porque las protestas que origina son, por lo mismo, confusas, dispersas, efímeras y sin  ningún objetivo alcanzable claro.

El estado de saturación está provocando, paradójicamente, un estado de indefensión mayor. Por supuesto que la verdad siempre es mejor que la ignorancia, pero hay que ir más allá. No basta con la información (ahí está internet): es necesario canalizar la irritación y la protesta hacia objetivos claros y alcanzables. Lo que más me desanima a mí es el comprobar que no se está produciendo ningún cambio en esta dirección.

Si no podemos discriminar la información, distinguir lo fundamental de lo accesorio, lo importante de lo secundario.
Si no tenemos tiempo para contrarrestar la información confusa o mentirosa, la que desvía la atención y lo enmaraña todo.
Si no tenemos tiempo de analizar los hechos y sus consecuencias con objetividad.
Si no podemos canalizar la indignación más que a través de actos dispersos, sectoriales, repetidos y pasajeros (manifestaciones, asambleas).
Si la información y la indignación acaban convertidas en espectáculo televisivo o tertuliano.
Si toda la información y la irritación no se traducen en algo práctico y eficaz, el estado de saturación a que nos conduce no hace más que contribuir al mantenimiento de la situación actual.

En la democracia el mejor camino es el de la alternativa política. Tiene que surgir una alternativa política nueva. Todo lo que no vaya en esta dirección no hará más que profundizar el desánimo y la desesperación. Este estado de saturación es paralizante.



miércoles, 16 de enero de 2013

FALACIAS DEL INDEPENDENTISMO




Lo que más me sorprende de los independentistas catalanes es su capacidad para confundir y hacer pasar por democrático un proceso profundamente antidemocrático. Su habilidad para mentir, manipular y deslegitimar a cualquiera que intente desmontar las falacias de su discurso. Basta leer esta “entrevista”
para darse cuenta de hasta qué punto los independentistas son capaces de decir que lo negro es blanco con una arrogancia insultante. La entrevistadora, claro, no hace otra cosa que facilitarle la tarea al entrevistado.

Algo tan elemental como preguntarle sobre la validez de su afirmación fundamental, la clave de todo su edificio discursivo, bastaría para desmantelar el andamiaje independentista. Dar por supuesto que “Cataluña es sujeto político soberano”, es eliminar el problema antes de empezar a discutirlo. No resiste la más mínima lógica, porque:

  1. Decir que Cataluña es “políticamente soberana” es lo mismo que decir que es “independiente”, así que no tiene sentido someter a consulta algo que se da por sentado y se considera indiscutible. Es tanto como decir: proclamo mi soberanía para poder realizar un referendum sobre mi soberanía. Los independentistas catalanes no buscan la independencia, porque ya se consideran con este derecho; lo que buscan es que los demás reconozcan lo que ellos proclaman. Si no lo hacen, son antidemócratas, o sea, fascistas.

  2. Todo el discurso independentista parte del mismo supuesto: somos una nación, somos un pueblo soberano, etc., y si los demás no nos lo reconocen es que son antidemócratas y nos quieren impedir ejercer un derecho indiscutible: el de decidir sobre “nuestro futuro”. Entiéndase mejor el eufemismo: el de decidir unilateralmente la independencia sin tener en cuenta para nada el marco legal y constitucional democrático existente.

  3. ¿Pero quién decide que “Cataluña” es soberana? Pues unos cuantos parlamentarios que se autoarrogan una capacidad que nadie les ha otorgado ni legal ni democráticamente. ¿En qué se basan? En que así “interpretan la voluntad mayoritaria del pueblo catalán”. ¿Quién les ha dado poder para interpretar así esa supuesta voluntad? Ellos mismos... ¿Cómo se llama a este modo de actuar? Digámoslo con la palabra que tanto les gusta lanzar cuando alguien rechaza sus pretensiones: fascismo. La esencia del fascismo es la utilización antidemocrática de los resortes democráticos. Este fue el procedimiento básico del nazismo, del que partió todo lo demás.

  4. Hay que rechazar la legitimación falsamente democrática del independentismo y definirlo como lo que es: un movimiento radicalmente antidemocrático. Es antidemocrático porque rompe el sistema democrático actual para imponer una independencia definida y proclamada de antemano por un pequeño grupo de poder que trata de legitimarse con un proceso falsamente democrático.


  5. El actual marco legal de la Generalidad proviene de una Constitución mayoritariamente aprobada por los españoles, incluida la mayoría de los catalanes. Su poder no proviene de ningún pueblo catalán, porque el pueblo catalán no es hoy ningún sujeto jurídico ni legal, como tampoco lo es el pueblo leonés o el extremeño. Tanta legitimidad tiene el pueblo leonés como el catalán para autoproclamar su independencia: ninguna. Lo que es evidente en el caso leonés, es legalmente idéntico en el catalán. ¿Que tienen un lengua, una historia...? Repásese la historia del reino leonés y se verá que por ese lado Cataluña tiene todas las de perder.

  6. Los nacionalistas no quieren seguir la única vía democrática posible: someter su proyecto independentista a la decisión del pueblo español. Renunciar a esa vía con el argumento de que los españoles no somos demócratas, sino fascistas, que nunca aceptaríamos su independencia, es un insulto gratuito y profundamente ofensivo. Si tan convencidos están de la legitimidad de su proyecto, ¿por qué dudan de someterlo a la decisión de único sujeto político que tiene hoy la posibilidad de otorgarlo? ¿Tan incapaces se ven de defenderlo abiertamente con argumentos convincentes? ¿Por qué han estado más de treinta años encubriendo su objetivo y sus verdaderas intenciones? ¿Por qué ni siquiera hoy en Cataluña aclaran su proyecto, lo definen y defienden abiertamente? ¿Por qué siguen con engaños, eufemismos (“Estado propio”, “lengua propia”...), manipulaciones, lavado de cerebro en las escuelas y una propaganda cada vez más agresiva (España nos roba”...)?

  7. La debilidad discursiva del independentismo hace que su comportamiento oscile entre la arrogancia y el desprecio abierto a todo lo que suene a España, con la difusión masiva de sus falacias legitimadoras. Tanto es así que han logrado extender el sentimiento de que, o se aceptan sus pretensiones, o de lo contrario el conflicto irá en aumento hasta lo insoportable. Chantaje y amenaza para “los de fuera”, victimismo convertido ya en rencor y osadía para “los de dentro”, tratando de sumar cada día más “demócratas” que se rebelen contra la dominación de Madrid y su gobierno fascista.

  8. La esencia del proyecto antidemocrático independentista es su rechazo de la idea de España. Para que ellos sean independientes España debe desaparecer. Han planteado la independencia en esos términos, porque de otro modo no tendrían ningún argumento convincente para la exigir la separación: “España nos roba”, “con España no podremos salir de la crisis”, “España nunca nos dejará ser lo que somos”... Pero como resulta que hoy España no es ningún espantajo fascista, sino un Estado plenamente democrático, habrá que deslegitimarlo y saltárselo a la torera. No hacen otra cosa cada día. Que la corrupción demuestra que los padres de la patria catalana son igual de corruptos que los fascistas de Madrid y alrededores, pues eso no tiene importancia, se pasa por alto. Junqueras dixit, y eso va a misa concelebrada.

  9. La última estupidez, llena de arrogancia, ha sido esa de “hasta respirar en catalán van a decir que es anticonstitucional”, dicho a propósito de la sentencia contra el abuso del euro por receta. ¡Respirar en catalán...! No es sólo una solemne tontería: los independentistas realmente piensan que los españoles no les dejamos respirar en catalán, que hasta el hecho de respirar se puede hacer en catalán o en castellano, que el ser de Cataluña, la identidad catalana es algo que no sólo se lleva en las venas, sino que se difunde por el aire. El inconsciente habla: la identidad nacional es algo total, que abarca la tierra, el aire, la historia, los sentimientos y, por supuesto, la genética. Lo total deriva siempre en totalitarismo: hasta el aire nos pertenece.                  

lunes, 7 de enero de 2013

EL CALAMAR GIGANTE




En la costa de la isla nipona de de Chichijima, a unos 600 metros de profundidad, han logrado filmar por primera vez a un calamar gigante en su medio natural. Ya se conocía a estos bichos enormes, pero era muy difícil localizarlos, porque viven a más de un kilómetro de profundidad y pueden alcanzar hasta los 20 metros de longitud y pesar mil kilogramos. Formidable criatura submarina, tiene tres corazones y una capacidad visual cien veces superior a la nuestra. Que este invertebrado, el más grande existente en la actualidad, pueda vivir en esas inhóspitas profundidades donde no llega ni un fotón despistado, y la presión es aplastante, es algo que contradice muchas teorías sobre la posibilidad de vida en situaciones extremas.

De niño recuerdo haber leído un tebeo, quizás de El Capitán Trueno o El Jabato, en el que el “jicho” (el héroe, así lo llamábamos en León) peleaba contra uno de estos calamares como un Laocoonte, tratando de escapar de sus tentáculos, que se le enroscaban al cuerpo. Me veo sentado en el desván, mirando durante horas a esas imágenes llenas de tensión y expresividad. Al revivirlas ahora me doy cuenta de que estas hazañas han quedado grabadas en mi interior como ejemplos de resistencia y valentía, algo que ha marcado mi modo de encarar las dificultades de la vida.

Luchamos ahora contra gigantes cuyos tentáculos se meten hasta lo más profundo de nuestro interior, amenazándonos, ahogándolos hasta la asfixia, llenándonos de miedo y desconfianza. No son fruto de la fantasía, como las imágenes de aquellos adelantados dibujantes de mi infancia, sino reales. Se movían hasta ahora a sus anchas por las profundidades invisibles de las finanzas y los mercados, pero ahora salen a flote y no temen ser vistos. Saben que su mejor arma es inspirar el miedo, la desesperación y la resignación. Pero no son invencibles. No sé cuándo ni cómo, pero un día dejarán de dominarnos. De momento hay que imitar a esos valientes guerreros que acababan clavando su espada en el corazón de esos gigantes. Ahora sabemos que tienen tres, así que habrá que ser mucho más atrevidos y persistentes.     

domingo, 30 de diciembre de 2012

CONTAR EL TIEMPO



El tiempo es la categoría mental más compleja, más difícil de definir, de explicar y entender. Para la mayoría, el tiempo no es más que eso que medimos y contamos con el reloj y mediante el calendario. Números. Números que miden y cuentan ciclos que se repiten: una hora, un día, un mes, un año... ¿Pero qué es eso que medimos y contamos?

Algo inasible, invisible, inaudible y hasta inimaginable. No tiene forma, ni color, ni olor, ni sonido. Algo abstracto que, para manejarlo, lo identificamos con números y palabras. Pero no podemos confundir el número y las palabras con algo objetivo, real: no existe de ningún modo, por ejemplo, el 31 de diciembre de 2012. No es ningún objeto, ninguna realidad.

El tiempo tampoco es una fuerza invisible, como lo es la gravedad. Ni un hecho, como la erosión o las mareas, o un acontecimiento, como la guerra civil española (por cierto, siempre inacabada).
El tiempo es una construcción imaginaria basada en la repetición de los ciclos de la naturaleza, especialmente del ciclo solar. Así surgió. Como categoría mental ha resultado muy útil para organizar la vida social, el trabajo, el descanso, la comunicación y las relaciones humanas. No podríamos prescindir de ella.

Entendemos el tiempo como la duración de algo. Sin cambio no hay duración. Algo dura mientras no deja de ser lo que es. Identificamos el tiempo con los cambios que se van produciendo en algo. Duración (permanencia), cambio (modificación) y destrucción (desaparición) son las manifestaciones del paso del tiempo.

Pero el tiempo sigue siendo algo incomprensible. Sólo podemos imaginarlo como algo que avanza en una sola dirección: hacia adelante. Pero Einstein nos demostró que no es una realidad objetiva, sino relativa. El tiempo sólo existe con relación a algo que se mueve: si cambia la velocidad con que algo o alguien se mueve, el tiempo transcurrido cambia también. Por eso la flecha del tiempo puede ser reversible, al menos teóricamente.


Pero a mí lo que más me interesa es el tiempo subjetivo: o sea, el modo como cada uno imagina, cuenta y vive su propio tiempo, el de su propia vida. Su tiempo de vida. Y lo primero que digo es que, más que el tiempo, lo que me importa es la vida. Pongo la vida por encima del tiempo. Nos preocupamos por el tiempo porque tememos no durar, morir “antes de tiempo”. Pero todos morimos antes de tiempo.

No me preocupo del tiempo, sino de lo que hago, lo que vivo, lo que siento. No me afano por durar, sino por vivir. Por eso no me gusta contar los días y los meses, ni celebrar cumpleaños, ni recordar fechas, ni programar compromisos. Tampoco tengo ninguna agenda y mucho menos electrónica. Si me olvido de algo es porque debía olvidarme, me digo. Como cuando tengo hambre, no cuando lo dice el reloj. Me acuesto cuando tengo sueño, no cuando toca. Lejos de llevar una vida anárquica, sigo espontáneamente un ritmo mucho más ordenado que la mayoría, aunque muchas veces no sepa ni el día ni mes en que vivo.

Al liberarnos de la obsesión por medir el tiempo, el tiempo acaba alargándose. Al no someternos a los dictados del reloj, estamos mucho más abiertos y disponibles para lo nuevo e inesperado. Al someternos a nuestro propio ritmo, no nos exponemos a los vaivenes y caprichos de los demás. Al olvidarnos de la edad, impedimos que los demás nos encasillen, definan y controlen.

Medir, contar y recordar el tiempo exige una gran cantidad de energía. Es muy costoso y fatigante. La pérdida más estúpida de tiempo es la que dedicamos a medir y contar el tiempo. Confía en tu reloj interior, que mide la vida por la intensidad con que vives, no por las hojas del calendario. Acompasa tu vida al ritmo de lo que haces. Cada cosa requiere su tiempo y su ritmo, es inútil acortarlo o alargarlo. Cuando centramos toda la atención en algo, el tiempo desaparece. Es la mejor forma de liberarnos de la tiranía de tiempo.    

domingo, 23 de diciembre de 2012

LA SOCIEDAD DEL MIEDO




Podemos definir a la sociedad actual de muchas maneras: sociedad de la imagen y el espectáculo, sociedad del consumo, sociedad neocapitalista, sociedad postindustrial y tecnológica... Añadamos una nueva característica: sociedad del miedo.

Estamos avanzando de manera lenta pero inexorable hacia la sociedad del miedo. El miedo se extiende como una marea negra. O como una nube tóxica que cubre el cielo. Ha bastado el anuncio de la supuesta profecía maya para ponerlo de manifiesto.

Vivimos cada vez con más miedo. Individual y colectivamente. No es posible sustraerse a esta ola de negatividad y amenaza. Es una energía pesada que circula por el aire y que no podemos dejar de respirar. Todos contribuimos a difundirla de modo consciente e inconsciente. A nuestro alrededor los mensajes negativos, propagadores del miedo, son tan reiterativos y absorbentes que apenas nos permiten un momento de relajación y optimismo.

El miedo paraliza, bloquea, irrita, debilita y hasta atonta; pero sobre todo nos hace sufrir. El peor miedo es el difuso, invisible y generalizado. Cuando se asienta en las profundidades del alma resulta muy difícil enfrentarse a él, combatirlo o vencerlo. Empezamos a cometer errores, a reaccionar de modo incontrolado e irracional.

Lo peor del miedo es que nos vuelve egocéntricos, egoístas, incapaces de ponernos en el lugar de los otros. Nuestro miedo acaba siendo lo único importante. Absorbe toda nuestra atención. Lo he experimentado estos días. Se ha cernido a mi alrededor una serie de acontecimientos negativos y he ido experimentando en mí el efecto destructivo del miedo. Miro hacia afuera, observo el rumbo de la sociedad actual y de nuestro país y todo incrementa dentro de mí ese miedo larvado y tóxico. Lo personal y lo colectivo se retroalimentan.


La lista de miedos es infinita. Hay miedos antiguos y otros nuevos, como la locura de Newtown, la de Chernobil o la de los trenes de Atocha. Pero también la de perder el empleo o sufrir un desahucio. Cada uno puede hacer una lista de sus miedos, que casi siempre son comunes, compartidos por la mayoría. Un miedo muy terrible es la pérdida del afecto, del apoyo y la aceptación de los demás. Cuando llegamos a ese punto, todo es posible.

No hay otra salida que el pararse, respirar lenta y profundamente, y tratar de sosegar el cuerpo y la mente. Dejar de pensar en uno mismo y preocuparse por los demás. Frente al miedo, despertar el afecto y el amor, fuente de la confianza. Aislarse de la ola de pesimismo, negatividad y amenaza que nos rodea. Dejarlo pasar, no darle ni un miligramo de energía. La energía que entregamos al miedo es energía que perdemos, que despilfarramos y que arrojamos a la marea negra general. Mal para nosotros y mal para los demás.


lunes, 10 de diciembre de 2012

LA DICTADURA PERFECTA

(FOTOS: FERNANDO REDONDO)

Tormenta perfecta, guerra perfecta, crimen perfecto... ¡Dictadura perfecta! El mal también puede alcanzar su perfección. En la historia, casi todos los crímenes conocidos han sido imperfectos, y las tormentas nunca han llegado a ser absolutamente destructivas. Pero todo cambia y hoy nos acercamos a uno de los ideales que siempre han perseguido los poderosos: la dictadura perfecta.

La dictadura perfecta es aquella que nadie reconoce como tal: ni los dictadores ni los subyugados. Aquella que se proclama como lo contrario de lo que es y ¡convence a todos! Es la paradoja del ciego que no ve ni reconoce ni quiere saber que no ve.

Antes los dictadores tenían nombre y rostro: Stalin, Hittler, Franco, Mussolini, Pinochet, King Yon-il... Los dictadores siguen ahí, pero son locales, y casi siempre tratan de legitimarse con algún artilugio democrático, como ahora el hermanito musulmán Mursi. Al hacerse visibles siempre se las podía combatir.

Pero la dictadura perfecta lo es por ser invisible y, por lo mismo, más difícil de definir y combatir. Hoy la dictadura perfecta lo es por ser mundial, anónima, desterritorializada, omnímoda, radial, omnipresente. Pero todavía hay algo más asombroso que hace que esta nueva dictadura global sea aún más perfecta: cada día somos más lo que lo sabemos, los que ya no nos creemos el engaño, pero esto no hace que merme su poder, sino que lo aumente. Esta nueva dictadura mundial ha logrado convencernos, incluso a los que ya sabemos lo que pasa, de que todo es inevitable, de que no hay otra salida que el aceptar su poder absoluto.

Cada día somos más los que descubrimos que este nuevo orden de esclavitud planetaria tiene un centro de poder reconocible: los grandes bancos y empresas multinacionales que concentran casi todo el poder económico y financiero mundial. Es una red perfectamente establecida y que funciona sincronizada, que toma decisiones con total impunidad y a conciencia, sabedor de lo que hace y de las consecuencias de sus actos. Pero esto no nos hace más libres. Cuanto más absoluto es el poder, más lejano, intangible e intocable se ha vuelto.

Este poder, sin embargo, tiene un pequeño fallo: necesita la colaboración activa de los gobiernos llamados democráticos. Esta es la única rendija por la que, ratas cada día más resignadas a vivir en las cloacas, podemos asomar el hocico: exigir una democracia que no sea lo que hoy es, una tapadera del vomitivo orden financiero mundial.


Hay que elevar el tono, llamar ladrones, cobardes y criminales a quienes colaboran, consienten y favorecen el afianzamiento de esta nueva dictadura mundial. Las muertes, sufrimientos, humillaciones y enfrentamientos que están provocando son ya incomparablemente mayores que el conjunto causado por todas las monstruosas guerras ocurridas durante el siglo XX. No exagero: cualquier estadística lo podría confirmar.

Que los políticos sigan haciendo lo que hacen, repitiendo hasta la náusea eso del despilfarro, el haber vivido por encima de nuestras posibilidades, herencias recibidas, déficits, deuda “soberana”, prima de riesgo, rescates, recortes, ahorro, reforma bancaria, laboral, sanitaria, educativa... Que cada día tengamos que tragarnos toda esta basura semántica. Que la mayoría de los medios de comunicación se presten para ser altavoces de estos mantras del adoctrinamiento y el lavado de cerebro colectivo, no es más que la confirmación del establecimiento de esta nueva dictadura que aspira a ser, y ya casi lo es, perfecta. ¿Cuánto durará? ¿Un siglo? No seamos tan pesimistas, que esta es nuestra mayor derrota. Abre este video y verás que no todo está perdido: http://www.charkleons.com/2012/05/como-roban-los-bancos.html

lunes, 3 de diciembre de 2012

EL REGRESO DE LOS SEFARDÍES


Fueron expulsados en 1492. Es imposible saber cuántos marcharon y cuántos se quedaron. Seguramente abandonaron Sefarad casi medio millón y se quedó aquí más del doble. Hoy, según un estudio genético, el veinte por ciento de la población española tiene ascendencia judeo-sefardí. Somos muchos, como para seguir ignorándolo.

Durante más de tres siglos los españoles quisieron olvidar este hecho insólito, hasta que el doctor Pulido inició su campaña de descubrimiento y valoración de estos españoles de la diáspora. Primo de Rivera inició su reconocimiento, otorgándoles la nacionalidad española, lo que permitió un primer y tímido regreso de los sefardíes a nuestro país. Franco, con su decidido y vulgar antisemitismo, estuvo a punto de enviar a los campos de concentración nazi a todos los judíos y sefardíes de nuestro país, de los que hizo un censo que entregó a Alemania. Los que se salvaron fue  gracias a la labor personal de embajadores como Sanz Briz, que pusieron por delante principios humanitarios en contra de la política oficial del franquismo.

Hoy, después de absurdos titubeos, el gobierno va a devolver por fin el derecho a todos los sefardíes de considerarse plenamente españoles. Bastará demostrar su origen sefardí para recibir automáticamente la nacionalidad española. Es el final de un largo proceso que tiene un gran valor simbólico, pero que debería ir mucho más allá.

La expulsión fue un tremendo error histórico. Causó la muerte de miles de sefardíes y apenas podemos imaginar el dolor causado. Pero también empobreció a nuestro país, lo sumergió en el dogmatismo y el oscurantismo religioso y provocó la división y la persecución interna hasta grados casi inconcebibles. El  molde psicológico que creó la Inquisición se extendió a toda la sociedad y hasta hoy padecemos sus consecuencias.

Pero la fuerza y la determinación de los sefardíes, que hasta hoy han conservado su lengua y su añoranza de Sefarad, ha hecho posible que el ciclo histórico se cierre ahora con la vuelta de los sefardíes. Es algo tan admirable que merecería celebrarse con la proclamación de un día de fiesta nacional, en recuerdo de la importancia que los judíos han tenido en la historia de nuestro país.

Deseo que el medio millón de judíos de origen sefardí que hoy anda por el mundo pida su nacionalidad española y vuelva de un modo u otro a la tierra de la que nunca debieron ser expulsados. España lo necesita; su dinamismo cultural, intelectual y emprendedor nos vendría muy bien en estos tiempos de desolación. La judeofobia larvada y explícita que hoy padece gran parte de los españoles es fruto de la ignorancia. Ignorancia, en primer lugar, de la historia, de todo lo que influyeron y dejaron en  nuestra cultura esos otros españoles, a los que desterramos injustamente, y que hoy pueden al fin regresar.    

jueves, 22 de noviembre de 2012

CAMPANAS AL VIENTO


Hace tiempo me pidieron un poema para un festival de campaneros que se celebró en Tierra de Campos. El sonido de las campanas me lleva directamente a la infancia. Fui de niño monaguillo, y toqué muchas veces las campanas: a muerto, al rosario, a misa, a gloria, incluso a rebato... No se tocaba igual, por ejemplo, cuando moría un niño que cuando el entierro era el de un adulto. Las campanas eran más grandes que yo, pero era capaz de voltearlas. Subido a una viga, agarrándome a un clavo, las golpeaba con el pie empujándolas hasta que acababan girando a gran velocidad. A cada vuelta, un empujón. Al recordarlo siento cierto vértigo, pues las campanas colgaban arriba, sobre la espadaña de la iglesia, y era fácil resbalarse, caer y ser lanzado al cielo por la fuerza de la campana como un espantapájaros. Incluso la campana se podía salir del eje y acabar volando por los aires. Pero nunca tuve un accidente. Me fascinaba e hipnotizaba el eco, la vibración producida por los golpes del badajo. El badajo se une a la campana con la verga de un toro. Es el material que más resiste al roce constante de las vueltas de la campana. Este es un poema de encargo, y como tal escrito deprisa, sin pretensiones, pero creo que no está del todo mal.

La campana es seno, útero del silencio,
bóveda recogida en bronce,
temblor que da a luz lo invisible
y lo extiende por el aire.
Vago rumor que rasga el viento...

Vibración inmóvil
que condensa los latidos del mundo,
corazón de la noche que al alba
golpea su dolor contra un cielo
de lejanos fulgores dormidos.

Repique alegre que convoca
chillidos de vencejos o voz funeral
que repite, con honda lentitud,
la fugacidad de la vida, el adiós definitivo.
Vago rumor que rasga el viento...

En lo alto de la torre, un volteo,
un aspa que gira arrojando destellos,
granos de trigo que caen
como nieve, como frutos, como fuego.
Borbotones de un manantial profundo.

A rebato, a gloria, contra la nube,
haciéndose eco del lamento,
anunciando la fiesta antigua,
abriendo un hueco 
que llega hasta el infinito.
Vago rumor que rasga el viento...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL PODER DE LAS PALABRAS



Las palabras dicen.
Las palabras expresan.
Las palabras hacen.

Dicen algo.
Algo sobre el mundo que nos rodea.
Sobre lo que vemos, oímos y tocamos.
Sobre lo que imaginamos y pensamos.
Las palabras construyen, contienen y trasmiten conceptos.

También expresan algo.
Sentimientos, emociones, deseos.
Expresan lo que sentimos en nuestro cuerpo.

Las palabras, además, hacen algo.
Son actos.
Nos comprometen.
Nos dan poder.

Cambian nuestra mente.
Desencadenan y sostienen o cambian nuestras emociones.
Nos motivan y llevan a los actos.

Pero hay más.
Las palabras nos hacen presentes, nos hacen reales.
Nos otorgan conciencia.

Las palabras son energía.
Mueven y modulan la energía.
Dicen, expresan, hacen, realizan.
No sólo al mundo que nos rodea, sino a nosotros mismos.

Por eso es tan importante todo lo que pensamos y decimos.
Por eso es tan importante nutrirnos con palabras vivas, creadoras, estimulantes.
Claras, iluminadoras. No tóxicas, no destructivas.

La literatura se hace con palabras.
Con el poder de las palabras.







miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL PODER DEL MIEDO (II)


(Vuelvo sobre un tema del que escribí hace tiempo otra entrada)

El miedo es la emoción más poderosa. Todas las otras emociones siguen su patrón. El miedo es una anticipación. Su función evolutiva es ayudarnos a la supervivencia: evitar las amenazas, prevenir los riesgos, predisponernos para el ataque o la huida.

Como toda emoción, tiene una parte mental y otra más corporal o biológica. En el inicio de la reacción emocional siempre hay una imagen, una idea, un pensamiento que desencadena un mecanismo neurofisiológico automático.

Gracias al desarrollo prefrontal del cerebro, podemos establecer una breve pausa (décimas de segundo) entre la imagen del peligro (real o imaginario) y la reacción del sistema límbico. Sólo mediante el aprendizaje se puede llegar a controlar las reacciones emocionales del miedo y su consecuencia natural: el ataque, la huida o la paralización.

El miedo provoca un estado de alerta general, indiscriminada. No distingue entre los estímulos reales o imaginarios, externos o internos, ni establece una gradación en función del peligro. No analiza el origen, ni la distancia, ni las consecuencias de nuestra reacción. Por eso la respuesta que induce es siempre de todo o nada.

El sistema emocional es rápido, y en eso radica su eficacia, pero la mayoría de las situaciones de la vida no exige una respuesta de ese tipo. Vivimos en un mundo complejo. El miedo todo lo simplifica, pero el precio que pagamos por ello es enorme.


Detrás de todo conflicto siempre encontramos el miedo. Es la emoción humana más fuerte (más que el sexo) y por eso la más peligrosa. La sociedad actual se basa cada vez más en la creación y manipulación del miedo individual y colectivo. Lo peor es que necesita reprimir las reacciones de ataque. Huida y paralización son las únicas salidas.

Pero cuando la presión del miedo no se puede controlar directamente, los poderosos recurren a un mecanismo muy simple: dirigirla hacia los otros, inventarse un chivo expiatorio. El caso de Cataluña es tan evidente que parece mentira que una mayoría social no se dé cuenta: España es el enemigo. En otro tiempo fueron los judíos o los rojos. Por cierto, que los judíos siempre están ahí, a mano, para cuando se necesite un enemigo. Por eso el antisemitismo, ni ha desaparecido ni, desgraciadamente, desaparecerá.

Una recomendación: siempre que tengas un conflicto, un problema, una inquietud, una depresión, un arranque de ira... párate y analízalo. Encontrarás detrás el miedo, el miedo a algo. Cuanto más concretes ese miedo, cuanto más y mejor lo definas, mayor capacidad tendrás para controlarlo. Incluso para darle la vuelta y convertirlo en un impulso, en una fuerza positiva. De esto saben mucho los verdaderos toreros; incluso los buenos escritores. Los dos encaran el último miedo, el más real y el más imaginario, el más general y el más concreto: el miedo a la muerte.       

sábado, 20 de octubre de 2012

EL ARTE DE LA NOVELA


Ando metido en escribir una novela. Escribir una novela es algo más que crear una ficción. Hay que reflexionar al mismo tiempo sobre qué se está escribiendo y cómo. No entiendo a esos escritores que repiten una y otra vez la misma técnica, los mismos recursos narrativos. Esas novelas nacen muertas. La vida no se repite ni un segundo.

Mientras escribo voy construyendo una teoría de la novela. Tomo decisiones en función de esa teoría. La pongo a prueba a cada página. Ahora, por ejemplo, creo que toda buena novela es una mezcla de realidad e invención. O sea, que hay elementos cuyo único sentido es el ser fieles a la realidad, pero otros sólo alcanzan su verdad en la ficción o la invención.

Hay una literatura de los hechos y otra de la ficción. Es muy difícil crear una novela sólo con los hechos, pero también sólo con la ficción. Tanto en un caso como el otro, lo que el lector tiene que percibir y sentir es la verdad, o sea, que la novela no miente ni engaña.

La verdad no es la mera transmisión de los hechos, sino la sensación de que esos hechos, global o esencialmente, han ocurrido tal y como son contados. Para poder transmitir esta verdad hay que conocer esos hechos del modo más objetivo posible. Es el principio de realidad de la novela, por eso  toda novela exige documentación, estudio, reflexión sobre lo que se cuenta para no falsear los hechos, para no mentir, para no engañar. Cuando así se hace, la novela produce un efecto de realidad, que es algo a lo que la novela no puede nunca renunciar.

Pero es imposible construir una novela sólo con la realidad, entre otras cosas porque hay que crear, en primer lugar, la ficción del narrador. El narrador no es el autor, sino el que se responsabiliza de acto de la enunciación del texto mismo. Es quizá lo más difícil. Porque ese narrador tiene que producir siempre un efecto de verdad en el lector, de sinceridad, de compromiso con lo que escribe, aunque utilice la ironía o  el humor. La voz del narrador lo condiciona todo: lo que se cuenta y cómo se cuenta.


El otro problema básico de la novela es el manejo del tiempo y el espacio. El tiempo y el espacio se pueden convertir en estructuras de hierro cuando no se controlan o dominan. La mayoría de las novelas se somete a un orden temporal y espacial que ahoga la escritura. Hemos entrado en la era de la relatividad del tiempo y el espacio. La novela puede estructurarse a partir de este principio.

El peligro siempre está, tanto cuando se narran hechos reales como inventados, en producir un efecto de arbitrariedad. El mundo de la novela no puede ser nunca arbitrario, debe responder a un orden y un sentido interno, el que construye el texto mismo a cada párrafo, a cada página. Una simple frase o una palabra fuera de lugar pueden destruir ese efecto de realidad, verdad y autenticidad que todo novela debe producir.

Escribir una novela es someter cada palabra, cada adjetivo, cada frase, cada párrafo, cada capítulo a un riguroso examen de coherencia. Coherencia con los temas (nunca hay un solo tema), con los hechos, con la voz del narrador, con el tiempo y el espacio. El lector está siempre ahí, observando, censor exigente, pero también apasionándose con cualquier hallazgo, con cualquier sorpresa. Para escribir hay que dejar el yo de lado para desdoblarse, para ser dos al mismo tiempo: el narrador y el lector.

 

viernes, 12 de octubre de 2012

LA PÉRDIDA DE MEMORIA

La gente tiene mucho miedo a perder la memoria. En cuanto no se acuerdan de algún dato (un nombre, una fecha, el título de un libro o una película...) enseguida saltan con aquello de "...Es el Alzheimer". Lo dicen medio en broma, para disculparse y desdramatizar la situación, pero en realidad la frase revela un miedo real, cada día más extendido, a padecer esta enfermedad, que empieza a asustar tanto como el cáncer. Muchos acaban poniéndose a prueba a cada paso, obsesivamente, y claro, acaban convencidos de que han entrado en una fase irreversible. No importa la edad: ya he oído la frase a mis alumnos, que no tienen ni veinte años.

Yo, la verdad, estoy mucho más preocupado por lo que no olvido. Por la cantidad de basura que recuerdo: datos, nombres, imágenes, sucesos... totalmente insignificantes, cuando no tóxicos, obsesivos, inútiles.

(Foto: Fernando Redondo. Sierra de Madrid)

Para recordar lo significativo, nada mejor que olvidar lo supérfluo. La mente almacena todo, sin orden ni control. Si nos dejamos llevar por todos los estímulos que recibimos, nuestra memoria se convierte en una tienda de chinos o del rastro, llena de cosas inutiles, de residuos, de basura mental, de miedos absurdos, de rencores, de ultrajes, de humillaciones, de nimiedades, de datos estúpidos, de preocupaciones paralizantes.

No conviene confundir cultura, saber, conocimiento, con tener una memoria excelente para recordar  eso que podríamos llamar "cultura de masas", y que sirve para los concursos de la tele. No, lo más importante es no perder la capacidad de pensar, de pensar libre y autónomamente. La memoria ha de estar al servicio del pensamiento, no al revés.

Preocúpate de pensar, de razonar, de criticar las ideas que te imponen, la información que recibes, la manipulación de los sentimientos, las mentiras que quieren que recordemos y para eso las repiten cada día. Preocúpate porque recuerdas sólo lo que quieren que recuerdes y así te olvidas de lo más importante: pensar por ti mismo.

Si piensas, recordarás lo que necesites recordar. Porque no piensas para recordar, sino para vivir. Tampoco sabes para recordar, sino que recuerdas porque sabes. Y sabes, no para demostrar a los demás que sabes, sino para vivir mejor y más intensamente. La mejor manera de conservar la memoria es ejercitar la concentración y el pensamiento.

Recuerdas para vivir, no vives para recordar. Cuanto más vives, más y mejor recuerdas, porque sólo recordarás aquello que más y mejor te ayude a vivir intensamente el momento presente.


jueves, 11 de octubre de 2012

DIÁLOGOS SOCRÁTICOS (2)

ESTA ENTRADA FUE PUBLICADA HACE CASI TRES AÑOS EN MI BLOC. ME HA LLEGADO AHORA UN MENSAJE DE GOOGLE DICIENDO QUE HA SIDO DENUNCIADA POR IR CONTRA LOS DERECHOS DE AUTOR DE NO SE SABE QUIÉN NI POR QUÉ. ES, COMO TODO LO QUE AQUÍ ESCRIBO, UNA CREACIÓN PERSONAL Y ORIGINAL. ESTO DE DENUNCIAR A ALGUIEN ANÓNIMAMENTE Y SIN SABER DE QUÉ SE LE ACUSA NI POR QUÉ ES UN PROCEDIMIENTO INQUISITORIAL QUE NO PODÍA IMAGINAR FUNCIONARA EN GOOGLE. COMO ME DICE UN AMIGO, A LO MEJOR HA SIDO PLATÓN QUIÉN LO HA DENUNCIADO.
ME PIDEN QUE MANDE UN IMPRESO FIRMADO ARGUMENTANDO MI DEFENSA O QUE LO RETIRE DEL BLOC. ¡TOMA YA!

-¿Y tú, quién eres?
-Yo soy una tautología.
-Explícate.
-No puedo.
-Inténtalo.
-Lo intentaré. Pues... soy un ser vivo que vive sin saber lo que es vivir.
-Dices que no sabes qué es vivir, pero sabes que estás vivo. No te entiendo.
-Yo tampoco.
-¿Qué es lo que no entiendes?
-Cómo se puede vivir y no tener ni idea de lo que es vivir.
-Te refieres a la vida en sí, la biológica, porque este bisílabo abarca mucho.
-Sí, demasiado. A esas palabras tan grandes había que cortarles un poco los humos.
-Las alas, los vuelos, querrás decir.
-Sí, eso.
-Pues hazlo. A lo mejor así te aclaras un poco.
-Pues venga tijera: no comprendo la respiración.
-Coges aire y lo expulsas. Inhalas y exhalas: eso es todo.
-Eso no es explicar. Eso es una tautología. ¿Ves? Ahí quería yo llegar. En cuanto tratamos de comprender caemos en la tautología. Así no hay forma de entender nada.
-Podemos intentarlo.
-Intentar, intentar... Nos pasamos la vida intentando para nada.
-Te veo muy pesimista. Yo no creo que sea tan difícil definir la respiración. Tomas aire, lo llevas a los pulmones y lo arrojas por donde ha entrado.
-Eso no es definir, sino describir, echar mano de palabras huecas para explicar un hecho inexplicable. Porque empecemos por el aire, ¿qué es? Algo que no se ve. Me dirás que el humo se ve, pero está claro que el humo no es el aire, y si no, intenta respirar humo: te asfixias.
-No se ve pero se siente. Si te soplo ahora en un ojo lo cierras, ¿no?
-Sí, lo siento, pero el sentir es todavía más inexplicable que el respirar, así que no nos vayamos a la estratosfera. Sigamos en la atmósfera. Digo que vivimos porque respiramos, pero que no sabemos lo que respiramos.
-Oxígeno, eso está demostrado.
-Bueno, supongamos que la vida, reducida a respiración, sea tomar oxígeno de por ahí, llevarlo a los alvéolos y echarlo luego hacia la atmósfera un poco más sucio. ¿Pero sabes tú acaso qué es el oxígeno? No te pregunto ya de dónde ha salido ni por qué él, y no el azufre, por ejemplo, es la base de la vida. Yo te pregunto si entiendes qué es eso de un átomo de oxígeno.
-Eso está ya perfectamente estudiado por los atomistas. Hay electrones, y protones, y neutrones, y luego quarks: ahí se acaba todo.
-Y neutrinos y antimateria y materia oscura y energía oscura y millones de partículas sin identificar. Pero dejemos esto y vayamos a la partícula última, la mínima, sea como sea y haya las que haya. ¿De qué está compuesta? ¿Qué es en realidad?
-Eso todavía no se sabe, pero sabemos todo lo demás.
-No, no se sabe, sólo se verbaliza engarzando tautologías.
-¿Y tú lo sabes?
-Sí. Al final de todo no hay nada, la nada más absoluta que te puedas imaginar. Esto es impepinable, y no puede ser de otro modo, salvo que nuestra mente no sea más que un disparate. Sólo la nada más radical puede sostener el todo, porque si hubiera algo, ese algo tendría que ser explicado a su vez por otra cosa, y así hasta el infinito, lo que es un absurdo y un imposible. Esto tiene que ser categórica y necesariamente así, lo que pasa es que es esto justamente lo que no podremos, ni ahora ni nunca, comprender. Así que ya ves, después de un rodeo, hemos vuelto al principio, la tautología.
-Casi me convences.
-A mí me convenció antes Chuang Tse. Mira lo que escribió hace casi tres mil años: Lo que existe no puede hacer que existan las cosas. Todas ellas surgen de la no existencia.-Eso sí que es volver al principio, porque los chinos no conocían el microscopio de túnel.
-Ni el acelerador de partículas, que no es más que meter un trozo de vacío en un tubo larguísimo para que de esa nada salte una chispa.
-Sorprende que, por caminos tan distintos, se llegue al mismo sitio.
-En el centro de nuestro corazón tenemos un agujero negro, hermano.
-O blanco, hermano, o blanco, quién sabe.