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miércoles, 20 de febrero de 2008

¿CUÁNDO EMPIEZAN LOS ENTERRAMIENTOS?

(Foto: PortfolioNatural)
Mi amigo Evelio me contó hace un par de días esta historia.

Estaba en el Cementerio de Madrid Sur, que es inmenso. No había ni un alma, ni viva ni en pena. Iba a colocar un ramo de flores en la tumba de mi madre, recién fallecida, y a comprobar la inscripción de la lápida. El grabador había cambiado el orden de las frases. Puso: “Donde quiera que estés, que encuentres la paz”. Yo había colocado en primer lugar “que encuentres la paz”, que es lo que de verdad me importa. Bueno, pues en éstas estaba, cuando aparece una mujer, no sé de dónde, en medio de aquella desolación, de una edad semejante a la de mi madre, y que además se le parecía mucho. Se acerca y me pregunta: “¿Cuándo empiezan los enterramientos?” No supe qué contestar. Algo me sobrecogió, pero enseguida pensé que estaría un poco trastornada. La pregunta era absurda. No preguntaba por un entierro concreto al que quería acudir, y del que, por otra parte, no había señal alguna en todo alrededor. Y me preguntó en plural: “¿Cuándo empiezan los enterramientos?” Me miró, y ante mi silencio y perplejidad, añadió: “¿Cuándo pasan los autobuses?” Esta pregunta ya era más normal, aunque estábamos muy lejos de la salida del cementerio y de la parada de autobuses. Volvía a usar un plural inquietante.
La acompañé hasta el autobús y me contó que había venido a ver a su hijo, fallecido a causa de la droga. No sabría cómo definir su rostro: no había en él desesperación, pero tampoco calma; ni tristeza ni alegría: una extraña concentración en algo que parecía ver más allá de sus ojos. Se subió al autobús y se fue. Yo cogí mi coche y también me fui.
Al llegar a casa su imagen se me hizo cada vez más irreal, como si en verdad no la hubiera visto nunca. ¿Qué te parece?

Le comento que me parece un regalo venido del infinito. Que cuando me lo contaba he visto una fila de autobuses llenos de rostros asustados asomados a las ventanillas. Llegan en masa al cementerio. Los van sacando y los entierran. Un día la muerte llega, pasa a tu lado, te subes a su autobús y te entierran. Al mismo tiempo, en cientos y miles de lugares del mundo están sepultando a cientos y miles de cadáveres. Aquella mujer lo estaba viendo. Ser conscientes de la muerte. No, no es una historia macabra. Desprende luz, una luz suave, aunque cegadora.

(La vida está llena de este tipo de sucesos. Lo que ocurre es que no le prestamos atención y enseguida le damos la interpretación más burda, la más simple. Destruimos el misterio).
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