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viernes, 22 de febrero de 2008

EL CUERPO Y SUS MISTERIOS

(Foto: Agustín Galisteo)


¿Qué idea tienes del cuerpo en general, y del tuyo en particular?

Nuestro cuerpo no es un fardo, un peso que tenemos que arrastrar. No es una condena, un estorbo o una fuente de constantes preocupaciones y sufrimientos. No es sólo una masa, una realidad física y un amasijo orgánico. Es, sencillamente todo lo que somos.
Es el yo el que, para constituirse y afirmarse, necesita diferenciarse y separarse del cuerpo. Por eso el yo siempre ve al cuerpo con incomodidad, como algo extraño.

Pero el cuerpo, fuera de los prejuicios del yo, es, en verdad, algo inconcebiblemente maravilloso y complejo. Su propio desarrollo, a partir de dos minúsculas células, es absolutamente inexplicable, por más que la ciencia describa con minuciosidad los pasos de ese proceso.

Las limitaciones y fragilidades de nuestro cuerpo son evidentes e inevitables. Pero yo prefiero destacar sus extraordinarias capacidades, su belleza y sus misterios. Con formidable intento y propósito, vencimos la ley de la gravedad. Nos hemos erguido para poder levantar la vista del suelo y ver el mundo mejor, contemplar el extraño universo que nos rodea. Fue un milagro evolutivo, una singularidad que permitió el desarrollo de la mente, sin perder nuestra habilidad para movernos, para caminar, saltar y correr. Anatómicamente estamos bien diseñados, siguiendo un modelo simétrico, matemático, armónico y bello. Al poder contemplar el horizonte, nuestra mente pudo preguntarse por lo que había más allá. Nació la curiosidad, la atracción de lo desconocido y deseo de conocer.

Así que yo admiro nuestra condición y forma física, anatómica y ligera.

Pero nuestro cuerpo es también inteligente. Por un lado, realiza la mayoría de sus funciones de forma automática y eficiente. Y si algo no va bien, reacciona y nos alerta.
Sólo cuando despreciamos nuestra condición física y orgánica, cuando no actuamos según lo que nuestro cuerpo nos dicta de manera espontánea, sólo entonces nuestro cuerpo se deforma, pierde el equilibrio, se tensa, enferma y acaba volviéndose contra nosotros.
La tendencia natural del cuerpo es hacia la salud y el bienestar físico. Si nos volvemos obesos, pesados, torpes, achacosos, débiles, enfermizos, es porque hacemos algo para lograrlo. Tenemos que emplear cierto tesón, cierto empeño. Normalmente, varios años.

El peor enemigo del cuerpo es la mente. O mejor, la mente egocéntrica, autorrefleja, absorta y encerrada en sí misma. La mente que usa al yo como sustituto del cuerpo. La mente que no acepta la muerte. La mente que crea un yo que se cree inmortal.

(Seguiremos)
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