MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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viernes, 31 de octubre de 2008

CULEBRA, GOLONDRINA, RANA

(Foto: S. Trancón)
El Dalmau. Dos de agosto. He visto un jabalí, una raposa, una gineta, un halcón, una abubilla, una culebra, sapos, una ranita verde de San Antón, golondrinas, arañas, escarabajos, cuervos, pardales. Necesito rodearme de vez en cuando de todo esto. Una vida totalmente urbana me asfixia.

Otro día me acerqué al atardecer a un santuario prehistórico, oculto entre robles. Es el dolmen más grande que he visto nunca. Me sobrecogió. El cielo estaba poblado de voladores, manchas negras que revoloteaban por encima de mi cabeza. Supe que allí no se puede ir desprotegido, que hay que prepararse antes para que no te atrape eso que todavía se oculta allí.

Tomar contacto con la vida no humana, la de la naturaleza, la de los animales, pájaros e insectos, y con la vida humana primitiva, la presencia todavía vibrante de esos hombres antiguos que levantaron piedras ciclópeas en lugares de poder, es algo que me desintoxica de la artificialidad del mundo urbano, un mundo totalmente construido.
Algo que necesito no sólo para vivir, sino para sobrevivir.

Ha habido una tormenta y todo huele a verdor, a tierra mojada y aromas vegetales. Brillan las hojas, intensificando el verde, el esplendor del verde. Llega la noche, y apenas oscurece, una rana empieza a croar dulcemente, como un cuclillo de agua, cú, cú, cú…, sobre el fondo del canto de los grillos.

He visto nadar sobre el estanque una culebra. ¡Qué elegancia, qué suavidad, que deslizamiento más sinuoso y sigiloso, la diminuta cabeza ligeramente levantada! Deja sobre la superficie del agua unas ondulaciones casi vaporosas, que pronto se desvanecen.

Observo el vuelo rasante de las golondrinas. Bajan, aletean y hunden levemente su pico en el estanque. Rasgan la seda del agua y beben una gota que se llevan en su pico. ¡Qué precisión! Con qué exactitud clavan la punta de su pico en el agua que refleja su vuelo, el espejo en que se besan. No se mojan las alas, no chocan contra la superficie tersa y brillante.

La perfecta inmovilidad de las ranas flotando en medio del estanque. Asoman la mitad de su cabeza, las patas traseras abiertas, los dedos estirados. Pueden pasar horas enteras en esa inmovilidad, pero si perciben un leve ruido o movimiento a su alrededor, se hunden en un instante hasta el fondo turbio del agua, donde se camuflan. Un movimiento prodigiosamente rápido y preciso.

Me traslado, me adentro, dejo mi mente de lado para ser culebra, golondrina, rana, un instante. Para dejar de ser humano, al menos por un instante.

domingo, 26 de octubre de 2008

LA SOMBRA DEL JABALÍ

(Foto: S. Trancón)



En el verano del 2006 pasé unos días perdido en una masía del Solsonés. Era la casa del “masové”. Al lado de una huerta, entre rocas, había un estanque redondo que recogía el agua de una fuente. De noche cantaban las ranas con una croar tan potente que parecía salido de la garganta de un dinosaurio. Aquel extraño rugir, en medio de la noche oscurísima, venía de lo más profundo del pasado y me llevaba a un mundo primigenio, una era anterior al hombre.
Una noche aquel concierto del cretácico cesó de repente. Me quedé quieto entre las sombras gigantes y lúgubres de los árboles. Oí un resoplido ronco y prolongado, seguido de suaves gruñidos. Crujieron unas ramas y hojas secas. Los pasos se hicieron más sigilosos, pero cada vez se oían más cerca de mí. Vencí el impulso de escapar corriendo hacia la masía y me dispuse a encarar aquello, fuera lo que fuera. El silencio se hizo interminable. Volvió poco a poco el coro de ranas, al principio alternando pequeños gorjeos, luego con una furia ensordecedora, como en la tragedia griega hacían las Gorgonas y las Erinias.
Me creí libre del peligro, pero en cuando me dí la vuelta para regresar, al girar mis ojos, que iban barriendo la negrura que me rodeaba, me deslumbró un pequeño resplandor. Fijé la vista, como abriendo un agujero en la noche, y dos ojos rojizos quedaron enganchados a los míos. Un feroz gruñido y un retumbar el suelo como si se iniciara un terremoto, fue lo último que recuerdo.

El impresionante jabalí me dio un cabezazo en el estómago y me lanzó a un lado. Caí entre unas zarzas y por fortuna no me rompí ni un hueso. Hasta mi bazo quedó intacto. Eso sí, el moratón me llegaba hasta el pecho. ¿Qué ocurrió? Pues de modo inesperado, en una milésima de segundo, oí una voz que surgía de mi interior, y sin palabras me dijo: abandónate, no opongas ninguna resistencia.
Volé como un espantapájaros y lo vi todo desde el aire. El jabalí, con todas sus cerdas erizadas, como púas, siguió su trote hasta perderse entre los arbustos.
Siempre he sido un poco temerario. De pequeño me gustaba salir al bosque en medio de la noche para retar a las monstruosas sombras que me salían al camino. Me gustaba sentir pavor, pero dominarlo. Si algún día esas figuras me dejaban tranquilo y el paseo nocturno acababa sin sobresaltos ni visiones de ningún tipo, volvía desilusionado.


P.D. Otro día contaré cómo me pasé una tarde absorto, mirando el agua verdeclara del estanque, contemplando a una culebra, a las ranas y sapos y a las golondrinas que volaban rasgando levemente la seda del agua con su pico.

martes, 21 de octubre de 2008

RECITAL POÉTICO



Para los que puedan acudir, y para los que no, y que sientan alguna curiosidad, os informo que voy a realizar un Recital Poético en el que la voz y la música se fundirán para provocar una experiencia de asociaciones, ecos y estímulos sonoros que espero sea inolvidable para la mayoría.

DESVELOS DE LA LUZ
30 POEMAS Y UNA CANCIÓN
RECITAL POÉTICO-MUSICAL


Lugar: Centro Cultural Príncipe de Asturias
C/Hermanos García Noblejas, 14
Madrid
Metro: Ciudad Lineal
Autobuses: 4, 38, 48, 70 y 105

Día y Hora: 5 de noviembre de 2008, 19:00 h.
Entrada libre

Zimbal, Música: Dino del Monte
Canto, Acompañamiento: Eva Medina
Texto, Voz: Santiago Trancón

Texto del Programa:

La poesía es ritmo, respiración, melodía y cadencia. Cuerpo y música. La poesía es un sentir, un estado energético, vibratorio, físico y mental. Una conexión con las modulaciones secretas de la materia, de las que nace la conciencia.
La poesía selecciona, revela y desvela aspectos de la realidad, del mundo y sus misterios, que sólo a través de ella podemos vislumbrar.
La poesía es concisión, intensidad, concentración significativa y emocional.
La verdadera poesía nos libera del peso y la ofuscación de la rutina cotidiana, de las exigencias y apremios de la vida, para provocar un nuevo estado de conciencia.
La poesía no es ensimismamiento, sino comunicación, diálogo, conocimiento y experiencia compartida. La poesía es abrirse al otro. Un otro que es también uno mismo, su lado oculto, el propio misterio.
Para gozar de la poesía hay que dejarse llevar, entregarse al hechizo de las palabras y su sonoridad, las imágenes y sus ecos, las ideas y su iluminación.
Poesía es contemplar, sentir, pensar y crear belleza. Sosiego activo, descubrimiento inesperado, olvido de sí, anhelo de plenitud.

domingo, 19 de octubre de 2008

EMOCIONARSE O SENTIR

(Foto: S.Trancón)


He aludido varias veces en estas páginas volátiles e intangibles a la diferencia entre emocionarse y sentir. Lo explico ahora un poco mejor.

Las emociones son reacciones semiautomáticas localizadas inicialmente en las zonas más primitivas del cerebro. Nacieron para defendernos de los depredadores y los peligros súbitos. Con la evolución, el sistema prefrontal se interpuso para tratar de dominar la activación incontrolada, y poco adaptativa, del sistema límbico. El resultado es un mecanismo en el que las reacciones del sistema simpático se retroalimentan con ideas e imágenes. Así que la emoción es una amalgama de pensamiento y reacción fisiológica que funciona de forma casi automática y repetitiva. Nada más parecido a una emoción que otra emoción.

Las emociones tiñen y determinan nuestro pensamiento y nuestra conducta en todo momento. Es casi imposible sustraerse a su influencia.

Sentir es algo un poco distinto. El sentir, más que una reacción es un estado. Un estado en el que cuerpo y pensamiento acompasan su vibración. Afecta a la totalidad del ser. Frente a la emoción, es todo el cuerpo, y no una zona determinada, el que está implicado.

La emoción se localiza siempre en zonas determinadas del cuerpo: el estómago, el corazón, el plexo solar, el rostro, la garganta, las manos. Es ahí donde la reacción fisiológica se manifiesta, produciendo una especie de colapso energético, de nudo, de bloqueo. El pensamiento que va estrechamente unido a esa reacción es reiterativo: una frase categórica, una especie de mandato, orden y justificación mental que sirve para mantener la reacción neurofisiológica y reactivarla constantemente. Las mismas emociones van siempre acompañadas de los mismos pensamientos. El cerebro, entonces, se sobrecarga y recalienta.


En el sentir, el cuerpo en general, y el córtex prefrontal, reaccionan de manera muy distinta. El cuerpo se desbloquea, la energía fluye o circula por todo el sistema nervioso de manera uniforme e ininterrumpida. El cerebro, por lo mismo, permanece más frío. La sensación no es la de ser golpeado por un estallido de energía (la emoción), sino la de ser traspasado por una ola suave. El pensamiento se vuelve entonces menos rígido, más abierto y creativo.

Las emociones producen estrés; el sentir, bienestar y serenidad. Las emociones fragmentan el cuerpo; el sentir, lo unifica.
Para sentir hay que controlar los impulsos automatizados del cuerpo y desprenderse de los pensamientos repetitivos.

Cuanto más sientes, menos te emocionas. Cuanto más te emocionas, menos sientes. Cuanto menos te abandonas a las reacciones emocionales, más aumenta tu capacidad de sentir. Cuanto más sientes, más claros y lúcidos son tus pensamientos. Cuanto más claridad y fluidez mental, mayor intensidad, pasión y asombro encontrarás en todo lo que sientes, en todo lo que te hace sentir.

jueves, 16 de octubre de 2008

UNA HORA DE VIDA

(Foto: PortfolioNatural)


Dice el enamora-do a la muerte: dame una hora de vida. Quiere, antes de morir, ver a su amada, abrazarla. Corre a su encuentro, y cuando ya trepa hacia su balcón, “la fina tela se rompe, la hora es ya cumplida”, nos dice el romance. Su amada le habría arrojado sus trenzas para que subiera, pero no llegó a tiempo.

¿Y si no se hubiera precipitado en su busca?, nos preguntamos. Habría muerto igualmente, nos viene a decir el poema, porque lo que importa es la hora, no el modo con que la muerte se presenta. Mejor morir a punto de rozar los labios de la amada, que no derrotado, acurrucado en un rincón.

La hora de nuestra muerte. La llaman la hora de la verdad. Llegará, inexorablemente. El encuentro definitivo con el infinito. Pero, si bien lo pensamos, cada hora es siempre la última hora de nuestra vida. Primero, porque en cualquier instante podemos dejar este mundo, y nadie ni nada nos puede asegurar un segundo más de vida. Luego, porque esta hora de ahora, en cuanto transcurra, ya nada ni nadie podrá hacerla volver. Lo hecho, hecho queda para siempre, o desaparecido, o no hecho. Definitiva, irrevocable e irreversiblemente. Cada hora queda definitivamente atrás.

¿Angustia, desesperación, miedo? Si es así, irremediable, ¿de qué nos sirven estos sentimientos? Démosle la vuelta al tiempo y actuemos como el enamorado: vivamos cada hora con la intensidad del final. Alarguemos el tiempo, extendámoslo. Si lo dividimos en horas, cada hora vivida con atención, concentración y serenidad, puede convertirse en una eternidad.

Vivir la vida por horas es entregarse por entero a cada hora, no reservarse para la siguiente. Significa actuar con todas las consecuencias, despreocupándonos del resultado, del éxito o fracaso social de nuestros actos. Y tan importante es actuar con decisión, sin reservas ni titubeos, como no actuar, no hacer lo que estamos acostumbrados a hacer. No irritarnos, por ejemplo. No ofender ni despreciar a nadie, empezando por nosotros mismos. No abandonarrnos a la autocompasión, a la pereza o la rutina.

Una hora de vida. No un año, ni un mes, ni siquiera un día. Cada hora, la hora de la verdad. Un estado de alerta serena. A cada hora, renovar nuestro romance con la vida, nuestra amada, a la que nos entregamos por completo, sin cálculos ni reservas. Atención, atención. ¡Aquí y ahora, aquí y ahora!, como gritaban los pájaros de La Isla de Huxley.

domingo, 12 de octubre de 2008

ESCRIBIR LOS SUEÑOS

(Foto: S.Trancón)
Desde Freud y Jung, los sueños han pasado, de ser sólo sueños, a convertirse en fuente de autoconocimiento, de inspiración artística y de investigación científica. Incluso en una puerta de entrada hacia lo desconocido, recuperando la larga tradición del sueño como origen de revelaciones, premoniciones, augurios y vaticinios.

Como los sueños son volátiles, y apenas se prenden a nuestra conciencia ordinaria por un hilo muy frágil, lo que yo hago es escribirlos cuanto antes. Sólo de vez en cuando, claro, cuando un sueño me sorprende por su viveza o extrañeza.

De los sueños me interesa más su relación con el presente que con el pasado o el futuro. Más que regresión o proyección, creo que son prospección, introspección. Y antes que su contenido, es el estado emocional en que nos sumerge lo que más me atrae.

Para entenderlos (más que para interpretarlos), uno debe saber que en ese estado de conciencia nocturna, la mente funciona con metáforas y metonimias. La metáfora es asociación por semejanza, condensación; la metonimia, sustitución por contigüidad. El proceso de asociación y sustitución metafórica y metonímica es, por su propia naturaleza, ilimitado, así que es inútil buscar la primera piedra filosofal, inicial o nuclear. Lo importante es descubrir la fuerza, el impulso emocional, el deseo que recorre la cadena de las imágenes y situaciones oníricas.

Me encuentro en una especie de corral. Veo puertas hechas con rejas de madera que al abrirse y cerrarse me van metiendo por un laberinto, un camino del que es muy difícil salir. Voy adentrándome y de pronto tropiezo con una de esas puertas, me caigo y toda la estructura del laberinto se viene abajo. Me enredo, intento salir y todo queda destrozado. Me siento culpable del desastre y empiezo a reconstruirlo todo. Lo hago con mucha paciencia. F. J. aparece por allí, se sorprende y se ríe con un gesto de desprecio al verme realizar una tarea tan humillante. Yo prosigo sin sentirme para nada ofendido ni avergonzado. Me concentro en el trabajo y me despierto.

Corral-laberinto-atravesar puertas-tropezar-algo que se viene abajo-levantarse-reconstruir. Es una pequeña historia que reproduce, metafórica y metonímicamente, miles de historias, de situaciones por las que todos pasamos. La vida es frágil y laberíntica, y en cualquier momento todo se nos puede venir abajo. Para levantarse, iniciar una nueva aventura, un nuevo proyecto, es preciso no hacer caso de la mirada o censura de los otros, los F. J. de mi sueño.

P.D. Escribir es siempre escribir sueños. La lógica de la literatura es la lógica del sueño: una cadena ilimitada de metáforas y metonimias para expresar el deseo, el impulso, el intento, la fuerza inagotable de la vida.

jueves, 9 de octubre de 2008

COMPRENDER, ACEPTAR

(Foto: PortfolioNatural)

Pensamos para comprender.
Comprendemos para aceptar.
Aceptamos para comprender.

Necesitamos comprender para aceptar.
Necesitamos aceptar para comprender.

Sin comprensión no hay aceptación.
Sin aceptación no hay comprensión.

Comprender es algo más que saber, que interpretar, que conocer.
Comprender es tener una visión de conjunto, abarcarlo.
Para comprender hay que observar la totalidad sin prejuicios ni actitudes cerradas.

Pero para comprender hay también que comprimir, simplificar, reducir la heterogeneidad y no perderse por las ramas.

La comprensión es un ejercicio mental; la aceptación, una actitud, un estado emocional.

Comprender y aceptar, aceptar y comprender. No es posible lo uno sin lo otro.

Comprensión no es compasión; aceptación no es resignación.
Para cambiar la realidad, primero hay que comprenderla y aceptarla.
Para cambiar uno mismo, primero necesita comprenderse y aceptarse.

Nada más útil, nada más necesario, nada más creativo, que ejercitarse en la aceptación y la comprensión. Antes que pelear, antes que resignarse, antes que angustiarse, antes que nada, uno debe aprender a ver, observar todo sin ideas previas, sin pensamiento alguno, y, al mismo tiempo, aceptar todo lo que ve.

Comprensión fría, aceptación serena: ante todo y ante todos. Si esto falla, todo lo que hagamos carecerá del contacto directo con la realidad, del brillo y la fuerza que la realidad desprende.

sábado, 4 de octubre de 2008

ODIO A ESPAÑA

(Foto: PortfolioNatural)
Sánchez Ferlosio acaba de decirnos, en la presentación de su último libro, que “odia a España”. ¿Por qué? Porque todo patriotismo es “venenoso”, afirma. José Luis Garci, a las órdenes de Esperanza Aguirre, acaba de estrenar una costosa película (¡15 millones de euros de subvención esperancil!, el dinero, la suma todos...) para exaltar no sé qué guerra patriótica. La coincidencia de estos dos discursos, de algún modo prototípicos de cierta izquierda y de otra no menos cierta derecha, me obliga a volver sobre el “tema” de España.

Empecemos por Ferlosio, premio Cervantes, lo que hace todavía más insensato el exabrupto que comentamos. Admiro su mejor libro, Alfanhuí, del que él reniega. También alguno de sus ensayos sobre la guerra, y poco más. Pero vayamos a esto del “odio a España”. ¿Qué puede significar? Se odia a las personas, pero yo no entiendo cómo se puede odiar una abstracción. Sólo si se personifica, mitifica o degrada como si fuera una persona, claro. Así que para Ferlosio, España es una especie de entidad personal que merece ser odiada. ¿No debería decir mejor, “odio a los españoles”? Que todo sentimiento de identificación colectiva puede degenerar en patrioterismo y fascismo, es algo que todos sabemos, y tenemos muy cerca los ejemplos. Pero reaccionar con un sentimiento opuesto (el odio) demuestra que se está encarando el problema del mismo modo que aquellos a los que se critica: con emociones primarias. Y, claro, inconsecuentes. Porque si no se ve nada bueno en los sentimientos de pertenencia (algo inevitable, por otra parte), Ferlosio debería proclamar con igual énfasis su “odio a Cataluña”, “odio a Euskadi”, etc. Es algo parecido a aquella estupidez de Pepe Rubianes hablando de la “puta España”.

El odio es un sentimiento muy costoso. Es necesario alimentarlo cada día. Es lo que hacen los nacionalistas: alimentar día a día, buscar constantemente motivos para justificar el rechazo de eso que han decidido negar de antemano. En esto se parecen totalmente a los españolistas. Sólo se afirman negando. Y con esto vamos a Garci y su gesta nacionalista.

Convertir el dos de mayo en la fecha fundacional de España es algo tan estúpido como inventado. Que en aquella guerra confusa se utilizó el sentimiento nacional para vencer a los franceses, no hay duda; pero allí no se dirimió ni el ser de España ni ninguna entelequia parecida. Es lo mismo que pretenden los nacionalistas exaltando sus gestas gloriosas de rechazo del pueblo invasor. Inventos, mitos, manipulaciones de un sentimiento natural como es el de sentirse español, catalán, gallego, vasco, leonés o andaluz.

Repito lo que he dicho en otra ocasión: identificarse con entidades abstractas, dotarlas de lo que no tienen ni son, es caer en una trampa que no resiste el más mínimo análisis y, sobre todo, perder la libertad individual y el sentido crítico. El mismo que les falta a todos los Ferlosios y Garcis que andan sueltos por ahí, dándole a la lengua y tirando de la pasta sin rubor alguno.

miércoles, 1 de octubre de 2008

PRESENCIA DE LO EXTRAORDINARIO

(Foto:S.Trancón)
Estamos rodeados de lo extraordinario. Lo que sucede es que no tenemos capacidad para prestarle atención y descubrirlo. A veces, sin embargo, algo nos saca de nuestra rutina interpretativa y nos obliga a aceptar hechos energéticos que están siempre ahí, aunque no los veamos ni sintamos en nuestro estado habitual de conciencia. Uno de esos hechos es nuestra propia configuración energética. La noche del 11 de agosto del 2004 tuve una experiencia “no ordinaria”, o de “conciencia de ensueño”, que quiero contar. Me refiero al hecho de que somos un conglomerado energético: campos, ondas y partículas de energía pura encerrada en una especie de burbuja, cuyo centro, más denso, constituye nuestro cuerpo. Reproduzco lo que entonces escribí.

Sentí, al poco de acostarme, que una extraña presencia me llamaba con golpes fuertes que retumbaban a mi lado. Golpes sobre una puerta de madera…, pero no había puerta, sino una barrera espesa e invisible. Golpeaba con urgencia para que la dejara pasar. Yo no veía nada, pero sentía cerca de mí algo oscuro y amenazante que me paralizaba. Ante el miedo, casi terror, de que eso que estaba ahí, tan cerca, acabara traspasando esa puerta o pared, sentí cómo mi cuerpo se transformaba en una masa de energía. Todo mi ser era un conglomerado de partículas vibrantes, que, ante la amenaza, habían tomado conciencia de que formaban un campo cerrado. Quedé convertido en una masa densa de energía chisporroteante, ardiente, que tenía una formal oval, dentro de la cual se concentraba una gran cantidad de energía y calor. Estaba tumbado sobre la cama, pero mi cuerpo, transformado en una burbuja flotante, no tenía peso. Volví a sentir la presencia oscura, oí sus golpes profundos resonando por todo mi interior, llamando con apremio. Me encerré aún más en aquella cáscara de energía, hasta que me desperté del todo. Mi cuerpo desprendía una ola hirviente de calor, una especie de niebla vibratoria, que me rodeaba por todos los lados. Los límites de mi ser no eran los límites de mi cuerpo, sino que se extendían más allá, medio metro a mi alrededor. No estaba encerrado en mi piel, no era sólo un cuerpo físico, atrapado por la gravedad, sino un conglomerado energético, una masa de energía compacta capaz de hacerse consciente de sí misma. Agradecí a aquella extraña presencia que me hubiera permitido experimentar por primera vez en mi vida que somos esferas luminosas que contienen una energía poderosa, intensa, vibrante, capaz de desplazarse por el mundo, conocer la existencia de otros seres y entrar en contacto con ellos para incrementar su conciencia. Comprendí que no sucumbir ante el miedo y el pánico puede abrir nuestro cuerpo al conocimiento silencioso, a la experiencia y la percepción de hechos que, una vez corroborados, ya no se pueden negar. Que nuestro mundo ordinario está separado de lo extraordinario por una sutil barrera que nos protege de su impacto -capaz de destruir nuestra frágil envoltura-, pero que podemos también resistir ante el pavor y recibir, en cambio, una oleada de energía que rompe la fijeza de nuestra conciencia y cambia nuestra percepción.

domingo, 28 de septiembre de 2008

HABLEMOS DE ESPAÑA (V) La sinrazón del independentismo

(Foto: S.Trancón)



¿Es posible construir hoy una idea positiva de España, que compartan la mayoría de los españoles?

Para que esto ocurra, primero hay que formular con palabras nuevas, sin complejos, esa idea de España. Es una tarea colectiva, y no se puede establecer por decreto, sino ser el resultado de la labor de escritores e intelectuales, medios de difusión, políticos, creadores.

Cualquier idea positiva e integradora de España ha de partir de la realidad actual, ser coherente con el mundo en que vivimos y con una perspectiva de futuro. Una idea que no niegue los hechos del pasado, pero que no busque ningún fundamento ontológico ni jurídico en los “derechos históricos”. El pasado es pasado, y sólo nos interesa en la medida en que continúa siendo parte del presente. Sin duda, el pasado vive ante todo en nuestra cabeza. Necesitamos hacernos una idea, dar un sentido al pasado para entender mejor nuestro presente.

No hace falta ser un erudito para hacernos una idea global de lo que ha sido nuestro pasado. Podemos interesarnos por la historia, conocer e interpretar minuciosamente los hechos más relevantes de nuestro pasado, pero al final lo que más importa es esa especie de síntesis o simplificación mental, suficiente para estructurar nuestro pensamiento. Cada uno la hará a su modo. Yo lo resumo así:

-España nace primero como término, para designar cierta unidad geográfica (un amplio territorio montañoso, rodeado por el mar, con una gran meseta central, rico en vegetación, fauna y minerales).

-En ese territorio, como en la mayoría del planeta, han vivido multitud de pueblos y etnias desde la más remota antigüedad, mezclándose biológica, cultural y lingüísticamente (no existe, por tanto, ni raza, ni pueblo, ni lengua pura, por más aislado que haya vivido).

-Entre esos pueblos podemos señalar los más destacados: celtas, iberos, fenicios, romanos, visigodos, árabes y judíos. Actualmente, todos los del mundo, desde los africanos a los chinos, pasando por todos los hispanoamericanos.

-España se constituye como nación a partir del siglo XV. Nación que progresivamente se va convirtiendo en Estado unificado. Esta unificación nunca destruyó el sustrato medieval de Cataluña, Navarra, Galicia y Portugal, donde pervivieron lenguas y algunas instituciones políticas diferenciadas. Salvo Portugal, ninguno de los antiguos reinos o condados medievales tuvieron suficiente necesidad, interés o posibilidades de constituirse en naciones independientes. Así que han mantenido su integración política, social, económica y cultural con el resto de España durante los últimos cinco siglos. Las diferencias nunca han sido tan importantes como para impedir su integración positiva y duradera en España. Estos son hechos, no “historias”.

-La integración política de España no ha sido fruto de la imposición por la fuerza. El ejemplo más claro es Portugal. Si de verdad hubiera habido una voluntad de independencia sólida y fundamentada, Galicia, País Vasco y Cataluña hubieran seguido el mismo camino. No digo que no haya habido momentos históricos ni intentos de independizarse, sino que esos intentos no tuvieron suficiente apoyo y determinación como para llevarse a cabo. ¿Por qué? Eso ya es discutible. Lo que yo digo es que hubiera sido imposible mantener la integración sólo mediante la fuerza de las armas, mediante una imposición externa (“los ocupantes”). Sin la colaboración, el consentimiento y el interés de la gran mayoría de los habitantes de esas zonas, clases dirigentes incluidas, no hubiera sido posible mantener hasta hoy esa unidad política, jurídica y social que llamamos España.

-El pasado, en resumen, no da ningún argumento serio para que hoy se esgrima ningún derecho histórico para justificar la independencia. Otra cosa es que hoy se quiera esa independencia por razones de interés político y económico, y para ello se acuda a la historia, interpretándola de manera arbitraria y sesgada hasta convertirla en mito (los nuevos nacionalismos necesitan asentarse en el mito, transformar imágenes, banderas, himnos, hechos históricos, diferencias culturales, modos de comportamiento, etc. en verdaderas fantasías colectivas actuantes, porque su obsesión es “marcar la diferencia”, en este caso, negar todo lo que objetivamente les une a España).

-Las diferencias entre catalanes, vascos, gallegos y el resto de españoles son tan superficiales e imaginarias, que no sostienen el más mínimo análisis. Aparte de la lengua (en el caso de los que, siendo catalanes, vascos o gallegos, se expresan sobre todo en catalán, vasco o gallego, no para los que tienen como lengua materna el español, al menos la mitad de la población), el resto de diferencias no tiene ninguna significación política, jurídica, económica o cultural. Podrían encontrarse más diferencias (externas, de costumbres, de “modo de ser”) entre un leonés y un sevillano, que entre un leonés y un catalán, por poner un ejemplo.

-Las diferencias, por tanto, no son reales o importantes, salvo en un aspecto: el sentimiento de pertenencia. Aquí sí encontramos diferencias, desde la identificación emocional, mítica y religiosa de un catalanista o un galleguista con su “nación”, hasta la despreocupación e indiferencia de un madrileño por su territorio.

Todo esto nos lleva a la conclusión que el problema del independentismo nacionalista es en gran parte un problema ideológico, emocional, inducido, alimentado y sostenido por la voluntad y determinación de una minoría que espera sacar beneficios de todo tipo con esta estrategia de tensión, presión, imposición, amenaza, ruptura. Beneficios indudables de los que ya disfruta, pero que creen pueden ampliar en el futuro. ¿Por qué caer todos en la red mental, política, ideológica y lingüística que ha ido tijiendo esa minoría durante los últimos treinta años?

jueves, 25 de septiembre de 2008

ASÍ ENTIENDO YO LA CRISIS

(Foto: PortfolioNatural)
Trabajamos. La mayoría. En esto y aquello. Formamos la gran clase media. Media baja, media media, media alta. En el campo. En la construcción. En las fábricas. En la administración. En la educación. En la sanidad. En la banca. En el comercio. En el transporte. En el ejército. En casa. Etc. Trabajamos para producir, pero también para que se pueda trabajar, producir y consumir. Todo es necesario. Todo está conectado y es interdependiente. Esta es la economía real.

Trabajamos y nos pagan por ello. Con dinero. Aquí empieza el lío. Se supone que el valor del dinero equivale al valor de nuestro trabajo medido por las cosas que podemos comprar y vender con él. Pero ¿cómo medir el valor real del trabajo? ¿Cómo medir el valor real de las cosas? Ley de la oferta y la demanda, nos dicen. Todos sabemos que no es así, que hay miles de factores que intervienen entre lo uno y lo otro: mediadores, podríamos decir, imaginarios. Empezando por el dinero mismo, porque su valor no depende sólo de su equivalente real (lo que se puede comprar con él), sino de lo que se pueda pagar por él. Entramos ya en la economía virtual, la del dinero. La de los bancos.

En teoría, el dinero circulante es el equivalente, más o menos, de lo que un país produce. Si hay más dinero de la cuenta, pues se genera inflación, suben los precios. Si no hay dinero, pues se produce recesión, se deja de producir porque no se vende. Pero el dinero y el mercado sobrepasan hoy las fronteras y no hay manera de saber su equivalente real. ¿Por qué?

Aquí entran los explotadores de la economía real y los especuladores de la economía virtual. Unos y otros hacen que eso de la oferta y la demanda se vuelva todavía más relativo. Los llamados “bancos de inversión” han descubierto, por ejemplo, no ya que el dinero produce dinero, sino que puede producir toneladas de dinero en un segundo. El dinero se ha convertido en el mayor negocio. Especular: comprar y vender dinero por toneladas. Toneladas multinacionales. Especulativo viene de speculum, espejo, pero también puede ser truco, engaño, espejismo. Como esta economía virtual sólo puede funcionar si uno se fía en que el dinero que se compra y vende tiene un valor real, pues puede resultar que todo sea un timo, un timo compartido, en el que nadie se atreve a comprobar si esas toneladas de papel, de dinero nominal, son efectivamente dinero real. Así hasta que el círculo vicioso se rompe por el punto más débil: los que no pueden devolver el dinero prestado, los que no pueden especular.

Ahora ocurren dos cosas claras: una economía virtual que se viene a pique (por avaricia, usura o codicia, dicen algunos; por simple engaño y latrocinio, deberíamos aclarar) por un lado; por otro, una economía real dedicada a producir sin orden ni concierto y a destruir (burbuja inmobiliaria, consumo enloquecido, guerra de Irak). Con una economía real insensata y de rapiña, y con el monstruo de una economía virtual hidrópica, viene el choque. O sea, donde estamos.

Así hasta que la economía virtual se ajuste, más o menos, a la real. ¿El precio? Que nuestro trabajo, nuestro dinero y lo único que poseemos la mayoría (algún piso, ahorrillos, planes de pensiones), o sea, las bases de la economía real, dejen de valer, no ya lo que virtualmente valían, sino lo que realmente cuestan, o sea, lo que nos cuesta y nos ha costado realmente conseguirlo. Los ladrones especuladores, encantados: el estado, no sólo no les lleva a la cárcel, sino que se hace cargo de los agujeros negros que han ido creando. Así que seguirán igual, sin dudarlo. Les va la vida en ello.

Frente al neoliberalismo y el neocapitalismo explotador, especulativo y consumista, la regulación y el control democrático del trabajo, el dinero y la producción sería lo más racional y sensato. Pero no será. Al menos hasta que todo se venga abajo. Que bien puede ser.

lunes, 22 de septiembre de 2008

HABLEMOS DE ESPAÑA (IV) El concepto de nación

(Foto: PortfolioNatural)



La historia, el territorio y la lengua son los fundamentos en que se basa la idea de nación. Poco a poco el concepto ha ido arrinconando las connotaciones de “raza”, “etnia, “carácter” o cualquier otra diferencia de naturaleza biológica o genética -aunque todavía se mantengan en su sustrato semántico-, para acentuar el significado de “realidad política, geográfica y cultural diferenciada”. Desde el punto de vista político, nación es sinónimo de independencia territorial y soberanía política. Una nación sin estado independiente es una anomalía.

Si se acepta el término nación, por tanto, para definir a la Cataluña de hoy, el simple uso de la palabra lleva implícita la denuncia de una anomalía: la falta de independencia política. Van contra el sentido común y el propio contenido semántico de la palabra los que piensan que carece de importancia el llamar o no llamar a Cataluña, el País Vasco o Galicia, nación. Las palabras, lo he repetido ya varias veces, no son nunca inocentes, inocuas o de quita y pon. Condicionan la percepción, la valoración y la relación con la realidad. Si aceptamos sin más que dentro de la nación española hay, al menos, otras tres naciones, estamos aceptando también que esto es una anomalía semántica, jurídica y de hecho. Una situación que, dentro de la pura lógica del lenguaje y los hechos, debería resolverse con la constitución de esas naciones en estados independientes. Esta es la lógica de los nacionalistas.

Porque si son naciones sin estado, esto significa que hay un poder que les impide por la fuerza el constituirse en estados. Al llamar naciones a Cataluña, el País Vasco y Galicia, ya estamos dando por supuesto lo que precisamente deberíamos discutir y aclarar previamente: en qué se basa ese supuesto derecho a ser políticamente independientes. Los nacionalistas vascos y catalanes siempre han ido un paso por delante en la guerra semántica, ese arte de imponer palabras suficientemente ambiguas como para ir derrotando y haciendo imposible la discusión. Pongo ejemplos: lengua propia, nación, autodeterminación, derecho a decidir, bilateralidad, soberanía compartida independencia. Cada vez que una de estas palabras o expresiones se introduce y generaliza, es para ellos una batalla ganada, territorio mental conquistado, del que se derivarán beneficios políticos inmediatos. Es llamativo lo bien que utilizan el español, la lengua de la que reniegan, para imponer sus ideas.

Yo no digo que Cataluña y etc. no puedan llegar a ser naciones: lo que digo es que ahora no lo son, pues si lo fueran eso significaría aceptar, aunque sea de un modo ambiguo, que el estado español les está impidiendo ser independientes, a lo que tienen derecho. Y esto es precisamente lo que hay que aclarar y discutir, no darlo por sentado… o por impuesto. La política catalana y vasca ha jugado siempre a dar por hecho que son una nación con derecho a decidir si son o no independientes. Lo del derecho a decidir es la penúltima trampa para disfrazar su imposición antidemocrática.

Porque veamos. De lo que se trata no es de decidir si se quiere o no ser independiente, ya que se parte de que se tiene el irrenunciable derecho a serlo, sino simplemente de que ese derecho sea reconocido por una mayoría previamente separada, diferenciada, sistemáticamente adoctrinada, chantajeada o intimidada. En ese juego, calculan, acabarán inclinando la balanza a su favor. Ellos ponen las condiciones y la premisa, y si una mayoría escasa decidiera que no quiere ser independiente, eso no cerraría el problema, pues el derecho a ser independientes seguiría existiendo con la misma legitimidad. Así que detrás de todo hay una trampa evidente, ya que sólo cabe una salida: alcanzar la independencia.

Ser nacionalista es ser independentista: por principio, por lógica, por pura necesidad. Si uno acepta la premisa que los nacionalistas imponen, ya no hay forma de aclarar ni discutir nada. Igualmente resulta inútil tratar de que un nacionalista razone, cuestione su premisa, ponga en duda el supuesto de que son una nación (esto no lo tolera la idea que se han hecho de sí mismos, de su historia y su territorio).

Así que no nos queda más remedio que encarar la situación desde otra perspectiva: por qué España tiene que dejar de ser lo que ahora es, una nación, un estado independiente, con un territorio definido, una constitución democrática y una lengua común. Por qué el conjunto de los españoles tiene que renunciar a su historia, su lengua, sus fronteras territoriales, su constitución, sus derechos y deberes, su legitimidad democrática. Por qué tenemos que desmoronar todo lo que democráticamente ahora nos une, empezando por la constitución, para iniciar un período de enfrentamientos y separaciones cuyo resultado es impredecible. No por ninguna razón democrática o de derecho, sino simplemente ¿por imposición, por presión, por incomodidad, por miedo a mayores conflictos, por cansancio, por un hostigamiento larvado y permanente?

viernes, 19 de septiembre de 2008

LA NOCHE DEL TIMO

(Foto: S.Trancón)

La Noche en Blanco. Macroevento madrileño. Más de 170 actos culturales, dicen, propagan, propalan, publicitan, inundan y guarrean la ciudad con cartelones, pasquines, toneladas de programas de mano con letra pequeñita y cientos de nombres comerciales. Los periódicos, la radio, las televisiones, todos y todas, hacen eco, agrandan, inflan el batracio propagandístico hasta la asfixia. No hay más remedio que salir, que echarse a la calle para ver tan imponente manifestación cultural. No se lo puede uno perder. El acontecimiento cultural del año. Cultural, cultural, cultural, repiten, me repiten, machacan.

Así que salí. Quise comprobar in situ, pateando y pataleando, lo más publicitado, el cogollo, el meollo de la cuestión: desde Plaza de España hasta la Puerta de Alcalá.

NO HE VISTO MAYOR TIMO EN MI VIDA, MAYOR ESTUPIDEZ, MAYOR DESFACHATEZ, MAYOR MEMEZ, MAYOR ABUSO, MAYOR ENGAÑO, MAYOR NI MÁS MASIVA TONTERÍA. NUNCA EN NOMBRE DE LA CULTURA, TANTA BASURA ESTÉTICA Y MENTAL.

Los de El País (¡oh periódico, sacro-imperio mediático!) se esforzaron, y dicen que enviaron a un montón de redactores para cubrir el evento. Y lo describen con ditirambos y cursilería insoportable. Y nada dicen del timo. Todo ad maiorem gloriam Gallardonis.

¿Pero cómo se puede ser tan memo, o tan corrupto, o tan ciego como para no denunciar la impostura, la tomadura masiva de pelo? ¿Cómo se puede bendecir semejante insulsez? ¿Cómo un ayuntamiento endeudado hasta el cuello, el pescuezo o el gaznate (Gallardón se parece cada día más a un ave de rapiña) puede tirar más de 1. 300.000 euros al estercolero público, a la calle? ¿Por qué no dar ese dinero directamente a los amigos y evitarnos el trago de ser engañados como patos?

Patos de plástico de todo a cien tirados en la charca de Cibeles: esta era una de las más originales propuestas (Hanging out). Mientras, en la fachada del bello edificio de Correos se proyectaban unas desvaídas manchas rosadas acompañadas de diz que besos, que sonaban y resonaban a pedorretas. Eso, unido a los embutidos que colgaban de la fachada de Telefónica, la foto de una luna sobre un colgajo de tela (Luna Gong), o el asadero de pollos en otra plaza (Perpetual Tropical Sunshine…) Y todo así. Haz lo que quieras, ponle un nombre inglés, coge la pasta y no corras, no hace falta, aquí nadie va a ir detrás de ti. Al contrario, un coro de ocas alabará tu ingenio y ya podrás poner en tu currículo que actuaste nada menos que en la Noche en Blanco de Madrid.
“La coraza de la rutina puede -y debe- ser perforada por la imaginación”, concluía uno de esos esforzados reporteros. Vamos, que ni con cañones se perfora la coraza de semejante estupidez.

Lo cuento para los que no pudieron asistir a tan magno timo. No se han perdido nada. Cualquier feria de pueblo es mucho más imaginativa e interesante. Los más papanatas, creedme, están hoy en las concejalías de cultura de las grandes ciudades. Cuanto más grandes, más zoquetes. O más jetas. Una Noche en Blanco así se puede programar con cuarto y medio de neurona…

martes, 16 de septiembre de 2008

HABLEMOS DE ESPAÑA (III) Derechos históricos

(Foto: PortfolioNatural)

Distingamos entre historia y pasado. La historia cuenta a su modo el pasado, interpretándolo. El pasado es lo sucedido, los hechos tal y como ocurrieron. Entre los hechos y la historia hay un buen trecho. Un trecho muy ancho o muy estrecho (según se mire), o sea, difícil de cruzar. Por eso, la mayoría opta por el salto. Se lanza al vacío en lugar de recorrer la complicada senda de la objetividad (la busca de objetividad como objetivo, nunca como algo alcanzable; en este caso, además, imposible, porque esa objetividad -los hechos- ha desaparecido, son el pasado).

Digo que la mayoría se lanza al vacío, y como el vacío aterra, pues se agarra a lo primero que le viene a la cabeza. Así se acaba construyendo un puente imaginario entre la historia y los hechos, y se pasa de lo uno a lo otro sin problema alguno. La historia (los hechos contados e interpretados) pasa a ocupar el lugar del pasado, lo ocurrido. Convertida la historia en verdad por ser la descripción del pasado, es fácil llegar a donde se quiera, incluso a esa aberración semántica y jurídica: la proclamación de derechos históricos.

Digo que es un sinsentido semántico y legal, porque los derechos, o son de hoy, o se tienen y obtienen hoy, o no son más que fantasías. Así que no puede haber derechos históricos, precisamente porque si no son derechos actuales es porque, o nunca han existido, o porque han dejado de serlo. Es como decir que los muertos tienen derechos. Pues no, los tendrán sus herederos, los que están vivos. Se me objetará que los vivos los tienen porque los tuvieron los muertos. Bien, pero entonces estaríamos hablando del origen de esos derechos, no de los derechos mismos.

No es un trabalenguas ni una discusión de las llamadas bizantinas. No, porque la trampa está en reclamar hoy derechos que no se tienen pero que se supone que los tenían nuestros antepasados. Es decir, se introduce ya la premisa de que esos derechos existían en otro tiempo (no se discute ni cuándo ni cómo se adquirieron y ejercieron esos supuestos derechos, es mejor remitirlos a un tiempo difuso, o sea, mitificarlos) y que fueron arrebatados por alguien o algún poder ajeno (un poder que, se supone, sólo por el hecho de habérselos arrebatado a sus legítimos dueños, ya es digno de odio y rechazo y, por supuesto, no está legitimado para no reconocerlos).

Yo digo que el pasado no da derecho alguno a nada, sino el presente. Es el presente el único que legitima derechos, ya provengan del pasado o sean enteramente nuevos. ¿Por qué? Porque fundamentar un derecho en el pasado es introducir una fuente de legitimidad totalmente imaginaria. Basta con preguntarnos ¿qué pasado?, para darnos cuenta del engaño. ¿A dónde nos retrotraemos para legitimar ese derecho, a qué siglo, a qué hecho? Porque si ese derecho ha desaparecido hoy, y supuestamente sí existió en el pasado, ¿no podemos también tomar como legítimo el hecho que lo hizo desaparecer? Se cae en una petición de principio: sólo es legítimo lo que yo digo que es legítimo. Pues a eso vamos, esta es la verdad y toda la verdad sobre esos fantásticos derechos históricos: lo son porque yo lo digo.
Me he ido un poco por las ramas, pero es que estas ramas no nos dejan ver ni el árbol.
Resumo: todo el discurso sobre los mal llamados derechos históricos es una trampa semántica, histórica y jurídica, porque convierte a la historia (un relato inventado, una interpretación del pasado) en fuente de derechos nuevos. Y son nuevos no sólo porque hoy no existen, sino porque en nada tienen que ver los derechos de hoy con los del pasado: ni en su contenido, ni en su forma de aplicación, ni en el territorio ni los sujetos que lo detentan o ejercen.

Así que los derechos que hoy son reconocidos por las autonomías, ni son históricos, ni son heredados, ni se fundamentan o legitiman en historia alguna. Ni la Constitución es un derecho histórico, ni los fueros, ni la Monarquía, ni nada. Todos son derechos de hoy y valen para hoy, hasta el momento en que dejen de serlo. Son el presente, los hechos, no la historia, quienes los cambien o los mantienen. Y los hechos colectivos son el resultado de la voluntad de las personas. En democracia, de la libre voluntad de todos los ciudadanos reconocidos como sujetos de esos derechos. Ciudadanos, no territorios..., por muy "históricos" que imaginariamente sean.

sábado, 13 de septiembre de 2008

HABLEMOS DE ESPAÑA (II) Reflexión etimológica

(Foto: PortfolioNatural)





No sabemos bien de dónde proviene el término España. Directamente, de Hispania, como llamaron los romanos a la Península Ibérica ( para los griegos Iberia, porque oían mucho a los primitivos pobladores usar el término “iber”; antes la llamaron Ophioússa, “tierra de serpientes”). Pero Hispania proviene seguramente del fenicio (Ispanya o Hish-phanim; los fenicios llegaron aquí hacia el 1.100 antes de Cristo y fundaron Gadir –Cádiz- la ciudad más antigua de Europa, al parecer). Pero puede que provenga del griego (Hesperia), del hebreo (Saphan), del ibero (Hispalis) o incluso del vasco (Ezpaina o Izpania). Quizás significó “tierra abundante en conejos”, o “tierra oculta”, pero también “tierra del norte”, o “isla donde se forjan los metales”, o incluso “labio”. Tanto da. Lo que importa es que ya desde la más lejana antigüedad se intentó dar nombre a un espacio geográficamente bien definido.

El gentilicio “español” es mucho más reciente (los romanos nos llamaron “hispanos”). Seguramente el sufijo “ol” es de origen provenzal, y lo usarían los primeros peregrinos que llegaron a Santiago de Compostela. Estamos en el siglo IX.

Bien, pues he aquí dos hechos lingüísticos fundamentales: uno de origen geográfico, y otro de origen social. El geográfico es el primero, al que se une indisolublemente el gentilicio, que acaba convertido en adjetivo genérico del sustantivo España.

Antigüedad, podría ser la primera conclusión de esta excursión etimológica. España, hispano y español con términos muy antiguos, llevan muchos siglos usándose.

Una segunda reflexión vendría dada por el hecho de que el nombre le fue dado por los que venían de fuera, no por los propios habitantes (iberos, en general). La conciencia de unidad geográfica, la necesidad de nombrar lo vasto, nuevo y desconocido, llevó al uso del nombre.

Es la mirada del otro la que con frecuencia nos nombra y define, antes que la propia conciencia. Pero una vez inventados, los nombres empiezan a circular y a configurar la realidad, que necesita acomodarse a lo que el nombre intenta designar. Se produce así una constante interacción e interdependencia.

Las palabras siempre son importantes, especialmente los sustantivos. No es algo que podamos quitar y poner sin que nada ocurra. Determinan nuestra idea de la realidad que nos rodea. En este caso, inicialmente, de una realidad geográfica, pero también social.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

LA DEVASTACIÓN CONTINÚA

(Foto:S.Trancón)

Hablé hace poco de la visibilidad de la devastación, la progresiva destrucción de nuestra naturaleza y entorno. Es tan evidente el desastre que uno tiende a pensar que hoy ya no es posible que se continúen cometiendo impunemente los mismos atropellos. Pues no, esto suma y sigue. Pondré un ejemplo del que acabo de enterarme.

En la sierra de la Cepeda (León) existe una pequeña colonia de urogallos (la más meridional de Europa) que este año no ha podido reproducirse. La causa, porque han destruido su hábitat. ¿Quién? Una empresa constructora de un parque eólico. El censo de urogallos ha descendido un 50% desde los años ochenta. Así que no hace falta que Fraga se vaya de caza para exterminar esta ave bellísima y solitaria.

Esta estupidez de colocar “molinos” de viento sin ton ni son hay que aclararla. No se trata sólo del efecto estético aberrante en la mayoría de los casos (se plantan aerogeneradores en las cumbres de los montes y sierras, o sea, allí donde el paisaje define su contorno y se une al cielo), sino todo lo que supone: talar árboles y arrancar matorrales, trazar caminos para maquinaria pesada (excavadoras, taladradoras, niveladoras), extender cables, recalificar terrenos, romper hábitats, crear barreras, provocar la muerte de aves (muchas de ellas migratorias), alejar el turismo, hacer menos atractiva la vida rural (artesanía, agricultura ecológica, turismo rural, repoblación de los pueblos…), etc.

Para colmo, el efecto global de esta energía sobre el conjunto de la producción de energía es mínimo: ni sustituye a otras energías contaminantes (se siguen consumiendo más cada vez), ni es una verdadera alternativa. ¿Por qué proliferan estas industrias del aire y amenazan con no dejar una sierra tranquila? Porque es un buen negocio para las empresas instaladoras. El beneficio que reciben los ayuntamientos es el señuelo en el que caen los más incautos (y los más avispados): migajas para hoy y hambre para mañana.

Esta energía en nuestro país sólo tiene sentido si estos armatostes se colocan en lugares bien pensados, en pequeña cantidad y para el consumo de los lugares donde se instalan. Lo demás es especulación pura, dura y devastadora. Y lo peor: con el consentimiento de los gobiernos y partidos de todo signo y harapo.

domingo, 7 de septiembre de 2008

HABLEMOS DE ESPAÑA (I)

(Foto: S.Trancón)


Hay temas tabú, sobre los que yo aconsejo no hablar nunca con los amigos (y menos con los enemigos): la situación de la enseñanza en nuestro país, los nuevos nacionalismos y los toros. Siempre se corre el riesgo de perder amigos, de no explicarse bien, de ser catalogado, clasificado, anatematizado. Una sutil barrera se acaba interponiendo, aún en los casos de mayor confianza.

A esos tres temas, voy a añadir un cuarto: España. Como yo no trato con estos escritos (o tecleados) de complacer, ni que me den la razón, ni buscar adeptos ni conservar amigos, pues aquí me lanzo, a pantalla descubierta y sin otro propósito que el de seguir un impulso, una necesidad intelectual y física que me ha ido creciendo en el pecho (hacia la boca del estómago) estos últimos días. Me explico.

Yo escribo por necesidad (seguramente también por necedad). Cuando digo necesidad me refiero a algo físico, corporal, una inquietud o desasosiego que casi siempre se localiza en torno al diafragma, que es ese músculo fundamental que separa el pecho del estómago, lo que aspiramos (el aire, lo etéreo) de lo que deglutimos (lo sólido y líquido).

Yo diría que escribo para aquietar “el músculo de mi inspiración”. Por eso afirmo que escribir es una actividad corporal, una lucha interior, invisible, pero muscular, nerviosa, respiratoria, circulatoria, neuronal y electromagnética. Mediante la escritura yo trato de sosegarme, de permitir que las palabras impongan su ritmo, su melodía, desplieguen una onda energética y vibratoria que me envuelva y transforme en escribano, más que escritor. Porque yo siempre creo que es otro el que escribe, aunque ese otro también sea, en parte, yo.

Bueno, pues partamos de la inquietud que “me acibara”, como diría don Mendo. ¿Por qué no podemos hablar hoy en nuestro país con naturalidad, libertad, ausencia de prejuicios, afán de objetividad y deseos de entendimiento, del tema de España, de su nombre y sentido? ¿Por qué hasta pronunciar este nombre, España, produce en muchos cierta duda, desconcierto, desazón, culpa e incluso miedo?

Hace unos días tuve la oportunidad de conocer y hablar con el escritor judío, iraquí y canadiense, Naïm Kattam, con el Presidente de los Escritores Marroquíes, Abdelhamid Akkar, con Jerónimo Páez, Presidente de la Fundación “El Legado Andalusí”, con Fernando Almasa, consejero de la Casa Real, con el pintor holandés Alwin van der Linde, con la poetisa sefardí Margarit Matitiau y con Waleed Saleh, un exiliado iraquí, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, entre otros. Todos ellos son hombres abiertos, moderados, con un pasado personal, democrático y progresista intachable. Les pregunté sobre su idea de España, de la España actual. Su admiración por nuestro país, por nuestra historia pasada y reciente, por nuestro patrimonio lingüístico y cultural, surgió de modo tan espontáneo, sincero y fundamentado, que me obligó a revisar mis propias ideas y sentimientos sobre este tema.

Así que aquí me tienes, dispuesto a lidiar esta fiera, este Minotauro, este Cíclope, este “monte de miembros eminente” en que, no sé por qué, parece convertirse el tema de España en cuanto tratamos de hablar de él. Es el público de la plaza, sin duda, el que enseguida está dispuesto a gritar, quien dramatiza la discusión llevándola a terrenos donde no es posible dar ni un pase de pecho. Trataré de no dejarme impresionar por el revuelo de las gradas.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

VISIBILIDAD DE LA DEVASTACIÓN

(Foto: Ángela Galisteo)
La destrucción acelerada de la naturaleza, el paisaje y el entorno natural e histórico, a causa de la acción humana, no es un hecho hipotético, sino visible, palpable, cuantificable, medible, bebible y hasta “olible”. Sin ánimo de ser exhaustivo, he aquí los cambios más visibles que se han producido en los últimos cincuenta años en nuestro país, y que cualquiera puede comprobar:


-Eliminación de humedales del interior (lagunas, charcas, arroyos y regueros naturales) y de la costa (marismas, salinas).
-Pantanos, trasvases y desvíos innecesarios de cauces de ríos y arroyos.
-Destrucción de la vegetación y flora silvestre de los márgenes de ríos y arroyos.
-Desaparición de lineros y pasillos de flora y vegetación silvestre entre tierras de cultivo.
-Desaparición de la fauna natural de los ríos, arroyos y lagunas (cangrejos, culebras, barbos, truchas, ranas, sapos, salamandras, etc.)
-Disminución de insectos hasta hace poco abundantes en los campos y montes (saltamontes, escarabajos, arañas, libélulas, avispas, abejas, mariposas, etc.).
-Extensión de los monocultivos de regadío (maíz y girasol, sobre todo) en zonas de secano; destrucción de trigales, viñedos y huertas, uniformización del paisaje cultivado, desaparición de la diversidad agrícola autóctona.
-Uso masivo de pesticidas y herbicidas que han destruido la diversidad de la flora y la fauna (flores y plantas silvestres, pájaros, reptiles, etc.)
-Destrucción de gran parte del paisaje costero, de la flora y fauna de los ecosistemas litorales, marítimos y terrestres (construcciones, vertidos, mantenimiento artificial de playas, etc.)
-Destrucción del bosque tradicional de robles, encinas, alcornoques, sabinas, olmos, chopos, hayas, etc. y explotación forestal intensiva con la plantación de especies importadas que empobrecen el terreno y destruyen el paisaje.
-Construcción de carreteras, autopistas y vías de ferrocarril que no respetan ni el paisaje ni las áreas naturales, incluso protegidas, y paralela destrucción de caminos y senderos tradicionales.
-Utilización masiva del agua potable para el riego, no sólo agrícola, sino de zonas de recreo y jardinería (campos del golf, urbanizaciones, parques, etc.)
-Contaminación general del aire, el agua y el suelo: incontrolada, tolerada y permitida.
-Vertidos, basureros y deshechos domésticos e industriales en los rincones y lugares más inusitados(ríos,montes,cunetas,riberas,bosques...)
-Industrialización y urbanización salvaje, invasión de generadores eólicos y plantas solares sin tener en cuenta para nada criterios de sostenibilidad, impacto ambiental, contaminación o efectos sociales y culturales.



El 40% de la superficie de nuestro país está en proceso de desertización acelerada, fruto de todos los cambios que hemos señalado. No hace falta recurrir al cambio climático para explicar esta absurda devastación.


Cambiar el paisaje, el entorno, la naturaleza, no es sólo un asunto ecológico, sino económico, social y cultural. El entorno, la naturaleza, el paisaje, con sus efectos energéticos y estéticos, influye en la idea que nos hacemos de nosotros mismos y de los otros, en la forma de imaginar y soñar, hablar y percibir, de gozar y disfrutar de la vida. El empobrecimiento cultural, humano, colectivo, de la experiencia y el lenguaje, es paralelo a la extensión de esta devastación. ¿Existe algún partido que de verdad se ocupe de estas cosas? ¿Cuánto tiempo y energía pierden en discutir verdaderas memeces, en lugar de afrontar lo que de verdad determina nuestro sentido de la vida, nuestra experiencia del mundo y nuestro bienestar?

sábado, 30 de agosto de 2008

DESDE MONTÁNCHEZ



Estoy en Montánchez, un pueblo de Cáceres, donde coordino un Festival llamado “Encuentros en Montánchez. Diálogo de Culturas”. No hablaría de él si no fuera por lo singular de esta experiencia, de la que podría contar y escribir mil historias. Hoy sólo voy a referirme rápidamente a una (en este Festival hay actividades desde las doce de la mañana a las dos de la madrugada, y no tengo un minuto desocupado) por su capacidad de sugerencia y estímulo imaginativo.

El día de la inauguración, el pasado 27, elevamos sobre las almenas de un imponente castillo un luna gigante, que lentamente, en medio de la noche, y con una música especialmente compuesta para el momento por el artista Alwin van der Linder, fue apareciendo entre las altivas piedras milenarias, hasta quedar suspendida en el cielo. El aire la balanceaba y parecía danzar sobre el fondo estrellado. Fue algo inolvidable para todo el pueblo de Montánchez que abarrotaba el castillo. Se trataba, desde el punto de vista simbólico, de jugar con “el reto de la imposibilidad”. Pedir la luna es un imposible, posible: allí estaba. Una luna llena que confundía a cualquier visitante y que podía ser percibida desde más de treinta pueblos a la redonda. Por un lado, la luna en cuarto menguante; por otro, una hermosa y brillante luna llena coronando las torres de un castillo. Lo más extraordinario es que, por un fallo de construcción de la gran esfera (venida desde China, hay que decirlo), a eso de las tres de la mañana, y ante la vista de los más transnochadores, la luna acabó elevándose y perdiéndose en el infinito, libre, aventurera. ¿A dónde se ha ido?
Pues no ha querido abandonar Montánchez del todo, y ya hay quien la ha visto merodeando por la sierra, dispuesta a regresar. Nuestro próximo espectáculo, para la inauguración de los próximos Encuentros (finales de agosto del 2009) ya tiene nombre: EL RETORNO DE LA LUNA. No os lo perdáis.

sábado, 23 de agosto de 2008

MUNDO TRANSGÉNICO (II)

(Foto: PortfolioNatural)
He aquí trece razones para decir no a los transgénicos:

1) Porque su cultivo incrementa el uso de pesticidas y herbicidas que matan, no sólo a animales e insectos beneficiosos (polinización, control natural las plagas), sino a los microorganismos del suelo, indispensables para la fertilidad del terreno, contaminando con toxinas, además, el agua subterránea.
2) Porque los genes transgénicos transfieren resistencia a antibióticos como la neomicina, la kanamicina y la ampicilina, usados para combatir organimos patógenos causantes de enfermedades, inutilizando su aplicación.
3) Porque provocan la aparición de nuevas alergias (la mayoría de los alimentos transgénicos contienen genes de virus, bacterias, mariposas e incluso escorpiones).
4) Porque es imposible evitar la extensión y contaminación genética a los cultivos no transgénicos, haciendo imposible la agricultura biológica.
5) Porque sus efectos genéticos sobre el hombre son impredecibles e imposibles de determinar (un gen modificado no sólo actúa sobre una proteína, sino que transmite información múltiple e interactúa con otros genes).
6) Porque sus derivados son imposibles de controlar y detectar al mezclarse con otras sustancias.
7) Porque provocan la aparición de nuevos virus y plagas resistentes a los insecticidas empleados (insectos de segunda generación), obligando al empleo de pesticidas más potentes.
8) Porque reducen la diversidad biológica, acabando con una amplia variedad de especies animales y vegetales adaptadas a los distintos climas, terrenos y culturas. (La biodiversidad y la diversidad cultural es la única verdadera riqueza autóctona que tiene nuestro país).
9) Porque rompe artificial y violentamente el equilibrio de los ecosistemas, la evolución y las deferencias genéticas intra e interespecíficas, y las múltiples interacciones que han fundamentado la vida del planeta desde hace, al menos, 600 millones de años.
10) Porque la Tierra es un ser vivo basado en el equilibrio dinámico entre energía y materia, y no se puede romper artificialmente este equilibrio global sin provocar resultados catastróficos.
11) Porque la agricultura transgénica está promovida por multinacionales agresivas y depredadoras que tratan de controlar la producción mundial de alimentos.
12) Porque la defensa de los transgénicos utiliza argumentos plagados de mentiras, como que aumenta la productividad del terreno (falso, se ha demostrado lo contrario), o como que ayuda a reducir el hambre en el mundo, promoviendo en la práctica todo lo contrario, haciendo aún más dependientes y vulnerables a los países, y empobreciendo la dieta al disminuir la diversidad agrícola.
13) Porque acaban con formas de alimentación, de vida y de agricultura que constituyen nuestro mayor patrimonio, fuente de belleza y de cultura, de riqueza, de ocio y contacto con la naturaleza y la vida natural y salvaje, sin lo que el hombre vivirá una vida enteramente artificial y clónica.

P.D. El gobierno de Aznar fue el promotor de los transgénicos en nuestro país, y el gobierno de Zapatero ha mantenido una política continuista y opaca totalmente inaceptable. En el 2007 ya había en nuestro país más de 75.000 hectáreas de cultivos transgénicos. La salida de Narbona del Ministerio de Medio Ambiente fue una mala noticia. La presencia de la ministra Garmendia acentúa mi pesimismo. Atender al campo, promover una verdadera agricultura biológica, sostenible, diversa y de calidad, es la mejor política social posible a corto y largo plazo. No entender esto es seguir con el modelo de desarrollismo destructivo metido en la cabeza. En la cabezota, vamos.