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jueves, 7 de febrero de 2008

EL ÉXITO LITERARIO (I)

(Foto: PortfolioNatural)

¿En qué consiste el éxito literario?
Para muchos, en ser conocido y reconocido, y con ello ganar mucho dinero. Que su nombre “suene” y “resuene” en los círculos literarios y mediáticos. Ser famoso o conocido, al menos, entre los escritores, editores, críticos y lectores asiduos. No que su obra sea conocida, leída, valorada o admirada, sino que él, ella, su nombre y persona, lo sean. ¿Y cómo medir esa fama, ese ser conocido y reconocido? Pues a través de los medios de comunicación (medios, aunque cada día sean más cuartos, cuartos menguantes y cuartos trasteros). Si sale en televisión, habla en la radio, escribe en los periódicos y revistas, y si esos medios lo entrevistan y hablan suficientemente de él o ella, pues entonces se considera que ese autor-a ha alcanzado el éxito.

También se mide el éxito literario por kilos de libros vendidos, premios recibidos, la capacidad de control sobre los “medios”, la red de influencias en la que se instala, los saraos a los que se le invita, conferencias que da, las reverencias y halagos que recibe; por el poder, en definitiva. “Llegar a la cumbre”, “cubrirse de gloria”. El Poder y la Pasta: dominio sobre los otros (ésa es la esencia del poder) y dinero contante y sonante (dominio sobre el mundo).

¿Y la obra, lo que escribe, dónde queda?
Para alcanzar este tipo de éxito literario no hace falta escribir obras buenas, ni excelentes, ni siquiera mediocres. Basta con escribirlas (a veces, con que te las escriban) y dedicar mucho tiempo, descaro y determinación a promocionarse. Para esto no vale cualquiera. No quiero decir que todo éxito literario (reconocimiento público, venta de libros y prestigio), se pueda reducir a este esquema simplificado. No, afortunadamente. Todavía hay escritores con prestigio merecido y no inventado, premios honestos, autores apasionados por lo que hacen y no obsesionados por su imagen pública y la fama. Pero me refiero al modelo, al esquema imaginario, a la idea dominante, ésa que se instala en la cabeza de la mayoría, incluidos los que empiezan a escribir y aspiran al éxito.

El yo por encima de la obra. Ser antes conocido que leído. Hacerse un nombre, no crear una obra. Vender una etiqueta, un reclamo, un espejismo. Destacar como sea dentro del mercado publicitario. El libro es el pretexto, el cebo, la coartada. Su contenido, lo de menos. Y para que todo esto funcione, ¿qué hace falta? El consentimiento, la ausencia de espíritu crítico. El amiguismo, la cuadrilla, la manipulación. Que no haya crítica ni debate, que cualquier voz discordante enmudezca. Marginar, hacer invisible a quien no entra en el juego, el juego sucio. Así que prudencia, mucho ojo, astucia, aspirante al éxito...
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