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domingo, 17 de febrero de 2008

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (II)


(Foto: PortfolioNatural)


El cuerpo es todo lo que somos.

Somos un cuerpo, porque todo lo que hacemos, pensamos, sentimos y anhelamos se produce, sucede, ocurre en el cuerpo, no en ningún otro lugar.

Todo está en el cuerpo, pero el cuerpo no es sólo huesos y músculos, carne y masa.

El cuerpo es, ante todo, energía: energía compacta, organizada de menos a más, del átomo a la célula, de la célula al órgano, del órgano a esa totalidad cerrada que llamamos cuerpo.

La energía nunca está quieta: es partícula y onda, vibración y movimiento.
Así que el cuerpo es también un flujo electroquímico y magnético en permanente actividad y cambio.

El cuerpo es un organismo vivo. Para sobrevivir, necesita moverse, relacionarse con el mundo exterior. La percepción es la puerta que le permite abrirse y moverse por el mundo. El mundo es todo lo que nos rodea, lo que percibimos y lo que no percibimos. El mundo es también energía. Parte de esa energía es lo que percibimos.

El cuerpo es también mente. La mente es el fruto de la actividad electroquímica del sistema nervioso, especialmente del cerebro. La mente está hecha de imágenes y palabras. La mente nunca está quieta.

El cuerpo es también conciencia. La conciencia es energía sutil, el nivel más intangible e invisible de la energía: partícula y onda, quark, mundo cuántico, vibración, “supercuerda”. La conciencia es energía que se hace consciente de sí misma.

El cuerpo como realidad física, tiene forma, peso, volumen, altura: con ellos construimos nuestra “imagen corporal”. Primer conflicto: lograr una imagen corporal que no nos obsesione ni haga sufrir. Aceptarla. Tratar de conservarla y perfeccionarla siempre. Llegar a estar a gusto con nuestro cuerpo, cuidarlo, respetarlo, escuchar sus mensajes.

El cuerpo como realidad mental es un yo. El yo es una construcción mental. El yo no es todo lo que somos. En el centro de la mente está el yo, pero la mente puede ser algo más que el yo: puede reflexionar, construir ideas, pensamientos y saberes. Segundo conflicto: quedar atrapado en el yo, encerrado en él.

La mente actúa siempre mejor en estado alfa: relajada. Podemos aquietar la mente, acallar su permanente y obsesivo diálogo interno. Permitir que fluyan las imágenes y palabras en busca de asociaciones nuevas.

El cuerpo como realidad consciente es la conciencia. La conciencia es un estado sutil de alerta. La conciencia es un darse cuenta. La conciencia es acecho. Podemos acechar nuestro cuerpo y nuestra mente, darnos cuenta de lo que sucede en nosotros. Tercer conflicto: acrecentar la conciencia, entrar en el sueño lúcido de la conciencia o, por el contrario, vivir adormilados, aletargados, alelados.

Con el cuerpo físico y orgánico percibimos, reaccionamos, sentimos emociones e impulsos.
Con la mente pensamos, construimos imágenes y palabras, interpretamos el mundo, elaboramos saberes o conocimientos.
Con la conciencia sentimos, nos damos cuenta, vemos, atisbamos, anhelamos. La conciencia es un sentir la totalidad que somos.

El mundo está ahí para que lo percibamos, lo pensemos, lo interpretemos y lo sintamos con la totalidad que somos.

(Nota: esta reflexión es teórica, o sea, que no es más que una construcción mental cuyo valor o interés es abstracto, orientativo, estimulador. No pretende describir la realidad “tal cual es”, cosa, en verdad, imposible)
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