MIS LIBROS (Para adquirir cualquiera de mis libros escribir a huellasjudias@gmail.com)

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jueves, 6 de mayo de 2010

JUGAR CON LAS PALABRAS

(Foto: Román Díaz)




Las palabras dicen y hacen. Una de las cosas que hacen, es producir placer. Jugar con las palabras produce placer.
El niño aprende a hablar jugando con las palabras. Juega y experimenta con los sonidos y con lo que los sonidos dicen y hacen.

Hablar es crear. El placer del lenguaje nace de decir lo nunca dicho. Cuanto mayor sorpresa, mayor placer.
Jugar con las palabras es volver al origen. Y el origen fue la fonética. La fonética crea la semántica.

Hace tiempo escribí la historia de una Cofradía que se llamaba Cofradía de las Máximas Mínimas, el Aforismo Desbordante, el Pensamiento Fuerte, la Retórica Invertebrada, el Pánico Semántico, la Reestructuración Cognitiva, el Delirium Tremens y el Gato Encerrado. Los cofrades practicaban una serie de rituales, pero su principal objetivo era desarrollar el pensamiento sintético: el epigrama, el axioma, el concepto, el apotegma, el proverbio, la sentencia moral, la máxima filosófica, el heurístico, la fórmula científica, las bienaventuranzas evangélicas y, por último, el epitafio. Conceptistas y culteranos, iban de la mano. Para ser admitido en esa Cofradía tuve que pasar la prueba de ofrecer y declamar de memoria un Rosario de 22 Máximas Mínimas. Todavía las recuerdo:

“EL INCONSCIENTE ES EL MEMORIAL DE AGRAVIOS DEL CUERPO”

“SABER TODO LO QUE NO SE SABE, ES SABER TODO LO QUE SE PUEDE SABER”

“ENTRE SER O NO SER, SIEMPRE CABE EL SER OTRA COSA”

“EL TIEMPO NO SE PIERDE: NOS PERDEMOS EN ÉL”

“CUANDO UN GRANO DE ARENA SE CONVIERTE EN UNA MONTAÑA, ES QUE ESE GRANO ESTÁ ENCIMA DE UNA MONTAÑA”

“TODOS SOMOS PALIMPSESTOS, LLEVAMOS LA INTERTEXTUALIDAD INSCRITA EN EL CEREBRO”

“DEJA PARA MAÑANA LO QUE NO PUEDAS HACER NUNCA”

“LA MAYORÍA DE LOS HOMBRES ANHELA LA FELICIDAD, PERO MUY POCOS LA ACEPTAN CUANDO LLEGA”

“EL POETA VA A POR UVAS Y ENCUENTRA BREVAS. Y NUNCA LAS VE VENIR”

“UNO MÁS UNO CASI SIEMPRE SON TRES”

“PARA VER EL MUNDO HAY QUE PARARLO Y APEARSE”

“EL TIEMPO CORRE: PÁRATE. EL TIEMPO VUELA: VUELA CON ÉL”

“ETÁS VIVO, LUEGO NO TIENES NINGUNA VIDA POR DELANTE”

“HAY QUE MORIR COMO DIOS MANDA, CON LAS BOTAS PUESTAS”

“HAY COSAS QUE NUNCA DEBIERAN PASAR, SINO QUEDARSE”

“POLIFEMO NO LE QUITABA A ULISES EL OJO DE ENCIMA”

“MI REINO POR UN CABALLO NO ES LO MISMO QUE MI CABALLO POR UN REINO”

“SALIÓ A TODA PASTILLA: IBA MUY DROGADO”

“NO HAY QUE COGER EL TORO POR LOS CUERNOS, SINO TOREARLO”

“NO ME GUSTAS CUANDO CALLAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE”

“VALIENTE COMO UNA RATA, COBARDE COMO UN HOMBRE”

“¿POR QUÉ ZÁNGANO ES SINÓNIMO DE HOLGAZÁN? (LA FONÉTICA ARRASTRA A LA SEMÁNTICA)”

jueves, 29 de abril de 2010

"NEUROLITERATURA": Literatura y neuronas espejo


(Foto: Juan Santos)
El descubrimiento de las llamadas células espejo, realizado por el equipo de G. Rizzolati en 1996, es una de esas ideas científicamente productivas, aplicable a muchos ámbitos del pensamiento. Como me viene bien para explicar mi concepto de la literatura, y en especial de la novela, voy a aprovecharlo. Podríamos hablar de algo así como neuroliteratura.

Si un mono ve a alguien que se lleva un helado a la boca, su cerebro activa unas neuronas que reproducen ese mismo movimiento en el interior de su cuerpo, pero sin llevarlo a cabo. Ocurre lo mismo cuando oye el chasquido que rompe la cáscara de un cacahuete. Si no reproduce físicamente estas acciones, es porque otras neuronas inhiben esos movimientos orgánicos.

Este mecanismo de imitación o mimetismo interior, orgánico y cerebral, es algo automático y toda la cultura humana (o sea, todo lo que es fruto de la socialización) depende de esta capacidad, basada en la existencia de millones de células espejo repartidas por todo nuestro cerebro, especialmente en la zona pre-motora y el área del lenguaje (área de Brocca).
Gracias a estas neuronas, que están muy conectadas con todas las demás (las encargadas de la percepción y de la memoria, sobre todo) podemos entender las acciones, las emociones y las intenciones de los otros, interpretando todo lo que percibimos y oímos de los demás, especialmente al verlos y oírles hablar.

Desde antes de nacer vamos acumulando experiencias motoras y sensitivas que siguen un orden asociativo, creando una cadena de estímulos que se fijan en nuestra memoria orgánica. Gracias a ese pre-programa orgánico podemos interpretar todo lo que pasa en el interior de los demás de acuerdo con lo que pasa dentro de nosotros.
El éxito del fútbol y los deportes en televisión, de la pornografía o de la publicidad, se basan en el hecho de que cuanto vemos y oímos desencadena esos movimientos automáticos imitativos o miméticos que ponen en funcionamiento las células espejo.

El cerebro reproduce todo lo que ve, oye, imagina y siente. La agresividad es un mecanismo de defensa contra una agresión anticipada que crean las neuronas espejo al interpretar los gestos e intenciones de otro. Las neuronas espejo anticipan las acciones.

Procesamos de modo inconsciente todos los gestos y movimientos de las manos, los ojos, los labios, los músculos faciales, las actitudes y desplazamientos corporales, pero también de los tonos, las pausas, la articulación de las palabras, la velocidad del habla, el timbre de la voz y los sonidos del lenguaje. Todo esto lo hacemos mediante ese mecanismo de resonancia, de reduplicación, de reproducción interna, de espejo, que realizan esas neuronas.

Si imaginamos que una araña nos sube por la pierna mientras estamos tumbados en la playa tomando apaciblemente el sol, seguramente algunos se levantarán de un salto, pero nadie dejará de echar un vistazo a sus piernas y alrededor para ver si descubre algo que se mueve con unas patas más o menos peludas…

Bien, pues yo digo que el narrador es un activador de neuronas espejo. Que la novela bien construida es la que permite una buena activación orgánica de las células espejo. Por eso hablo de novela orgánica.

La literatura es una fuente de placer orgánico. La palabra ha de activar, a través del sonido y las imágenes y sensaciones orgánicas que produce, una sensación placentera.
La literatura es una experiencia orgánica. Un buen narrador escribe con el cuerpo. Un buen escritor conoce, vive, siente, experimenta de forma aguda todos los efectos físicos y neurológicos que aquello que escribe produce en su cuerpo y cuenta con que el lector tenga un buen mecanismo de recepción (de neuronas espejo) que reproduzca aquello que él vive y siente al escribir y al releer lo que escribe.

(Seguiré otro día hablando de algo que acaba de ocurrírseme: las neuronas flecha, o sea, proyectivas, las que ha de aprender a desarrolla un escritor)

jueves, 22 de abril de 2010

TEORÍA DE LA NOVELA

Escribir es pensar, no sólo en lo que se escribe, sino cómo se escribe. Cada novela, al mismo tiempo que se escribe, define su propia teoría de la novela.

Ando metido en un nuevo proyecto: una novela larga, muy larga, pero escrita con párrafos más bien breves, como éste:

Colgó la chaqueta de pana negra, ya raída y desgastada, sobre un clavo que sobresalía en la pared de adobe. Sacó un pañuelo de tela sucio del bolsillo y se quitó el sudor de la frente y el rostro. Antes de colocarse de nuevo la boina de felpa sobre la cabeza, la sacudió violentamente contra la mano izquierda. Se levantó una pequeña nube de polvo. La cuadra olía a estiércol. Ató las riendas a un poste de madera, cerca del pesebre. El caballo también sudaba. Le pasó un cepillo de púas por el lomo y los ijares. Resopló el animal antes de hundir su hocico en un montón de paja seca.

Se verá que aquí estoy defendiendo, no una novela realista, sino una novela física, táctil, en la que, más que contar, se ve, se oye, se huele, se siente. No una novela en la que los hechos se dicen, imaginan o piensan, sino en la que se sientan a través del cuerpo, mediante la resonancia física que las palabras producen en el cuerpo.

Una novela orgánica, que tenga en cuenta, ante todo y sobre todo, los efectos sensoriales y orgánicos de la escritura.
Por tanto, ha de ser fluida, sonora, acústica, gestual, en la que todo resuene y provoque asociaciones neurológicas mediante el reflejo, la reverberación, el eco, la reduplicación, la traslación del texto al cuerpo del lector.

El lector ha de revivir, sin esfuerzo, y directamente a través de la lectura, los estados físicos y orgánicos que la escritura crea al describir los objetos, los lugares, los movimientos, las acciones.
Esto mismo ha de valer para los sentimientos, las emociones, los pensamientos que la novela exprese. Todo ha de pasar por el filtro de lo orgánico.

La paradoja es que, para lograr que el lector de verdad viva, reviva, sienta lo que está escrito, el autor ha de equilibrar lo dicho con lo no dicho, lo contado con lo omitido, lo descrito con lo aludido, lo narrado con lo sugerido, lo expresado con lo insinuado. Si no hay huecos, vacíos, implicaciones, no hay novela, no hay tensión, no hay interés para el lector.
Por ejemplo, el lector sabrá, un momento dado, y sin necesidad de contárselo, que el personaje al que acabo de presentar, que cuelga su chaqueta de pana sobre un clavo, acaba de cometer un crimen...

Ser incapaz de crear un mundo real, una atmósfera, una realidad física, con los detalles de lo concreto, o perderse en vaguedades y abstracciones, produce el mismo efecto que lo contrario: recargar la narración con datos innecesarios, querer contarlo y describirlo todo. Por ambos lados se despeña la novela.

jueves, 15 de abril de 2010

LA MUERTE, COMPAÑERA, CONSEJERA FIEL

(Foto: Agustín Galisteo)

La primera vez que me di de bruces con la muerte, yo tenía cinco años. Una niña de mi edad se ahogó con un globo. Aún recuerdo su cara pálida y los gritos de su madre cuando se la llevaban en un ataúd blanco.

Un amigo de mi infancia se hizo guardia civil. Ascendió pronto a teniente y se dedicó a perseguir al narcotráfico. Cayó en la tentación de traficar con los alijos de droga requisados. Sospecharon de él porque empezó a vivir por encima de sus posibilidades económicas. Lo descubrieron y se pasó varios años en la cárcel. Su mujer murió de cáncer. Al salir de la cárcel, se suicidó. Sus padres, nonagenarios, sin embargo, viven aún.

Tuve otro amigo que se aficionó al submarinismo. Le gustaba el riesgo. Vivió en Guinea Ecuatorial. Un día se fue a la costa de Gijón, se sumergió más hondo de lo prudente y se le reventaron los pulmones por la presión.

También mi primo murió ahogado. Fue en Tenerife. Una ola lo enredó y se ahogó de forma estúpida donde ni siquiera lo cubría el agua. También le gustaba practicar el submarinismo. Las playas rocosas de Tenerife con muy peligrosas, aunque no lo parezcan.

Otro primo mío también se murió hace años. Padecía del corazón desde niño, pero logró sobrevivir durante más de cuarenta años. Era fuerte y cariñoso. Acudí a su entierro, en Valladolid. Me impresionó su cara, hinchada y desfigurada.

Ya de joven, otro amigo se suicidó dándose un pistoletazo a la entrada de la catedral de León.

Cuando yo daba clases en Santa Coloma de Gramanet, un compañero del instituto se cortó la venas en el Departamento de Literatura y se tiró por la ventana. Otros dos profesores amigos también se suicidaron: uno padecía cáncer y el otro, esquizofrenia.

Hace poco, un amigo de Barcelona, con el que escribí varios artículos para la revista El Viejo Topo, apareció muerto en su piso. Padecía una depresión grave.

La lista de amigos y familiares muertos es mucho mayor, claro. Me he acordado ahora estos muertos porque siguen ahí, muy vivos en mi memoria.

De vez en cuando hay que escuchar a nuestra compañera más fiel, la mejor consejera, que siempre está ahí, a nuestra izquierda, a un brazo de distancia.
Sí, yo también me iré, como escribió Juan Ramón Jiménez.

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

viernes, 9 de abril de 2010

NOCILLA NOTHING


(Foto: Agustín Galisteo)


Estaba harto de leer titulares sobre el Proyecto Nocilla, La Generación Nocilla, ese nuevo fenómeno de las letras españolas, Nocilla Dream como la mejor novela del año (lo dijo la revista La Quimera), una de las tres mejores del año (El País)... Miraba por encima los artículos, que si deconstrucción, descontextualización, fragmentación, pospoética... Por instinto me decía que todo era un nuevo timo y no traté de seguir la pista a esa moda, hasta que el otro día, buscando en una biblioteca Mientras agonizo, de W.Faulkner, me di de canto (de lomos) con las Nocillas del nuevo Joyce de las letras hispanas. Me llevé una a casa, para hojearla con un poco más de detenimiento. Leí unas veinte páginas y fui incapaz de seguir. Me pregunto se ha habido alguien capaz de leer por completo alguna de esas Nocillas. Prosa pastosa, pero con gusto a papel secante, no a nocilla. O a plástico. Ya lo dijo el autor: “El súmmum de la creación humana es el plástico”. Su técnica es elemental, de parvulario: “Se descontextualizan las cosas y se les da un halo poético por el simple hecho de colocarlas en otro lugar”. Así de fácil es escribir una novela. Porque: “El mundo se ha transformado en un supermercado donde tú vas cogiendo lo que te apetece y con eso puedes montar un día en tu vida, una novela o una peli”. Y por si no quedaba claro: “Crear es copiar”.

Pues con estos hilos se ha construido (¿deconstruido?) la nueva teoría y moda literaria. Fabricada la red, a pescar peces. Pero por más que en un primer momento acudan como moscas a la nocilla, pronostico que este fenómeno durará menos que un donut en la boca, porque está lleno de aire. Pasará la Nocilla, Los Nocillas y los Nocilleros de la crítica y los suplementos literarios.

A mí toda esta moda me parece tan paleta, tan ignorante, tan artificiosa, tan cursi, tan vacía como estos dos versos del nuevo genio:

Me muero por piratear esta noche
los 50 gigabytes de tus pezones

Lo más repelente es el tufo de arrogancia y pedantería que rezuma esta pésima literatura. Sólo así se puede titular un supuesto libro de poemas “Yo regreso siempre a los pezones y al punto 7 de Tractatus”. A esto le llama su autor pospoética, nada menos que un nuevo paragdigma.
Se me acaba de ocurrir el título de mi primer libro pospoético: “El huevo, el postfacio y la gallina se encuentran en un burdel... de Wall Street”. ¿Sugerente título, verdad?

lunes, 5 de abril de 2010

LEYENDO A WILLIAM FAULKNER

(Foto: S. Trancón)

Siempre es buen momento para leer a William Faulkner. Sobre todo para quien quiera aprender algo sobre el difícil arte de la literatura.
Recuerdo aquello que dijo: Para ser un buen novelista hace falta un 99% de talento, un 99% de disciplina y un 99% de trabajo. Y que un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Parece sencillo, pero ahí está todo.

También dijo:
El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo.

Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error.


El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro.

Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda.

La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida.

Pienso lo mismo. Para mí sólo hay dos clases de literatura: la viva y la muerta. La literatura muerta, la que más abunda, la que llena las estanterías de librerías y supermercados, déjala, no pierdas un segundo de tu vida en leerla. Hay que desarrollar el instinto: o viva, o muerta. A la muerta, ni la toques.

¿Qué es literatura viva? Cuando uno lee cosas como éstas de William Faulkner, enseguida aprende a distinguir:

“... con una herida en la cabeza, en la cual podría haber escondido un cigarrillo”.

O: “Él y Joe tienden la línea (
de anzuelos) sólo cuando Lonnie tiene ganas, no cuando los peces pican”.

O:“-¿No son la verdad y la justicia una misma cosa? –dijo a su vez el sheriff.
-¿Desde cuándo? –dijo tío Gavin-. En mi vida no he visto una verdad que fuera justa, y he visto a la justicia utilizar instrumentos y medios que personalmente yo no tocaría ni con pinzas”.

O:“Es como haber sido arrebatado por un huracán y lanzado y golpeado hasta caer en el mismo punto de partida, y todo ello sin el placer o beneficio de haber hecho un viaje”.

O:“Era como si a raíz de su muerte, aquella mujer hubiera adquirido sustancia suficiente para proyectar una sombra al menos”.

Ponerse a pescar cuando uno tiene ganas y no cuando los peces pican...
Queremos imponer nuestras ideas preconcebidas al mundo, en lugar de hacer lo contrario. Por eso siempre nos pillan desprevenidos la realidad y la vida.
Lo que nos molesta no son los hechos, sino que los hechos no se acomoden a nuestros prejuicios y expectativas.

Hay que pescar, leer, actuar... cuando los peces pican. Algunos se ponen incluso a pescar donde ni siquiera hay río.





sábado, 27 de marzo de 2010

ÍSIMOS E ÍSIMAS

(Foto: S. Trancón)
El corrector ortográfico del programa Word tiende a señalar en rojo cualquier palabra acabada en ísimo-a. A veces me molesta, pero he acabado aceptándolo pues, aunque no sea incorrección ortográfica, sí suele serlo de estilo.
El idioma español siempre está a punto de despeñarse con estos superlativos, que además son esdrújulos.

Todavía resuena en nuestros oídos aquel barbarismo de “Generalísimo”. Los adjetivos admiten ese morfema de superlativo, pero no los sustantivos. Como los adjetivos tienen vocación de sustantivos, muchas veces se crea ambigüedad, como en el caso del este General que, a pesar de ser bajísimo -o quizás por ello- se colocó la mitra de ísimo para que nadie le hiciera sombra (no sólo metafórica, sino real), lo que tampoco impidió que entre la tropa mayor y menor se le conociera como “la Paca” y “la Culona”, en femenino, no sabemos si sólo por su voz tan poco varonil.

Digo que no estamos lejos de aquellos abusos semánticos, que siempre acompañan a otros, porque ahí tenemos a un juez franquísimo e ilustrísima que, apoyándose en una asociación falangísima, echará mano de la retórica leguleya para quitarse de en medio a otro juez destacadísimo que, al parecer, no midió bien las fuerzas del enemigo al meter el dedo en la garganta profunda del caso Gurtel, que suena a, mitad cuartel, mitad burdel.

La tendencia al énfasis vacío que propicia el superlativo, ya la denunció Cervantes de modo muy irónico y humorístico. No me resisto a transcribir la respuesta que Sancho le da a la dueña Dolorida, que preguntaba si estaba por allí “el acendradísimo caballero don Quijote de la Mancha y su escuderísimo Panza”:

-El Panza aquí está, y el Donquijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos.

sábado, 20 de marzo de 2010

SAN ANDRÉS DE TEIXIDO


Hace años acudí a la romería de San Andrés de Teixido. Por unas horas, se abrió la grieta y me adentré en otro mundo.


Oigo el rumor de las olas, abajo, en el acantilado de San Andrés de Teixido, el más abrupto de Europa, a más de 630 metros de altura... Ya he ido allí en vida, así que no tendré que acercarme de muerto, reencarnado en lagarto, conejo, caracol o libélula... Con mucho cuidado piso los tojos, bajo por la estrecha y empinada carretera, camino hasta el santuario... Oigo un grito aterrador, pero me tranquilizo: es el graznido de un pavo que parece haber visto en mí al mismo diablo... Una meiga vestida de negro hasta la cabeza me ofrece la herba de namorar o preñadeira. Crece en lo escarpado de las rocas que dan al mar. Llego a la fuente de tres caños o de los deseos... Mojo un pañuelo blanco, lo paso por mi cara y mi brazo izquierdo y lo dejo atado a la rama de un avellano. Anochece, y empiezo a ver por los prados de alrededor del santuario, por las rocas, por las tumbas del cementerio, por los cruceiros, parejas haciendo el amor como quien cumple un rito sagrado, invocando a la diosa de la fertilidad. La mayoría de las parejas adopta la postura de la cruz de San Andrés... En este oculto finisterrae, se agitan misteriosas fuerzas telúricas... Desde la Edad del Bronce han peregrinado hasta aquí los hombres en busca del más allá. Llega la niebla, sube desde el fondo del acantilado y lo cubre todo. Las figuras de alrededor se convierten en esculturas románicas que poco a poco, caminando entre la bruma, se reúnen en torno al santuario y forman el Pórtico de la Gloria... Antes de iniciar la travesía, como unos panecillos de colores que cuelgan de mi cuello, ensartados como un collar: una mano, un pez, una barca, un San Andrés y un pensamiento... Un halcón se lanza hacia la barca en la que viajo con otros difuntos. Remamos hacia la Isla de la Eterna Juventud. Me protejo para no ser atrapado por el halcón. Quiero ver qué hay más allá.

Sí, San Andrés de Teixido es una puerta hacia el otro mundo.

P.D. Puedes buscar en Google Vídeos: "España entre el cielo y la tierra: Galicia/Galiza 10/11"

viernes, 12 de marzo de 2010

PERVERSION DE LA DEMOCRACIA


La democracia es el sistema político menos malo.
Pero no es un sistema perfecto.
Su mayor debilidad está en que no dispone de resortes eficaces para impedir el paso de los no demócratas a los mecanismos del poder.
Tampoco para impedir que se pueda usar ese poder para destruir la propia democracia.
Hitler es el caso más evidente de perversión de la democracia.

Los países de tradición democrática han sabido poner límites a quienes usan las libertades que la democracia les otorga para destruir los fundamentos de esa misma democracia.
El caso de Alemania es ejemplar: allí es delito, por ejemplo, ensalzar o difundir ideas nazis o racistas.
En la Europa democrática nadie duda de que la democracia debe saber defenderse a sí misma, impidiendo el acceso al poder de los antidemócratas.

España es una llamativa excepción. Aquí se producen cada día comportamientos que pervierten y destruyen los mecanismos democráticos, y no hay ni leyes ni conciencia ciudadana que ponga límite a quienes usan la democracia exclusivamente para alcanzar el poder y luego se saltan abiertamente los principios democráticos.
Basta recordar que aquí no sólo no está prohibido hacer apología del franquismo, sino que se persigue el esclarecimiento y el conocimiento de los crímenes impunes de aquella negra dictadura (apenas acabamos de enterarnos de los miles de niños, hijos de asesinados y represaliados, entregados a las familias de los vencedores, o los cientos de campos de trabajos forzados por los que pasaron cerca de 350.000 presos, por no hablar de esa fosa con más de 4000 muertos de Málaga que tanto está costando desenterrar) .

Carrillo dice que la derecha de hoy es muy parecida a la del 36.
Podríamos hacer una larga lista de ejemplos que lo confirman.
Lo último ha sido esa llamada a la rebelión (al parecer, fiscal) de la presidenta de la comunidad madrileña. Llegó al poder pervirtiendo la democracia y desde entonces no hay día que no demuestre que la democracia “se la suda”.
A eso algunos tontos le llaman valentía, astucia, habilidad política.
Otro ejemplo, aparentemente en las antípodas, es eso de prohibir los toros.
Tanto da tirar las leyes a la basura como establecer leyes allí donde nadie debiera imponer nada.

Los demócratas, en verdad, lo tenemos muy difícil. Entre una derecha grosera y perversamente antidemocrática, y unos nacionalistas engreídos y perversamente democráticos, nos están dejando sin espacio, sin voz, sin apenas argumentos. Toda la energía se nos va en tapar los agujeros que cada día le abren a nuestro sistema democrático unos y otros.
Como se ve, la línea divisoria no pasa por la vieja distinción entre izquierdas y derechas, sino entre demócratas consecuentes y antidemócratas perversos.

Lo repito: nuestra democracia no es homologable. No lo son muchos jueces, no lo son los voceros de la derecha, no lo son los nacionalistas de derechas y de izquierdas, no lo son algunos periódicos y medios de comunicación, no lo son los corruptos, especialistas en sortear y pervertir todos los mecanismos de control del robo, el fraude fiscal, el atraco a la hacienda pública, con un descaro provocativo y chulesco.
Lo último es llamar a todo esto “rebelión”. Ya ni se preocupan de añadir “pacífica” o “democrática”. Menos mal, al menos en este caso no se ha pervertido también el lenguaje.

jueves, 4 de marzo de 2010

ACOTACIONES, ANOTACIONES (LA TAREA DE ESCRIBIR)

Para ser escritor hay que escribir. Para escribir, hay que anotar. Para anotar hay que acotar.

Acotar es poner límites. Pongo límites a una realidad, a un pensamiento, y tomo notas sobre él. Anotar es destacar.

El escritor observa una realidad acotada, descubre en ella algo destacable y lo anota.

Me gusta hacer anotaciones. Sólo realizando constantes anotaciones puede un escritor nutrir su pensamiento y su imaginación para luego poder ponerse a escribir.

Las anotaciones tienen el atractivo de la variedad, la inmediatez, el resplandor de lo fugaz. Son parciales, no aspiran a describir la totalidad de aquello sobre lo que centran la atención.

Tomo uno de mis cuadernos de notas. Entresaco estos pensamientos.

La mayoría de los hechos no los podemos cambiar, pero sí su interpretación.
Poco podemos cambiar de nosotros mismos, pero sí la idea que nos hacemos de nosotros mismos.

Estamos rodeados por la eternidad. La eternidad está ahí, aquí, allí.
Todo lo que vemos es lo que vemos y algo más. No sé qué es ese algo más, pero, para atisbarlo, tengo que tenerlo siempre en cuenta, contar con ello. Lo puedo aplicar a todo: un árbol, una piedra, una sombra, un pájaro, una nube, una mano, un tejado, un ruido...

¿En qué nos diferenciamos unos de otros? La principal diferencia está en nuestra energía, el nivel de nuestra energía, el brillo de nuestra energía, la calidad de nuestra energía. Energía no es sólo fuerza, sino intensidad, concentración, enfoque.

Vivir es sentir. El sentir es algo que ocurre, que sucede, y, sin embargo, depende en último término y sobre todo, de la voluntad. No de la razón, del pensamiento o la palabra. Siento lo que quiero sentir.
La voluntad es un querer sin querer, un desear sin desear: intentar con total determinación, pero sin ansiedad, con desapego.
El sentir está en el centro del pecho; la voluntad, bajo el estómago. El habla y la razón, en la cabeza. El ver, en el lado izquierdo, y el soñar, en el lado derecho del cuerpo.

Somos lo que creemos ser y algo más. La muerte consiste en ver de frente a ese otro ser que somos. Si antes no hemos tenido conciencia de ese otro ser, si no lo hemos encarado, si no hemos entrado en contacto con él, su visión nos destruye, pasamos a formar parte del polvo cósmico. Pero quizás exista la posibilidad de engancharnos a ese otro ser que somos y sobrevivir. No sé en qué pueda consistir eso. No sé cómo. No sé hasta cuándo
. Pero...

martes, 23 de febrero de 2010

CURIOSIDADES CIENTÍFICAS


Me gustan los libros de divulgación científica, que no es lo mismo que vulgarización.
Hace tiempo leí uno, del que tomo ahora algunos datos, que aderezo con mis comentarios. Cosas de biología, por ejemplo.

Toda la energía de la Tierra proviene del Sol. Las plantas absorben parte de esa energía y de ahí pasa a nosotros: directamente, o a través de los animales que nos comemos, ya sean herbívoros o carnívoros. Pero toda la energía que llega y nos da vida, no desaparece, vuelve al universo exterior en forma de radiación infrarroja, y así será sobre todo cuando la Tierra desaparezca engullida por la expansión de un Sol moribundo. La energía no se destruye, fluye constantemente por todo el universo, de un confín a otro, y también de un universo a otro. Nosotros somos energía.

El 90 por ciento de la vida del planeta es vegetal. Del otro 10 por ciento, la mayor parte lo constituyen los microorganismos y los insectos. Por cada ser humano hay mil millones de insectos. Los escarabajos, a su vez, son los insectos de mayor éxito reproductivo, es lo que más abunda en la Tierra. No somos, por tanto, ni el centro de la Tierra, así que mucho menos del universo.

Donde primero surgió la vida fue en el mar. Hace 400 millones años los océanos estaban a rebosar de peces. Luego empezaron a poblar la tierra los reptiles. De los reptiles, curiosamente, siendo como son los seres más pegados a la tierra, surgieron las aves, los únicos seres capaces de vencer a la gravedad. Algunos dinosaurios aprendieron a volar antes de la gran catástrofe de hace 65 millones de años. Fue en esa época cuando nacieron las flores. Antes no había flores sobre la Tierra. Durante 3.600 millones de años hubo vida sobre la Tierra, pero no flores... Somos afortunados, hemos venido al mundo en la era (biológica) de las flores.

Compartimos el 99,8 por ciento del ADN con cualquier ser humano; sólo me diferencio en un 0,2 por ciento de cualquier otro semejante, y en un 0,4 de un chimpancé. El ego, genéticamente, es muy poquita cosa.

Ni los perros ni os toros ven el color. Sí los pájaros, las ranas y los lagartos. En este sentido, estoy más cerca de un pájaro, una rana o un lagarto, que de un perro, aunque sea el mejor amigo del hombre. El perro tiene, además, 200 millones de células olfativas, y yo sólo 5 millones. En esto, me gana por goleada.

No siempre las orejas están en la cabeza. Las arañas y los grillos tienen las orejas en las patas. Por eso es quizás tan difícil hablar con una araña o un grillo: no tenemos en cuenta esa importante diferencia.

La abeja reina es fecundada una sola vez por un solo zángano. Guarda en su cuerpo los millones de espermatozoides y los va depositando a lo largo de la vida en los huevos. Eso sí que es economía sexual. Lo nuestro, frente a las abejas, es puro derroche. Sin embargo, los millones de espermatozoides que van en busca de un óvulo y fracasan en su intento, no están ahí simplemente para ver quién llega primero, sino para ir rompiendo la membrana, el cascarón del óvulo. Así que lo importante no es llegar primero, sino llegar en el momento oportuno.

Hasta el siglo XVII se creía que la sangre no se movía por el interior del cuerpo. Esto nos lo tenían que haber explicado en el bachillerato. Interpretaríamos así mucho mejor eso de los “humores”, “tener buen o mal humor”, “lo llevo en la sangre”, “es de buena sangre”, “me dio su sangre”, “tiene la sangre envenenada” o “es de sangre impura”. La sangre estaba ahí, quieta, metida en el cuerpo, era algo dado, recibido, y no había modo de cambiarla...





martes, 16 de febrero de 2010

INFORMACIÓN Y MANIPULACIÓN

(Foto: I. Díez)





Nos bombardean constantemente con toneladas de información de todo tipo, la mayor parte inútil y estúpida. Imposible someterla a juicio, pensarla, sopesarla, juzgarla.
Sin capacidad alguna para filtrar esa información, acabamos creyendo la mayoría de las cosas que nos cuentan o presentan en la televisión, la radio, los periódicos y, ahora, internet. De vez en cuando, sin embargo, caemos en la cuenta de que nos han engañado y manipulado como a monos amaestrados.

En su día yo me tragué la historia de ese profesor heroico que había salido en defensa de un pobre mujer maltratada, recibió una atroz paliza y acabó en coma, del que milagrosamente salió al cabo de más de dos meses. Como héroe y modelo, recibió la Gran Cruz del Mérito Civil de manos de la vicepresidenta del gobierno, alabanzas desmesuradas de la ministra de Igualdad y la Medalla de Oro al Mérito Ciudadano de la Comunidad de Madrid de manos de la presidenta, Esperanza Aguirre, que lo nombró enseguida Presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional de la Violencia de Género... Todo este rimbombante medalleo, honorífico y turiferario, empezó a mosquearme, pero no le di más importancia, aunque un día me sorprendió que el héroe se despachara a gusto hablando mal de Zapatero a propósito de no sé qué.

Bueno, pues ahora me he enterado de que ni los hechos fueran tal y como me los contaron, ni el personaje se comportó de modo tan aguerrido y heroico. Ni siquiera se puede probar que su estado de coma (lo dicen los médicos) fuera causado directamente por el puñetazo que recibió del agresor, sino debido a la grave patología que padecía. Durante cuatro días los médicos que lo examinaron (fue a dos hospitales por su propio pie) no le hicieron un TAC porque él nunca se quejó de la cabeza, sino del pecho. Padecía, en cambio, una enfermedad grave de corazón.

A esto hay que añadir que su defensa de la mujer maltratada consistió en insultar al novio en un tono más bien chulesco. Como método para disuadir a un agresor, no parece el más apropiado. Además, frente al arrepentimiento del agresor (un drogadicto en tratamiento psiquiátrico) y las disculpas que la madre le fue a dar personalomente, el héroe de la no violencia la llamó escoria y le dijo que se iba a enterar... Cuando se dirige al agresor le llama basura, esa cosa... Hombre, como defensor de mujeres, parece un poco machista.

A este veloz entronamiento en el templo de la heroicidad contribuyó personalmente Esperanza Aguirre, que con eso mataba dos o tres pájaros de un tiro: desviaba la denuncia contra los hospitales que no detectaron la gravedad de su estado, se ponía la medalla de la lucha contra la violencia de género (un eufemismo lingüísticamente incomprensible) y de paso utilizaba al héroe para atacar a Zapatero, (nada difícil, dada la ideología del profesor).

A raíz de tan burda manipulación informativa uno se pregunta hasta qué punto lo bueno puede acabar convirtiéndose en malo. Es tanta la presión mediática, la propaganda confusa y la información sin matices sobre las agresiones contra las mujeres, que todos estamos predispuestos a interpretar cualquier hecho en términos absolutos, de buenos y malos. Ya ha habido dos hechos reveladores: el de ese pobre chico de Canarias, totalmente inocente, al que acusaron enseguida de violar y matar a una pobre niña, y este falso héroe, al que tan interesada y precipitadamente se coronó. Suficiente para empezar a no tragárselo todo, aunque vaya de acuerdo con nuestras expectativas.

lunes, 8 de febrero de 2010

RELATIVIDAD DEL LENGUAJE



Un periodista le preguntó una vez a Albert Einstein: ¿Me puede usted explicar la Ley de la Relatividad? Einstein le contestó: ¿Me puede usted explicar cómo se fríe un huevo? El periodista lo miró extrañado y le contestó: Pues sí, claro que puedo. Einstein le replicó: Bueno, pues hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego...

¿Qué hay detrás de las palabras, del lenguaje?
Esta anécdota nos muestra con claridad que el lenguaje es una construcción imaginaria que compartimos con los demás.
Cada lengua construye de modo particular ese espacio imaginario común. Sin embargo, todas las lenguas comparten la mayoría de los conceptos básicos sobre la realidad. Por eso es posible comunicarnos con la mayoría de los seres humanos del planeta, a pesar de hablar lenguas diferentes.

El 90% de nuestra mente está formada por ideas e imágenes que compartimos con los otros. Nuestra mente es una mente socializada.
Pero existe una parte de nuestra visión y comprensión del mundo que no está socializada (un 10%, digamos). Es nuestro patrimonio individual.

Cuanto menos socializada esté nuestra mente, cuanto mayor espacio ocupen en ella las ideas no comunes, los tópicos, los prejuicios, lo conocido, mayor capacidad creativa.
Digamos que yo no puedo compartir un 10% con la mente de Einstein, (no sería capaz de freír un huevo matemático con la sartén de la teoría de la relatividad). Pero quizás él no podría compartir conmigo un poema de Góngora.

El lenguaje nos une, pero deja suficiente espacio para la diferencia. El lenguaje es relativo. Siempre hay un espacio para la experiencia personal e intransferible. Para la creatividad.

domingo, 31 de enero de 2010

EL TERREMOTO DE HAITÍ Y LA TEORÍA DEL MAL


¿Existe el mal?


¿Y qué es el mal?
Hacer daño a otro, intencionadamente, en beneficio propio.

Es un asunto, por tanto, exclusivamente humano.
Sí, sólo el hombre puede hacer el mal. No Dios. No la naturaleza. No un animal.

Según los cristianos y los musulmanes, Dios castiga, devuelve el mal con el mal, aunque su intención sea alcanzar el bien.
Esa es una buena razón para no creer en ese Dios.

¿Pero no puede utilizarse el mal para lograr el bien?
El mal es mal porque se realiza por un solo motivo: el beneficio propio.

¿Y amputar una pierna para salvar a alguien?
Eso no es hacer el mal. A lo más, una equivocación, nunca un mal. Otra cosa es si le cortas la pierna a alguien para llevártela a tu casa.

Pero se tiende a confundir el mal con los males, el sufrimiento, las desgracias, los accidentes...
Tendemos a otorgar una intención a todo. Pero el mal sólo lo puede hacer el hombre.

Matar a un animal o incendiar un bosque, ¿no es hacer el mal?
No en sí mismo. Sólo se convierte en mal si perjudica a otros, a otros seres humanos.

Un terremoto, ¿no es un mal?
Le falta la intención, la decisión de un ser humano que lo provoque para beneficio propio.

¿Y si ese terremoto es provocado artificialmente por el hombre por intereses económicos o estratégicos, como el petróleo, el dominio de un país o de una zona?
En ese caso nos encontraríamos ante un ejemplo del mal en estado puro.

Dicen que el terremoto de Haití ha sido provocado por un centro llamado HAARP, mediante una onda de altísima frecuencia.
Hoy existe tecnología capaz de hacer eso y mucho más. No es ciencia ficción.

Pero nos asusta pensar que haya grupos capaces de provocar terremotos, cambiar el tiempo, propagar pandemias (reales e imaginarias), hundir los mercados financieros, organizar guerras, manipular globalmente la información...
Pero existen. El mal existe porque existen hombres capaces de realizarlo. Cuanto mayor es el beneficio, mayores posibilidades de que se lleven a cabo actos inimaginables.

Si es así, resulta fácil caer en paranoias conspirativas.
Así es, y cada día será más inevitable.

Y más difícil desenmascarar el mal y descubrir a sus autores.
Quizás no sea tan difícil (ahí están las armas de destrucción masiva y la gripe A), pero lo imposible de controlar será el miedo y la desconfianza masivas. Cuando ya no podamos distinguir la verdad de la mentira, el mal del bien, estaremos totalmente perdidos y sin capacidad alguna de reacción.

¿Hacia eso vamos?
Así parece.

(Tiene interés esta página, relacionada por el terremoto de Haití: http://levantateyanda.wordpress.com/category/haarp/)

sábado, 23 de enero de 2010

FRONTERAS DEL CONOCIMIENTO

(Foto: A. Galisteo)

La filosofía y la ciencia teórica tienen el mismo propósito: preguntarse sobre el fundamento último de todo cuanto existe.
El intento de responder a preguntas simples que conviertan la inabarcable complejidad del mundo en algo comprensible.
Por ejemplo: ¿Por qué existe todo lo que existe? ¿Cómo y cuándo surgió? ¿Tiene algún sentido o finalidad el universo?

Partimos de un hecho, que Descartes formuló de forma problemática: pienso, luego existo. Puedo dudar de todo, pero no del hecho de que estoy pensando. Pero igualmente podríamos decir: siento, luego existo; percibo, luego existo; respiro, luego existo...
Respiro, percibo, siento, pienso: son hechos que remiten a mi propia existencia, constatan el hecho de que yo existo como un ser que respira, percibe, siente y piensa.

El punto de partida cartesiano es, por tanto, la afirmación de la existencia de un ser a partir de la constatación que ese mismo ser hace de su propia actividad. Hay aquí, evidentemente, un círculo vicioso, una petición de principio, porque el fundamento último de la verdad de este silogismo empírico remite al propio sujeto cuya existencia es tan problemática, en último término, como el resto de la realidad cuya existencia se pone en duda a partir del hecho de que los sentidos nos pueden engañar. Pero si nos engañan respecto al mundo exterior, igualmente pueden engañarnos cuando percibimos nuestra propia actividad.

El razonamiento cartesiano nos remite al verdadero punto de partida: la conciencia, que en el hombre puede convertirse en autoconciencia de su propia actividad consciente. Hay algo en mí que puede darse cuenta de lo que percibo, hago y siento. El darme cuenta de algo es lo único que me permite asegurar que ese algo existe. ¿Pero qué es eso de “darme cuenta”? ¿De dónde surge?

Las preguntas básicas vuelven con toda su incertidumbre. La física teórica trata de dar una respuesta dentro de su paradigma observable y cuantificable, mediante fórmulas matemáticas que permitan luego realizar constataciones empíricas. Pero las fronteras de este paradigma hace tiempo que han sido rebasadas. Si queremos explicarnos la existencia de infinitos universos, por ejemplo, o el origen primero de la energía que ha dado lugar a esos universos, no tenemos más remedio que ir más allá de la hipótesis de que todo cuanto existe tiene que tener un origen.

Necesariamente tenemos que suponer que el fundamento último de todo cuanto existe, sea lo que sea, existe por sí mismo, eternamente, y esto ya lo descubrieron los tomistas. Llamar a eso Dios y personalizarlo, es un antropomorfismo demasiado infantil. Los cabalistas prefirieron aceptar los límites de nuestra mente, las fronteras del conocimiento, y abandonarse a la emoción inquietante que produce lo incomprensible, lo inabarcable, la inconcebible, lo eterno e infinito.

domingo, 17 de enero de 2010

TEORÍA DE SUPERCUERDAS Y CONOCIMIENTO CHAMÁNICO

(Foto: S. Trancón)

Es la última teoría de la física que aspira a convertirse en la teoría unificada del todo, o sea, a explicar el fundamento último de cuanto existe en éste y en cualquier otro universo posible. Aunque tiene el inconveniente de no ser “falsable” porque incorpora la existencia de dimensiones inobservables (11 dimensiones, al menos), sí puede validarse si predice fenómenos como la existencia de esa partícula subatómica “Dios”, el bosón de Higgs (al que esperan descubrir en el CERN , con el Acelerador de Hadrones).

A mí no me interesan las fórmulas matemáticas en que esta teoría se basa (no estoy capacitado para entenderlas ni disfrutar de su belleza), sino el hecho de que abren nuestra mente a concepciones que elevan nuestra conciencia y el modo de entender el mundo.
Según esta teoría, la materia y la energía (base del universo) no está formada por partículas, sino por “vibraciones” de “cuerdas” o filamentos de energía primordial. El electrón, por ejemplo, no es un punto, sino una vibración en forma de lazo. La “cuerda” que produce la vibración, esa resonancia en que consiste un electrón, puede oscilar, vibrar, resonar de otra manera y producir otras ondas y partículas.

Lo que más me ha llamado la atención es el hecho de que, mucho antes de que se formulara esta teoría, Carlos Castaneda recibiera este mismo conocimiento a través de don Juan, un indio yaqui que a su vez lo recibió de los chamanes del Méjico antiguo. Habla él de “bandas de emanaciones”, “filamentos luminosos”, “hilos sin fin”, “vibraciones de color o sonido”, “haces de energía”..., y que todo cuanto existe son como “burbujas” o “emanaciones encapsuladas” que surgen de esos "filamentos" y forman “racimos”... También usa el símil de un montón de paja suspendido en el aire, cuyas combinaciones son infinitas. Fibras o filamentos formando haces inconcebibles que pueden llegar a ser conscientes de sí mismos.

Lo que me sorprende es que científicos actuales recurran a metáforas e imágenes parecidas a las que ya usaron los videntes de la antigüedad prehispánica para explicar lo mismo, la constitución última del universo.

Pero la ventaja de los chamanes antiguos es que no se limitaron a explicar los fenómenos de la física, sino de la conciencia, y basándose en las misma teoría de las cuerdas o filamentos de energía que constituyen haces o bandas de las que emanan los seres.

Descubrieron así que en la Tierra existen 48 grandes bandas (cuerdas) de las que surge todo cuanto en ella existe: 40 no producen conciencia; de las otras ocho, siete producen conciencia inorgánica, y una, conciencia orgánica, dentro de la cual estamos las plantas y los animales. El “color” de la energía de la conciencia orgánica de las plantas es “rosa”, el de los insectos “melocotón” y el de los seres humanos “ambarino”.

La teoría de las supercuerdas predice la existencia de infinitos universos finitos en expansión, lo que lleva a la conclusión de que universos finitos, como el nuestro, se repitan en algún otro “lugar” o dimensión cósmica, que existan universos paralelos a nuestro lado, alguno de los cuales pueda ser idéntico o casi idéntico al nuestro. Esto daría cierto fundamento a la creencia en la reencarnación.

Bien, pues todo esto a mí me hace salir de la estrecho cuarto oscuro en que hemos convertido esa burbuja de energía y luz que somos, surgida de la vibración o resonancia de una cuerda de energía infinita, suspendida en el vacío. No estamos condenados a vivir encerrados en una pequeña habitación, podemos salir y perdernos por el vasto mundo que nos rodea.
Al menos, podemos darnos una vueltecita por ahí, de vez en cuando.

lunes, 11 de enero de 2010

EL DARSE CUENTA

(Foto: K.B. PortfolioNatural)

La conciencia es un darse cuenta.
Es algo más que percibir, sentir o reaccionar.

Existen muchos niveles de conciencia, o niveles de intensidad y concentración del darse cuenta. Estos niveles varían en función del grado de atención y del objeto sobre el que se fija nuestra atención.

El darse cuenta es la focalización voluntaria de la atención en algo, ya sea un objeto concreto o una abstracción, algo que se puede percibir con los sentidos, o algo que sólo se puede imaginar, concebir o pensar.

La autoconciencia es la focalización de la atención en lo que uno percibe, siente, piensa, imagina, teme, desea o hace.

La conciencia, el darse cuenta de lo que uno percibe, siente, piensa y hace, y de lo que sucede a nuestro alrededor, es el mejor medio de control de nosotros mismos y de la realidad que está a nuestro alcance. Es nuestra principal ventaja, nuestro don más alto.

A lo más y mejor que puede aspirar un ser humano, la finalidad más alta, es la de elevar e intensificar su nivel de conciencia, su capacidad para darse cuenta de sí mismo y del misterio que le rodea.

Paradójicamente, cuanto más yo, cuanta mayor focalización y absorción de la atención en uno mismo, menos capacidad de conciencia, menos posibilidades de intensificar el darse cuenta.

El darse cuenta no es algo que realiza y controla el yo, sino algo que sucede en uno mismo, en su cuerpo, en la totalidad de su ser. Por eso se caracteriza por un fluir, una atención intensa pero a la vez fluida y desprendida del yo.

El darse cuenta es algo que ocurre en mí, que de pronto me inunda y hace que me olvide de mí mismo para identificarme con esa energía que se da cuenta de su existencia. Es un ver, sentir y pensar a la vez, que toma conciencia del existir de algo, de la esencia del ser.

La conciencia es una forma de energía que consiste en darse cuenta de la existencia de algo, de que algo es plenamente real, aunque el hecho de su existencia sea inexplicable.

La conciencia del darse cuenta se acrecienta dándose cuenta, intentándolo. Para ello hay que fijar la atención en aspectos de la realidad en los que nunca nos hemos fijado, y luego sostenerla en la esencia del ser que vemos y el hecho de percibirlo. Atención concentrada, pero no rígida.

El intento supremo y último del universo es darse cuenta de sí mismo.
El darse cuenta es un hecho energético final, no hay nada más allá.




lunes, 4 de enero de 2010

MATERIA Y ENERGÍA

(Foto: A.Real)

Si alguien me pidiera que resumiera el mundo en dos palabras, yo le constestaría: materia y energía.
Son dos grandes abstracciones, pero tienen la virtud de poder explicarse a través de realidades concretas.
Me refiero, claro está, al mundo que podemos percibir, imaginar, pensar y sentir. No al mundo en sí mismo (sea lo que sea), no el mundo que no podemos percibir ni conocer, no a los infinitos mundos posibles, que están fuera de nuestra capacidad perceptiva y mental.

Todo cuento percibimos y podemos percibir es materia y energía.
Este reduccionismo, lejos de transformar lo complejo en simple, convierte cuanto nos rodea en un misterio complejísimo, porque nos obliga a pensar, no sólo distinguiendo y diferenciando los distintos niveles, formas y manifestaciones de la realidad, sino unificándolas y relacionándolas entre sí.

Por un lado está la realidad físico-química inanimada, de la que tenemos un conocimiento cada día más amplio, lo que nos permite manipularla como nunca había ocurrido en la historia.
Por otro, distinguimos la realidad orgánica, viva y animada, con sus ilimitadas variedades vegetales y animales. También estamos llegando a conocer y manipular la vida de modo casi mágico.
Luego está la realidad psíquica, mental y consciente, de la que sabemos mucho menos, porque es menos perceptible y manipulable.

Bien, pues lo defícil es imaginar, explicar y comprender que estos tres niveles de realidad son eso, materia y energía.

Sin duda, el concepto más escurridizo es el de energía, porque nos referimos con él a un aspecto de la realidad que se "despega" de lo físico y se abre a lo abstracto, o sea, a la conciencia, que es el nivel que menos podemos comprender y manipular, pero cuya realidad es tan absolutamente necesaria y determinante como la realidad directamente perceptible.

Todo esto significa que entre la materia, la vida, el pensamiento y la conciencia no hay una diferencia sustancial, que forman un todo cuyos eslabones están enlazados, por más que no sepamos cómo se produce esa unión, ese emerger lo uno de lo otro, o ese estar lo uno en lo otro, o depender lo uno de lo otro.

De momento, la mejor explicación que yo encuentro es decir que la energía es eso que une y relaciona todo, lo que fluye circularmente a través de esos niveles de realidad y transforma constantemente todo.

Un átomo es tan complejo y misterioso como una célula, una célula como una flor, una flor como un pájaro, un pájaro como una mirada, una mirada como un poema, un poema como la fórmula de Einstein.

No hay nada más apasionante que intentar percibir y sentir todo como lo que es: energía que fluye, se transforma y lo transforma todo.
Lo más sublime de nuestra condición humana es ese poder darnos cuenta, asistir al inconcebible espectáculo que es el mundo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

ALBORADA DE LA NIEVE


El cielo es azul... ¡y blanco!
Se derrama con suave lentitud.
Poco a poco -copo a copo, capa a capa-
cubre el asfalto, el tejado, el árbol, la roca.
La hierba y el verde musgo:
suavidad sobre suavidad.







Lo duro se vuelve blando,
lo punzante y áspero,
murmullo de plumas y algodón.
El cielo se derrama, vacía su ser
para que yo lo vea, para que mis ojos
contemplen otra luz, el resplandor
de la luz que se hace nieve.

Cuántas horas pasé, de niño,
absorto tras los cristales contemplando
ese silencioso y pálido crepitar
de pétalos de amapola blanca,
cómo caían blandamente
sobre las alas del gorrión,
un aterido petirrojo refugiado
en el alero de mi ventana.

Es la hora del sosiego, del remanso,
el alborozo de la alborada,
el advenimiento de la nieve
con su júbilo callado.

Cómo no gozar con este deleite, el sueño
de un reposo que tanto se parece a la muerte.
Por un momento todo se cubre
con una lívida quietud y nos recuerda
el anhelo, la nostalgia del ser que busca
la continuidad, el manto en que todo se diluye
y desmorona,
como un copo en la mano de un niño.

¡FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO!


martes, 15 de diciembre de 2009

¿ESTÁN MATANDO A CATALUÑA?



Ha dicho Joan Laporta en El País:
“Cataluña se está muriendo, la están matando y tenemos que reaccionar”.
“Rechazamos el trato que el Estado da a Cataluña. Es una humillación inaceptable para los catalanes”.
“Ningún catalán puede aceptar el expolio fiscal que sufrimos ni los ataques a los derechos y libertades de Cataluña desde el secuestro del Estatuto”.
“No me cabe en la cabeza que alguien vote en contra ( de la independencia de Cataluña). Es incontestable que nos conviene un Estado para mejorar la calidad del país”.
“Nos están estrangulando económicamente. Es una vergüenza lo que hemos tardado en tener el AVE”.
“Hay tantos agravios, intolerancia y agresividad y humillaciones, que ha llegado el momento de expresarnos”.

Hacía mucho tiempo que no oía mayor cúmulo de tonterías, engaños y provocaciones. Vale la pena analizar este discurso, enormemente tóxico, insultante y agresivo. Como pieza retórica del nacionalcatalanismo es muy ilustrativa. Veamos algunos de sus recursos “literarios”:

1) Apelación a abstracciones cargadas de emocionalidad bélica: Cataluña, Estado, libertades, derechos, país, independencia...
2) Uso de sustantivos y verbos que despiertan reacciones automáticas de rechazo y autodefensa: matar, humillación, agravios, expolio, ataques, estrangular, sufrir, defender...
3) Polarización categórica excluyente: Cataluña/Estado español.
4) Generalización y personificación del discurso: ningún catalán, los catalanes, nos están estrangulando...

Todo esta retórica no es inocente, sino corrosiva, porque está basada en afirmaciones falsas, gratuitas, que, sin embargo, tendemos a dar por válidas e indiscutibles, aunque sean totalmente inconsistentes. Basta con que pidamos a su autor que concrete y demuestre la verdad de lo que dice, para descubrir que lo único que hay detrás de sus palabras es un sentimiento mezquino de odio, desprecio, engreimiento y amenaza.

¿Quién está matando hoy a Cataluña? ¿Qué Cataluña es esa que se está muriendo? ¿Cuáles son esos agravios, humillaciones, expolios y estrangulamientos? ¡Ah, me olvidaba, lo del AVE!...
Si Cataluña son los catalanes, ¿a qué catalanes hoy se está matando y quiénes son sus asesinos? No se me diga que este lenguaje violento es puramente metafórico, porque no lo es, sino de una agresividad manifiesta y provocativa.

Como el Estado no es más que una abstracción, debo entender que cuando estos nacionalistas hablan así, están refiriéndose necesariamente a todos lo españoles no catalanes, y también a todos los catalanes españoles. Así que todos nosotros somos los que estamos matando, expoliando, estrangulando, humillando, atacando... ¿a quiénes?
Lapota dice: Cataluña soy yo, los catalanes son yo, y yo soy el patriota más valiente... ¿Por qué? Porque me atrevo a decir estas cosas...

Pero vayamos al fondo del asunto: todo este discurso faltón, provocativo, falso, digámoslo sin rodeos, es profunda, viscosamente antidemocrático. No podemos transigir que este personaje diga que no aceptar sus tesis “es una muestra de la falta de cultura democrática del Estado”.
El colmo de la confusión es hacer pasar por democrático lo que no es más que el abuso de una minoría que pretende imponer con todos los medios su fantástica idea de una Cataluña libre e independiente, como si ahora sus ciudadanos no fueran totalmente libres e independientes, igual de libres e independientes que el resto de los españoles y europeos.
¿De qué derechos y libertades están hoy privados los catalanistas, que no los catalanes? ¿Del derecho a decidir? ¿A decidir quiénes y a decidir qué? El único sujeto de esa decisión es el que las leyes democráticas con las que hemos organizado nuestra convivencia, determinan.

¿En qué fundamento democrático se basa una minoría para presionar, amenazar, organizar consultas al margen de las leyes, propagar sentimientos de odio y rechazo, ir creando un ambiente de intolerancia y un sentido de pertenencia excluyente y enfrentado al resto de los españoles? ¿Es democrático manipular los sentimientos de pertenencia con coacciones, mentiras, una propaganda tan avasalladora como falsa, cargada de sentimientos irracionales?

Decir hoy que el Estado (los españoles) está matando a Cataluña (los catalanes), no es un simple ejercicio de libertad de expresión, sino una acusación repulsivamente antidemocrática, porque socava los fundamentos del orden democrático que nos hace a todos iguales.

No debemos dejar pasar este lenguaje, este discurso, este tipo de gestos sin sacar a la luz la basura ideológica e irracional que encierran, alimentan y propagan. En este caso, la del nacionalcatalanismo dominante.

domingo, 6 de diciembre de 2009

EL INSULTO

(Foto: Luis Llavori)
Hay muchas formas de agredir a otro verbalmente: mediante la infamia, la calumnia, el rumor, la mentira, la insinuación, la sospecha, la amenaza... Y, por supuesto, de forma directa mediante el insulto. No siempre el insulto es lo más hiriente y pernicioso, pero sí lo más evidente y rechazable.

He dicho en mi anterior entrada que España es el lugar donde más se ofende verbalmente, donde la violencia verbal adquiere dimensiones alarmantes. No conozco suficientemente otras lenguas y países como para dar validez científica a esta hipótesis posiblemente hiperbólica. Pero, “dejando aun aparte, cielos”, el peligro de exagerar para mejor convencer, he aquí un principio que creo válido: toda guerra comienza siendo una guerra de palabras, toda agresión física empieza con una agresión verbal.
También es cierto que la violencia verbal puede ayudar a contener la agresión física, pero es mucho más frecuente lo contrario: una agresión lleva a otra.

El insulto es una palabra de ésas que, más que decir o enunciar, hacen, actúan, realizan algo. El insulto tiene un efecto que los lingüistas (la pragmática) llaman “ilocutivo” y “perlocutivo”. Lo que el insulto busca es ofender, degradar, menospreciar, cambiar la imagen del otro, humillarlo, provocar un rechazo de los otros contra él. Hay que destacar estos aspectos pragmáticos del insulto, porque son su esencia, más que el contenido semántico (ilocutivo) del insulto, que puede variar hasta el infinito.

Sí tiene interés el “fondo” del que extraemos los insultos: todo lo que tiene que ver con lo sucio o excremental, la fisiología y el comportamiento sexual, la falta de inteligencia y valor, el bajo estatus social, el origen y los progenitores, los defectos físicos, las comparaciones animales.
La enorme variedad de insultos se podrían almacenar en tres grandes “contenedores” o “caladeros”: la degradación de la fisiología, la falta de inteligencia, la bajeza de los orígenes.

Entre los políticos abunda el insulto referido a la falta de inteligencia, la bajeza moral, las conductas socialmente rechazables, la mentira y los orígenes y filiaciones ideológicas y políticas.

La política en España ( es posible que también en otros países) parece haber llegado a la conclusión de que no hay mejor arma contra el contrincante que el insulto, velado y cada vez más explícito. La intención es clara: desprestigiar, degradar al otro como sea. Es una política personalista, siempre ad hominem. Por eso nos parece siempre cainita.

Las personas sustituyen a los hechos, el insulto a las ideas, el exabrupto a la persuasión y la argumentación. El insulto busca, al mismo tiempo, la adhesión incondicional, el trasladar y despertar los sentimientos de odio y rechazo, provocando una identificación con el agresor y una degradación del agredido.

Naturalmente, esta forma de “hacer política” no sería posible si la sociedad en su conjunto no estuviera enganchada a ese mismo modo de proceder, de actuar frente a los otros. Es más importante, como dijo Unamuno, vencer que convencer, “obligar a admitir”, que “adquirir razón”.

Un modo frecuente de proceder es dar por hecho que quien insulta es porque tiene una buena razón para hacerlo, quien se atreve a insultar es porque lo que dice es verdad. Al atrevimiento del insulto se le otorga un plus de valor y verdad.

Con todo lo dicho no quiero menospreciar los hechos frente a las palabras. No es mejor la flema inglesa que nuestra exhuberancia verbal. Se puede ser muy comedido en las palabras y un criminal en los hechos. No somos más crueles, digamos, que los ingleses o los suecos. Hablo de otra cosa.
Hablo de que nuestra violencia verbal es un camino perversamente equivocado para organizar y canalizar la discrepancia, los diversidad de intereses, modos de pensar, de sentir y de vivir, propios de una sociedad moderna. Hablo de que el insulto impide pensar, escuchar, abrirse a los otros y entender sus puntos de vista y sus problemas. Hablo...

Sí, también el insulto es un deshago, una forma de compensación simbólica frente al abuso, la injusticia, la humillación... Lo malo es cuando alguien se aprovecha de esta rabia natural para llevarnos a su corral, para hacer que coreemos sus insultos y aplaudamos sus bravuconadas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

LA VIOLENCIA VERBAL

España es la décima potencia económica del mundo y la primera en violencia verbal.
Nada tiene que ver una cosa con la otra, pero aceptemos que, si lo primero parece bueno, lo segundo es llamativo y deplorable, con lo que se demuestra que desarrollo económico no es sinónimo de progreso humano.

A cualquier observador extranjero llama la atención el grado de violencia verbal presente en la vida pública española, en tertulias, debates, programas de televisión, artículos de prensa, conversaciones de tasca y café.
El insulto, la calumnia, la palabra ofensiva, agresiva, despectiva, la amenaza, el juicio categórico, el tono elevado, el exabrupto, la palabra obscena, la maledicencia y el maldecir forman parte de la conversación y el discurso cotidiano, algo que ya nos parece natural, de tan frecuente y extendido.

Pero es muy chocante que se mantenga por un lado un discurso oficial y social muy beligerante contra la violencia en todas sus formas (el acoso, el maltrato, la discriminación, el racismo, el machismo, el lenguaje sexista...) mientras se practica a la vez esta violencia verbal de forma tan impulsiva, compulsiva y omnímoda.

Sin duda, la estructura fonética del español favorece esa impulsividad o explosión verbal, esa falta de control de los impulsos agresivos. Pero yo creo que ha sido, sobre todo, una larga historia de violencia, verbal y no verbal, lo que ha dejado huellas profundas en nuestra lengua, en el léxico, en la prosodia, en la frase hecha, en el uso agresivo de la palabra.

La agresión verbal es un sustituto de la agresión física. Por un lado sirve para canalizar la violencia y contenerla; pero, por otro, fomenta esa misma violencia.

De todos los ámbitos en que hoy se ejerce y ejecuta esa violencia verbal, el más pernicioso, el más destructivo, el de más inquietantes consecuencias es, sin duda, el de la política.
Pero hagamos un distinción, por justicia democrática, entra la conducta de los políticos de izquierda y los de derechas.
Por más que tendamos a equiparar a todos los políticos en conducta, actitudes y lenguaje, yo veo siempre una notable diferencia en el léxico, el tono y las expresiones de unos y otros. Cualquiera puede comprobarlo.
Sería muy fácil hacer dos columnas y colocar a un lado las palabras y expresiones de unos, y las de otros. En una ocasión lo hice respecto a Alfonso Guerra, al que se ha tildado siempre de maledicente. Pues no había comparación entre la ironía y agudeza de sus críticas y los ataques que salían de la boca de sus enemigos políticos.
Cualquier lingüista, psicólogo o simple analista se daría cuenta de esta diferencia. Haz la prueba: frente a cualquier problema o conflicto, pon a un lado las palabras de unos y de otros, y analízalas.

Me he sentido empujado a hablar de este tema al oír, estupefacto, decir a uno de los marineros recién salvados del barco Alakrana que “la actuación del gobierno ha sido asquerosa”. La oposición repite lo de “catastrófica”, “desastrosa”, “claudicante”, “indigna”, “humillante”, “vergonzosa”... ¿De dónde nace tanta violencia verbal injustificada?

Seguiré con el tema, pero antes de acabar quiero recordar alguno de los insultos que el rencoroso Quevedo lanzó contra el altivo Góngora. He aquí algunos:

“Yo te untaré mis obras con tocino,
porque no me las muerdas, Gongorilla”

“Perro de los ingenios de Castilla”

“En lo sucio que has cantado
y en lo largo de narices,
demás de que tú lo dices,
que no eres limpio has mostrado”

“Ruiseñor de los putos”

“Poeta de bujarrones
y sirena de los rabos,
pues son de ojos de culo
todas tus obras o rasgos”

“No los tomé porque temí cortarme
por lo sucio, muy más que por lo agudo;
ni los quise leer por no ensuciarme”

“Almorrana eres de Apolo”

“Doctor en mierda, graduado en pujos”

“Que vuestras letras, señor,
se han convertido en letrinas”

“Son tan sucias de mirar
las coplas que dais por ricas,
que las dan en las boticas
para hacer vomitar”

Su desprecio no se paró ni aún después de muerto Góngora. Esto escribió a modo de epitafio:

“Hombre en quien la limpieza fue tan poca
(no tocando a su cepa),
que nunca, que yo sepa
se le cayó la mierda de la boca”

Las referencias escatológicas merecen un comentario aparte. Lo haré en otro momento. Quedémonos, para entender mejor esta quevedesca actitud, tan contagiosa, al parecer, con estos últimos versos en los que aclara el origen de tanto insulto:

"¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?"

Mala cosa ser de origen judío en una sociedad obsesionada con la pureza de sangre.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL SER QUE SOMOS

(Foto: S. Trancón)
Eres como eres porque te dices a ti mismo que eres así, le explica don Juan a Carlos Castaneda.
La idea que nos hacemos de nosotros mismos, lo que nos decimos que somos, ese diálogo interno ininterrumpido, determina el ser que somos.
Ese repetitivo y obsesivo decirnos quién somos y cómo somos, acaba convenciéndonos de que somos lo que creemos ser, lo que nos han dicho que somos, lo que hemos aceptado que somos.
Pero somos algo más, y algo distinto.
Ese ser mental es, podríamos decir, la mitad de lo que somos.
Hay algo más.
Además de lo que veo, hay algo que no veo.
Además de mi cuerpo y mi yo, hay esa otra parte de mí de la que apenas puedo hablar, pero que no cabe ni en mi yo ni mi cuerpo físico.
¿Qué es?
No puedo describirlo, no puedo definirlo, no puedo meterlo en la isla del yo, del lenguaje, del pensamiento.
Sólo puedo sentirlo.
Puedo sentir vagamente que estoy conectado con el infinito, aunque no sepa qué significa eso.
Puedo sentir sutilmente que una parte de mí se da cuenta de que hay algo ahí, afuera, o rodeándome, que es real, absolutamente real, aunque no pueda saber ni decir qué es ni cómo es.


Tengo otro yo, otro ser, soy otro ser, además del ser al que llamo yo.
Tengo otro cuerpo, soy otro cuerpo, además de éste que palpo, de carne y hueso.

Al morir nos encontraremos con ese otro yo, ese otro ser, ese otro cuerpo, al que nunca hicimos caso, al que dimos de lado, en el que no creímos porque no lo veíamos.
Es muy posible, no lo puedo asegurar, claro. Ni yo ni nadie.
Pero, puestos a dudar, mejor contar con esa posibilidad, que no quedarme encerrado en este yo rutinario, en este ser que se limita a ser lo que cree ser.
Sí, ese otro ser que también soy, el que se da cuenta, el que siente, al que asusta - aunque le atrae- la eternidad y la infinitud del infinito, eso que está más allá, pero también muy cerca, en mí, aquí, ahí, ahora, envolviéndolo y traspasándolo todo.
Ese ser también soy yo, y puedo contar con él, puedo dejarme arrastrar por las cosas de ese otro lado, atisbar lo insondable y traer de ahí un verso, una imagen, una idea, un sentimiento, un anhelo de perfección y cambio.

¿Ser o no ser? No, ser y ser. No un dilema, una disyuntiva, sino una suma, un más, un yo y algo más, mucho más, y mucho más interesante.
Somos más de lo que somos.
Podemos ser mucho más de lo que nos decimos que somos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

¿POR QUÉ MUEREN LAS ENCINAS?


(Foto: S. Trancón)


Hace un mes viajé a Cáceres para asistir al estreno en el Gran Teatro de La identidad de Polán, una obra de Miguel Murillo, dirigida por mi gran amigo Juan Margallo y representada por La quimera de Plástico, un grupo teatral que cumple ahora sus 25 años de existencia y que capitanea otro buen amigo, Tomás Martín. No voy a hablar de la obra, excelente en todos los sentidos, sino de que, al ir en coche, me quedé muy sorprendido al ver, en la ladera de un monte, una mancha grande de encinas de color marrón oscuro. Al principio pensé que había habido un incendio y habían quedado así, calcinadas. Me extrañó, porque el fuego habría devastado todas las hojas convirtiéndolas en cenizas, y no permanecerían secas, como se veían.

Pronto me enteré que las encinas estaban sufriendo una plaga (la Seca), producida por un hongo, la fitoftora. Este hongo, al parecer de origen australiano, se enquista en las raíces y corta toda la circulación de la savia, provocando la muerte súbita del árbol (en una semana puede quedar completamente seco, con las hojas acartonadas). No se saben bien las causas, pero no se ha encontrado remedio alguno para evitar la propagación acelerada (ya hay más de quinientos focos en Extremadura) de la plaga.

Pocas noticias me han abrumado tanto. Encinas, alcornoques, robles, jaras, brezos... Todos están amenazados.
Desde que lo supe, una congoja profunda se agita en mi estómago y mi pecho, como si estuviera creciendo dentro de mí ese hongo asesino.

Lo diré de modo rotundo: Yo no concibo la existencia de este país o nación a la que llamamos España, si desaparecen las encinas de sus montes, desde Zamora a Valencia, de Extremadura a Murcia, de Palencia a Cádiz. No hay árbol que defina mejor el paisaje de toda la meseta, de Norte a Sur, de Este a Oeste. A pesar de haber sido destruidos gran parte de los bosques originarios, todavía se conservan las dehesas de Extremadura, Castilla y Andalucía, donde las extensiones de encinas son algo tan bello y fantástico, que imaginarme que puedan llegar a desaparecer me coloca ante la disyuntiva de huir de este país para siempre o suicidarme.

¿Las causas? El cambio climático, que provoca una sequía prolongada, pero también la sobreexplotación ganadera y agrícola del suelo, el descuido y la falta de regeneración del arbolado. Por un lado, la catástrofe anunciada; por otro, el desdén y el afán de lucro (¿qué hace un tractor metiéndose en un monte o una dehesa?).

He pasado muchas horas de mi vida bajo su sombra. He recibido la energía poderosa de su tronco y de sus ramas. Me han hablado con palabras entrañables y misteriosas. He visto cómo alargaban sus brazos hacia mí. El verde brillante de sus hojas me ha llevado hasta lugares desconocidos, casi inconcebibles, y que no tienen fin.

La encina es uno de los árboles más bellos. Ha resistido millones de años sobre esta dura tierra. Una encina tiene una vida media de 300 años. Sus raíces se pueden extender hasta 10 metros de profundidad. Pueden llegar a medir 20 metros de altura. Pocas visiones más imborrables que observar una bandada de grullas o garzas, al atardecer, cubriendo por completo la cúpula oscura de una gran encina. Una mancha de nieve inmaculada en medio del bosque verde.

Desaparecería el cerdo ibérico, sí. Y el toro de lidia. Pero algo más, mucho más.

martes, 3 de noviembre de 2009

EL UNIVERSO CEREBRAL

(Foto: Isabel Trancón)

La neurociencia se parece a la astrofísica: cuanto más nos adentramos en el estudio del cerebro, más nos sorprende su extensión y complejidad.
Juguemos con la analogía cerebro-universo.

En contra de lo que antes se afirmaba, el universo parece que se expande ilimitadamente.
En contra de lo que antes se decía, el cerebro puede desarrollarse casi ilimitadamente.

Antes se aseguraba, sin fundamento serio, que las neuronas no podían regenerarse, que existía una muerte neuronal programada e inexorable, que el destino del cerebro era ir perdiendo cada día miles de neuronas. Hoy se sabe que las neuronas, como todas las células del cuerpo, se renuevan constantemente: aparecen nuevas neuronas y se desarrollan los axones y las dendritas de cualquier neurona en función de las necesidades del individuo, de la estimulación y el ejercicio, o sea, del pensar (imaginar, recordar, indagar...). A esto se llama neuroplasticidad.

En el universo sucede lo mismo: mueren y nacen constantemente nuevas estrellas, planetas y hasta galaxias; incluso, posiblemente, universos completos.

En número de neuronas se asemeja al número de estrellas de nuestra galaxia: 100.000 millones. Cada neurona puede llegar a establecer 10.000 conexiones. Cada milímetro cúbico de córtex cerebral contiene aproximadamente 1000 millones de sinapsis. Contar el número de neuronas y sus conexiones nos llevará unos 32 millones de años, según G.Edelman, premio Nobel de medicina.

Con relación al peso corporal, el cerebro, que pesa entre 1300 y 1600 gramos, sólo representa entre el 0,8% y 2%. Sin embargo, consume el 20% de la energía (oxígeno y glucosa) de todo el cuerpo. Puede consumir menos, pero no más, porque se rompería su equilibrio homeostático. Si concentramos todo ese consumo energético en una sola actividad, no tendremos energía para otra.
Cuanto más se repite una actividad, más se facilitan las conexiones sinápticas, más “marcada” queda esa ruta en nuestro cerebro, facilitando el paso de la corriente bioeléctrica (que va a 320 km. por hora). Las neuronas que no tienen conexiones, mueren. Lo que no se usa, acaba desechándose.

¿En qué invierte el cerebro tanto combustible? Según Raichle, "el 60-80% de la energía se dedica a mantener la conexión entre neuronas”. Sólo dedica una parte muy pequeña a responder a las demandas del medio exterior. Yo veo en esta condición biológica el peligro del ensimismamiento, la hipertrofia del yo. En el carácter recurrente y obsesivo de la actividad cerebral, una de las fuentes de su degeneración.

El cerebro humano puede almacenar información que "llenaría unos veinte millones de volúmenes, como en las mayores bibliotecas del mundo"( Carl Sagan).
El cerebro humano es la realidad más eficiente de consumo y transformación de la energía que existe en este universo

El cerebro, cuando mejor funciona es cuando su actividad produce ondas alfa, o sea, cuando “se enfría”. Un cerebro “recalentado” (estrés, obsesión, miedos, depresión...) es menos eficiente, menor es su actividad sináptica y, en consecuencia, se atrofia antes.

Tenemos en nuestras manos el destino de nuestro cerebro, su presente y su futuro, que es tanto como decir el presente y el futuro de nuestra vida. No podemos echarle la culpa al cerebro de nada: su capacidad es prodigiosa, independientemente de nuestra edad.

Nos sobra masa cerebral para vivir una vida permanentemente renovada. Al cerebro le mueve el entusiasmo, la búsqueda de nuevas ideas, palabras, proyectos, imágenes... Lo que más le estimula y renueva viene del exterior. Sólo lo que viene del exterior le obliga a reordenar su interior. La rutina, la monotonía, el desánimo, la resignación, es lo que provoca el colapso de nuestro universo cerebral.