MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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miércoles, 28 de julio de 2010

INDEPENDENTISMO CATALÁN (II)

(Foto: Luis Antonio Gil)
Este bloc está abierto a todo tipo de reflexiones. Los temas a veces se me imponen. El del independentismo catalán no me gusta, pero está tan presente en la vida pública estos días que necesito aclarar mis propias ideas. No parto de prejuicio alguno, simplemente trato de comprender lo que está pasando.

Lo primero que me sorprende es la falta de rigor en los juicios, la extraña incapacidad para pensar sobre este tema, lo que lleva a dar por buenos, tópicos y mentiras cegadoras. Por ejemplo, después de la manifestación contra la sentencia del Estatuto del pasado día 10, se ha propagado la idea, ya indiscutible, de que el marco constitucional y democrático actual no sirve, se ha agotado, que hemos entrado definitivamente en otra etapa, la del independentismo. Todo, de pronto, ha cambiado, la “voluntad del pueblo catalán” ha decidido dar una salto hacia adelante, la multitudinaria manifestación muestra a las claras que hay un antes y un después, que definitivamente Cataluña no quiere seguir dentro de España. La discusión se centrará ahora en cómo y cuándo, pero ya se da por hecho que no hay marcha atrás.

Es sorprendente que una afirmación tan insostenible acabe siendo aceptada por la mayoría, sobre todo por los políticos y los periodistas. Primero, porque nunca una manifestación es fuente de derecho alguno, no lo puede ser en una democracia, por muy masiva que sea. La voluntad de los ciudadanos no se puede asentar ni manipular a partir de manifestación alguna. Sólo se expresa a través del voto, cuanto más libre e informado, mejor. Pero como de lo que se trata no es de tener en cuenta la voluntad de los ciudadanos, sino de hacer propaganda, en este caso del independentismo, hay que usar lo que sea para hacer pasar por democrático lo que no lo es en absoluto: el número de manifestantes que acude a una convocatoria como fuente de legitimidad.

Pero incluso este hecho, en cuanto se analiza mínimamente, nos muestra la esencia de la manipulación propagandística y la intención perversa que encierra: la descomunal mentira que se difunde sobre el número de manifestantes nos debería poner en aviso sobre su verdadero propósito.

La artimaña no es nueva. La usó Franco durante cuarenta años: en la plaza de Oriente le aclamaban siempre “más de un millón de personas”, lo significaba que el pueblo aprobaba su “política”. Los que están contra la ley del aborto reunieron nada menos que a “dos millones” en la plaza de Colón. Por arte de magia, con absoluto desprecio a la verdad de los números, se incrementa hasta el infinito el número de manifestantes para usarlos como argumento democrático indiscutible. De menos de 100.000 (la única fuente que usó un método objetivo para contarlos dio la cifra de 56.000) se pasa a “un millón y medio” (toda la población de Gaza se reunió en torno al Paseo de Gracia) y aquí nadie pide que esa burda mentira se castigue, no ya por “propaganda encubierta”, sino por manifiesto atentado contra la verdad con la intención de torcer la voluntad de la mayoría y alterar la opinión pública con métodos democráticamente inadmisibles. Que este modo de “hacer política” se lleve incluso al Parlamento (Artur Mas habló de ese “millón y medio de catalanes” que salieron a la calle como muestra inequívoca de la “voluntad del pueblo catalán”) es algo que debiera encender todas las alarmas, hacer saltar todas las lámparas y micrófonos del Congreso.

Cuando esto se permite y se puede hacer impunemente, y nadie lo advierte, algo grave está pasando, porque la propaganda independentista, está claro, no duda en usar lo que sea para avanzar, para penetrar en las mentes y sentimientos de modo avasallador, sin escrúpulo alguno. Lo que hay que desvelar, con claridad y sin complejos, es la naturaleza antidemocrática, tortuosa y llena de engaños, mediante la cual el pensamiento independentista avanza y desplaza a la verdad, la razón, la tolerancia, el entendimiento, la voluntad integradora y constructiva.

Otra prueba de lo que digo: ¡cómo se ocultó que en esa manifestación el Presidente Montilla fue abucheado, amenazado, insultado y casi agredido por un numeroso grupo de personas, sin que nadie del público lo defendiera! Fue llamado “botifler” y “fil de puta” y “traidor”, pero eso, al parecer, no tiene importancia alguna. Sabemos que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni mayor tonto que el que se cree muy listo.

sábado, 24 de julio de 2010

EL INDEPENDENTISMO CATALÁN (I)


El independentismo, antes que una aspiración política, es una ideología. Como tal, es un conglomerado de ideas que acaban convirtiéndose en creencias y convicciones más o menos dogmáticas.
El independentismo constituye una estructura mental cerrada, con un núcleo duro resistente a la crítica, al que se adhiere con facilidad cualquier tipo de argumento, por lo que su poder de expansión está asegurado, sobre todo cuando no existe ningún discurso alternativo y crítico capaz de desenredar la maraña de ideas que se van reforzando a medida que se expanden.
El caso del independentismo catalán es modélico para estudiar y comprender cómo se genera y expande esta ideología en una sociedad democrática como la nuestra.
Algunos de los dogmas en los que el independentismo catalán se asienta y que machaconamente repite en su propaganda son los siguientes:

-La independencia es un derecho democrático. Cualquier pueblo tiene derecho a decidir su futuro político.
-Cataluña es una nación con lengua propia, cultura, historia y entidad política propia, luego tiene derecho a constituirse en Estado Independiente.
-El Estado Español, España, Madrid, los españoles…, nos niegan ese derecho porque son antidemócratas, fascistas e imperialistas.
-Cataluña no es España. Sólo se mantiene hoy dentro del Estado Español por la fuerza. Cataluña está sometida, dominada, subyugada por las fuerzas políticas y represivas del Estado Español.
-Cataluña no necesita para nada a España. Le irá mucho mejor si se separa de España. España expolia a Cataluña. España impide el progreso de Cataluña.
-Los catalanes ni son ni se sienten españoles. Cuando la mayoría de los catalanes (o sea, a partir del 50,01%) decidan en referéndum que se quieren separar de España, Cataluña se proclamará independiente y nada podrá impedir que lo sea.

Todas estas ideas forman un conjunto: si una sola de ellas no es verdad, todo el conjunto se viene abajo, por eso nadie puede poner en cuestión ni un ápice de estos dogmas. Pero cada una de estas afirmaciones, a poco que se las analice, se descubre que encubren mentiras y falsedades, verdaderas patrañas, no sólo por lo que dicen, sino sobre todo por lo que niegan, presuponen, inventan. Para descubrirlo bastará que el lector cambia la palabra Cataluña por España en los mismos argumentos: Las mismas razones democráticas que se esgrimen para Cataluña valen para defender la identidad e integridad del Estado Español. Si sirven para unos deben servir para los otros, luego algo falla, habrá que desmontar la falacia de los argumentos.


Primero, el derecho a la independencia o la autodeterminación, no es un derecho abstracto. Si así lo fuera, Cartagena tendría el mismo derecho a la independencia que Cataluña, o Fuentelalbilla, o Fuentesaúco. Hay que definir previamente quién tiene ese derecho, en qué se basa, cuál es su ámbito territorial, y si no implica negar ese mismo derecho a otros ciudadanos.
Si, por ejemplo, en Tarragona o Reus, hubiera una mayoría de ciudadanos que no quisiera pertenecer a ninguna Cataluña independiente, sino integrarse en el Estado Español, ¿tendrían derecho a hacerlo? ¿Y si el 50,01% de los ciudadanos quisiera otro día independizarse de Cataluña?

El sofisma consiste en definir previamente a Cataluña como unidad territorial, lingüística, cultural, social y políticamente unificada e independiente, para proclamar luego su independencia. Construir primero la realidad mentalmente, y luego proclamar que existe. Y al definir así a Cataluña, excluir todo lo que dentro de Cataluña pueda considerarse español, empezando por los ciudadanos no catalanistas (esos no son catalanes, sino españoles, ocupantes españolistas), el idioma español (no es la lengua de Cataluña, sino del Imperio), y luego todo lo que suene a español (desde los toros a la selección española de fútbol).

No, Cataluña es diversa, bilingüe, catalana, española, con una red poderosa de implicaciones y dependencias de todo tipo, donde no existen fronteras, ni lingüísticas, ni culturales, ni económicas, ni sociales. Donde sólo artificialmente, y mediante la imposición, la mentira, la amenaza o el chantaje, se puede empezar a construir esa Cataluña una, grande y libre, que proclama cada día la ideología independentista. Una Cataluña que se define, ante todo, como negación de España, por eso necesita inventarse agravios, ofensas, ataques, hiperbolizando hasta la caricatura cualquier discrepancia cultural o política, para no responsabilizarse ni siquiera de su deriva independentista: son los españolistas (o sea, el resto de España) quienes nos obligan a ser independentistas…

No, España es un Estado Democrático, la mayoría de los españoles somos demócratas (incluidos los catalanes) y cualquier cambio de esta situación tiene que contar con todos por igual. La discusión tiene que salirse del ámbito de la ideología independentista para situarse en otro lugar: el interés común, la distribución de la riqueza, el progreso económico y cultural, leyes más justas, instituciones más eficaces, control democrático del poder económico, lucha contra la corrupción, las desigualdades territoriales y sociales, la defensa de la naturaleza (que no tiene fronteras), el intercambio cultural y artístico… ¿Cómo se compagina todo esto, por ejemplo, con el hecho de que los grupos de teatro no catalanes tengan vedada cualquier actuación dentro de Cataluña desde hace años, mientras que por Madrid pasen todos los grupos, compañías y directores catalanes que quieran? Son síntomas inequívocos de hacia donde va el independentismo.

El independentismo es una ideología y, como tal, peligrosa, excluyente, de raíz antidemocrática. Pero lo mismo digo del nacionalismo.

Frente al nacionalismo y su deriva natural, el independentismo, yo me proclamo simplemente ciudadano de un estado democrático. No me interesan los nacionalismos, sino los derechos humanos, las leyes igualitarias, las relaciones sociales, los intercambios económicos, humanos y culturales, las normas comunes y el respeto a cualquier actitud que no sea excluyente, que no se base en negar al otro, su lengua, su cultura, sus sentimientos y sus señas de identidad. Nada de esto veo yo en las proclamas independentistas catalanas que están alzando la voz estos días hasta el punto de hacer desaparecer a todas las demás.

domingo, 18 de julio de 2010

LA MARAÑA DE LAS IDENTIDADES


He pasado unos días en Barcelona. Ha dado la casualidad de que coincidieran con la manifestación contra la sentencia del Estatuto Catalán, el triunfo de la selección española de fútbol en el Mundial y la celebración masiva de este éxito en toda España.
Me vienen muchas reflexiones a la mente, que quizás amplíe en otra ocasión. A modo de resumen, aquí van algunas:

1) La especie humana no puede vivir sin formar grupos en los que el individuo busca sentirse seguro y protegido. Para unirse, el grupo necesita inventarse una identidad colectiva.

2) Los rasgos que definen una identidad colectiva son, en gran parte, imaginarios. Cuanto más intangibles y etéreos, más necesitan afirmarse mediante símbolos (banderas, himnos), imágenes, mitos y creencias simplificadoras.

3) Existen, sin embargo, dos maneras distintas de formar una identidad colectiva: de forma excluyente, diferenciadora, negativa, o, por el contrario, de manera integradora, incluyente, positiva. La primera trata de imponerse, ya sea de forma violenta o mediante la propaganda amenazante, la presión psicológica, la persuasión basada en la manipulación intencionada de los sentimientos, el miedo, el rechazo del otro. Y las mentiras, claro: históricas, económicas, políticas. La otra se basa en la apertura al otro, en el deseo de compartir algo con los demás y realizar un proyecto común. Una acentúa e inventa lo que separa; la otra, lo que diferencia y une.

4) Claramente hemos visto estos días la manifestación de estas dos formas de identificación colectiva: la concentración contra la sentencia de Tribunal Constitucional sobre el Estatuto en Barcelona, y la celebración del triunfo de la selección de fútbol, especialmente en Madrid, pero también en Barcelona. Se me dirá que son cosas distintas, una claramente política y otra meramente deportiva. Pero todos sabemos que ni los partidos catalanes son simplemente partidos políticos (son “el pueblo catalán”, la Cataluña que busca independizarse del pueblo español), y la selección es algo más que un equipo de fútbol, lo mismo que el Barça es “més que un club”.

5) Los sentimientos que han movido a las masas estos días, digo, muestran dos formas distintas de construir la identidad colectiva: una negativa, que se afirma por oposición al otro (se une para decir a los demás y decirse a sí misma que ser catalán es “no ser español”) y otra espontánea y positiva (se une para celebrar triunfos simbólicamente colectivos e integradores).

6) Hay dos eslóganes que muestran muy bien lo que digo: “Som una nació, nosaltres decidim”, frente a ese bullanguero “Soy español, español, español”. El eslogan catalanista parte de afirmar que el pueblo catalán no es España. Al darlo por supuesto, tratan de imponerlo en la conciencia colectiva. Si somos una nación, quienes nos impiden serlo (o sea, constituirnos en un estado independiente) no pueden ser más que fascistas y antidemócratas. El espontáneo “soy español”, sin embargo, no busca atacar a nadie, imponer nada a nadie, sino expresar un sentimiento de identidad incluyente, positiva, basada en un triunfo colectivo.

7) Las identidades colectivas aglutinan una maraña de sentimientos difusos, fácilmente manipulables. Puestos a elegir, a uno le gustaría que la política fomentara los sentimientos positivos de identificación colectiva, no la propaganda cada día más engañosa y visceramente antiespañola de los independentistas catalanes. Decir, por ejemplo, que en la manifestación del Estatut salieron a la calle millón y medio de personas, cuando, rigurosamente contados, no llegaban a 60.000, es algo que debería constituir un delito tipificado en el código penal. Que nadie diga que esta forma de distorsionar la realidad para presionar a la opinión pública es intolerable en una democracia, es lo verdaderamente preocupante.

lunes, 5 de julio de 2010

TEORÍA DE LA INCERTIDUMBRE

(Foto: Enrique Fernández)

Heisenberg descubrió que no podemos captar el mundo de manera absolutamente predecible, por más que conozcamos las leyes que rigen los movimientos de la materia. Si captamos el movimiento, por ejemplo, no podremos observar al mismo tiempo la posición de una partícula subatómica. Este principio de incertidumbre se puede extender a todo, incluso de modo mucho más inquietante. Lo más cierto es la incertidumbre, la predicción más segura es siempre lo imprevisible.

Aceptar esta verdad es quizás el aprendizaje más difícil de la vida. La incertidumbre genera ansiedad, miedo, angustia, incluso cuando lo que esperemos sea positivo, porque siempre cabe la posibilidad de perderlo en el último momento.

Pero si todo fuera previsible, si todo lo supiéramos de antemano, la vida en ese mismo momento se pararía, todo quedaría colapsado. La vida es un sistema abierto, si se cierra, desaparece. Siempre tiene que haber una pequeña asimetría que vuelva inestable lo que tiende a la inmovilidad.

Todo el universo se rige por el mismo principio de incertidumbre, el equilibrio absoluto llevaría a la muerte del universo, a la paralización súbita de todas las galaxias y de su expansión infinita.

Huimos de la incertidumbre mediante todo tipo de engaños. Incluso, a los seguros de muerte les llamamos seguros de vida. Pero mientras estemos vivos, la incertidumbre no es más que un horizonte de posibilidades. Aceptar la incertidumbre no es volverse pesimista, no es dejarse atrapar por las predicciones catastrofistas, sino resistir ante la tentación de volvernos deterministas, de cerrar el horizonte de posibilidades que es la vida para convertirla en un inventario de profecías cerradas y autocumplidas, que eso es la muerte.

Hay una diferencia radical entre estar vivo y estar muerto, entre aceptar la incertidumbre y estar atento a todo lo impredecible y nuevo, o, por el contrario, obsesionarse con lo predecible y repetitivo, con la búsqueda imposible de la seguridad.

Quizás lo más impredecible del universo fue la aparición de la conciencia. Si todo fuera mecánico, predecible, seguro, ni siquiera se hubiera producido el big bang y su consecuencia imprevisible: la conciencia. Pero la conciencia está ahí, aquí, y ella misma es, ante todo, un darse cuenta y un aceptar la incertidumbre radical que atraviesa y mueve el universo entero.


jueves, 24 de junio de 2010

LLUVIA DE PALABRAS


Se ha celebrado el Día E, el día del idioma español, convertido en la segunda lengua de comunicación del mundo. El Instituto Cervantes lo celebra con una simbólica Lluvia de Palabras. La vida de un idioma, sin duda, depende de la fuerza y variedad de sus palabras.

Las palabras nos atraen por la precisión de los conceptos e imágenes que crean y evocan, por la sonoridad, la expresividad y la capacidad sinestésica que provocan, y por la unión original que cada una establece entre sonido y concepto.

¿El idioma español goza de buena salud? El empobrecimiento del léxico es sin duda su mayor enfermedad, junto al contagio de ciertas distorsiones sintácticas provenientes del inglés. No sé hasta qué punto la ruptura con el mundo rural y su entorno natural es una de las causas de este empobrecimiento.

He aquí mi propia lluvia de palabras. Son palabras sacadas de mi infancia, y algunas ni aparecen el diccionario de la Real Academia. Me limitaré a los sustantivos. Las escribo a medida que me vienen, siguiendo sus propias leyes asociativas:

La era, la trilla, el restallido, la tralla, la parva, el bieldo, la vendimia, la mies, el majuelo, las vides, las cepas, los sarmientos, los cuévanos, las quilmas, el fardel, los reteles, el rejo, el trompo, la canica, la taba, las chapas, el guá, el establo, el desván, la balaustrada, el cuchitril, el pajar, el otero, la fragua, el horno, el manantial, el jergón, el arcón, la corredera, el pote, la trébede, la fiambrera, perdices, pichones, avutardas, buitres, la raposa, la coruja, la garduña, el milano, el aguilucho, quintales, eminas, artesa, celemín, candil, el carburo, el carbunco, la brisca, la petaca, las matracas, las carracas, el esquilón, el cuarterón, la cincha, el cinto, el balde, el barreño, el tajo, el jato, el macho, las mulas, el percherón, remiendo, carretilla, azada, azadón, horca, ceranda, azuela, sebe, cancilla, brocal, alféizar,cangilón, cigüeñal, abubilla, cuclillo, alondra, calandria, mariblanca, lavandera, el relinchón, el herrerillo, la carbonera, el verderón, el verdecillo, la pega, un velón, la candela, la lumbre, el brasero, el cisco, la jícara, el garabito, el garfio, los sabañones, los respigones, el guardapolvos, la rodilla (trapo), el zaguán, la (gallina) clueca, el mondongo, la asadura, la encarnadura, la matanza, el picadillo, argolla, arandela, coz, cerro, colina, alcor, loma, cueto, aljibe, pilón, reguero, poza, regato, las merucas (lombrices), un talego, un gajo, carriego, belfos, cacareos, gruñidos, berridos, rebuznos, mugidos, bramidos, relinchos, ronroneos, maullidos, graznidos, gorjeos, tintineos, estertores, aullidos, silbos, el aldabón, la aldaba, un canto (piedra), morrillo (piedra), guijarro, vergajo, barbuquejo, casulla, estola, manípulo, cíngulo, bonete, túmulo, hisopo, escabechina, zafarrancho, mendrugo, hogaza, urmiento, zarramúngano (fruto silvestre), acedera (planta), zarzaparrilla, majolito (espino), agavanza, cascajo, cínifes, pínfanos, patochada, modorra, ramplonería, arreboles, celajes, rescoldo, pavesas, brizna, torva, tejemaneje, ceporro, energúmeno, cernícalo, palmatoria, lamparilla, vinajera, canutillo, coscorrón, sacaúntos, sacamantecas, quincallero, hojalatero, restañador, pizarrín, yunta, yugo, tentemozo, hollín, albañal, pendón, cadeneta, hule, fielato, zamarra, madreñas, galocha, el gocho, el negrillo, la palera, el saúco, el aliso, albérchigos, tendejón, andrajos, andurriales, los gorgoritos (del agua), el lodazal, el fango, el cieno, el limo, el pestillo, la clavija, la lezna, el bramante, bártulos, zahúrda, la panera, la mosquera, el aparador…

jueves, 17 de junio de 2010

EL CASCABEL Y EL GATO



Todos hemos oído alguna vez eso de ¿quién le pone el cascabel al gato? Pocos, en cambio, saben que la frase proviene del Libro de los exemplos o Suma de exemplos por A.B.C. (o sea, por orden alfabético), que escribió a principios del siglo XV Clemente Sánchez de Vercial, conocido como el Arcediano de Valderas.

Valderas es el pueblo en que nací, y está colocado sobre un cerro, a orillas del Cea, en el corazón de los Campos Góticos, llamados hoy Tierra de Campos. Este libro es la mayor colección de cuentos medievales (547), de la que bebieron durante siglos moralistas y escritores como Cervantes. El cuento tiene mucha más enjundia de lo que el dicho sugiere a primera vista, así que voy a transcribirlo:

Los ratones una vez se reunieron en consejo y discutieron cómo podrían protegerse del gato. Y dijo uno que era más cuerdo que los otros:
-Atemos una esquila al pescuezo del gato para que cuando vaya de un lado a otro siempre oigamos la esquila.
Y este consejo agradó a todos. Pero dijo uno:
-Es verdad, ¿pero quién atará la esquila al pescuezo del gato?
Y respondió uno:
¡Yo no!
Respondió otro:
¡Yo no, que por nada del mundo querría acercarme a él!
Así sucede muchas veces que los clérigos o monjes se levantan contra sus prelados u otros contra sus obispos, diciendo:
-¡Ojalá Dios lo hubiese quitado y tuviéramos otro obispo y otro abad!
Esto agradaría a todos, pero al final dice:
-Quien lo acusase perderá su dignidad o le irá mal después.
Y dice uno:
-¡Yo no!
Dice otro:
-¡Yo no!
Así los inferiores dejan vivir a los superiores más por miedo que por amor.


Como vemos, el cuento habla de la necesidad de que alguien (héroe o líder) se atreva a llevar adelante el deseo de todos, aunque en ello le vaya la dignidad o la vida. Otro método es el “todos a una”, como hacían los senadores romanos cuando querían acuchillar a un tirano. Pero para esto hay que fiarse de los otros.

Sí, es difícil apartar del poder a alguien que lo ejerce basándose en el miedo, no en el amor. Pero la moraleja de hoy quizás vaya más allá: hoy los gatos no tienen ningún reparo a llevar esquila, cascabel o cencerro, se lo ponen ellos mismos. No les importa que se conozcan de antemano sus pasos, porque los ratones, en verdad, no pueden (no podemos) escapar de la ratonera. ¿Qué otra cosa es este apocalipsis al que llamamos crisis?

P.D. Lo del microrrelato no es de hoy. He aquí uno recogido del libro de mi paisano el Arcediano:

Léese de un caballero que, jugando los dados, juró por los ojos de Dios, y luego le salió el un ojo del casco (el cráneo) y le cayó en el tablero.

jueves, 10 de junio de 2010

EDAD Y ENVEJECIMIENTO


-Oye, cómo lo haces, estás más joven que hace veinte años, no cambias, no envejeces.
-Pues no tengo ningún secreto.

-¿Pero cuántos años tienes?
-No te lo voy a decir.

-¿A qué viene esa coquetería? ¿Por qué ocultarlo?
-Porque no quiero que me envejezcas.

-¿Cómo?
-Sí, tú, en cuanto sepas los años que tengo, me los echarás encima como un saco, y ya no me volverás a ver como ahora, sin edad definida. A cada edad, un cuerpo, una cara, un comportamiento, una imagen preconcebida. Para envejecer, lo primero que hay que hacer es contar los años. Cuando no los cuentas ni dejas que los demás te los cuenten, ya, por ese simple detalle, pones una barrera al envejecimiento. Porque es la sociedad la que nos envejece.

-Y los genes. Los genes son implacables.
-Mentira de las gordas. Digamos que los genes determinan el 10% del deterioro físico que acompaña a la edad. El otro 90% es social. El envejecimiento es algo mental, un mecanismo evolutivo que la sociedad, el grupo, se inventó para asegurar mejor su supervivencia, en una época, además, en la que casi todo dependía del esfuerzo físico. Pero hoy ese mecanismo no tiene ningún sentido: la fuerza física la realizan las máquinas, no necesitamos de los hijos para sobrevivir, tenemos todo lo que necesitamos para alimentarnos y podemos combatir a las enfermedades más letales. Mira, me acaba de informar un amigo que en Israel acaba de morir un rabino a los 123 años.

-El elixir de la eterna juventud, el sueño de la inmortalidad… No son más que mitos.
-Cierto, todos vamos a morir, aquí no va a quedar nadie, seguro. Pero algo muy distinto es aceptar la fatalidad del envejecimiento prematuro. Y con prematuro me refiero a convertirte en un viejo achacoso a partir de los sesenta años, que es donde ahora pone la sociedad el tope. Justo a partir de la jubilación, qué casualidad. A partir de entonces, todo lo que nos espera son fatigas, achaques, trastornos múltiples, polimorfos y perversos. Y el Alzheimer, claro.

-Que el cerebro se deteriora y envejece es un hecho científicamente probado.
-Otra tontería. El cerebro no envejece, simplemente, cambia, se modifica, como ocurre con todo nuestro cuerpo, que se renueva y cambia constantemente. En tu cuerpo no tienes ahora ni una sola célula del año pasado, salvo las neuronas. Se van dejando de activar ciertas zonas y se ponen en funcionamiento otras, creando incluso nuevas neuronas; se desenganchan ciertas sinapsis y se forman otros circuitos. Cuando hay actividad, cuando algún proyecto nos apasiona y empuja, ocurre todo lo contrario: el cerebro se vuelve más creativo y potente, avanza hacia la plenitud. Claro, para que esto ocurra lo primero que hay que hacer es dejar de creer en esas ideas preconcebidas, no dejarse atrapar por la presión social. No celebrar, por ejemplo, el cumpleaños. Celebra lo que quieras, menos el paso de los años. No midas, no cuentes, no peses la vida, el latir de la vida. Deja que fluya sobre el presente, no recuerdes ni el día ni el año en que naciste. Cuando lo necesites, lo miras en el carné de identidad.

-Pero no bastará con eso.
-Sí, puedes hacer otras cosas. Si me pides algún consejo te diré:

.Desayuna bien, come poco, cena menos.
.Nunca te metas en la cama cabreado.
.Duerme un poquito menos de lo que necesites, pero durante el día descansa, túmbate cuando tu cuerpo de verdad te lo pida.
.Estírate, mueve tus músculos y huesos cada poco (no es necesario ir a un gimnasio, lo puedes hacer sobre el suelo del salón de tu casa).
.Sé consciente de la tensión de los músculos de tu cara (mandíbula, entrecejo, orbitales, frente, nariz…) y dales la orden de relajación, nada de “arrugarse” ante nada ni ante nadie: serenidad, sosiego.
.El cerebro no es un músculo: no hace falta tensar los músculos de la cabeza ni del cuerpo para activarlo.
.Siempre has de tener entre manos un libro que de verdad te guste, interese y estimule.
.No combatas los miedos, las obsesiones, las preocupaciones, los problemas: haz lo que puedas para superarlos o solucionarlos, y luego déjalos, ponlos a un lado.

.Lo que no puedas hacer, es que no lo tienes que hacer. Vivir no es luchar, sino hacer, y dejar de hacer o no hacer.
.No pienses en el pasado, no te pongas al final del tren a ver cómo pasa y se aleja todo, sino adelante; mira y encara sólo lo que tienes delante.


Podría seguir, pero no es necesario. Escucha a tu cuerpo y sé consciente de que lo único que de verdad puedes vivir es el minuto presente. Para eso lo que menos necesitas es el reloj.

viernes, 4 de junio de 2010

CONJUGAR... LA REALIDAD

(Foto: Rafael Rojas)
Levantarse y mirar por la ventana: cielo claro, mañana serena, sombras nítidas.

Abrir un periódico y leer que La Comunidad de Madrid se gastó el año pasado 160 millones de euros en publicidad, y este año, 90. Sólo en la colocación de la primera piedra del Campus de la Justicia se gastó Esperanza Aguirre 1,4 millones. Un proyecto megalómano y disparatado del que se hizo propaganda hasta en Singapur y que ahora ha tenido que abandonarse por falta de dinero.¡Eso sí que es austeridad!

Oír hasta la náusea que ahora, a los que explotan, avasallan, humillan, roban, se les llama “mercados”.

Comprobar que los herederos de quienes con sus manos llenaron de sangre las cunetas y las tapias, se hacen llamar “Manos Limpias” para seguir humillando a los hijos y nietos de aquellos que fueron asesinados, y con el bendición del máximo órgano de los jueces (lo de “máximo órgano” es un mal chiste).

Ver la imagen de un charnego andaluz hablando un catalán encorsetado mientras otro andaluz se pone los cascos para que traduzcan su discurso a la lengua oficial, propia y materna de ambos, sabiendo que ese andaluz no podría ir al parlamento catalán y hablar en español, ni con la escafandra de Fernando Alonso.

Leer una emotiva e inquietante novela, Los últimos paganos, de un amigo (Luis Díaz Viana) y darse cuenta de la gran catástrofe que supuso la desaparición del mundo antiguo al imponerse de forma bárbara y violenta el cristianismo. Comprender así mejor a Nietzsche.

Recibir la llamada la una ONG solicitando una ayuda para una noble causa y decir no por desconfiar cada día más de estas organizaciones, verdaderas tapaderas de causas nada nobles.

Recordar que Ana Botella ha pertenecido a los Legionarios de Cristo, que también tienen una ONG, a los que subvencionó muy generosamente. Su fundador fue un corrupto, pederasta y abusador de niños, que gozó del apoyo, no sólo del Vaticano, sino de varios altos cargos y ministros del PP hasta hoy mismo.

Darse cuenta de que la refundación del capitalismo ha consistido en dar una millonada de dinero a los bancos para luego quitárselo a los funcionarios, pensionistas y trabajadores. Y, para mayor desesperación, reconocer que todo tiene una lógica aplastante, porque así se ha querido montar el tinglado y las posibilidades de cambiarlo en solitario son las mismas que tirarse a un pozo con una rueda de molino atada al cuello y salir volando.

Sí, hay crisis. Pero ¿desde cuándo?

Son pequeñas noticias que a uno le asaltan apenas abre los ojos por la mañana, mira por la ventana, se ducha o toma tranquilo una taza de café con leche. Y las enuncia así, en infinitivo, para despersonalizarlas o impersonalizarlas. Pero luego se pone a jugar con los verbos, porque la clave de la literatura consiste en conjugar la realidad, o sea, en jugar con los tiempos y las personas verbales. Así que

Me levanto y miro por la ventana. Abro un periódico. Oigo hasta la náusea. Compruebo que los herederos. Veo la imagen de un charnego andaluz. Leo una emotiva e inquietante novela. Recibo la llamada de una ONG. Recuerdo que Ana Botella. Me doy cuenta. Etc.

O mejor, quizás
Me levantaré y miraré por la ventana. Abriré un periódico. Oiré hasta la náusea. Comprobaré que los herederos. Veré la imagen. Leeré una emotiva e inquietante novela. Recibiré la llamada de una ONG. Recordaré que Ana Botella. Me daré cuenta. Etc.

O más bien pensé que
Si me levantara y mirara por la ventana. Si abriera un periódico. Si oyera hasta la náusea. Si comprobara. Si viera la imagen de un charnego. Si leyera una emotiva e inquietante novela. Si recibiera la llamada de una ONG. Si recordara que Ana Botella. Si me diera cuenta. Etc.

Aunque lo cierto es que
Te levantaste y miraste. Abriste. Oíste. Comprobaste. Viste. Leíste. Recibiste. Recordaste. Te diste cuenta.

Etc.

La realidad hay que conjugarla en todos los tiempos y personas. Al con-jugarla, la conjuramos, nos distanciamos de ella para que no nos amargue demasiado el desayuno de una luminosa la mañana de junio.

jueves, 27 de mayo de 2010

LUCES NÓMADAS (II)

(Foto: anipedia.net)

Divide Esteban Martínez Serra este libro, Las luces nómadas (Bertleby Editores), en tres partes (Fluorescencias, Claroscuros y Fulguraciones) de igual extensión y número de poemas (31), configurando una estructura equilibrada y armónica.

Cada poema brota de la observación o el recuerdo de objetos y realidades concretas, cotidianas (una máquina de escribir, un tazón, una navaja, una colección de insectos, un álbum de fotografías, el teléfono…), de momentos o sucesos breves, cercanos (la lluvia, el vuelo de un pájaro, un viaje, el traslado de casa, la visita a un cementerio, la caída de la nieve…), o de ideas y situaciones vividas que despiertan profunda inquietud (la infancia, recuerdo del padre, la enfermedad de la madre, la demencia, la pérdida de la memoria, la palabra, la mirada, la soledad…)

Pero no caigamos en ninguna simplificación: no es ni poesía de lo cotidiano, ni de la experiencia, ni confesional, ni autobiográfica. Su atractivo, su interés reside en que se aleja por igual de la banalidad y la metafísica, de la anécdota y la abstracción vacía, de la vulgaridad como de la retórica o el romanticismo.

Frente a los grandes temas (el presente y el paso del tiempo, la infancia y la vejez, el recuerdo y la pérdida de la memoria, la identidad y la muerte) Esteban Martínez adopta una actitud de aceptación y desprendimiento, que evita caer en la nostalgia o la desesperación, en lirismos fáciles o en ilusiones y evasiones de cualquier tipo. Encara la realidad con una especie de “estoicismo vital”, lúcido y sereno.
Su voz resulta profundamente sincera, personal, contenida y a la vez natural, nunca forzada. Se produce así una concentración de la idea y una depuración de la imagen que conquista al lector sin trucos ni exageraciones.
No es fácil llegar a esta depuración del lenguaje y los conceptos. El autor ha tenido que recorrer un largo camino manteniendo su mirada fija en el horizonte, sin hacer caso de todos los atajos engañosos, de las infinitas señales que invitan a desviarse por otras sendas más seguras y conocidas.

Luces nómadas. La luz, la vida, en su peregrinar errante, va creando recuerdos, resplandores pasajeros. El sentido de la vida no está en ninguna trascendencia, en sueños de permanencia o posteridad, sino en eso que vemos y entrevemos fugazmente y que la memoria y la palabra tratan de guardar: fragmentos, fluorescencias, claroscuros, fulguraciones.
Frente a lo efímero y frágil de la luz, el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, tratan de establecer unos límites más reales del mundo: los objetos en los que nos vaciamos, las pequeñas cosas, los sucesos que fragmentariamente recordamos.

Ese acercar el fósforo a las hebras perfumadas
y, en un rito iniciático, exhalar la voz íntima del humo
(...)
Libro aroma a café cuando salmodia
el esqueleto del frío en la ventana.
(...)
En el cuenco de loza se deshilachaba la noche
con la misma mansedumbre que en mis ojos.
(...)
El alma que, con un soplo para entibiar la leche,
dejaba mi madre sobre el mar de nata.
(...)
Si levanto una piedra,
quizá salte un destello y huya un pez y sea distinto,
pero el agua reconocerá mi tacto y se dejará llevar.
(...)
Nieva tan blandamente que es triste observar
la agonía de los copos sobre el barandal.
(...)
Nunca antes en tus ojos claros
había visto caer piedras tan hondamente
y en silencio.
(...)
Deja que te dé un beso en la frente, madre,
y, sin mirarme en la alberca de tus ojos, me vaya.
No es hoy pacífica su agua quieta. Me estremece.
(...)
Arena finísima te has vuelto. O mano abierta
por donde se escapa el agua.

Son fragmentos cogidos al azar. Podría destacar muchos otros aspectos, pero creo que es suficiente. Nada puede sustituir a una lectura pausada de todo el libro. Acabaré con un poema que expresa muy bien el propósito de desnudez, de despojo de todo lo superfluo, tanto en la poesía como en la vida:

PÁJAROS

Me gustaría ver el vuelo del pájaro
pero sin el pájaro;
la línea melódica del ala
pero sin el ala, sin el aire
hendido suavemente por el ala,
sin el cielo tampoco
en el que se cuela el aire
del que os hablo.
Ver sólo el vuelo desde dentro
empujado –debe de ser la única manera-
desde el sueño obcecado del pájaro.

jueves, 20 de mayo de 2010

LUCES NÓMADAS (I)

(Foto: S. Trancón)
Los que siguen estas páginas virtuales, intangibles, habrán comprobado que no me gusta hablar de nombres propios, amigos o adversarios, y que ni siquiera añado una lista de blogs amigos, aunque los tenga, pues no quiero enredar a mis posibles lectores con compadreos, banalidades y vanidades personales, a que tan dados son los escritores. Nada más lejos de mi propósito que crear eso tan volátil y ambiguo como una “red social”.
Quien me lea, que se interese por lo que escribo y nada más.
Pero esta norma, como todas, ha de tener sus excepciones, su infracción voluntaria. Adquiere así mayor valor el conculcar lo que uno mismo ha establecido.

Hoy quiero hablar de un amigo, Esteban Martínez Serra, que acaba de publicar en Bartleby Editores un libro de poemas, Las luces nómadas, libro del que necesito escribir largo y distendido, porque son infinitas las reflexiones y sugerencias que su lectura ha despertado en mí.

Conocí a Esteban Martínez de casualidad. Fue en Valdepeñas, en octubre del 2007. Habíamos quedado finalistas, con Javier García Cellino, del premio Viaje del Parnaso en su segunda edición, que por entonces aspiraba a convertirse en el Planeta de la Poesía. De los trapicheos y corrupciones de aquel premio -que al final el jurado otorgó a uno de los poetas más mediocres de nuestra parranda literaria, por un poemario zarrapastroso, hecho de remiendos ilegibles y prosaicos-, hay abundante información en internet, pues los tres finalistas denunciamos con evidente atrevimiento y riesgo esa práctica del amiguismo descarado que hoy degrada a los premios literarios más renombrados.

El eco de la polémica también quedó recogido en este bloc (ver etiqueta “Mundo literario”). El responsable de Bartleby, Pepo Paz, fue uno de los pocos editores que se atrevió a firmar la carta contra la corrupción en los medios literarios que dirigimos al Ministro de Cultura, entonces el ínclito César Antonio Molina. Se produce ahora una feliz y simbólica coincidencia: la desaparición este año de aquel desprestigiado premio parnasiano –herido de muerte tras nuestra denuncia– y la aparición, en cambio, del libro de Martínez Serra, rechazado de modo grosero en aquella farsa de concurso.

Pero todo lo dicho sería para mí insuficiente si los poemas de este libro no me parecieran de una calidad poética excepcional, como trataré de mostrar y demostrar. Y empezaré por el final, el último poema del libro, titulado precisamente “Elogio de la desaparición”:

Que de mí no quede piedra sobre piedra,
que no ocupe espacio en la memoria de nadie. (…)

Que todo siga como hasta ahora: nadie siendo nada…

Siempre he creído que no hay verdadera poesía sin pensamiento, lo que no tiene nada que ver con una poesía discursiva. El pensamiento nace del poema, no el poema del pensamiento… Leído un poema, a uno le debe quedar revoloteando en la cabeza alguna idea nueva.

Concebido como un todo coherente, este libro está lleno de ideas originales, ni sabidas ni consabidas. Ideas que chocan con muchos de los tópicos que se han ido adhiriendo a la corteza de la poesía como hongos, hasta casi desecarla. Este último poema libro, con rotunda sencillez, nos dice que es una presunción de vanidosos soñar con que uno pervive a través de su obra. Nada de inmortalidad unamuniana. Sólo el cuerpo perdura /porque se eterniza en la tierra. Pero esto no produce ninguna desesperación, porque está bien que sea así.

Ni el poeta, ni la poesía y la literatura, aparecen encumbradas o recluidas en ningún paraíso. La palabra poética no se asienta sobre ninguna impostura, ninguna vanidad, ninguna fantasía; ni siquiera se alimenta de la nostalgia o la melancolía. El último poema enlaza así con el primero: la luz se opaca, se enturbia en el poema, nos dice en el Preámbulo. La palabra luz no es la luz, los matices de la luz se apagan en la palabra luz.

Hay aquí una visión radical de la poesía y de la relación del poeta con la escritura que la despoja de toda retórica, todo superfluo romanticismo, sentimentalismo efectista o desbordamiento artificioso… De toda falsedad, en definitiva.

La poesía no es ficción, ni siquiera narración, ni descripción, ni discurso. No es un mero juego de palabras o con las palabras. La poesía tiene que ver con la verdad: la verdad del lenguaje poético (que nos separa de la vida, que nunca será la vida misma), y la verdad de la vida (que es radicalmente efímera, y frente a la que no caben evasiones retóricas o imposturas).

La escritura de Esteban Martínez Serra nace de la verdad: despoja a la poesía de toda falsa retórica y a la vida de todo falso sentimentalismo. Pero esto no significa que sea una poesía fría, sino todo lo contrario: la aceptación de los límites de la palabra tiene que ver con la aceptación de nuestra condición humana, abocada a la muerte y la desaparición, pero es precisamente de aquí, de este suelo firme, del que arranca la belleza, la profundidad y el gran impacto emocional e intelectual de estos excepcionales poemas.

jueves, 13 de mayo de 2010

LOS PODERES DEL CEREBRO Y LA MENTE

(Foto: Jep Flaque)



Abundan los libros de autoayuda que otorgan a la mente y el cerebro infinitos poderes, casi mágicos.

La psicología cognitiva ha descubierto la gran influencia de los pensamientos y creencias sobre nuestra conducta. El efecto placebo (y su contrario, el efecto nocebo), entre otras muchas evidencias, así lo confirman. La terapia racional cognitiva o la PNL (programación neurolingüística) demuestran que una reestructuración cognitiva (cambio de creencias, expectativas, autoverbalizaciones o diálogo interno) produce efectos notables sobre el control y mejora de patologías cotidianas (ansiedad, estrés, depresión, fobias…).

Así que sí, es cierto. Un pensamiento puede alterar la química del cerebro, influir en el desarrollo de un cáncer o deprimir el sistema inmunológico. Nunca será bueno dejarse llevar por pensamientos pesimistas, catastrofistas, negativos. Sí, es cierto.

Pero hay que ir un poco más allá, porque esta verdad, sin más, puede producir efectos perniciosos e inesperados. Por ejemplo: ansiedad, culpabilidad y desesperación.
Si todo depende de mis pensamientos, y yo soy el responsable de mis pensamientos, todo lo que me ocurre es culpa mía. Y si, por más que lo intento, sigo dándole vueltas a los mismos pensamientos obsesivos, negativos, será que no tengo remedio. Cuando se llega a este punto, esas terapias milagrosas, no sólo no curan, sino que producen un efecto rebote y agravan el problema.

Así que hay que ir un poco más allá. Por ejemplo, no conviene confundir mente y cerebro. Los biologicistas caen en esa trampa y acaban siendo deterministas: todo depende de la química del cerebro, de las zonas que se activan, de la programación genética… Los espiritualistas, por el contrario, creen que la mente es una sustancia en sí misma que actúa directamente sobre el cuerpo y determina su estado y funcionamiento. Son igualmente deterministas, pero a la inversa.

Mente y cerebro van juntos, pero no son lo mismo. El cerebro determina la mente, y la mente determina la actividad del cerebro. Mente y cerebro determinan la actividad del cuerpo. Puede resultar difícil de entender, pero hay que pensarlo desde esta perspectiva para no caer, ni en el determinismo genético, ni en el voluntarismo o determinismo cognitivo.

La epigenética nos ha librado del determinismo genético: los genes se activan o desactivan de acuerdo con los estímulos del medio. La percepción moldea y modula la expresión de los genes. La neurociencia nos puede librar del determinismo cognitivo: hay una mente consciente y otra inconsciente, y sobre las dos podemos influir.

Hagamos un símil: los genes son letras y palabras con las que escribimos un texto, no son el texto mismo. O: los genes son el texto escrito, pero hay que leerlo e interpretarlo para que signifique algo. La información hay que interpretarla. Con un mismo programa (Word, por ejemplo) se pueden escribir muchas historias. Estamos programados, pero los programas no actúan por sí solos, hay que activarlos y hacer algo con ellos.

Otro símil: el universo, más o menos, está compuesto por un 70% de energía oscura, un 25% de materia oscura y un 5% de materia visible. Paralelamente, la mente es un 70% inconsciente, un 25% semiconsciente y un 5% consciente.

Del 95% de universo no sabemos prácticamente nada. Del 95% de nuestro cerebro y nuestra mente, pues casi lo mismo. Del mismo modo que podemos actuar sobre ese 5% de la materia conocida (desentrañarla, manipularla, transformarla, etc.) igualmente podemos actuar sobre ese 5% de nuestro cerebro y nuestra mente consciente.
Toda nuestra libertad, todo nuestro poder, se basa en ese 5%. Parece poco, pero es prácticamente infinito.

jueves, 6 de mayo de 2010

JUGAR CON LAS PALABRAS

(Foto: Román Díaz)




Las palabras dicen y hacen. Una de las cosas que hacen, es producir placer. Jugar con las palabras produce placer.
El niño aprende a hablar jugando con las palabras. Juega y experimenta con los sonidos y con lo que los sonidos dicen y hacen.

Hablar es crear. El placer del lenguaje nace de decir lo nunca dicho. Cuanto mayor sorpresa, mayor placer.
Jugar con las palabras es volver al origen. Y el origen fue la fonética. La fonética crea la semántica.

Hace tiempo escribí la historia de una Cofradía que se llamaba Cofradía de las Máximas Mínimas, el Aforismo Desbordante, el Pensamiento Fuerte, la Retórica Invertebrada, el Pánico Semántico, la Reestructuración Cognitiva, el Delirium Tremens y el Gato Encerrado. Los cofrades practicaban una serie de rituales, pero su principal objetivo era desarrollar el pensamiento sintético: el epigrama, el axioma, el concepto, el apotegma, el proverbio, la sentencia moral, la máxima filosófica, el heurístico, la fórmula científica, las bienaventuranzas evangélicas y, por último, el epitafio. Conceptistas y culteranos, iban de la mano. Para ser admitido en esa Cofradía tuve que pasar la prueba de ofrecer y declamar de memoria un Rosario de 22 Máximas Mínimas. Todavía las recuerdo:

“EL INCONSCIENTE ES EL MEMORIAL DE AGRAVIOS DEL CUERPO”

“SABER TODO LO QUE NO SE SABE, ES SABER TODO LO QUE SE PUEDE SABER”

“ENTRE SER O NO SER, SIEMPRE CABE EL SER OTRA COSA”

“EL TIEMPO NO SE PIERDE: NOS PERDEMOS EN ÉL”

“CUANDO UN GRANO DE ARENA SE CONVIERTE EN UNA MONTAÑA, ES QUE ESE GRANO ESTÁ ENCIMA DE UNA MONTAÑA”

“TODOS SOMOS PALIMPSESTOS, LLEVAMOS LA INTERTEXTUALIDAD INSCRITA EN EL CEREBRO”

“DEJA PARA MAÑANA LO QUE NO PUEDAS HACER NUNCA”

“LA MAYORÍA DE LOS HOMBRES ANHELA LA FELICIDAD, PERO MUY POCOS LA ACEPTAN CUANDO LLEGA”

“EL POETA VA A POR UVAS Y ENCUENTRA BREVAS. Y NUNCA LAS VE VENIR”

“UNO MÁS UNO CASI SIEMPRE SON TRES”

“PARA VER EL MUNDO HAY QUE PARARLO Y APEARSE”

“EL TIEMPO CORRE: PÁRATE. EL TIEMPO VUELA: VUELA CON ÉL”

“ETÁS VIVO, LUEGO NO TIENES NINGUNA VIDA POR DELANTE”

“HAY QUE MORIR COMO DIOS MANDA, CON LAS BOTAS PUESTAS”

“HAY COSAS QUE NUNCA DEBIERAN PASAR, SINO QUEDARSE”

“POLIFEMO NO LE QUITABA A ULISES EL OJO DE ENCIMA”

“MI REINO POR UN CABALLO NO ES LO MISMO QUE MI CABALLO POR UN REINO”

“SALIÓ A TODA PASTILLA: IBA MUY DROGADO”

“NO HAY QUE COGER EL TORO POR LOS CUERNOS, SINO TOREARLO”

“NO ME GUSTAS CUANDO CALLAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE”

“VALIENTE COMO UNA RATA, COBARDE COMO UN HOMBRE”

“¿POR QUÉ ZÁNGANO ES SINÓNIMO DE HOLGAZÁN? (LA FONÉTICA ARRASTRA A LA SEMÁNTICA)”

jueves, 29 de abril de 2010

"NEUROLITERATURA": Literatura y neuronas espejo


(Foto: Juan Santos)
El descubrimiento de las llamadas células espejo, realizado por el equipo de G. Rizzolati en 1996, es una de esas ideas científicamente productivas, aplicable a muchos ámbitos del pensamiento. Como me viene bien para explicar mi concepto de la literatura, y en especial de la novela, voy a aprovecharlo. Podríamos hablar de algo así como neuroliteratura.

Si un mono ve a alguien que se lleva un helado a la boca, su cerebro activa unas neuronas que reproducen ese mismo movimiento en el interior de su cuerpo, pero sin llevarlo a cabo. Ocurre lo mismo cuando oye el chasquido que rompe la cáscara de un cacahuete. Si no reproduce físicamente estas acciones, es porque otras neuronas inhiben esos movimientos orgánicos.

Este mecanismo de imitación o mimetismo interior, orgánico y cerebral, es algo automático y toda la cultura humana (o sea, todo lo que es fruto de la socialización) depende de esta capacidad, basada en la existencia de millones de células espejo repartidas por todo nuestro cerebro, especialmente en la zona pre-motora y el área del lenguaje (área de Brocca).
Gracias a estas neuronas, que están muy conectadas con todas las demás (las encargadas de la percepción y de la memoria, sobre todo) podemos entender las acciones, las emociones y las intenciones de los otros, interpretando todo lo que percibimos y oímos de los demás, especialmente al verlos y oírles hablar.

Desde antes de nacer vamos acumulando experiencias motoras y sensitivas que siguen un orden asociativo, creando una cadena de estímulos que se fijan en nuestra memoria orgánica. Gracias a ese pre-programa orgánico podemos interpretar todo lo que pasa en el interior de los demás de acuerdo con lo que pasa dentro de nosotros.
El éxito del fútbol y los deportes en televisión, de la pornografía o de la publicidad, se basan en el hecho de que cuanto vemos y oímos desencadena esos movimientos automáticos imitativos o miméticos que ponen en funcionamiento las células espejo.

El cerebro reproduce todo lo que ve, oye, imagina y siente. La agresividad es un mecanismo de defensa contra una agresión anticipada que crean las neuronas espejo al interpretar los gestos e intenciones de otro. Las neuronas espejo anticipan las acciones.

Procesamos de modo inconsciente todos los gestos y movimientos de las manos, los ojos, los labios, los músculos faciales, las actitudes y desplazamientos corporales, pero también de los tonos, las pausas, la articulación de las palabras, la velocidad del habla, el timbre de la voz y los sonidos del lenguaje. Todo esto lo hacemos mediante ese mecanismo de resonancia, de reduplicación, de reproducción interna, de espejo, que realizan esas neuronas.

Si imaginamos que una araña nos sube por la pierna mientras estamos tumbados en la playa tomando apaciblemente el sol, seguramente algunos se levantarán de un salto, pero nadie dejará de echar un vistazo a sus piernas y alrededor para ver si descubre algo que se mueve con unas patas más o menos peludas…

Bien, pues yo digo que el narrador es un activador de neuronas espejo. Que la novela bien construida es la que permite una buena activación orgánica de las células espejo. Por eso hablo de novela orgánica.

La literatura es una fuente de placer orgánico. La palabra ha de activar, a través del sonido y las imágenes y sensaciones orgánicas que produce, una sensación placentera.
La literatura es una experiencia orgánica. Un buen narrador escribe con el cuerpo. Un buen escritor conoce, vive, siente, experimenta de forma aguda todos los efectos físicos y neurológicos que aquello que escribe produce en su cuerpo y cuenta con que el lector tenga un buen mecanismo de recepción (de neuronas espejo) que reproduzca aquello que él vive y siente al escribir y al releer lo que escribe.

(Seguiré otro día hablando de algo que acaba de ocurrírseme: las neuronas flecha, o sea, proyectivas, las que ha de aprender a desarrolla un escritor)

jueves, 22 de abril de 2010

TEORÍA DE LA NOVELA

Escribir es pensar, no sólo en lo que se escribe, sino cómo se escribe. Cada novela, al mismo tiempo que se escribe, define su propia teoría de la novela.

Ando metido en un nuevo proyecto: una novela larga, muy larga, pero escrita con párrafos más bien breves, como éste:

Colgó la chaqueta de pana negra, ya raída y desgastada, sobre un clavo que sobresalía en la pared de adobe. Sacó un pañuelo de tela sucio del bolsillo y se quitó el sudor de la frente y el rostro. Antes de colocarse de nuevo la boina de felpa sobre la cabeza, la sacudió violentamente contra la mano izquierda. Se levantó una pequeña nube de polvo. La cuadra olía a estiércol. Ató las riendas a un poste de madera, cerca del pesebre. El caballo también sudaba. Le pasó un cepillo de púas por el lomo y los ijares. Resopló el animal antes de hundir su hocico en un montón de paja seca.

Se verá que aquí estoy defendiendo, no una novela realista, sino una novela física, táctil, en la que, más que contar, se ve, se oye, se huele, se siente. No una novela en la que los hechos se dicen, imaginan o piensan, sino en la que se sientan a través del cuerpo, mediante la resonancia física que las palabras producen en el cuerpo.

Una novela orgánica, que tenga en cuenta, ante todo y sobre todo, los efectos sensoriales y orgánicos de la escritura.
Por tanto, ha de ser fluida, sonora, acústica, gestual, en la que todo resuene y provoque asociaciones neurológicas mediante el reflejo, la reverberación, el eco, la reduplicación, la traslación del texto al cuerpo del lector.

El lector ha de revivir, sin esfuerzo, y directamente a través de la lectura, los estados físicos y orgánicos que la escritura crea al describir los objetos, los lugares, los movimientos, las acciones.
Esto mismo ha de valer para los sentimientos, las emociones, los pensamientos que la novela exprese. Todo ha de pasar por el filtro de lo orgánico.

La paradoja es que, para lograr que el lector de verdad viva, reviva, sienta lo que está escrito, el autor ha de equilibrar lo dicho con lo no dicho, lo contado con lo omitido, lo descrito con lo aludido, lo narrado con lo sugerido, lo expresado con lo insinuado. Si no hay huecos, vacíos, implicaciones, no hay novela, no hay tensión, no hay interés para el lector.
Por ejemplo, el lector sabrá, un momento dado, y sin necesidad de contárselo, que el personaje al que acabo de presentar, que cuelga su chaqueta de pana sobre un clavo, acaba de cometer un crimen...

Ser incapaz de crear un mundo real, una atmósfera, una realidad física, con los detalles de lo concreto, o perderse en vaguedades y abstracciones, produce el mismo efecto que lo contrario: recargar la narración con datos innecesarios, querer contarlo y describirlo todo. Por ambos lados se despeña la novela.

jueves, 15 de abril de 2010

LA MUERTE, COMPAÑERA, CONSEJERA FIEL

(Foto: Agustín Galisteo)

La primera vez que me di de bruces con la muerte, yo tenía cinco años. Una niña de mi edad se ahogó con un globo. Aún recuerdo su cara pálida y los gritos de su madre cuando se la llevaban en un ataúd blanco.

Un amigo de mi infancia se hizo guardia civil. Ascendió pronto a teniente y se dedicó a perseguir al narcotráfico. Cayó en la tentación de traficar con los alijos de droga requisados. Sospecharon de él porque empezó a vivir por encima de sus posibilidades económicas. Lo descubrieron y se pasó varios años en la cárcel. Su mujer murió de cáncer. Al salir de la cárcel, se suicidó. Sus padres, nonagenarios, sin embargo, viven aún.

Tuve otro amigo que se aficionó al submarinismo. Le gustaba el riesgo. Vivió en Guinea Ecuatorial. Un día se fue a la costa de Gijón, se sumergió más hondo de lo prudente y se le reventaron los pulmones por la presión.

También mi primo murió ahogado. Fue en Tenerife. Una ola lo enredó y se ahogó de forma estúpida donde ni siquiera lo cubría el agua. También le gustaba practicar el submarinismo. Las playas rocosas de Tenerife con muy peligrosas, aunque no lo parezcan.

Otro primo mío también se murió hace años. Padecía del corazón desde niño, pero logró sobrevivir durante más de cuarenta años. Era fuerte y cariñoso. Acudí a su entierro, en Valladolid. Me impresionó su cara, hinchada y desfigurada.

Ya de joven, otro amigo se suicidó dándose un pistoletazo a la entrada de la catedral de León.

Cuando yo daba clases en Santa Coloma de Gramanet, un compañero del instituto se cortó la venas en el Departamento de Literatura y se tiró por la ventana. Otros dos profesores amigos también se suicidaron: uno padecía cáncer y el otro, esquizofrenia.

Hace poco, un amigo de Barcelona, con el que escribí varios artículos para la revista El Viejo Topo, apareció muerto en su piso. Padecía una depresión grave.

La lista de amigos y familiares muertos es mucho mayor, claro. Me he acordado ahora estos muertos porque siguen ahí, muy vivos en mi memoria.

De vez en cuando hay que escuchar a nuestra compañera más fiel, la mejor consejera, que siempre está ahí, a nuestra izquierda, a un brazo de distancia.
Sí, yo también me iré, como escribió Juan Ramón Jiménez.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

viernes, 9 de abril de 2010

NOCILLA NOTHING


(Foto: Agustín Galisteo)


Estaba harto de leer titulares sobre el Proyecto Nocilla, La Generación Nocilla, ese nuevo fenómeno de las letras españolas, Nocilla Dream como la mejor novela del año (lo dijo la revista La Quimera), una de las tres mejores del año (El País)... Miraba por encima los artículos, que si deconstrucción, descontextualización, fragmentación, pospoética... Por instinto me decía que todo era un nuevo timo y no traté de seguir la pista a esa moda, hasta que el otro día, buscando en una biblioteca Mientras agonizo, de W.Faulkner, me di de canto (de lomos) con las Nocillas del nuevo Joyce de las letras hispanas. Me llevé una a casa, para hojearla con un poco más de detenimiento. Leí unas veinte páginas y fui incapaz de seguir. Me pregunto se ha habido alguien capaz de leer por completo alguna de esas Nocillas. Prosa pastosa, pero con gusto a papel secante, no a nocilla. O a plástico. Ya lo dijo el autor: “El súmmum de la creación humana es el plástico”. Su técnica es elemental, de parvulario: “Se descontextualizan las cosas y se les da un halo poético por el simple hecho de colocarlas en otro lugar”. Así de fácil es escribir una novela. Porque: “El mundo se ha transformado en un supermercado donde tú vas cogiendo lo que te apetece y con eso puedes montar un día en tu vida, una novela o una peli”. Y por si no quedaba claro: “Crear es copiar”.

Pues con estos hilos se ha construido (¿deconstruido?) la nueva teoría y moda literaria. Fabricada la red, a pescar peces. Pero por más que en un primer momento acudan como moscas a la nocilla, pronostico que este fenómeno durará menos que un donut en la boca, porque está lleno de aire. Pasará la Nocilla, Los Nocillas y los Nocilleros de la crítica y los suplementos literarios.

A mí toda esta moda me parece tan paleta, tan ignorante, tan artificiosa, tan cursi, tan vacía como estos dos versos del nuevo genio:

Me muero por piratear esta noche
los 50 gigabytes de tus pezones

Lo más repelente es el tufo de arrogancia y pedantería que rezuma esta pésima literatura. Sólo así se puede titular un supuesto libro de poemas “Yo regreso siempre a los pezones y al punto 7 de Tractatus”. A esto le llama su autor pospoética, nada menos que un nuevo paragdigma.
Se me acaba de ocurrir el título de mi primer libro pospoético: “El huevo, el postfacio y la gallina se encuentran en un burdel... de Wall Street”. ¿Sugerente título, verdad?

lunes, 5 de abril de 2010

LEYENDO A WILLIAM FAULKNER

(Foto: S. Trancón)

Siempre es buen momento para leer a William Faulkner. Sobre todo para quien quiera aprender algo sobre el difícil arte de la literatura.
Recuerdo aquello que dijo: Para ser un buen novelista hace falta un 99% de talento, un 99% de disciplina y un 99% de trabajo. Y que un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Parece sencillo, pero ahí está todo.

También dijo:
El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo.

Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error.


El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro.

Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda.

La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida.

Pienso lo mismo. Para mí sólo hay dos clases de literatura: la viva y la muerta. La literatura muerta, la que más abunda, la que llena las estanterías de librerías y supermercados, déjala, no pierdas un segundo de tu vida en leerla. Hay que desarrollar el instinto: o viva, o muerta. A la muerta, ni la toques.

¿Qué es literatura viva? Cuando uno lee cosas como éstas de William Faulkner, enseguida aprende a distinguir:

“... con una herida en la cabeza, en la cual podría haber escondido un cigarrillo”.

O: “Él y Joe tienden la línea (
de anzuelos) sólo cuando Lonnie tiene ganas, no cuando los peces pican”.

O:“-¿No son la verdad y la justicia una misma cosa? –dijo a su vez el sheriff.
-¿Desde cuándo? –dijo tío Gavin-. En mi vida no he visto una verdad que fuera justa, y he visto a la justicia utilizar instrumentos y medios que personalmente yo no tocaría ni con pinzas”.

O:“Es como haber sido arrebatado por un huracán y lanzado y golpeado hasta caer en el mismo punto de partida, y todo ello sin el placer o beneficio de haber hecho un viaje”.

O:“Era como si a raíz de su muerte, aquella mujer hubiera adquirido sustancia suficiente para proyectar una sombra al menos”.

Ponerse a pescar cuando uno tiene ganas y no cuando los peces pican...
Queremos imponer nuestras ideas preconcebidas al mundo, en lugar de hacer lo contrario. Por eso siempre nos pillan desprevenidos la realidad y la vida.
Lo que nos molesta no son los hechos, sino que los hechos no se acomoden a nuestros prejuicios y expectativas.

Hay que pescar, leer, actuar... cuando los peces pican. Algunos se ponen incluso a pescar donde ni siquiera hay río.





sábado, 27 de marzo de 2010

ÍSIMOS E ÍSIMAS

(Foto: S. Trancón)
El corrector ortográfico del programa Word tiende a señalar en rojo cualquier palabra acabada en ísimo-a. A veces me molesta, pero he acabado aceptándolo pues, aunque no sea incorrección ortográfica, sí suele serlo de estilo.
El idioma español siempre está a punto de despeñarse con estos superlativos, que además son esdrújulos.

Todavía resuena en nuestros oídos aquel barbarismo de “Generalísimo”. Los adjetivos admiten ese morfema de superlativo, pero no los sustantivos. Como los adjetivos tienen vocación de sustantivos, muchas veces se crea ambigüedad, como en el caso del este General que, a pesar de ser bajísimo -o quizás por ello- se colocó la mitra de ísimo para que nadie le hiciera sombra (no sólo metafórica, sino real), lo que tampoco impidió que entre la tropa mayor y menor se le conociera como “la Paca” y “la Culona”, en femenino, no sabemos si sólo por su voz tan poco varonil.

Digo que no estamos lejos de aquellos abusos semánticos, que siempre acompañan a otros, porque ahí tenemos a un juez franquísimo e ilustrísima que, apoyándose en una asociación falangísima, echará mano de la retórica leguleya para quitarse de en medio a otro juez destacadísimo que, al parecer, no midió bien las fuerzas del enemigo al meter el dedo en la garganta profunda del caso Gurtel, que suena a, mitad cuartel, mitad burdel.

La tendencia al énfasis vacío que propicia el superlativo, ya la denunció Cervantes de modo muy irónico y humorístico. No me resisto a transcribir la respuesta que Sancho le da a la dueña Dolorida, que preguntaba si estaba por allí “el acendradísimo caballero don Quijote de la Mancha y su escuderísimo Panza”:

-El Panza aquí está, y el Donquijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos.

sábado, 20 de marzo de 2010

SAN ANDRÉS DE TEIXIDO


Hace años acudí a la romería de San Andrés de Teixido. Por unas horas, se abrió la grieta y me adentré en otro mundo.


Oigo el rumor de las olas, abajo, en el acantilado de San Andrés de Teixido, el más abrupto de Europa, a más de 630 metros de altura... Ya he ido allí en vida, así que no tendré que acercarme de muerto, reencarnado en lagarto, conejo, caracol o libélula... Con mucho cuidado piso los tojos, bajo por la estrecha y empinada carretera, camino hasta el santuario... Oigo un grito aterrador, pero me tranquilizo: es el graznido de un pavo que parece haber visto en mí al mismo diablo... Una meiga vestida de negro hasta la cabeza me ofrece la herba de namorar o preñadeira. Crece en lo escarpado de las rocas que dan al mar. Llego a la fuente de tres caños o de los deseos... Mojo un pañuelo blanco, lo paso por mi cara y mi brazo izquierdo y lo dejo atado a la rama de un avellano. Anochece, y empiezo a ver por los prados de alrededor del santuario, por las rocas, por las tumbas del cementerio, por los cruceiros, parejas haciendo el amor como quien cumple un rito sagrado, invocando a la diosa de la fertilidad. La mayoría de las parejas adopta la postura de la cruz de San Andrés... En este oculto finisterrae, se agitan misteriosas fuerzas telúricas... Desde la Edad del Bronce han peregrinado hasta aquí los hombres en busca del más allá. Llega la niebla, sube desde el fondo del acantilado y lo cubre todo. Las figuras de alrededor se convierten en esculturas románicas que poco a poco, caminando entre la bruma, se reúnen en torno al santuario y forman el Pórtico de la Gloria... Antes de iniciar la travesía, como unos panecillos de colores que cuelgan de mi cuello, ensartados como un collar: una mano, un pez, una barca, un San Andrés y un pensamiento... Un halcón se lanza hacia la barca en la que viajo con otros difuntos. Remamos hacia la Isla de la Eterna Juventud. Me protejo para no ser atrapado por el halcón. Quiero ver qué hay más allá.

Sí, San Andrés de Teixido es una puerta hacia el otro mundo.

P.D. Puedes buscar en Google Vídeos: "España entre el cielo y la tierra: Galicia/Galiza 10/11"

viernes, 12 de marzo de 2010

PERVERSION DE LA DEMOCRACIA


La democracia es el sistema político menos malo.
Pero no es un sistema perfecto.
Su mayor debilidad está en que no dispone de resortes eficaces para impedir el paso de los no demócratas a los mecanismos del poder.
Tampoco para impedir que se pueda usar ese poder para destruir la propia democracia.
Hitler es el caso más evidente de perversión de la democracia.

Los países de tradición democrática han sabido poner límites a quienes usan las libertades que la democracia les otorga para destruir los fundamentos de esa misma democracia.
El caso de Alemania es ejemplar: allí es delito, por ejemplo, ensalzar o difundir ideas nazis o racistas.
En la Europa democrática nadie duda de que la democracia debe saber defenderse a sí misma, impidiendo el acceso al poder de los antidemócratas.

España es una llamativa excepción. Aquí se producen cada día comportamientos que pervierten y destruyen los mecanismos democráticos, y no hay ni leyes ni conciencia ciudadana que ponga límite a quienes usan la democracia exclusivamente para alcanzar el poder y luego se saltan abiertamente los principios democráticos.
Basta recordar que aquí no sólo no está prohibido hacer apología del franquismo, sino que se persigue el esclarecimiento y el conocimiento de los crímenes impunes de aquella negra dictadura (apenas acabamos de enterarnos de los miles de niños, hijos de asesinados y represaliados, entregados a las familias de los vencedores, o los cientos de campos de trabajos forzados por los que pasaron cerca de 350.000 presos, por no hablar de esa fosa con más de 4000 muertos de Málaga que tanto está costando desenterrar) .

Carrillo dice que la derecha de hoy es muy parecida a la del 36.
Podríamos hacer una larga lista de ejemplos que lo confirman.
Lo último ha sido esa llamada a la rebelión (al parecer, fiscal) de la presidenta de la comunidad madrileña. Llegó al poder pervirtiendo la democracia y desde entonces no hay día que no demuestre que la democracia “se la suda”.
A eso algunos tontos le llaman valentía, astucia, habilidad política.
Otro ejemplo, aparentemente en las antípodas, es eso de prohibir los toros.
Tanto da tirar las leyes a la basura como establecer leyes allí donde nadie debiera imponer nada.

Los demócratas, en verdad, lo tenemos muy difícil. Entre una derecha grosera y perversamente antidemocrática, y unos nacionalistas engreídos y perversamente democráticos, nos están dejando sin espacio, sin voz, sin apenas argumentos. Toda la energía se nos va en tapar los agujeros que cada día le abren a nuestro sistema democrático unos y otros.
Como se ve, la línea divisoria no pasa por la vieja distinción entre izquierdas y derechas, sino entre demócratas consecuentes y antidemócratas perversos.

Lo repito: nuestra democracia no es homologable. No lo son muchos jueces, no lo son los voceros de la derecha, no lo son los nacionalistas de derechas y de izquierdas, no lo son algunos periódicos y medios de comunicación, no lo son los corruptos, especialistas en sortear y pervertir todos los mecanismos de control del robo, el fraude fiscal, el atraco a la hacienda pública, con un descaro provocativo y chulesco.
Lo último es llamar a todo esto “rebelión”. Ya ni se preocupan de añadir “pacífica” o “democrática”. Menos mal, al menos en este caso no se ha pervertido también el lenguaje.