MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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miércoles, 24 de junio de 2009

CERVANTES, JUDÍO CONVERSO

(Fotos: Pueblo y río Cervantes en los Ancares)




El legado judío en nuestro país ha sido borrado hasta extremos absurdos. Por ejemplo, la historia de la literatura oculta que Luis Vives, Antonio de Nebrija, Jorge de Montemayor, Fray Luis de León, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Vélez de Guevara, Tirso de Molina, Luis de Góngora, Fernando de Rojas, Francisco Delicado, Mateo Alemán o el propio Miguel de Cervantes, eran descendientes de judíos. Hay muchos más.

El origen converso de Cervantes ya lo defendió Américo Castro. Por mi cuenta, añado aquí algunos argumentos para los más escépticos:

En primer lugar, su apellido.
Adoptar el nombre del lugar de procedencia es algo muy común, y más entre conversos. Ahí están todos los Toledo y Toledano. Cuando ese apellido no levanta sospechas, se mantiene; cuando sí, se cambia por otro que camufle el origen judío y, a ser posible, haga a su portador descendiente de nobles o cristianos viejos. El cambio o la diversidad de apellidos es un indicio bastante fiable del origen hebreo.

Hay dos pueblecitos que llevan ese nombre, uno perdido en los Ancares (hoy Lugo), y otro en Sanabria (hoy Zamora). Ambos están en lo que siempre se llamó “los Montes de León”, de donde dice explícitamente Cervantes que “proviene su linaje”. El nombre alude a la abundancia de ciervos y corzos (todavía hoy es así). En ambos pueblos, además, se da el otro apellido, Saavedra. En el Cervantes ancarés hay incluso una casa-palacio de los Saavedra. El escudo nobiliario de este palacio se encuentra hoy en la Calle del Agua de Villafranca del Bierzo, la calle principal de la antigua judería. Yo he visto este apellido en varias tumbas antiguas del cementerio villafranquino.

Hay muchas pequeñas aldeas de esta zona, cercana a la raya de Portugal, donde sabemos que se refugiaron los conversos después del decreto de expulsión de 1492. No muy lejos, en el corazón de los Ancares leoneses, está Guímera, un pueblo entero de conversos dedicados al comercio ambulante. (Guímara proviene de Guemerá, uno de los libros básicos del judaísmo).

Pero hay otros muchos indicios.
Don Quijote nunca afirma, en contra de lo que hace Sancho, que él es cristiano viejo, sino sólo cristiano. Nunca come cerdo, salvo “duelos y quebrantos los sábados”. Este plato, tan extrañamente llamado, se compone de “huevos con tocino y chorizo”, pero ¿por qué llamarlo “duelos y quebrantos” y comerlo, precisamente los sábados? “Duelos y quebrantos” para los conversos, por quebrantar la ley que prohíbe comer cerdo, y en sabbat, día de descanso y oración. Era una forma obligada de demostrar que no se era “judaizante”. No hay otra forma de explicar este nombre.
La olla que come don Quijote todos los días (o sea, el cocido), además, tiene “algo más de vaca que de carnero”; tampoco aparece aquí el cerdo, curiosamente, en contra de lo que era habitual.

Cervantes muestra conocer bien el Antiguo Testamento, al que cita varias veces. En todo el Quijote sólo aparece una iglesia, y con ella “se dan” él y Sancho “de noche”. Dice también que lengua hebrea es superior a la árabe. Atribuye la autoría a Cide Hamete Benengueli, por si acaso. Su padre era cirujano, profesión de judíos. Él mismo fue recaudador de impuestos y se dedicó a no se sabe qué negocios, pero el caso es que fue excomulgado dos veces y dos veces estuvo en prisión.

Al comienzo de el Quijote habla de “un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. “Lugar” es sinónimo de “aldea pequeña” y el “no quiero acordarme” es un acto voluntario, no olvido. ¿Por qué no quiere “acordarse” de su lugar de origen? Hay quien dice, exageradamente, que eso de “la Mancha” encubre “la mancha de los judíos”, o sea, el deicidio, acusación que tanto arraigó en la imaginación popular y que ha llegado hasta hoy.

Un último dato: la supuesta partida de nacimiento de Alcalá de Henares. Este documento apareció a mediados del siglo XVIII, y es una partida de bautismo de “Juan Cerbantes Cortinas”, a suyo margen se ha puesto, con mano distinta, “Miguel”. Demasiado sospechoso. Había que darle un lugar de nacimiento digno a quien se había convertido, tres siglos después, en el más importante escritor español.
Judeo-español, hay que precisar, de origen converso, posiblemente nacido en una aldea perdida en los intrincados Montes de León.

miércoles, 17 de junio de 2009

OJOS QUE MIRAN

(Foto: Luis Llavori
No siempre vemos ni miramos del mismo modo.
Nuestra forma de ver y de mirar cambia constantemente.
Los ojos influyen y son influidos por las emociones, las preocupaciones, las ilusiones, la tensión y relajación, las expectativas, la atención, nuestro nivel energético y de conciencia.

Los ojos son la puerta de la conciencia.
Observa tus ojos, toma conciencia del estado de tus ojos, del brillo de tu mirada, de su grado de fijeza, de tensión, de relajación, de fluidez.

Los ojos están conectados con la energía del universo. A través de ellos nos llega la energía del universo, la vibración de la luz.

Nuestros ojos pueden ser buenos o malos conectores, malos o buenos conductores.

Los ojos miran a la vez hacia fuera y hacia adentro. La mayor parte del tiempo se enfocan hacia adentro.

Los ojos proporcionan al cerebro el mínimo de los estímulos que recibe: la mayor actividad del cerebro la realiza con los datos internos, con lo que él mismo fabrica.

La mirada puede ser secuestrada por el yo y la obsesión por sí mismo. Sólo ve entonces lo que tenemos dentro, el caos interior.

La posición y el estado de los ojos, de los nervios de los párpados, de las cejas, de la frente, de las órbitas y de los propios nervios ópticos, determinan la atención, la conciencia y la percepción. Cuanta más relajación, mayor capacidad y apertura perceptiva y de la conciencia.

El estado de tensión o relajación de nuestros ojos influye en el estado general de relajación o tensión de todos los músculos de nuestro cuerpo.

La serenidad nace de los ojos.
La capacidad de percibir “algo más” de lo que ordinariamente percibimos, depende de los ojos.
Una mirada serena, fluida, atenta y suave, dejando que el ojo izquierdo “tome el mando del foco”, es una experiencia que nos permite tener un atisbo del misterio infinito que nos rodea.

miércoles, 10 de junio de 2009

ELEVAR LA MIRADA


(Imágenes: Dino del Monte)

Han pasado las elecciones europeas y, la verdad, es para echar por tierra el ánimo de cualquiera. No sólo comprueba uno que el voto de la mayoría es de lo más incomprensible y errático, sino que algo falla, que el sistema democrático está pidiendo a gritos un cambio radical... ¡para ser de verdad democrático! No hemos aprendido de la experiencia nazi, que llegó al poder a través de las urnas.

La democracia exige una regulación más rigurosa, que haga imposible que quienes no la aceptan se aprovechen de ella para destruirla. Todas esas tonterías sobre la fortaleza de la democracia, que es capaz de aceptar dentro de sí a sus propios enemigos, pues es eso, una estupidez. Que el Parlamento Europeo esté plagado de antidemócratas que no creen en el propio proyecto europeo es una prueba escandalosa del desvarío de una política ciega e inoperante.

Pero no sólo es desolador el panorama europeo, sino el que tenemos aquí, en este viejo país que camina igualmente hacia la deriva antidemocrática. Ver triunfantes a los corruptos, los ladrones, los que utilizan la mentira y el engaño, sistemática e infatigablemente, inmunes a cualquier escrúpulo moral, con un descaro matón, mientras se hacen las víctimas de todo tipo de delirantes conspiraciones, es algo que debería repugnar e indignar a cualquier demócrata, sea del partido que sea. Hay algo que está muy por encima de las preferencias políticas e ideológicas, y es que quien roba debe ir a la cárcel, quien engaña o miente debe ser castigado, quien insulta debe pagar por ello, quien usa el dinero de todos para beneficio propio debe ser apartado, de por vida, de la política y la vida pública, etc.

Pero hoy vemos en nuestro país que todo es al revés, que quien es más miserable y descarado, quien mejor roba, quien más insulta, quien más engaña, más votos recibe. Insisto, esto está por encima de las preferencias políticas, es el suelo mínimo sobre el que poder caminar como ciudadanos libres. A partir de aquí debería empezar la política, no de aquí para abajo. Cuando se dan la vuelta a estos principios mínimos y todo se confunde, ¿qué podemos esperar?

Bien, pues sumido en este pesimismo coyuntural, que amenaza con precipitarse hacia abajo, hacia el abismo, me topé con el programa Redes, que me sirvió de alivio, porque me ayudó a elevar la mirada, a levantar los ojos hacia otro abismo, el del cosmos, infinitamente más interesante y estimulador. Me quedé con algunas ideas, tan simples como incomprensibles:
Que nuestro universo, el que conocemos, compuesto por más de cien mil millones de galaxias, no es más que uno de los infinitos universos existentes que han ido surgiendo y siguen surgiendo del vacío, el falso vacío, porque está lleno de algo que, a falta de mejor palabra, llamamos energía, una energía indescriptible y desconocida. Son infinitos los mundos, pero finitas las reglas que hacen posible la constitución de la materia y la vida, por lo que en alguno de esos otros mundos necesariamente se repetirá lo que vemos y somos en éste... Fascinante y un poco aterrador, pero así es el misterio de todo lo que existe, incluidos nosotros mismos.

De la baja política al alto misterio del cosmos. Movido por la necesidad de elevar la mirada busqué por Google “la música de las esferas” y “el sonido de los planetas”. Lo recomiendo a cualquiera. Escuchar ese rumor de infinitos armónicos e imaginar que vamos por el universo a velocidades inconmensurables, girando a nuestro alrededor y acompañando a soles que giran en torno a galaxias... Pues sí, un viaje alucinante.

miércoles, 3 de junio de 2009

EL INCONSCIENTE MENTAL



Inconsciente es toda actividad de la que no somos plenamente conscientes.

A partir de Freud, tendemos a imaginar el inconsciente como una especie de sótano donde guardamos los deseos primarios. Cuando falla la represión, ese inconsciente se manifiesta través de lapsus, sueños, chistes, fantasías y síntomas más o menos neuróticos. Esta visión presupone la existencia de una lucha interior constante contra la irrupción de algo socialmente rechazado: el deseo. Podíamos llamarlo “inconsciente psicológico

Pero hay “otros inconscientes”. El más evidente es el “inconsciente orgánico y neurológico”. Nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso están en permanente actividad. Es tan compleja esta actividad orgánica, que mejor que se realice automáticamente, pues si dependiera de nuestra decisión consciente sería imposible la mera supervivencia.

Pero además del inconsciente psicológico-social, y el orgánico-neurológico, existe otro inconsciente, para mí mucho más importante, el mental.

Podemos decir que tenemos un inconsciente orgánico, que mantiene la vida, directamente determinado por nuestra naturaleza física y química.
Sobre ese inconsciente se construye el inconsciente psicológico, fruto de nuestra socialización, que obliga a la represión de los impulsos primarios.
Pero luego aparece el inconsciente mental, que está relacionado con el automatismo de los procesos mentales, y constituido por una actividad cerebral constante, o sea, por palabras e imágenes.

La mayor parte de nuestra actividad mental es inconsciente. Se vuelve consciente cuando enfocamos en ella nuestra atención. La atención ilumina aquello a lo que se dirige y deja en la sombra el resto. No hay posibilidad de enfocar toda nuestra actividad mental inconsciente.

Una característica básica de este inconsciente mental es que trabaja con imágenes del pasado y prefiguraciones del futuro. Nunca está en el presente. Elabora un diálogo interno permanente entre las imágenes de la memoria y las imágenes del futuro: el lenguaje trata de poner orden en ese caos de imágenes, les da un sentido y las convierte en “órdenes mentales”. Es aquí a donde yo quería llegar.

El inconsciente mental es un “dictador”, una voz interna que da “órdenes” a nuestro cuerpo, quien no tiene más remedio que “obedecer”. Nuestro cuerpo obedece las órdenes de nuestro cerebro “al pie de la letra”, porque no tiene capacidad para analizarlas ni juzgarlas.

La conclusión es clara: cuida tus pensamientos inconscientes (fruto de ese diálogo interno constante entre imágenes del pasado y del futuro). Si tu diálogo interno inconsciente es repetitivo, negativo, pesimista, catastrofista, tu cuerpo acabará obedeciendo y, en contra de su tendencia natural hacia la vida y la salud, reproducirá las imágenes y órdenes que recibe.

Pero tenemos un instrumento para liberarnos de esta “tiranía”: la atención. La atención es nuestro mayor poder.

La atención no es un esfuerzo voluntarista, sino una presión sostenida, fluida, capaz de enfocarse e iluminar nuestra actividad mental inconsciente y transformarla en conciencia.

La atención se dirige con los ojos. El primer requisito de una atención consciente es una profunda relajación de los ojos y la mirada. Es el ojo izquierdo el que “toma las riendas”: lo que él ve adquiere mayor presencia, se pone en primer plano. Se activa así el hemisferio derecho y se aquieta el izquierdo, el farfulleo y siseo de las palabras, el diálogo interno. El presente se hace presente. El cuerpo se libera de la vigilancia obsesiva del dictador inconsciente. Cambia la respiración. Vuelve la confianza en la vida. Se libera el inconsciente orgánico, se afloja la presión y la represión de los impulsos primarios (el inconsciente freudiano) y el inconsciente mental deja de imponernos sus órdenes.

miércoles, 27 de mayo de 2009

VIAJE A ALMAGRO


(Imágenes: Dino del Monte)

Ayer viajé a Almagro para participar en un encuentro (Calatrava Escena), dedicado a analizar y discutir el Espacio Teatral del siglo XXI, invitado por Luis Molina, un hombre apasionado del teatro que ha llevado a cabo una empresa quijotesca: la creación, en el corazón de La Mancha, del Teatro Laboratorio La Veleta. Ha convertido un lugar abrupto y seco en un frondoso jardín en el que, además de una primorosa sala de teatro, ha levantado un pequeño pabellón dedicado a Cervantes y el Quijote, otro a Lorca y el teatro de títeres y máscaras, una biblioteca y una residencia para quien desee ir a estudiar, a ensayar o simplemente a pasar unos días en compañía de profesionales del teatro. Un proyecto que está necesitado de un apoyo y una ayuda oficial que nunca llega.

Este espacio encantador y tranquilo es ya más conocido en Hispanoamérica que en nuestro país, porque se ha convertido en lugar de residencia y paso obligado de todas las compañías y grupos teatrales que vienen desde allí a actuar en España o Europa, a las que Luis Molina y su mujer Elena acogen con una sencillez y amabilidad que ya no parece ni de este siglo ni de este mundo.

En las muchas discusiones del encuentro, intensas y llenas de interés, se suscitó un tema que aparentemente no venía a cuento, pero que a mí me dejó lo suficientemente inquieto como para que lo traiga aquí a reflexión. Dijo un ponente, el excelente escenográfo Llorenç Corbella, de paso, que no sabía muy bien qué pintaba el Ministerio de Cultura, si no sería mejor que desapareciera. Yo le repliqué que quizás fuera mucho mejor que desaparecieran todos los demás Ministerios y quedara uno sólo, el de Cultura.

Me expliqué argumentando que si se tomara la cultura de verdad en serio, se llegaría a la conclusión de que no había nada más importante para un país que organizar y estimular la educación y la cultura, que todo lo demás se daría por añadidura, incluida la solución de la crisis económica.

Que el más evidente desprecio y degradación a la que había llegado la cultura (o sea, el teatro, le música, le literatura, el cine, el arte, la artesanía, la danza, el baile, la arquitectura, las fiestas, etc., pero también el conocimiento, la investigación, el dominio de las lenguas, el desarrollo de las artes y de las ciencias, la creación de formas y modelos de pensamiento, de sentimiento, de comunicación, de disfrute, de expresión y creación, de conservación de la naturaleza, creación de bosques y espacios naturales, ciudades y casas más habitables, preserva y extensión cultivos tradicionales, et.).

Que la visión burdamente materialista y economicista de la vida y el mundo, digo, ha llevado a considerar en nuestro país a la cultura como un lastre centralista del que el Estado se podía liberar sin problema alguno, entregando de manera incondicional ese ámbito de actuación política a las autonomías.
Se sigue discutiendo hoy si transferir los trenes de cercanías, pero no se duda de que la educación y la cultura son ya competencias intocables de esos miniestados independientes.
Se entiende así que se haya establecido la limpieza étnica teatral en Cataluña, por ejemplo, y allí no pueda entrar ni un sólo grupo “español”, o sea, de cualquiera de los otros 16 califatos. Si se les impidiera actuar a los grupos catalanes, en cambio, en el resto del “estado español”, se hablaría a gritos de discriminación, odio e incomprensión por parte de esos mismos promotores del apparheid teatral.

Tiene esto una relación clara con la construcción de esos museos y teatros provincianamente faraónicos, como los llamados del Canal en Madrid o el Nacional de Cataluña, en competencia con otros desastres, como el Teatro Valle-Inclán del Ministerio de Cultura. Los edificios teatrales son un síntoma evidente, no ya de hacia dónde nos dirigimos, sino hacia dónde hemos llegado. Lo que más me sorprende es que los hombres de teatro se hayan resignado a padecer esta situación sin protesta alguna.

miércoles, 20 de mayo de 2009

LA VUELTA DEL SEFARDÍ

(Imágenes: Dan Kofler)



Hace unos meses, a través de Dan Kofler, conocí a un sefardí toledano que me contó cómo había vuelto al judaísmo después de casi cinco siglos. Es una historia entrañable, que expresa cómo el legado judío sigue vivo en la antigua Sefarad, a pesar del tiempo. Ahora vive en un kibbutz en Israel.

Vivía yo en España, en Toledo, ejerciendo mi profesión de abogado. Residía en una casa de piedra, en el barrio judío de la ciudad, que era muy antigua, heredada de mis abuelos, que tenía un sótano, una cueva donde nunca, de niño, me habían permitido entrar. Un día me dejé llevar por un extraño impulso y bajé a la cueva, donde se guardaban objetos antiguos, tinajas de vino, herramientas antiguas, algún mueble roto... Encendí la bombilla y miré alrededor; la estancia era pequeña, pero muy acogedora, cálida, con una temperatura muy agradable. No sé cómo, pero me dirigí hacia una piedra que sobresalía, el sillar de un arco. Encima, metido entre una ranura, cubierto de polvo, confundido con el color de la piedra, apareció un pergamino. Lo cogí muy emocionado y me di cuenta de que estaba escrito en árabe o hebreo. Como yo no sabía lo que allí ponía fue corriendo a preguntarle a un cura, que me remitió a un guía turístico que sabía leer hebreo. Le presenté el escrito y él me dijo que era de un tal Rabí Abraham Toledano. ¿Y qué dice? Pues escribe que deja esta carta para que las generaciones futuras sepan que allí vivió un judío que, pese a todas las persecuciones, ha permanecido fiel a su fe, y que sus descendientes deben ir con la cabeza muy alta, porque él ha seguido creyendo el Dios de sus antepasados. Me quedé sobrecogido. Después de varios siglos, yo conocía mi origen judío... Y así llegué hasta aquí. Me convertí, me circuncidé, y aquí vivo feliz, sin echar de menos mi buena vida de abogado en Toledo, aunque me gusta volver de vez en cuando, porque allí también están mis orígenes.

miércoles, 13 de mayo de 2009

IDEOLOGÍAS Y LIBERTAD



Me esfuerzo en comprender el mundo que me rodea. Vienen a mi mente palabras que se resisten al análisis, pero no puedo prescindir de ellas: ideología, religión, ciencia, pensamiento, política. Ahí están, en boca de todos; son de uso constante, irremplazables. Pues habrá que pensar en ellas, ya que no podemos dejar de pensar con ellas.

Ideología: un conjunto de ideas sencillas, fuertemente enlazadas, cargadas de emoción, que crean modelos de identificación y sirven para dar cohesión a un grupo. Se distinguen, no por su estructura interna, sino por su eficacia: la capacidad de atraer seguidores y el grado de automatismo que generan sobre la conducta.

Las ideologías están muy cercanas a la religión y la política. Participan de la religión en la medida en que su fundamento último es la creencia y la adhesión indiscutible, pero su contenido es distinto: se refieren a este mundo, a los problemas de este mundo, no se adentran en los misterios de la vida y la muerte.

Las ideologías también se relacionan con la política, pero la política es más práctica: se ocupa del poder, las distintas formas de organización social, de las relaciones entre grupos y la distribución de los bienes materiales.

El pensamiento es nuestra capacidad para razonar, utilizar las ideas para comprender mejor el mundo y a nosotros mismos. Es un instrumento imprescindible para distanciarnos de la realidad, interpretarla, actuar sobre ella y evaluar los resultados de nuestra acción.

La ciencia es una forma restringida de pensamiento, que trata de prescindir de la ideología, la política, la religión y cualquier desviación subjetiva en el conocimiento y análisis de la realidad. Busca la verdad, pero pone siempre a prueba esa verdad, que sólo valora en función de los resultados comprobados.

Bien, pues mi reflexión consiste en afirmar, primero, que nuestro modo de entender la vida y el mundo está determinado por todo ello: ideología, religión, ciencia, política y pensamiento. Nuestra conducta está influida por todo eso. No podemos sustraernos a la influencia de las ideologías, la política, la religión, la ciencia y el pensamiento.

Segundo, que, cuanto más clara tengamos la distinción entre estos cinco ámbitos de nuestra vida y conducta, mejor. Cuanto menos los mezclemos, mejor. Cuanto más huyamos de un pensamiento indiferenciado y globalizador (o sea, totalitario), mejor. Confundir religión con ciencia o hacer de la ciencia una religión, por ejemplo, es igual de equivocado que convertir la política en pura ideología o pretender que la política sustituya a la religión y la ideología.

Tercero, que, frente a la fuerza de las ideologías, las religiones, los partidos políticos, sólo nos quedan dos caminos: la ciencia y el pensamiento. Más aún: la ciencia al servicio del pensamiento, y el pensamiento al servicio de nuestra libertad.

Sólo quien piensa por sí mismo, quien defiende por encima de las ideologías, la religión, la política y el reduccionismo de la ciencia, su propio modo de pensar y sentir, sólo ése puede aspirar a ser libre y dueño de su vida.
Sólo así, ejercitando su pensamiento, resistiendo a la presión que le llega de fuera, la obediencia al rebaño (el automatismo de la ideología, la fe de la religión, la adhesión al partido político o el dogmatismo de la ciencia) puede el solitario construir su mundo y colocar en su centro el afán de conocimiento y la pasión por la vida, beber de la fuente: el intento de ser verdaderamente libres.

miércoles, 6 de mayo de 2009

SABIDURÍA TEATRAL




Ha caído en mis manos el texto de una conferencia dada por Albert Boadella en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid. Se lo agradezco a su director, Guillermo Alonso del Real. Destila sabiduría. Primero, teatral, que es tanto como decir artística. Pero también humana, un saber estar y un saber vivir nacido de la experiencia. Reproduzco alguna de sus reflexiones. Bastan por sí solas.

Ahora todo el mundo es creador. Esa palabra es muy fuerte, y refleja cierta vanidad. Cocineros, carpinteros, zapateros... Todo el mundo es creador. Hace unos días la Sociedad de Autores me invitó a un acto. En la carta de invitación se decía que en España había cien mil creadores. Me citaba a mí como uno de ellos. Yo respondí, también por carta: Estimado Eduardo Bautista: después de haber recibido su amable invitación para participar en una mesa redonda, le confieso que algunos términos de la carta me han sumido en un estado de inquietud. ¿De veras hay cien mil creadores? Si esto es cierto, nos encontramos ante una hecatombe sin precedentes. Sólo cabe imaginarse la que montó el primero y auténtico creador para deducir lo que puede suceder ahora ante tantas vocaciones de Dios.

Hay otros diamantes que facilito al lector:

Nosotros no creamos nada, lo que hacemos nosotros es desvelar determinadas cosas que ya existen. Simplemente desvelamos, ponemos luz sobre una sombra. (Me gusta identificar el arte con la tarea de desvelar. Mi último libro de poemas se titula Desvelos de la luz)

No hay que abandonar nunca la infancia.

La realidad es lo más fantástico que hay. No hay nada más imaginativo que la realidad.

La realidad que nosotros llevemos al teatro siempre debe ser manipulada. No sirve la traslación directa.

La sugestión es más importante que la imitación.

Yo no sé qué es eso de la imparcialidad.
Hay que ser parcial, pasional, fuera la tibieza.

Hay que ir siempre contra la moda.
Si sigues una moda lo único que conseguirás es estar pasado de moda a los quince días.

Defendeos de la modernidad, no queráis ser modernos. Ya sois modernos; si no lo fueras estaríais muertos.

Me gusta la libertad de pensamiento de Boadella. Es estimulante. Su teatro, también, salvo algunos despistes, como aquel “Yo tengo un tío en América” o “Visanteta de Favara”, de hace años. Nada, en comparación con su deslumbrante producción dramática y artística. Por eso son más de tener en cuenta sus palabras. Palabras de sabio.

jueves, 30 de abril de 2009

LA GRIPE (MENTAL) PUERCA


(Imagen: Dino del Monte)

Los mejicanos la llaman “gripe puerca” o, si se ponen más finos, “gripe de infuenza porcina”. La anterior tuvo un nombre más críptico: “gripe aviar”, que tanto podía ser de los aviones como de las aves (al parecer, pollos).

¿Por qué esta alarma, este anuncio de la catástrofe? Aclaremos el asunto.

Primero, la gravedad de la amenaza. La OMS la ha medido con un 5, o sea, al borde el 6, o sea, al borde de la pandemia apocalíptica (ya no hay más números en la chistera). Bien, bien, aceptémoslo, pero seamos coherentes. Apliquemos la misma media cualquier otra enfermedad: la gripe de cada año, el cáncer, el sida, la tuberculosis... Cojamos todos los virus potencialmente mortales y apliquémosle la estadística: no estaríamos en la antesala de la catástrofe, sino en pleno Apocalipsis.

Pero, si lo que nos preocupa de verdad son las muertes, pongamos en la suma a los que mueren cada día de hambre, ausencia de higiene, la falta de medicamentos básicos o las guerras. Sólo un dato: en Méjico mueren cada año más de 50.000 personas por problemas respiratorios (gripe, contaminación, insalubridad...); sesenta millones de mejicanos carecen de un sistema público de salud... ¡Eso sí que es alarma! Si lo que necesitamos son montones de muertos, pues ahí están. Y si aún no nos alarmamos, pues vayamos a África.

Así que el verdadero problema no es este virus, que no sólo está mal llamado, pues no lo padece el cerdo, sino, sobre todo, interesadísimamente manipulado. La gripe más terrible es la mental, la que se propaga por los medios de comunicación y la que los políticos amplifican y transmiten a nivel mundial. ¿Y quiénes son los beneficiados? Las compañías farmacéuticas, un verdadero cáncer social, infinitamente más peligroso que todos los virus del mundo juntos. ¿Sus aliados? Los medios de incomunicación de masas. ¡Hay que conocer el miedo, la angustia que tienen esos medios cuando no tienen alguna noticia catastrófica con que rellenar las primeras páginas o la apertura de los informativos! ¡Eso sí que los alarma!

Se sabe que no hay mejor medio para evitar catástrofes sanitarias que la higiene, la alimentación, la educación, medicamentos sencillos y baratos, ciudades no contaminadas... ¡Y la verdad! Y la verdad es que nos engañan, nos manipulan, estimulan el miedo, lo alimentan cada día porque es la inversión más rentable. Lo que de verdad alarma, es esta verdad. Produce tanto pavor, que es mejor desviarla, camuflarla y echarle la culta a eso que ni siquiera sabemos lo que es, cómo muta, como actúa, por qué unos sí y otros no, ahora sí y luego no: los virus.

jueves, 23 de abril de 2009

EXISTIR, PERCIBIR, PENSAR, SER CONSCIENTE

(Imagen: Dino del Monte)



Si todo es relativo, también lo es el relativismo,
luego no todo es relativo…

¿Pienso, luego existo? No, pienso, luego pienso. Una tautología.
Como cualquier otra: Tengo un cuerpo, luego tengo un cuerpo.

La realidad es lo que percibimos, pero no es tal y como la percibimos.
Entre el existir y percibir
Entre el percibir y el pensar
Entre el pensar y el ser consciente
Hay saltos cualitativos.

Existir es ser y vivir.
Percibir es recibir estímulos, configurarlos e interpretarlos.
Pensar es abstraer la percepción y elaborar imágenes y conceptos.

Ser consciente es darse cuenta del existir, el percibir y el pensar, pero también:
De lo que no percibimos
De lo que no podemos percibir
De lo que no podemos pensar
De lo que no podemos ser conscientes.

La realidad, sin la percepción, es caótica.
La percepción, sin el pensamiento, es enigmática e incomprensible.
El pensamiento, sin la conciencia, es opaco y repetitivo.

Sólo la percepción consciente nos acerca al misterio del mundo.
Sólo el pensamiento consciente nos libra de la rutina y automatismo.

La existencia es un misterio: existimos, pero cómo hemos surgido de la nada,
cómo nos sostenemos ante la nada,
de dónde hemos surgido y por qué hemos aparecido aquí, no lo comprendemos.

La percepción es un misterio: no sabemos cómo percibimos ni qué es en realidad el percibir.

Pensar es también un misterio: no sabemos cómo pasamos de los estímulos al pensamiento, ni si el pensamiento nace de la realidad o la realidad del pensamiento.

Ser consciente es el mayor misterio, el más apasionante y revitalizador.
Es entrar en contacto directo con la energía consciente que sostiene el universo entero.

viernes, 17 de abril de 2009

LO NUEVO Y LO NOVEDOSO

(Imagen: Manolo Jular)


Hace tiempo escribió Antonio Muñoz Molina un artículo irónico y brillante sobre la “tiranía de lo nuevo”. Expresa su deseo de que llegue pronto el día de la rebelión contra esa tiranía, “contra la coacción y la angustia de no quedarse atrás, de estar al tanto de las propuestas rompedoras, de las últimas tendencias, de lo nunca visto”. Habla del “miedo al anacronismo” y “la convulsión permanente de lo último”. Se refiere sobre todo al arte, donde esta tiranía convierte la estupidez en obra maestra. Basta ir a cualquier Museo de Arte Contemporáneo (han proliferado por todas las Autonomías) para comprobarlo.

Pero hecho de menos aquí una distinción fundamental: la que va de lo novedoso a lo nuevo, de lo actual a lo actuante, de lo vivo a lo compulsivo. Yo defiendo en todo, en la vida y en el arte, lo nuevo, lo actuante y vivo, que hay que diferenciar bien de todo lo que Muñoz Molina denuncia.
La vida es cambio permanente, renovación, innovación. Pero no hay renovación sobre el vacío. El cambio nace del propio impulso de la vida, no es un sombrero de plumas o zanahorias que uno se pueda colocar encima de la cabeza para llamar la atención.

Confundir lo nuevo, actuante y vivo con lo novedoso, actual, rompedor, lo nunca visto..., es un error fatal, que conduce, sobre todo, a la pérdida de tiempo y energía.
Hay un método que yo uso para distinguir inconfundiblemente lo uno de lo otro: la urgencia con que se nos presenta algo. Cuando tengo que ir corriendo a ver una exposición para estar a la última, o una obra de teatro, una película, un concierto, o leer un libro, o..., pues entonces me digo: déjalo, no vale la pena.
En cuanto se fuerza mi libertad de elección, cuando desde fuera me meten el virus de lo último, la compulsión de estar al día, pues malo, fuera.

La cultura y el arte han copiado los métodos alienantes del mercado, que necesita excitar constante y convulsivamente el consumo de lo efímero, reproducir una relación de necesidad, dependencia y urgencia para sostener la producción y el beneficio.

Pero la vida no tiene nada que ver con todo este tinglado. Sólo si pone uno la atención en lo que de verdad le importa, se da cuenta de la distancia que hay entre el verdadero disfrute y este ir detrás de lo último.

En realidad, se persigue lo novedoso para huir de lo nuevo, se corre detrás de lo último para no buscar lo renovador, se deja absorber por lo actual para no encarar lo que permanentemente actúa, se prefiere la repetición compulsiva al cambio y la búsqueda inflexible de la perfección.

No corras detrás de novedades, porque lo nuevo está dentro de ti, no fuera. Si tú no cambias, si no buscas impecablemente tu perfección, es inútil que estés a la última. Por muy rompedor que te creas, no haces más que recrear lo viejo, volver a lo mismo, disfrazado de novedad.

Original es lo que se asiente en el origen, y el origen de todo es la vida. Si algo no produce entusiasmo, placer, renovación vital, por muy novedoso y actual que sea, pues está muerto, es una despilfarro de tiempo y energía.
Cuando uno está atento a todo lo vivo que le rodea, le sobran estímulos, no necesita para nada correr tras de lo último para estar al día, o sea, para estar presente en este mundo, a cada instante nuevo, recién salido del último día de la creación.

sábado, 11 de abril de 2009

EL HUEVO Y LA GALLINA

(Foto: O. Fernández)


Pensar es disciplinar la mente. Acostumbrarse a prestar atención a los pensamientos.
Tratar de desentrañarlos. Las frases hechas son un buen campo de aprendizaje. Por ejemplo, ésta que nos pone ante el dilema de la causalidad reversible: qué fue antes, el huevo o la gallina.

La respuesta, desde el punto de vista de los hechos, es fácil: la gallina. Evolutivamente, no hay duda de que el huevo es la forma de reproducción de las aves, que son ovíparas. Pero para que un ser se reproduzca primero ha de existir. La evolución lleva a las aves, y las aves se reproducen mediante huevos. Así que no hubo primero un huevo, y luego una gallina, sino al revés, una gallina puso un huevo del que salió otra gallina.

Otra cosa es el sentido del dilema, aplicable a todos aquellos fenómenos en los que la causalidad puede ser de ida y vuelta, porque no podemos establecer un orden temporal único (la causa ha de existir antes que el efecto). Pero en este caso, el ejemplo encierra una falacia fácil de desmontar: toda gallina procede de un huevo (menos la primera gallina y el primer gallo, como en el caso de Adán y Eva), y esa gallina podrá poner otro huevo, nunca el mismo huevo del que ella procede. Así que, en este caso, no hay causalidad reversible posible.

En nuestra mente, sin embargo, podemos prescindir de la causalidad y plantear la duda: ¿qué es antes, el cuerpo o la mente? ¿El día o la noche? ¿La ofensa o el ofendido? Etc.
Creamos así un espacio de indeterminación que viene bien para romper la rigidez de los juicios, a veces demasiado excluyentes.

Pero podemos seguir jugando: de un huevo sale una gallina, pero de una gallina puede no salir un huevo; del mismo modo que hay gallinas que no ponen huevos, hay huevos de los que no sale ninguna gallina. No siempre las causas producen efectos, ni los efectos se siguen necesariamente de las causas.

La lógica es para usarla, pero más que para conocer e interpretar la realidad, sirve para interpretar nuestra mente y conocer sus límites. La lógica de la realidad no es exactamente igual a la lógica de la mente. La mente es cosa humana; la realidad va mucho más allá y es, por su propia naturaleza, impersonal, o sea, no humana.

martes, 7 de abril de 2009

EL YO Y LA CONCIENCIA DE SÍ


(Foto: A. Martínez)


Confieso que me sorprendieron las palabras de Einstein cuando dice que el verdadero valor de un hombre consiste en liberarse de su Yo (ver más abajo la entrada ALBERT EINSTEIN, SIN COMENTARIOS). Llevo muchos años dándole vueltas al tema.

Se nos dice que hay que tener un yo fuerte y una buena autoestima para adaptarnos a esta sociedad, que lo contrario es síntoma de falta de confianza en sí mismo y fuente de sufrimientos y fracasos.

Sin duda, la estructura psicológica a la que llamamos "yo" es necesaria, empezamos a construirla casi desde que nacemos y en caso de no consolidarla o estabilizarla surgen todo tipo de trastornos mentales. Pero esto no nos impide el ir más allá, descubrir que, siendo necesaria, es a la vez la fuente de muchas limitaciones y de casi todos nuestros sufrimientos.

La primera consecuencia lógica debería ser, en contra de lo que se dice, desconfiar del yo, no tenerle mucha autoestima, no identificarnos totalmente con él, ponerlo a nuestro servicio, no dejarnos dominar por él. Saber que el yo no es más una pequeña parte de nuestro ser, no nuestro ser total.

Una razón poderosa para no dejarnos absorber por el yo es que se trata de “una construcción mental imaginaria”. En efecto, no hay nada en nuestro cuerpo ni en nuestro ser a lo que podemos identificar con el yo. Por ser algo mental, hecho de ideas, recuerdos, fantasías, interpretaciones, etc. no tiene una estructura internamente estable, sino que requiere, para su permanencia y estabilidad, una gran cantidad de energía y atención.

Consecuencia lógica de este hecho debería ser que no merece la pena pretender que el yo tenga una estabilidad que en sí mismo no posee, que podemos tener muchos yoes en lugar de encerrarnos en uno solo. Romper la fijeza del yo, en definitiva, hasta lograr liberarnos de su tiranía.

No tomarse muy en serio, permitirnos ser uno y muchos a la vez, no actuar siempre del mismo modo predecible, estar alerta cuando el yo, al comprobar su debilidad, nos empuja a la reafirmación ciega y agresiva de nosotros mismos o cuando, por el contrario, se vuelve contra nosotros y nos desprecia.

No hay vida más estúpida que la de quien vive enredado, atrapado, obsesionado y absorto en su yo, en la imagen de sí, en la imposición de esa imagen a los demás, en su importancia personal.

Hay una salida, un truco: desplazar la atención del yo y llevarla a la totalidad de lo que somos, energía, conciencia, pensamiento fluido, un sentir apasionado por el misterio de cuanto nos rodea, un ser en permanente cambio.

Frente al yo, la conciencia de sí y la confianza en nuestro ser, en las ilimitadas posibilidades de todo lo que somos.

miércoles, 1 de abril de 2009

ONDA O PARTÍCULA

(Imagen: Manuel Jular)

El pensamiento es como la vida, crece a partir de un óvulo fecundado, una semilla: una imagen, una idea cargada de energía. En su crecimiento va absorbiendo lo que pasa a su lado, los pensamientos y palabras que espontáneamente se relacionan con él por semejanza, contraste, oposición o complementariedad. Por ejemplo: la fantástica idea de que la luz se comporta a la vez como partícula y como onda. Un chorro de partículas subatómicas (fotones) o una onda de energía.

Me pongo a jugar con esta idea, y veo que nuestro comportamiento puede, a su vez, manifestarse como onda o como partícula. Y llego así a dividir a los hombres en dos grandes categorías: el hombre-partícula y el hombre-onda.

La partícula actúa por percusión, golpe, explosión, estallido. Se asemeja a la descarga eléctrica. Chispazos, chisporroteos, temblores. Punto, línea recta. Es de aspecto masculino.
La onda actúa como flujo, expansión, ola. Se asemeja al agua, el viento, la nube. Calor, envoltura, caricia. Trayecto, línea curva. Es de aspecto femenino.

Las emociones se asemejan a las partículas: reacción, choque, impacto, perturbación momentánea.
Los sentimientos o el sentir, a ondas: acción, expansión más lenta y profunda, menos superficial.

Puestos a elegir, yo prefiero actuar como onda a reaccionar como partícula. Prefiero la sutileza y suavidad de la onda a la brusquedad de la partícula. La persistencia de la onda a la inconsistencia de la partícula. El control de la onda a la impulsividad de la partícula. La elegancia y armonía de la onda, al caos y la compulsión de la partícula. Etc.

Pero somos ambas cosas, onda y partícula, porque somos energía. Lo estimulante es que podemos sentirnos y actuar de un modo u otro. Podemos coger la energía de la partícula, de la explosión atómica de la partícula, y transformarla en onda, en fluidez, para ir más lejos, para viajar hasta el infinito. O, simplemente, para ser más amables, vivir con mayor serenidad, tomarnos menos en serio, amarnos un poco más, querernos como quisiéramos que los demás nos quisieran... Y más etc.

P.D. Dino del Monte, un amigo judío-gitano, me sugiere otro ejemplo, el modo como se puede tocar un zimbal: o mediante percusión (partícula) o mediante serpenteo (onda). A él, y a mí, nos gusta mucho más la suavidad y elegancia de la serpiente, aunque sea venenosa.

viernes, 27 de marzo de 2009

PENSAMIENTOS AL AIRE

(Imagen: Teresa Gancedo)
El miedo atrae al miedo
El optimismo al optimismo.
La confianza genera más confianza.
La desgracia, más desgracia.
Es la ley del universo.

Aquello en lo que focalizas tu atención, eso es lo que atraes a tu vida.
No puedes cambiar directamente nada, sólo puedes ser dueño de una cosa: tu atención. Tu atención, sin embargo, puede cambiar el mundo.

No luches contra tus pensamientos, déjalos al aire, sólo intenta dominarlos suavemente a través de tu atención.

Cuando conviertes un grano de arena en una montaña, es que ese grano de arena está encima de una montaña.

Puedes enfocarte en ti mismo, irte hundiendo más y más hacia el fondo oscuro de ti mismo, como un tornillo, o, por el contrario ir construyendo una espiral hacia arriba, cada vez más amplia, abriéndote hacia el infinito.

Negar algo, no es lo mismo que afirmar lo contrario. Por ejemplo: no soy católico, pero eso no significa que sea anticatólico; no soy socialista, pero eso no es lo mismo que ser antisocialista; no soy proisraelí, pero eso no significa que esté en contra de Israel.
Esto vale para casi todo, pero sobre todo para el lenguaje político.

Entre el ser y el no ser siempre cabe el ser otra cosa.

Miré al pozo y no vi mi rostro, sino la sombra de mi rostro.

Sólo la muerte, la conciencia de la propia muerte y la de todos y cada uno de los que nos rodean, intensifica la vida. Sin la muerte no seríamos nada, nos abandonaríamos a la rutina y la apatía, viviríamos sólo de estar muertos.

Deja que tus pensamientos vayan al aire, vuela con ellos.

viernes, 20 de marzo de 2009

ALBERT EINSTEIN, SIN COMENTARIOS

(Foto: Koldo Badillo)
Acaba de caer en mis manos Mi visión del mundo (Mein Weltbild), de Albert Einstein. Nunca es tarde para leerlo.
Encuentro en las reflexiones de Einstein ideas sobre las que he escrito bastante en este bloc. Apenas he leído las primeras páginas y ya encuentro citas que no me resisto a reproducir aquí. No diré que las hago mías, porque ya hace tiempo que forman parte de mi visión del mundo. Pero el argumento de autoridad, en este caso, es digno de tener en cuenta.

Los ideales que iluminaron y colmaron mi vida desde siempre son: bondad, belleza y verdad.

El misterio es lo más hermoso que no es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdaderos. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse, está muerto. Sus ojos se han extinguido.

El valor verdadero de un hombre se determina según una sola norma: en qué grado y con qué objetivo se ha liberado de su Yo.

Sólo el individuo aislado puede pensar.

Sin personalidades creadoras que piensen por sí mismos es tan impensable el desarrollo de la comunidad como lo sería el desarrollo del individuo fuera del ámbito comunitario.

Y para acabar, dice Einstein sobre los ejércitos:

Habría que hacer desaparecer lo antes posible a esa mancha de la civilización. Cómo detesto las hazañas de sus mandos, los actos de violencia sin sentido, y el dichoso patriotismo. Qué cínicas, qué despreciables me parecen las guerras. ¡Antes dejarme cortar en pedazos que tomar parte en una acción tan vil!

No hay necesidad de hacer comentario alguno, ¿verdad?

domingo, 15 de marzo de 2009

YO Y LOS OTROS

(Foto: Miguel Sánchez)

El infierno son los otros, creo que dijo Sartre. Vivir con esa idea empobrece mucho la vida. Primero, porque si bien los otros son la fuente primera de casi todos nuestros sufrimientos, lo son también de nuestras alegrías. La relación con los otros es la fuente más importante de la vida, lo que nos estimula y sostiene.

Sin los otros pronto caeríamos en un pozo, autistas encerrados en los límites del yo, que, por naturaleza, es conservador, vive temeroso en su concha de galápago, protegiéndose de todo lo que se mueve alrededor.

Leo a Todorov, un breve artículo titulado “El conocimiento de los otros”, que me incita a reflexionar sobre el tema. Resumo y presento a mi modo sus ideas, que me parecen iluminadoras.

Una relación positiva con el otro pasa por un proceso que podemos dividir en cuatro fases:

1) “Asimilación ”: percibo e interpreto al otro en función de mí mismo, de mi modo de ser y pensar. Me fijo sobre todo en las semejanzas.
2) “Comprensión”: trato de percibir el mundo a través de los ojos del otro, no juzgo, no añado ni quito nada, no trato de fundirme con el otro.
3) “Diferenciación”: me percibo y juzgo a mí mismo como diferente del otro, pero acepto y comprendo al otro como diferente de mí mismo. Toda interpretación de mí mismo y del otro es relativa.
4) “Desidentificación”: no me identifico con el otro ni conmigo mismo, modifico constantemente mi idea del otro y de mi mismo. El conocimiento del otro me transforma a mí mismo, y el conocimiento de mí mismo transforma mi conocimiento del otro.

Como se ve, la relación con el otro nos obliga a cambiarnos a nosotros mismos, aquí está la clave. Cuando no ocurre esto, algo ha fallado. El otro nos obliga a desidentificarnos con la idea que nos hemos hecho de nosotros mismos. Los otros ponen constantemente a prueba la idea y la imagen de nosotros mismos. Agradezcámoslo, porque sólo así podemos avanzar, progresar en el conocimiento y la conciencia de nosotros mismos.

martes, 10 de marzo de 2009

OTRA VEZ LOS TRANSGÉNICOS

(Foto: A. Real)
Me envía Paco Rodríguez en enlace para que oiga un programa de radio de la SER sobre transgénicos. Intervienen Juan José Millás, uno de esos escritores estrella del momento, y el responsable en España de la multinacional transgénica Monsanto. No sé qué destacar más de la penosa entrevista: si los comentarios de Millás o los del Monsanto.

Dice Millás que se ha informado sobre el tema y que se encuentra un tanto perplejo sobre esta multinacional, no sobre los transgénicos. Afirma con mucho desparpajo que esto de la modificación genética ya lo ha hecho el hombre desde los más remotos tiempos, que todos acabaremos siendo transgénicos, que la realidad es transgénica, etc. Se despeña, vamos. No distinguir a estas alturas la selección natural de las semillas o los injertos, de la modificación artificial de los genes es de una ignorancia asnal. En un alarde de interpretación psicológica atribuye el rechazo a este mal engendro de los transgénicos a una especie de miedo ancestral , religioso, que tiende a satanizar lo nuevo. ¡Se dejó la mitad del cráneo!

Pero hete aquí que el de Monsanto, ante la simple pregunta de si ya estamos consumiento transgénicos, se escabulle, no contesta a pesar de la insistencia, y esto mosquea al entrevistador. Vuelve a hacer otra inocente pregunta sobre si nuestra ministra Garmendia tiene algo que ver con Monsanto y de nuevo evasivas e incoherencias. Pregunta entonces Gemma Nierga sobre si es verdad que Montsanto es al mismo tiempo el mayor vendedor de pesticidas del mundo, y otra vez se va por los cerros el entrevistado.

Millás, al acabar, dice que “este señor me ha dejado muy asustado”. Lo estúpido es que no estuviera asustado mucho antes. Produce mucha tristeza y casi desesperación que programas de gran audiencia propaguen tanta confusión e ignorancia, haciéndole el juego a los mentirosos, hipócritas y voraces vendedores de algo que, mírese por donde se mire, es una basura peligrosa, no ya para el futuro, sino en el presente. ¿Cómo es posible que no se haya dicho nada sobre la contaminación transgénica a otros cultivos, sobre los impredecibles efectos genéticos en el hombre y los animales, sobre la dependencia del agricultor que necesitará siempre comprar las semillas a esa multinacional, sobre la pérdida de la biodiversidad, sobre la presión política que ejercen sobre los gobiernos, etc.?

El caso de la ministra es tan elocuente que sólo un tonto puede seguir manteniendo su ingenuidad. Si ha sido la presidente de la asociación de todas las empresas de transgénicos de nuestro país, ¿cómo extrañarnos de que sea en España donde se permita el mayor número de hectáreas para el cultivo de un maíz que ningún otro país europeo quiere cultivar en su suelo? Sin duda es porque son unos atrasados llenos de miedos atávicos.

(Para más información ver en este bloc la etiqueta POLÍTICA, entradas MUNDO TRANSGÉNICO (I y II) del 19 y 23 de agosto de 2008).

P.D. Algo parecido podríamos decir de la famosa y peligrosa vacuna contra el cáncer de útero en adolescentes. La industria farmacéutica es lo más parecido a la transgénica.

miércoles, 4 de marzo de 2009

A VOZ EN GRITO

(Foto: Agustín Galisteo)



España es el país más ruidoso del mundo, el peor legislado, el más anárquico y permisivo en cuanto a la contaminación acústica y auditiva. Hay estudios estadísticos que reiteradamente lo confirman sin que aparezca atisbo alguno de cambio de rumbo o tendencia. ¡Estúpida hazaña!

Los que tanto defienden la mística de las señas de identidad, los “rasgos identitarios”, como dice la jerga de los políticos catalanes, exportada al resto de España y asumida por toda la mediocridad autónomo-parlante, deberían incluir en su catálogo imaginario de esencias culturales esta entidad real, bien real: el ruido ambiental.

Pero de entre todas las agresiones acústicas, la sin duda alguna más perniciosa es la que proviene de las gargantas patrias, patrióticas y matrióticas, pues aquí gritan por igual vascones, célticos, cántabros, tartesos, catalánicos o celtibéricos. ¡La funesta manía de gritar!

La voz humana en estado más o menos natural se desarrolla en una banda de decibelios que está en el límite de lo que el oído humano acepta como saludable. En cuanto se extralimita, supera la raya de decibelios agradables para pasar a convertirse en ruido desagradable. El español es una de las lenguas más propensas al grito, por su facilidad vocálica y fonética.

Aquí, ante el menor conflicto o discrepancia, lo primero que el españolito de todas las Españas hace, es subir la voz. ¡No me levantes la voz!, replica el agredido, elevándola un poco más que el contrario. Se quiere vencer a gritos, algo tan primitivo como los gruñidos del orangután que pelea por la comida o la hembra cercana.

“Debates” políticos, las “tertulias” radiofónicas y televisivas, la basura de los reality, las “charlas” de tasca y bar, el volumen de las televisiones, las retransmisiones deportivas, hasta las conversaciones por el móvil, todo está tan subido de tono que no hay oído humano que no sienta una permanente exacerbación decibélica (y aquí lo bélico tiene todo su sentido).

Los efectos del ruido y en especial del ruido humano son catastróficos. Alteran permanentemente el equilibrio del sistema neuronal, base de todos nuestros actos y decisiones. Pero a nadie parece importarle esto de verdad, por más que se sepa o intuya. Hay aquí una gravísima responsabilidad política que ni un solo partido quiere asumir. Esta enfermedad decibélica no figura en ningún programa de reformas nacionales.

Pero yo pienso que sería una medida política urgente, incluso para salir de la crisis económica en que nos hundimos. Extiéndase una campaña de educación del habla serena, matizada, expresiva, alegre, que es todo lo contrario del grito, y la crisis económica empezaría a remitir. ¿Por qué? Porque esa energía que despilfarramos en gritar y agredir, despotricar y soliviantar los ánimos, se encauzaría espontáneamente hacia la creatividad, la aparición de iniciativas productivas nuevas, que es lo que el sistema económico necesita, en lugar de seguir la senda enloquecida del consumo obsesivo y destructivo.

Se podía empezar por los colegios, que son una escuela del grito, una de las causas del mal llamado fracaso escolar y del otro no menos mal llamado trastorno de hiperactividad, tan de moda.

No se me diga que la voz en grito es espontaneidad, viveza, temperamento alegre y todas esas memeces ligadas al modo de ser español. No. El grito va en contra del cuerpo, de la espontaneidad y del disfrute del cuerpo activo. El grito orienta al cuerpo en una sola dirección, la de la agresión y la violencia, bloqueando todas las demás formas de desarrollo físico y mental. Una ruina educativa.

Nota: Examínate y comprueba cuánto, cuándo, dónde, a quién y contra quién gritas. Cuándo levantas o aceleras la voz. Intenta cambiar ese mal hábito y verás la diferencia. No hace falta reprimir los impulsos, basta con controlar el tono y los decibelios de tus cuerdas vocales. ¡Qué ahorro de energía!

jueves, 26 de febrero de 2009

TEORÍA Y ELOGIO DEL OPTIMISMO (II)

(Foto: S. Trancón)

Digo que prefiero el optimismo al pesimismo.
Digo que, dado que optimismo y pesimismo no son más que productos de la mente, elijo el optimismo.
Digo que el pesimismo es un pensamiento y una actitud orgánica y emocional negativa, que no me hace bien, por lo que prefiero sostener un pensamiento positivo que haga posible una actitud serena, alegre y confiada ante cualquier hecho o amenaza que se presente ante mí.
Esta es mi posición intelectual y vital, mi inquebrantable convicción.

No es falta de realismo.
No es autosugestión.
No es voluntarismo.
No es evasión ni huida o fantasía.
Es, por el contrario, una forma práctica de afrontamiento.
Tengo mis razones.

Por ejemplo, escucho a mi cuerpo, y él me dice que la vida es el resultado de un optimismo molecular, celular y orgánico.
Miro hacia el universo, y veo que todo es el resultado de un intento cósmico creativo inflexible, que actúa con una fuerza y una fantasía ilimitadas.
Miro a mi alrededor y veo que las creaciones humanas más deslumbrantes y magníficas son el resultado de un propósito imaginativo, de un poder oculto que está al alcance de la mano del hombre.
Examino mi vida y veo que mis peores momentos han sido aquellos en los que he sucumbido al pesimismo, al miedo, a la desconfianza en mí mismo y en los demás.

Llego a la conclusión de que me conviene sostener en mi mente ideas optimistas contrarias a las que oigo constantemente tratando de desanimarme, diseminando un virus la desconfianza y el miedo a mi alrededor.

Por ejemplo, trato de no usar, en cualquier juicio valorativo, el adverbio “no” o la conjunción “pero”. Pensar, eso que hacemos constantemente, sin usar una sola frase negativa ni adversativa. Y a la hora de hablar, lo mismo: que no salga de mi boca una enunciación negativa o adversativa. No es tan difícil. Al cuerpo y a la mente le gusta este ejercicio, se sienten liberados.

Tampoco me gusta usar el verbo “ser” para referirme a mi mismo ni a nadie. Prefiero el “estar” o el ser predicativo, o sea, el “existir”. Es muy distinto decir “soy muy nervioso” que “ahora estoy inquieto”. Cada enunciado actúa de modo distinto en nuestro cerebro, genera diferentes circuitos. La orden que el cerebro da a nuestro cuerpo es muy diferente. Una frase genera pesimismo, la otra abre la puerta al optimismo. Una es determinista, la otra permite cambiar. Si tu cerebro recibe la frase “puedo estar tranquilo, estoy tranquilo”, acabará mandando una orden al cuerpo para que se serene. Del “soy nervioso” al “estoy nervioso”, del “estoy nervioso” al “quiero estar tranquilo”, del “quiero estar tranquilo” al “estoy tranquilo; y del “estoy tranquilo” al “estoy bien”, “todo está bien” y “todo va bien”... Así actúa el optimismo. Por eso siempre será mejor que el pesimismo. Tú eliges.

El pensamiento arrastra el sentir.
El pensamiento genera una frecuencia vibratoria que se extiende por el cuerpo y sintoniza con ella.
La energía vibratoria del cuerpo atrae a la energía exterior y conecta con ella.
Se genera así un campo de atracción que tiene su origen en el pensamiento. Esto explica un hecho probado: que el pensamiento optimista acaba atrayendo acontecimientos positivos a nuestra vida (encuentros, trabajos, proyectos…) y el pensamiento negativo todo lo contrario.

lunes, 23 de febrero de 2009

TEORÍA Y ELOGIO DEL OPTIMISMO (I)

(Foto: O.Fernández)

Tiene mala prensa el optimismo, y más en los tiempos que corren. Ya Voltaire hizo crítica sutil e inteligente del optimista en su Cándido. Pero yo, después de mucho darle vueltas, he llegado a la conclusión de que el optimismo me hace bien, mucho bien, así que he tomado la firme resolución de volverme un optimista insobornable, inflexible, a prueba de bombas. Tengo tantas razones que quizás necesite varias entradas para convencer a los escépticos. Veamos.

Todo a mi alrededor, desde que nací, ha estado impregnado de pesimismo humano, social y ontológico. Hasta la fe cristiana de mi madre estaba cargada de resignación. Me ha costado muchos años quitarme de encima semejante peso. Porque el pesimismo es un peso corporal. Su manifestación permanente es una falta de oxígeno, de expansión orgánica, de miedo y enfado celular. El pesimismo oprime y ogobia al cuerpo.

Sin embargo, el cuerpo ha nacido para desarrollarse, actuar, expandir su energía y crear. El empuje de la vida está presente en todo lo que hace. Es la mente la que, saturada de pensamientos negativos, oscuros, tristes, instala en nuestro cerebro el pesimismo como actitud básica. En cuanto algo intenta salir de su control, ahí está un pensamiento pesimista para frenarlo.

Pero el pesimismo no es natural. Lo natural es la vitalidad, la salud, la confianza orgánica. Sin la intervención bloqueadora y temerosa de la mente, el cuerpo vive, respira, se mueve, actúa con fuerza y eficacia. Porque el cuerpo no entiende para nada de lo que la mente cataloga como bueno o malo, optimista o pesimista: pasa de todas estas categorías y busca en todo momento la salud, la vitalidad, la acción y el disfrute.

Todo lucha hoy contra el optimismo: los pensamientos instalados en nuestro ADN social, la información diaria, la educación, el entorno. Y la realidad. Basta abrir los ojos para ser golpeados por el horror, la muerte, la barbarie, la violencia, la amenaza, el mercado, los bancos, la política, el trabajo, las preocupaciones familiares. Y sin embargo... nada de esto invalida mi defensa inflexible del optimismo.

Viene la razón con toda su argamasa de argumentos pétreos a contradecirme y tacharme de ingenuo, iluso, poco realista y hasta falto del más elemental sentido racional y crítico. Sólo los tontos o cándidos pueden ser optimistas en un mundo que va derecho hacia la catástrofe, que tolera el sufrimiento y la injusticia en cantidades asfixiantes. Pero...

Sí, todo eso es verdad, y mi optimismo no lo niega ni minimiza ni infravalora. Pero me digo: ¿Me sirve de algo ese pesimismo? ¿Me ayuda a ser mejor, a mejorar algo el mundo? ¿Me siento mejor, con mayor capacidad para actuar y crear y ayudar a los demás, al dejarme caer en el pozo negro del pesimismo? Porque el pesimismo es siempre negro, hunde, abate, por más argumentos realistas en los que se base.

Optimismo vital, sí. Un pensamiento orientado permanentemente hacia lo positivo. Una forma inteligente de no sucumbir al miedo, la amenaza o la depresión. Trataré de demostrarlo. Porque el universo, la naturaleza, tiene una ley que es tan constante y universal como la gravedad: sólo entiende el lenguaje de los hechos positivos, creativos. La naturaleza no entiende el no, no lo usa. Ni siquiera la muerte es la no vida; es, sencillamente, la muerte, un hecho biológico. Sólo la mente humana usa el no. (Seguiré)

jueves, 19 de febrero de 2009

METÁFORA TELEVISIVA

(Foto: K.Badillo)










Hay metáforas eficaces para explicar el funcionamiento de nuestra mente. Una de ellas es la del ordenador. Yo prefiero, sin embargo, la metáfora televisiva. Es muy productiva, porque genera una constelación de explicaciones o descripciones fáciles de comprender.

Lo que podemos ver ininterrumpidamente en nuestras pantallas cada día, las 24 horas del día, son ondas que circulan por todo el espacio planetario, en todas las direcciones, a gran velocidad. Cada emisión de ondas tiene su vibración y frecuencia, viaja por su carril y no choca con las otras. No tengo idea de cómo esto es posible ni cuál es la naturaleza última de estas ondas invisibles.

Cada aparato de televisión recoge esas ondas y las transforma en partículas y puntos que se reúnen en la pantalla y traducen en imágenes. Tampoco tengo idea de cómo se produce este milagro. La ciencia lo explica, sí, pero su explicación no es más que descriptiva, describe más o menos qué y cómo funciona, pero su naturaleza es esencialmente incomprensible.

Nuestro cuerpo es ese aparato que capta la energía del entorno y la trasforma en imágenes en nuestro cerebro. Tampoco sé exactamente cómo lo hace, ni cuál es la naturaleza última de la energía que captura.

El mando a distancia enciende el aparato y nos permite cambiar de canal. Cada canal tiene su propia programación y va emitiendo imágenes más o menos caóticas u ordenadas. Esa secuencia de imágenes es un sustituto del mundo, de la realidad a la que no tenemos acceso directo.

Si el cerebro es nuestra pantalla, el mando a distancia es nuestra atención. La atención es lo que nos sintoniza con la frecuencia de las ondas circulantes.

Estamos conectados al mundo a través de nuestra atención, pero podemos cambiar esa atención y focalizarla en lo que queramos. Hay infinitas ondas, millones de frecuencias y partículas al alcance de nuestra atención que circulan a nuestro alrededor y pasan ignoradas.

El universo es una red ilimitada de canales y campos de energía, con distintas vibraciones y frecuencias. Entrar en contacto con ellos, sintonizar, sincronizar la frecuencia de nuestras vibraciones interiores, de nuestros campos de energía, con la inabarcable ebullición y flujo de la energía del exterior, es nuestra mayor hazaña.

Pero hay más: no sólo somos receptores, sino generadores y acumuladores de energía. Emitimos ondas al exterior, pero sobre todo hacia nuestro cerebro. Somos un circuito cerrado de televisión. Cuanto más absortos estamos en nosotros mismos, mayor es la compulsión interna generadora de imágenes. Lo malo es que son siempre las mismas imágenes, recurrentes, repetitivas. Sólo quien es capaz de salir de sí mismo y conectar con la energía del universo, puede tener una vida rica en visiones y descubrimientos.

Prosigue tú, lector inquieto, la vibración de esta metáfora televisiva, que me llama la atención otra onda, otra frecuencia iluminativa.

sábado, 14 de febrero de 2009

SER ALGUIEN

(Foto: K.Badillo)

Un niño de siete años. Le llevan a un psiquiatra para tratarlo de un posible trastorno de hiperactividad. Tienen una entrevista. La madre está muy preocupada por las malas notas, su falta de atención, su rebeldía... En la conversación surge la frase: "...para que el día de mañana seas alguien". El niño replica al psiquiatra: "Yo ya soy alguien". Lo dice sorprendido de que alguien dude de que él es alguien. No me invento esta anécdota. Me la ha contado alguien que estuvo presente.

Casi al mismo tiempo me envía mi amigo Rafael Gordon un vídeo. Se explica en él cómo nuestra educación se basa en una aberración: la de querer convertirnos a todos en profesores universitarios. Ser profesor universitario es ser alguien en la vida...

La escuela es hoy un lugar de domesticación y anulación de la personalidad. Se dirige sólo a la cabeza y desprecia al cuerpo. Ignora la singularidad y destruye la creatividad. Pero esta anulación se inicia en la familia y cuando el niño no se doblega fácilmente, ahí llegan los psiquiatras.

Siento una enorme pena por los niños de hoy: están condenados a la infelicidad. Yo tuve una escuela parecida, pero viví en un pueblo y allí pude correr, saltar, gritar, explorar el mundo, recorrer kilómetros alrededor de monte, pisar campos, bosques, arroyos y charcas. Pude ser alguien antes de que nadie me lo pusiera en duda.

Pero mucho mejor que yo lo explica este vídeo:
http://video.google.es/videoplay?docid=-9133846744370459335
No te lo pierdas, de verdad.

martes, 10 de febrero de 2009

CONCIENCIA DE SER


(Foto: I. Díez)










Pregunta: ¿Qué es lo que distingue a un cuerpo vivo de otro muerto?
Respuesta: La conciencia de ser.

Pregunta: ¿Qué es la conciencia de ser?
Respuesta: El darse cuenta de que uno existe y está vivo.

Pregunta: ¿Un embrión tiene conciencia de ser?
Respuesta: Un embrión tiene el embrión de la conciencia de ser, la posibilidad de llegar a tener conciencia de ser. La semilla.

Pregunta: ¿Un ser en estado de coma irreversible tiene conciencia de ser?
Respuesta: Tiene una mínima conciencia de ser en estado irreversible de desaparición.

Pregunta: ¿Cuándo podemos establecer el paso de un estado a otro?
Respuesta: Hay una zona, un punto, un momento en el que la conciencia de ser puede ir hacia su disolución o hacia su desarrollo, inclinarse hacia la vida o hacia la muerte.

Pregunta: ¿Cómo sabemos cuándo llega ese momento?
Respuesta: Observando el cuerpo, atendiendo a su estado y sus señales, casi siempre inequívocas.

Pregunta: ¿Tiene alguna justificación prolongar artificialmente un estado vegetativo de mínima conciencia?
Respuesta: Salvo que quien lo padece, en plena conciencia, decida que se le prolongue artificialmente ese estado de mínima conciencia, no tiene justificación alguna. Si el paciente ha establecido voluntariamente lo contrario, prolongar ese estado es un acto de crueldad e impiedad inadmisible.

Pregunta: ¿Es uno dueño de su vida?
Respuesta: Absolutamente. La vida ha de ser siempre fruto de una decisión individual libre y soberana. La conciencia de ser lleva en sí misma la posibilidad de dejar de ser. Es algo inseparable.

Pregunta: ¿Para qué hemos venido a este mundo?
Respuesta: Para vivir plenamente.

Pregunta: ¿Qué significa vivir plenamente?
Respuesta: Incrementar día a día la conciencia de ser. Acrecentar e intensificar la conciencia de ser.

Pregunta: ¿En qué se diferencia nuestra vida de la de otros seres de esta Tierra?
Respuesta: En que partimos de un grado de conciencia de ser que podemos incrementar e intensificar a través de nuestra experiencia.

Pregunta: ¿Se disuelve la conciencia de ser al morir?
Respuesta: La conciencia de ser individual, sí.

Pregunta: ¿Totalmente?
Respuesta: No. La conciencia de ser es una forma incomprensible de energía, fruto del alineamiento o contacto de nuestra energía con la energía del universo. Un contacto o fusión que produce el resplandor de la conciencia de ser, que es lo único que detiene a la muerte. Cuando se rompe la unidad energética que somos, esa energía inexplicable vuelve al cosmos.

Pregunta: ¿Cuál es el sentido de la vida, entonces?
Respuesta: Incrementar la conciencia de ser del universo.

Pregunta: ¿Existe alguna posibilidad de supervivencia individual después de la muerte?
Respuesta: Como no sabemos exactamente qué es la conciencia de ser, no podemos afirmarlo ni negarlo.
En principio, no debería de ser algo imposible, salvo que creamos que la conciencia de ser es inseparable del cuerpo, de la organización anatómica y orgánica de nuestras células vivas. Pero esto, hoy por hoy, no es más que una creencia, lo mismo que lo contrario.

P.D. No sabemos qué es la conciencia de ser, pero sí experimentarla, sentirla, tomar conciencia de su existencia, comprender que es la esencia de nuestro ser. A mayor conciencia de ser, mayor goce, mayor deleite, mayor serenidad, más intenso y profundo nuestro conocimiento del misterio de la existencia de nosotros mismos y de todo cuanto nos rodea. Quien lo experimenta sabe que ésta es una verdad indiscutible. Quizás, la única certeza.

viernes, 6 de febrero de 2009

PROBABLEMENTE DIOS

(Foto: A.Real)
Ya he escrito (ver la entrada ACERCA DE DIOS) sobre el tema de Dios. La polémica de los llamados autobuses ateos/cristianos me hace volver a él.

Me llaman la atención los dos anuncios:
Probablemente Dios no existe. Despreocúpate y disfruta de la vida.
Dios existe. Disfruta la vida en Cristo.

Vayamos con la primera.
Es chocante este adverbio de posibilidad y duda: “probablemente”. Si se es ateo convencido, no viene a cuento. ¿Cómo que “probable” o “posiblemente”? Hay aquí una especie de argumento estadístico: hay un tanto por ciento muy elevado de que Dios no exista. ¿Pero qué hacemos con ese otro tanto por ciento de duda?

En principio, parecería que estos agnósticos o ateos dejan una puerta abierta a la posibilidad de que Dios exista. No quieren ser dogmáticos, sino prácticos. Pero yo me pregunto por qué no se atreven a afirmar claramente que Dios no existe. ¿Humildad, prevención, duda o miedo a posibles reacciones de los convencidos de lo contrario?

Lo de “despreocúpate” es también enigmático. ¿Qué significa? ¿Despreocúpate del más allá, de la muerte, del infierno, del paraíso? ¿De las normas, de la moral?
La conclusión, “disfruta de la vida”, no veo qué relación tiene con todo lo anterior. ¿Por qué creer o no creer en Dios te va a impedir disfrutar de la vida?

Vayamos con la reacción de los cristianos.
Primero, este anuncio está pésimamente redactado. No es español. Se disfruta “de”, porque disfrutar es un verbo que rige preposición y no admite complemento directo. Lo de “en Cristo” es ya barbarismo repelente, por más que lo repitan los curas a troche y moche. ¿Qué significa aquí “en”? ¿Dentro de Cristo? ¿Cómo se puede disfrutar de la vida dentro de Cristo? ¿Qué es Cristo, un gran corazón, un estadio de fútbol o unos grandes almacenes?

Dios se ha convertido en una palabra sobrecargada de sentidos, semánticamente pervertida, contaminada, inútil para pensar y discutir sobre la realidad misteriosa e incomprensible del mundo y de todo cuanto nos rodea. Decir “Dios existe” es tan indemostrable y carente de sentido como lo contrario, porque se trata de una discusión nominalista. Ni siquiera es un asunto de creencias. Llevar esta discusión a la carrocería de los autobuses es eso, un asunto de predicadores, de apóstoles, tanto da del signo que sean.

lunes, 2 de febrero de 2009

COPOS DE NIEVE QUE UN PAJARILLO PICOTEA

(Foto: K.Badillo)

Me levanto. Subo la persiana: caen grandes copos de nieve. El viento los zarandea, formando cortinas que se entrelazan. Puntos de luz condensada que hacen un corto viaje, caen a tierra y se disuelven lentamente.

Algo, la fuerza de la vida, atrae la energía que atraviesa en todas direcciones el universo, forma un conglomerado de átomos y ahí queda atrapado ese pequeño haz de conciencia que somos.
Un breve viaje, antes de desaparecer en la nada, en el mar de la conciencia cósmica, sea lo que sea, nos permite vislumbrar el todo, disfrutar de abismales y deslumbrantes visiones. Cuando digo visiones me refiero a todo lo que el cuerpo, como totalidad unificada, puede percibir y sentir, más que a imágenes visuales.

El joven Spinoza se propuso “investigar si existía algo que, hallado y poseído, me hiciera gozar eternamente de una alegría continua y suprema”. Creyó encontrarlo en “el conocimiento de Dios”, o sea, “el conocimiento de la unión que la mente tiene con toda la naturaleza”. Deus sive natura.

Hace frío. Recuerdo los inviernos de mi infancia. Me veo detrás de unos cristales: la nieve se acumula en la barandilla de hierro de mi balcón. Los pardales, ateridos, se refugian debajo de las tejas. Una lavandera revolotea delante de mi ventana. La abro de par en par y el pajarillo se cuela dentro. Se posa encima de un aparador y agita su larga cola de arriba abajo. Esparzo unas migas de pan y cierro la puerta, despacio. Miro por la rendija de la cerradura y veo a la pajarita, después de un breve titubeo, picotear encima de la mesa camilla. Camina, adelantando una pata cada vez; no da saltitos, como los gorriones.

Mi mente es el copo de nieve que va por el aire y la pajarita que picotea la miga, ese otro copo que mi mano infantil esparció sobre la mesa.