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sábado, 16 de febrero de 2008

TEORÍA DE LOS TRES MUNDOS (I)

(Foto: PortfolioNatural)
(Eduardo Fernández me propone que reflexione sobre la “trascendencia” del ser humano en un comentario que reproduzco en esta entrada. No hay nada como el estímulo de los otros para hacernos pensar. Voy a ello, pero necesito antes dar antes un pequeño rodeo discursivo para situar la reflexión en un contexto adecuado)

Vivimos, estamos siempre en tres mundos a la vez: uno exterior (material, espacial y temporal, físico, orgánico, corporal, hecho de impulsos, percepciones, sensaciones, reacciones y emociones); otro interior (mental, psíquico, hecho de pensamientos, palabras, imágenes, interpretaciones, recuerdos, anticipaciones); y otro intermedio (sutil, flotante, etéreo, hecho de intuiciones, visiones, anhelos, “sentires”, dudas y suposiciones).
Nos reconocemos como cuerpo, como mente y como otra cosa a la que, a falta de mejor palabra, podemos llamar inteligencia, espíritu o, como a mí más me gusta, conciencia. Lo que quiero decir es que entre el cuerpo y la mente hay otra cosa, la conciencia, ese darnos cuenta de que el mundo no se acaba en lo que vemos y ni en lo que pensamos, sino en algo que está más allá (o más acá) de nuestros sentidos y nuestra mente.

Vivimos en esos tres mundos paralelos e inseparables a la vez, de manera consciente e inconsciente al mismo tiempo. Por inconsciente no entiendo algo oscuro o inaccesible (esa especie de sótano o almacén freudiano), sino toda actividad automática, corporal y mental, que no necesita de nuestra atención ni de un control voluntario para llevarse a cabo. (Afortunadamente, ni podemos ni necesitamos ser conscientes de todo lo que somos, hacemos y vivimos).

Estos tres mundos se corresponden con el “percibir, pensar y sentir”, tres modalidades de la acción vital. En el cuerpo sucede todo, pero no todo es lo mismo ni se puede reducir a una sola cosa, ya sea química, eléctrica o neurológica. Sí podríamos decir que todo es energía, que todo emana de la misma fuente: energía “compacta” (cuerpo), energía “fluida” (mente) y energía “sutil” (conciencia).

Con el cuerpo percibimos, con la mente pensamos y sabemos, con la conciencia sentimos y conocemos.
El cuerpo siente placer, la mente produce saber y la conciencia, siente el goce y produce el conocimiento.
Cada nivel “contiene” a los otros dos, pero se realiza y manifiesta de modo distinto: como sensación y emoción (el cuerpo), como palabras e imágenes (la mente), como “ver” y “sentir” (la conciencia).

A mí me gusta destacar el nivel consciente de la energía, porque es de lo que menos se habla. Es ahí donde se produce lo que quizás más nos interesa e inquieta, ya que es el terreno del arte y la “trascendencia”.

(Seguiré en otro momento)
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